1938-1945 — El Tercer Reich en guerra
Einsatzgruppen: Escuadrones de la muerte nazis
Antes de Auschwitz, hubo fosas comunes. Más de un millón cuatrocientas mil personas asesinadas a tiros, una por una, por unidades móviles que siguieron al ejército alemán hasta el corazón de la Unión Soviética.
- Qué fueron los Einsatzgruppen
- El origen: Austria, los Sudetes, y el asesinato de discapacitados
- Polonia, 1939: matar a la intelectualidad de un país entero
- La preparación para el genocidio más grande de la historia
- El comienzo: comisarios, judíos, y la ficción de la legalidad
- Babi Yar: 33.771 personas en dos días
- Los estados bálticos: el exterminio más eficiente de Europa
- Rumbula: 25.000 muertos en 48 horas
- Cuando fusilar dejó de alcanzar: las furgonetas de gas
- La colaboración local: por qué mataron tantos, tan rápido
- El ejército alemán, cómplice activo
- El plan para exterminar a los judíos de Medio Oriente
- Los juicios de Núremberg, y la impunidad que siguió
Antes de que existieran las cámaras de gas de Auschwitz, el exterminio nazi de judíos, comunistas y otras poblaciones consideradas indeseables se ejecutó de una forma mucho más directa y visceral: fusilamientos masivos, uno por uno, en fosas cavadas al borde de pueblos y ciudades enteras. De esa maquinaria de muerte se encargaron los Einsatzgruppen —en alemán, «grupos operativos»—, escuadrones itinerantes formados por miembros de las SS, el Servicio de Seguridad (SD) y la policía secreta del régimen. Según sus propios archivos, llegaron a matar a alrededor de un millón cuatrocientas mil personas, casi todas civiles, sin juicio ni ningún tipo de respaldo legal.
Qué fueron los Einsatzgruppen
Su tarea principal quedó definida, años después, en el testimonio del propio general de las SS Erich von dem Bach-Zelewski ante los tribunales de Núremberg: la matanza de judíos como objetivo prioritario, además de gitanos y comisarios políticos. Los asesinatos comenzaron con la aniquilación de la intelectualidad polaca tras la invasión de 1939, y terminaron convertidos en pieza central de lo que el régimen llamó la «Solución Final a la cuestión judía». Con el tiempo, sus objetivos se ampliaron a mujeres, niños y comunidades enteras consideradas racialmente inferiores por la ideología nazi.
El origen: Austria, los Sudetes, y el asesinato de discapacitados
Los Einsatzgruppen se formaron bajo la dirección de Reinhard Heydrich, y operaron bajo el mando de las SS antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Su origen se remonta a un Einsatzkommando improvisado que Heydrich armó para asegurar edificios y documentos del gobierno tras la anexión de Austria en marzo de 1938. Meses después, en octubre, dos unidades quedaron apostadas en los Sudetes; cuando la acción militar resultó innecesaria por los Acuerdos de Múnich, se dedicaron en cambio a confiscar documentos, interrogar funcionarios públicos, y arrestar hasta 10.000 comunistas checos y ciudadanos alemanes.
Entre septiembre y diciembre de 1939, como parte de la campaña para eliminar a los llamados «elementos indeseables» de la propia población alemana, los Einsatzgruppen participaron en la Aktion T4: el programa de asesinato sistemático de personas con discapacidades físicas y mentales, y pacientes de hospitales psiquiátricos. Las primeras víctimas fueron fusiladas; hacia la primavera de 1940 ya se usaban cámaras de gas.
Polonia, 1939: matar a la intelectualidad de un país entero
Con la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939, Heydrich reorganizó los Einsatzgruppen para que avanzaran junto a los ejércitos alemanes. La misión, con una fuerza inicial de 2.700 hombres que llegó a 4.250, fue eliminar a los líderes más identificados con la identidad nacional polaca: intelectuales, clérigos, maestros y nobles. Hitler lo había planteado sin ambigüedad: donde hubiera líderes polacos, debían ser eliminados, por duro que pareciera.
Listas preparadas con años de anticipación
Las llamadas Sonderfahndungsbuch Polen —listas de personas a asesinar— ya habían sido elaboradas por las SS desde mayo de 1939, usando expedientes que el Servicio de Seguridad venía recopilando desde 1936. Los asesinatos contaron con el apoyo del Volksdeutscher Selbstschutz, un grupo paramilitar de alemanes étnicos residentes en Polonia. Hacia fines de ese año, unos 65.000 civiles habían sido asesinados —entre ellos, además de los líderes polacos, judíos, prostitutas, romaníes y enfermos mentales—.
La preparación para el genocidio más grande de la historia
El 13 de marzo de 1941, meses antes de la invasión a la Unión Soviética, Hitler dictó directrices especiales que le otorgaban a Heinrich Himmler autoridad para ejecutar «tareas especiales» de forma independiente del ejército, evitando así fricciones entre la Wehrmacht y las SS. El propio Hitler especificó, además, que los crímenes cometidos por soldados alemanes contra civiles durante la campaña quedarían sin ningún tipo de proceso judicial militar.
A fines de marzo, en un discurso ante sus principales generales, Hitler describió la futura guerra contra la URSS como una lucha entre ideologías irreconciliables, exigiendo el exterminio de comisarios bolcheviques y de la intelectualidad comunista. Aunque las actas de esa reunión no mencionan explícitamente a los judíos, historiadores como Andreas Hillgruber sostienen que, dado el discurso constante de Hitler sobre el «judeo-bolchevismo», sus generales entendieron el llamado a destruir la URSS como un llamado también a destruir a su población judía.
El comienzo: comisarios, judíos, y la ficción de la legalidad
Tras la invasión del 22 de junio de 1941, la tarea de los Einsatzgruppen se amplió específicamente a los comisarios del Partido Comunista y a la población judía. El 8 de julio, Heydrich ordenó considerar partisanos a todos los judíos, y fusilar a todos los varones judíos de entre 15 y 45 años. Nueve días después, extendió la orden a todos los prisioneros de guerra judíos del Ejército Rojo.
Una definición más amplia que la propia ley nazi
Mientras las Leyes de Núremberg de 1935 definían como judío a cualquiera con al menos tres abuelos judíos, los Einsatzgruppen aplicaron un criterio todavía más amplio: bastaba con tener un solo abuelo judío, sin importar si la persona practicaba o no la religión.
Al principio, los fusilamientos conservaban una apariencia de legalidad: se leían cargos falsos —incendio, sabotaje, mercado negro— antes de que un pelotón disparara. Cuando ese método resultó demasiado lento, los Einsatzkommandos empezaron a sacar a sus víctimas en grupos más grandes, disparándoles junto a fosas comunes ya preparadas, o directamente dentro de ellas.
Babi Yar: 33.771 personas en dos días
El mayor fusilamiento masivo de toda la operación ocurrió el 29 y 30 de septiembre de 1941, en un barranco al noroeste de Kiev llamado Babi Yar. A los judíos de la ciudad se les ordenó presentarse en un punto de reunión cercano a la estación de tren, bajo amenaza de fusilamiento inmediato si desobedecían. Como todavía no habían llegado noticias de masacres en otras zonas, muchos asumieron que serían deportados, y se presentaron cargando pertenencias y comida para el viaje.
El mecanismo exacto de la masacre
Los llevaron marchando dos millas hacia el noroeste, hasta una barrera de alambre de púas custodiada por policías ucranianos y tropas alemanas. En grupos de treinta o cuarenta, los obligaban a abandonar sus pertenencias y los hacían pasar por un pasillo custodiado por soldados con palos, golpeando a quien intentara escapar. Los forzaban a desnudarse, y luego los conducían al barranco, donde debían acostarse sobre los cuerpos de las víctimas anteriores antes de recibir un disparo en la nuca.
Los asesinatos se extendieron durante dos días, con un saldo de 33.771 víctimas. Un testigo, miembro de uno de los comandos ejecutores, declaró después que tres días más tarde todavía había personas con vida entre los cadáveres. Las tropas al mando de Friedrich Jeckeln dispararon a más de 100.000 judíos adicionales hacia fines de octubre de ese mismo año.
Los estados bálticos: el exterminio más eficiente de Europa
El Einsatzgruppe A, encargado de Estonia, Letonia y Lituania, mató a casi 140.000 personas en apenas cinco meses, según sus propios informes a Himmler —la inmensa mayoría, judíos—. En Kaunas, Lituania, liberaron a delincuentes de la cárcel local y los alentaron a sumarse a un pogromo en marcha: entre el 23 y el 27 de junio de 1941, unos 4.000 judíos fueron asesinados en las calles y en fosas cercanas.
En Letonia, el nacionalista Viktors Arājs formó, con el respaldo directo del comandante del Einsatzgruppe A, un comando de unos 300 hombres —en su mayoría estudiantes universitarios— que en apenas seis meses mató a la mitad de la población judía del país. Según el historiador letón Modris Eksteins, de los aproximadamente 83.000 judíos capturados por los alemanes en Letonia, no sobrevivieron más de 900 —el porcentaje de exterminio más alto de toda Europa—.
Rumbula: 25.000 muertos en 48 horas
En noviembre de 1941, insatisfecho con el ritmo de los asesinatos en Letonia —porque planeaba trasladar allí a judíos alemanes—, Himmler asignó a Jeckeln, ya responsable de Babi Yar, la liquidación del gueto de Riga. Jeckeln eligió un sitio cercano a la estación de tren de Rumbula, e hizo cavar fosas con prisioneros de guerra rusos.
Primer día de la operación: columnas de mil personas caminan hacia el sitio de ejecución. Quienes no pueden mantener el ritmo son fusilados en el camino. Unos 13.000 judíos de Riga son asesinados, junto a mil judíos de Berlín recién llegados en tren.
Segundo día: los 10.000 judíos restantes de Riga son asesinados de la misma forma. El total de la operación llega a 25.000 muertos. Jeckeln es ascendido por su rol en la masacre.
Cuando fusilar dejó de alcanzar: las furgonetas de gas
Con el correr de los meses, incluso Himmler llegó a considerar el método de fusilamiento directo como ineficiente: costoso, lento, y profundamente desmoralizante para las propias tropas. Durante una visita a Minsk en agosto de 1941, presenció una ejecución masiva y concluyó que disparar a las víctimas resultaba demasiado estresante para sus hombres. En noviembre, dispuso que quienes mostraran problemas de salud tras participar en fusilamientos recibieran descanso y atención psicológica.
La transición hacia el gas
Himmler decidió entonces avanzar hacia la gasificación de las víctimas, especialmente mujeres y niños, y ordenó reclutar auxiliares locales para las tareas más traumáticas. Las furgonetas de gas, ya usadas antes para asesinar a pacientes psiquiátricos, comenzaron a operar con los cuatro Einsatzgruppen principales desde 1942 —aunque no eran populares entre las tropas, dado lo traumático de retirar los cuerpos—. En paralelo, ya en septiembre de 1941 se iniciaban en Auschwitz los primeros experimentos con Zyklon B, el gas a base de cianuro que después se convertiría en el método central del exterminio industrial.
Los planes para la eliminación total de la población judía de Europa —unos once millones de personas— se formalizaron en la Conferencia de Wannsee, el 20 de enero de 1942. A partir de entonces, los campos de exterminio permanentes —Auschwitz, Belzec, Sobibor, Treblinka— reemplazaron gradualmente a los escuadrones móviles como método principal de asesinato masivo, aunque los Einsatzgruppen siguieron activos, sobre todo en operaciones contra partisanos en Bielorrusia.
La colaboración local: por qué mataron tantos, tan rápido
Ninguna de estas masacres habría alcanzado la escala que tuvo sin una colaboración local extensa. Funcionarios, milicias de autodefensa y policías auxiliares desempeñaron un papel clave en el arresto y asesinato de judíos lituanos, letones y estonios, ayudando a identificarlos con rapidez. Según el historiador Erich Haberer, la proporción entre policía alemana y auxiliares locales llegó a ser de uno a diez en Ucrania y Bielorrusia, y de uno a veinte en zonas rurales —lo que significa que la mayoría de los judíos ucranianos y bielorrusos fueron asesinados por sus propios vecinos, bajo mando alemán, y no directamente por alemanes—.
Los factores que explican esa colaboración, según los historiadores consultados por la propia investigación:
— Una cultura política de violencia en las tierras fronterizas del este, ya instalada desde principios del siglo XX.
— El trauma profundo dejado por el dominio soviético previo en los países bálticos, que había destruido estructuras sociales y familiares completas.
— La transferencia de lealtad: muchos, ya acostumbrados a la conformidad con un régimen totalitario, simplemente trasladaron esa obediencia al nuevo ocupante alemán.
— El intento de algunos excolaboradores del régimen soviético de desviar sospechas sobre sí mismos, señalando a judíos como colaboradores.
Con la creación de unidades locales como el Arajs Kommando, la violencia dejó de ser el estallido espontáneo de un pogromo para convertirse en una maquinaria sistemática de exterminio, con amplia participación voluntaria de la población civil ocupada.
El ejército alemán, cómplice activo
Pese a que formalmente los Einsatzgruppen dependían del ejército, en la práctica recibían órdenes directas de Heydrich y actuaban con amplia autonomía. Muchos oficiales del ejército no veían con agrado estas acciones —violaban abiertamente las reglas de la Convención de Ginebra—, pero Hitler había ordenado que la Wehrmacht tolerara e incluso ofreciera apoyo logístico cuando fuera tácticamente posible. Cuando el general Johannes Blaskowitz elevó una queja formal por las atrocidades, Hitler la descartó como «infantil», y Blaskowitz fue relevado de su cargo meses después.
Una orden que hoy suena a manual del odio
El mariscal de campo Walther von Reichenau redactó, en octubre de 1941, una orden para el 6º Ejército alemán en la que definía la campaña contra la Unión Soviética como una lucha para exterminar por completo el «sistema judeo-bolchevique», instruyendo a los soldados a apreciar la necesidad de una retribución severa contra lo que llamaba, textualmente, las «especies subhumanas de la judería». El general Erich von Manstein emitió una orden casi idéntica meses después.
La cooperación entre el ejército y los Einsatzgruppen fue, en la mayoría de los casos, fluida y hasta cordial: informes internos de la época describen relaciones «excelentes» e incluso «casi cordiales» entre ambas fuerzas en distintos frentes. En el sur, el propio ejército rumano colaboró directamente con un Einsatzgruppe en la masacre de Odesa, con un saldo de unos 26.000 judíos asesinados.
El plan para exterminar a los judíos de Medio Oriente
Uno de los capítulos menos conocidos de la historia de los Einsatzgruppen es un plan, documentado por los historiadores alemanes Klaus-Michael Mallmann y Martin Cüppers, para crear en 1942 una unidad específica destinada a matar al medio millón de judíos que vivían entonces en el Mandato Británico de Palestina, además de los 50.000 judíos de Egipto. La unidad, apostada en Atenas a la espera de que las fuerzas alemanas avanzaran, habría necesitado el apoyo de colaboradores locales y del Afrika Korps para completar su misión, dado su reducido personal de apenas 24 hombres.
El expremier iraquí Rashid Ali al-Gaylani y el gran muftí de Jerusalén, Haj Amin al-Husseini, tuvieron un rol activo en ese plan: participaron en propaganda antisemita por radio y en el reclutamiento de un batallón árabe-alemán que iba a acompañar a la unidad hacia Medio Oriente. El plan quedó descartado tras la derrota alemana en la Segunda Batalla de El Alamein.
Los juicios de Núremberg, y la impunidad que siguió
Tras el fin de la guerra, 24 líderes de alto rango de los Einsatzgruppen fueron procesados entre 1947 y 1948, como parte de los juicios posteriores de Núremberg realizados bajo autoridad militar estadounidense. Recibieron catorce condenas a muerte y dos cadenas perpetuas, aunque finalmente solo se ejecutaron cuatro sentencias, en junio de 1951 —el resto se redujo a penas menores—.
El caso Jäger: descubierto por accidente, dos décadas después
Uno de los documentos más contundentes surgidos de estos procesos es el Informe Jäger, presentado en diciembre de 1941 por el comandante Karl Jäger, que detalla día por día el asesinato de más de 137.000 personas en Lituania en apenas cinco meses. Jäger vivió tranquilamente bajo su propio nombre en Alemania hasta que su informe fue descubierto en 1959. Al ser arrestado y acusado, se suicidó en prisión mientras esperaba juicio.
La inmensa mayoría de los responsables de crímenes de guerra nazis, sin embargo, nunca fue acusada formalmente, y regresó a la vida civil sin ningún tipo de señalamiento. La fiscalía de crímenes de guerra de Alemania Occidental llegó a acusar apenas a un centenar de exmiembros de los Einsatzgruppen. Con el paso de las décadas, obtener condenas se volvió cada vez más difícil: los testigos envejecían, el financiamiento para los juicios era insuficiente, y tanto Alemania como Austria mostraron un interés decreciente en revisar ese pasado.
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