Trump invoca el desastre del 98, amenaza con embargos, llama a España «aliada terrible» y llega a Ankara «decepcionado». El motivo: Madrid dijo no al uso de sus bases para bombardear Irán y no tiene plan creíble para llegar al 5% del PIB en defensa. España llega a la cumbre más tensa de la OTAN en años sin margen de maniobra y sin aliados que la defiendan.
Los próximos 7 y 8 de julio, los líderes de los 32 países miembros de la OTAN se reúnen en Ankara en lo que promete ser la cumbre más tensa de la Alianza en años. El orden del día oficial habla de gasto en defensa, de la guerra en Irán y del reparto de responsabilidades entre aliados. Pero hay un país que llega a esa mesa en una posición particularmente expuesta: España.
La cadena de declaraciones de la administración Trump contra el gobierno de Pedro Sánchez en los últimos meses no tiene precedentes en la historia reciente de las relaciones entre Washington y Madrid. Trump ha llamado a España «aliada terrible» y «hostil», ha amenazado con «romper todos los tratos», con un «embargo» y con «represalias económicas y arancelarias». El embajador estadounidense ante la OTAN, Matthew Whitaker, confirmó el 1 de julio, a días de la cumbre, que Trump llega a Ankara «decepcionado» con España. No es un matiz diplomático. Es una señal de alerta.
Los dos motivos del enfado
La fricción entre Washington y Madrid tiene dos causas concretas y verificables, ninguna de las cuales es nueva pero ambas han alcanzado un punto de ruptura en 2026.
La primera es la negativa española a facilitar el uso de las bases de Rota y Morón — y del espacio aéreo español — durante la Operación Epic Fury, la campaña militar estadounidense contra Irán iniciada el 28 de febrero de 2026. España fue uno de los pocos aliados de la OTAN que negó ese acceso, lo que generó una «profunda decepción» en la Casa Blanca, según las propias palabras del embajador Whitaker. Sánchez lo enmarcó públicamente en un «No a la guerra» que evocó deliberadamente las manifestaciones contra la participación española en la guerra de Irak — un gesto con alto rédito político interno pero con un costo diplomático que ahora se hace visible.
La segunda causa es el compromiso de gasto en defensa. En la cumbre de La Haya de 2025, los 32 aliados firmaron por unanimidad el Compromiso de Defensa, que elevó el objetivo de gasto militar del 2% al 5% del PIB. España firmó. España está lejos de alcanzarlo — muy lejos — y, a diferencia de Alemania, Polonia y los países nórdicos y bálticos, no ha presentado una hoja de ruta creíble para llegar a esa cifra en ningún plazo concreto.
No hay duda de que el presidente está decepcionado con España. Tanto por las cuestiones de acceso a las bases y el sobrevuelo que vimos durante la Operación Epic Fury, como por su falta de voluntad para demostrar una trayectoria creíble hacia el 5%. Matthew Whitaker · Embajador de Estados Unidos ante la OTAN, 1 de julio de 2026
El 98: una referencia que no es inocente
Entre todas las declaraciones de Trump sobre España, la más cargada de significado geopolítico no fue la que amenazó con un embargo ni la que llamó a España «aliada terrible». Fue la referencia al «desastre del 98».
Al apelar a la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas como consecuencia de la debilidad militar española de finales del siglo XIX, Trump introduce en el debate una advertencia que ninguna cancillería europea puede ignorar. No es una amenaza directa de cesión territorial. Pero el mensaje político es difícilmente malinterpretable: los territorios que hoy se consideran más vulnerables ante una eventual retirada del paraguas atlántico son Ceuta, Melilla y las islas Canarias.
El Artículo 6 del Tratado del Atlántico Norte excluye deliberadamente de su ámbito de aplicación a Ceuta y Melilla. Las Canarias, por su posición geográfica en el Atlántico y su lejanía del continente europeo, también generan interrogantes sobre la solidez del paraguas defensivo si Washington decide revisar su compromiso con la Alianza. La presencia estadounidense ha sido durante décadas el contrapeso silencioso frente a la presión marroquí sobre los territorios españoles en el norte de África. Una retirada, parcial o total, alteraría ese equilibrio de forma sustancial.
Que Trump eligiera esa referencia histórica específica — y no, por ejemplo, la deuda española o la cooperación en inteligencia — no fue casual. Es la presión más sensible que puede ejercer sobre Madrid sin pronunciar ninguna amenaza directa.
Los números que Trump puso sobre la mesa
El desequilibrio en gasto de defensa — datos de Trump
Estados Unidos: 999.000 millones de dólares
Francia: 66.500 millones
Italia: 48.800 millones
Polonia: 44.300 millones
Alemania y España: cifras «sensiblemente más bajas», según Trump
El objetivo acordado en La Haya (2025): 5% del PIB para todos los aliados. España firmó ese compromiso y no tiene hoja de ruta creíble para cumplirlo. Los «buenos alumnos» identificados por Whitaker: Alemania, Polonia, países nórdicos y bálticos.
La conclusión que Trump extrajo de esos números fue directa: Estados Unidos protege a sus aliados «sin obtener ningún beneficio a cambio» y la OTAN es un «tigre de papel» si sus miembros no cumplen lo que firman. Whitaker fue más matizado pero igualmente claro: los aliados que «hacen más» obtendrán más tiempo con los líderes estadounidenses, prioridad en adquisiciones de material militar y cooperación industrial más estrecha. Los que no — España entre ellos — quedan en el grupo señalado.
Lo que Sánchez ganó y lo que perdió
La decisión de Sánchez de negar las bases y enmarcarlo en un «No a la guerra» tuvo un efecto político inmediato en España: le permitió distanciarse de una operación militar impopular en la opinión pública española y reforzar su imagen ante el electorado de izquierda. El lema resonó con fuerza, especialmente entre quienes recuerdan las manifestaciones multitudinarias contra la participación española en la guerra de Irak bajo Aznar.
Lo que perdió es más difícil de cuantificar pero más duradero: la posición española dentro de la Alianza. En una OTAN donde el acceso a material militar, a contratos de defensa y a tiempo con los líderes de Washington depende cada vez más de la demostración concreta de compromiso, España llega a Ankara sin haber cumplido ninguno de los dos criterios que Washington considera esenciales: ni facilitó las operaciones contra Irán ni tiene plan de gasto creíble. Mientras otros aliados del flanco este y del norte ya presentaron calendarios concretos de incremento presupuestario, Madrid sigue sin ofrecer fechas.
Sánchez ganó el ciclo de noticias y el rédito político interno. El costo es llegar a Ankara en la posición más débil de España en la Alianza desde su ingreso en 1982.
Lo que Trump puede y lo que no puede hacer
Las amenazas de Trump contra España han sido múltiples y escaladas: «expulsar» a España de la OTAN, cortar el comercio, imponer aranceles, un «embargo». Conviene poner cada una en perspectiva.
Retirar a Estados Unidos de la OTAN unilateralmente no es constitucionalmente posible sin el voto del Congreso — algo que Trump sabe y que sus asesores le recuerdan. Expulsar a España de la Alianza tampoco tiene mecanismo previsto en el Tratado. Imponer aranceles específicos a España dentro de la Unión Europea implicaría una disputa con Bruselas, no con Madrid. Lo que sí puede hacer — y que Whitaker dejó claro sin decirlo explícitamente — es marginar a España dentro de la Alianza: menos tiempo en las reuniones bilaterales, menos prioridad en contratos de defensa, menos cooperación en inteligencia, y la señal clara a otros aliados de que Madrid no es un socio confiable cuando se necesita.
Ese tipo de marginalización no requiere ningún voto del Congreso. Solo requiere que Washington lo decida. Y según todas las señales de los últimos días, esa decisión ya está en marcha.
Rutte y la mediación que no alcanza
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha intensificado su labor de mediación en los días previos a Ankara. Confía en que la cumbre sirva para anunciar nuevos contratos de defensa por miles de millones de dólares que beneficien a empresas estadounidenses y calmen las exigencias de Washington. Whitaker descartó que la cumbre vaya a estar marcada por represalias directas contra España: «No espero que la cumbre se convierta en una situación de ese tipo.»
Pero «sin represalias directas en Ankara» no es lo mismo que «sin consecuencias». Lo que Ankara puede producir para España no es un castigo declarado sino algo más estructural: la consolidación de su imagen como el aliado que dijo no cuando más se necesitaba, que firmó un compromiso que no cumple, y que llega a la cumbre sin ningún gesto de acercamiento previo hacia Washington.
Eso no se resuelve en dos días de cumbre. Se construye — o se destruye — en los años que vienen.
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☕ Invitame un caféFuentes: Declaraciones del embajador Matthew Whitaker ante la OTAN (1 de julio de 2026), recogidas por Europa Press. Material de análisis propio de Bastión sobre el contexto geopolítico de la cumbre de Ankara. Declaraciones de Donald Trump sobre España (marzo y julio de 2026).
Este artículo tiene propósito informativo y analítico.
