Discurso completo — Documento primario
Discurso completo de Lula ante la ONU
Transcripción completa del discurso pronunciado el 22 de septiembre de 2026, en su décima apertura del Debate General como presidente de Brasil.
Señor Presidente, mis felicitaciones, Embajador Khalilur Rahman, y quiero también, desde aquí, saludar a todos, a todos y cada uno de los jefes de Estado y de Gobierno, así como a las delegaciones aquí presentes.
Y me quiero dirigir en particular al Secretario General de las Naciones Unidas: a lo largo de sus dos mandatos, António Guterres ha sido testigo directo de los excesos de las superpotencias.
Señor Presidente, esta es ya la décima vez que he inaugurado el Debate General de esta Asamblea.
Desde que subí por primera vez a esta tribuna en 2003, este es, sin lugar a duda, el momento más crítico para las Naciones Unidas.
Y el sentimiento que me mueve hoy es el de la indignación: la ONU está fracasando en una de sus misiones más importantes, que es liberar a la humanidad del flagelo de la guerra.
Su credibilidad jamás ha estado tan baja; su capacidad para proteger a los más vulnerables, aquellos que no tienen ejército ni arsenales, jamás ha sido tan débil.
Somos, todos, rehenes de la inacción de un Consejo de Seguridad que no cumple con su función.
En 1946, en la primera sesión de esta Asamblea, Brasil advirtió ya del alto precio que la comunidad internacional pagaría por el derecho de veto.
Este defecto, inherente a la Carta de las Naciones Unidas, concedió a las grandes potencias el lujo de mostrarse insensibles.
Y a este pecado original se suma ahora una profunda crisis de liderazgo.
El año 2025 registró el mayor número de conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial.
Billones de dólares financian una nueva carrera armamentística.
Las tensiones geopolíticas amenazan con transformar los conflictos regionales en una conflagración de proporciones globales.
Y quienes están al timón de las decisiones más cruciales deben actuar con responsabilidad y con sentido de urgencia.
Los líderes de los países miembros del Consejo de Seguridad deben reunirse.
No me son ajenas las realidades del poder, pero las concesiones a la ley del más fuerte han superado todos los límites.
Y esto no es idealismo, es puro realismo.
La guerra no es la continuación de la política por otros medios, sino que es el colapso total de la política.
En un mundo interdependiente, liderar es conciliar los intereses de la nación con los de la humanidad.
Es la reflexión de alguien que representa a una nación amante de la paz y de la libertad, alguien que luchó contra una dictadura militar y defendió a su país frente a un golpe de Estado.
Es la convicción de un obrero de fábrica que fue elegido Presidente en tres ocasiones y que sacó a Brasil del mapa del hambre.
Esta Asamblea General ha corregido recientemente una distorsión histórica en el mapa mundial.
Ha reconocido la trata de estados esclavizados como el crimen más grave contra la humanidad.
Ha aprobado una representación cartográfica más precisa del mapa mundial y ahora debe concentrarse en cuestiones que son cruciales para el futuro de la humanidad.
Estamos llamados a elegir entre el multilateralismo o el unilateralismo, entre la democracia o el extremismo, entre la soberanía o la subordinación.
Estas elecciones exigen valentía, voluntad política y claridad de objetivos.
Esto es lo que cabe esperar de estadistas.
Yasser Arafat e Isaac Rabin fueron estadistas: desafiaron el pasado para imaginar un futuro de paz.
Pero el odio acabó derrotándolos.
Generaciones de palestinos llevan consigo el dolor y el trauma que ha dejado el genocidio de mujeres y niños perpetrado por el gobierno de Netanyahu en Gaza.
Los civiles israelíes pagaron el precio del radicalismo y la intolerancia de los actos terroristas de Hamás.
Perseguir a la Corte Penal Internacional y a sus miembros fomenta que estos crímenes queden impunes.
No se debe silenciar a la relatora especial de la ONU, Francesca Albanese, por decir la verdad.
Los asentamientos ilegales en Cisjordania están haciendo cada vez más inviable la solución de los dos estados, esencial para que israelíes y palestinos vivan en seguridad.
Amenazar a las civilizaciones con la extinción no traerá estabilidad a Oriente Medio.
El estrecho de Ormuz se ha convertido ya en un campo de batalla, cuando debería haber seguido siendo un paso vital para el comercio internacional.
Familias de todo el mundo están pagando el precio del aumento del combustible, los fertilizantes y los alimentos.
La guerra entre Rusia y Ucrania se ha prolongado ya durante cinco años en un drama humanitario que sigue cobrándose vidas.
Todos sabemos que no habrá vencedores en el campo de batalla.
La diplomacia es la única opción.
Iniciativas como el Grupo de Amigos de la Paz, creado por Brasil y China, revelan que existen fuerzas en la comunidad internacional dispuestas a trabajar en pro del diálogo.
En América Latina y el Caribe, la proximidad geográfica a la mayor potencia militar del mundo es un hecho ineludible, especialmente en un contexto de renovadas tentaciones hegemónicas.
Brasil no cabe en el patio trasero de nadie.
Necesitamos socios con una agenda positiva que fomente el desarrollo.
Las diferencias ideológicas no deberían obstaculizar una mayor integración entre vecinos.
Los países de la región han sufrido los horrores de regímenes autoritarios y han recorrido un largo camino para restablecer la voluntad popular.
No obstante, la democracia se ve una vez más amenazada por la creciente injerencia extranjera en los procesos electorales.
Dividir el mundo en zonas de influencia y las incursiones neocoloniales en busca de recursos estratégicos son gestos anacrónicos.
El pueblo venezolano merece definir su propio destino.
Nicaragua no resolverá sus problemas impidiendo que la oposición se presente a las elecciones.
La crisis en Haití sigue poniendo a prueba los límites de la interferencia de la comunidad internacional.
En Cuba, el mundo observa espeluznado cómo se impone un castigo colectivo a 10 millones de personas mediante un embargo económico y energético ilegal.
Señor Presidente, Brasil no subestima el desafío que representa la criminalidad organizada.
Estamos preparados para hacer frente a las organizaciones criminales que aterrorizan a nuestras comunidades locales.
Se roba a los trabajadores.
Las madres pierden a sus hijos.
Los agentes de policía no regresan a casa.
La gente está hastiada de la violencia.
Pero no vamos a externalizar la responsabilidad de defender nuestras fronteras y garantizar a nuestra población el derecho a vivir sin miedo.
No necesitamos portaaviones vigilando nuestras aguas.
Necesitamos cooperación para bloquear el flujo de armas y dinero que alimenta el crimen.
Y ese es el espíritu de la propuesta que entregué personalmente al Presidente de Estados Unidos: queremos luchar contra el blanqueo de capitales que llevan a cabo los delincuentes brasileños en el extranjero.
Durante mucho tiempo, los estados brasileños actuaron cada uno por su cuenta, y el crimen se aprovechó al máximo de la falta de coordinación.
Pero esto está cambiando.
En Manaos, hemos creado el Centro Internacional de Cooperación Policial del Amazonas, que reúne a las autoridades de seguridad pública de nueve países amazónicos.
En 2025, llevamos a cabo la mayor operación contra el crimen organizado de la historia de Brasil.
Batimos récords en incautaciones de drogas, así como activos y recursos ilícitos.
Nos enfrentamos a todos los niveles de la delincuencia, incluidos los magnates del crimen.
La ley contra las facciones que acabamos de aprobar establece penas más graves para el crimen organizado que las previstas para el terrorismo, porque el crimen organizado y la corrupción van de la mano.
La lucha contra la corrupción seguirá siendo implacable, sin importar a quién afecte.
Nadie está por encima de la ley.
Damas y caballeros, se están erosionando los pilares del multilateralismo.
La Organización Mundial del Comercio se mantiene con vida artificialmente.
Cuando los gobiernos ceden ante quienes usan los aranceles como armas de coacción y chantaje, las consecuencias son nefastas.
En la era de la desinformación, los oscurantistas se resisten a la ciencia.
Nunca olvidaremos los millones de vidas perdidas debido a la negligencia en la lucha contra la COVID-19.
Las campañas antivacunas están haciendo ahora resurgir enfermedades que creíamos del pasado.
Debilitar a la Organización Mundial de la Salud nos hace a todos más vulnerables.
Hasta hace poco, la respuesta al cambio climático ocupaba un lugar central y firme en la agenda internacional.
Y, sin embargo, este año el tema ha desaparecido de los debates del G7 y del G20, que reúnen a los mayores emisores de carbono.
Es hora de retomar la ofensiva e infligir una derrota al negacionismo.
La naturaleza nos recuerda cada día que solo tenemos un planeta para vivir.
Se derriten los glaciares del Himalaya.
Un súper El Niño podría provocar lluvias torrenciales, sequías e incendios forestales en diferentes partes del mundo.
Sus efectos afectarán con mayor crudeza a los más vulnerables.
Brasil ha demostrado que es posible combinar el crecimiento económico con la reducción de las emisiones.
Hemos alcanzado la autosuficiencia en petróleo y seguiremos explorando el potencial de nuevas reservas, como las del margen ecuatorial.
Lo que no vamos a hacer es abandonar la agenda medioambiental.
Seguiremos adelante con la hoja de ruta para la descarbonización de la economía brasileña.
El fondo «Bosque Tropical para Siempre», presentado en la COP 30 de Belém, demuestra que es posible cambiar los viejos paradigmas.
El bosque tiene más valor en pie que talado.
Seguiremos reduciendo la deforestación, que se ha reducido a la mitad en la Amazonía, alcanzando su nivel más bajo en 11 años.
Tenemos la autoridad moral para rechazar las medidas proteccionistas disfrazadas de compromiso con la causa medioambiental.
Brasil es una referencia mundial en energía verde.
Contamos con los minerales críticos y las tierras raras que el mundo necesita para llevar a cabo la transición energética.
Nuestra riqueza natural pertenece al pueblo brasileño y se explotará en su beneficio.
El acceso a nuestros minerales estará supeditado a la generación obligatoria de valor en nuestro territorio, a la transferencia de tecnología y al abastecimiento de sectores estratégicos nacionales.
Señor Presidente, estamos viviendo una auténtica revolución tecnológica sin precedentes, con grandes riesgos y oportunidades.
Sería una omisión histórica imperdonable no abordar el reto de regular a las grandes empresas tecnológicas y la inteligencia artificial.
Un puñado de tecnooligarcas quiere resucitar una versión del ultraliberalismo digital sin normas ni transparencia.
Se está promoviendo una carrera sin límites éticos, eludiendo a las Naciones Unidas y el panel científico sobre inteligencia artificial.
Como ya advirtió el papa León XIV, las decisiones sobre la tecnología nunca deben separarse de la conciencia y la responsabilidad.
Las empresas que son conscientes de los riesgos de sus productos están trasladando a las familias la tarea imposible de hacer frente a los algoritmos.
La industria de las apuestas, que mueve miles de millones de dólares, convierte la adicción en beneficio.
Su propagación exponencial está aumentando los niveles de endeudamiento y destruyendo hogares.
Brasil no tolerará este modelo de negocio.
Hemos aprobado ya una de las leyes más avanzadas del mundo para proteger a los niños, los adolescentes y las mujeres en el entorno digital.
Garantizaremos también una remuneración justa para artistas, músicos y creadores de contenidos audiovisuales.
No cederemos a las multinacionales que quieren privatizar nuestro PIX, una infraestructura de pagos pública y gratuita que ha hecho realidad la inclusión financiera para millones de brasileños.
Señoras y Señores, los Objetivos de Desarrollo Sostenible están siendo atacados actualmente por fuerzas reaccionarias que desean normalizar las injusticias.
La desigualdad y el subdesarrollo son el resultado de decisiones políticas.
Y es posible incluir a los pobres en el presupuesto y hacer que los ricos paguen lo que les corresponde.
Es necesario recortar los privilegios e invertir en educación y sanidad gratuitas y de calidad.
Existe un deseo legítimo de cambio en todo el mundo.
Pero cambio no es lo mismo que dar un paso atrás.
No se trata de quitar derechos.
No se trata de resucitar teorías de supremacía racial o de sometimiento de la mujer.
No se trata de recolonizar el sur global.
Cambio significa avanzar hacia un futuro más participativo y con más logros.
Se trata de crear y compartir soluciones públicas eficaces a los retos del desarrollo a través de un Estado democrático, fuerte, eficiente y capaz.
Se trata de apostar por el espíritu de solidaridad y cooperación con África, Asia y América Latina, y el Caribe.
Iniciativas como la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza, puesta en marcha por Brasil, y el panel intergubernamental de las Naciones Unidas sobre la desigualdad, impulsado por Sudáfrica, surgen de esta voluntad política.
Brasil tiene prisa por convertirse en una nación desarrollada y socialmente justa.
Hemos adoptado un modelo económico basado en la distribución de la renta, la creación de empleo y el aumento de los salarios.
Estamos comprometidos con la mejora de la productividad, la expansión del crédito y la construcción de una sólida red de protección social.
Brasil ha vuelto al crecimiento sostenible.
Somos el tercer destino más importante para la inversión extranjera directa.
A pesar de los elevados aranceles impuestos a nuestra economía, este año batiremos un nuevo récord en nuestras exportaciones.
Todavía queda mucho por hacer.
El mundo laboral está experimentando una transformación.
Las personas mayores quieren mantenerse activas.
Los jóvenes quieren emprender.
Los trabajadores necesitan tiempo para descansar, mejorar sus competencias y pasar tiempo con sus familias.
En Brasil, alcanzar este objetivo requiere poner fin al llamado horario seis por uno, garantizando a los trabajadores dos días libres a la semana.
Este cambio es crucial para aliviar la carga doméstica que aún recae sobre las mujeres.
Estamos construyendo un Brasil en el que las mujeres no necesiten permiso para ocupar puestos de poder ni para incorporarse al mercado laboral.
Un país libre de feminicidios, donde ninguna mujer, dentro o fuera de su hogar, viva bajo la amenaza de la violencia.
Repito: que ninguna mujer, dentro o fuera de casa, viva bajo la amenaza de la violencia.
Esta es una causa que el mundo entero debe abrazar.
Señor Presidente, cuando le fue concedido el Premio Nobel de la Paz, el doctor Martin Luther King afirmó, y cito: «Lo que los hombres egocéntricos han derribado, los hombres altruistas pueden reconstruirlo».
La ONU nació bajo el signo de la esperanza.
A lo largo de ocho décadas ha contribuido a la descolonización, ha promovido los derechos humanos y ha apoyado el desarrollo sostenible.
La ONU ha protegido a migrantes y refugiados, ha condenado el racismo, el antisemitismo y la intolerancia religiosa.
Fueron logros de líderes que subieron a este atril impulsados por la indignación ante las injusticias de su época.
Hombres y mujeres que se negaron a aceptar la guerra como destino, el colonialismo como derecho o el apartheid como un sistema legítimo.
De esa capacidad de decir «no» a las desigualdades surgieron algunas de las mayores transformaciones que hemos vivido.
Ante la parálisis de las Naciones Unidas, debemos redescubrir la voluntad política para que vuelvan a convertirse de nuevo en un templo de la paz.
Y quiero concluir con un mensaje de mi país dirigido a todos los que nos escuchan.
El 4 de octubre, millones de brasileños acudirán a las urnas para decidir su destino.
No solo votarán por el Presidente de la República, gobernadores estatales y representantes del poder legislativo, sino que decidirán entre la democracia y el negacionismo.
Si Brasil avanza hacia un futuro con más oportunidades o si retrocede a un pasado de exclusión, tendremos unas elecciones competitivas y transparentes en las que cada candidato goce de la máxima libertad de expresión.
Sabemos que algunos abusan de esta libertad para alinearse con intereses extranjeros en contra del país.
No infravaloramos la capacidad de las redes de desinformación que quieren mermar la confianza.
Pero contamos con un sistema electoral moderno y sólido, bajo la atenta mirada de una ciudadanía plural y de una prensa libre.
No permitiremos que los enemigos de la democracia, ya sean nacionales o extranjeros, socaven la voluntad popular.
La democracia brasileña pertenece a los brasileños y brasileñas.
Brasil sigue siendo un país soberano.
Nadie, nadie nos desviará de este camino.
Que Dios nos bendiga a todos.
Muchas gracias.
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