Análisis — Israel, camino a las elecciones del 27 de octubre
El doble discurso de Netanyahu: guerra afuera, grietas adentro
En inglés elogia a Trump; en hebreo se jacta de haberlo manipulado. Bombardea en tres frentes para parecer «el señor Seguridad», mientras su propio bloque de derecha se le desarma por dentro.
- Un primer ministro que enciende todos los frentes a la vez
- «El señor Seguridad»: la explicación de una analista
- Washington lo frena en todas partes, menos en uno
- El ataque a Siria como «concepto electoral»
- Dos frecuencias: el «No» que solo se dice en inglés
- La confesión que nadie esperaba: las «mil horas»
- Y mientras tanto, Gaza: «por mar, por aire, por todos los medios»
- La derecha, fragmentándose justo cuando más la necesita
- Lo que dicen las últimas encuestas
Durante semanas, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu presidió el bombardeo de posiciones de Hezbolá en el sur del Líbano, asesinatos selectivos de más de 20 personas en Gaza, y el ataque a una base aérea en el norte de Siria, como advertencia a Turquía. Tampoco logró reprimir la violencia de colonos en Cisjordania, que sus propios generales advierten que podría detonar un nuevo levantamiento palestino. Todo esto ocurre mientras se presenta a la reelección el 27 de octubre, con las encuestas mostrándolo por detrás.
Un primer ministro que enciende todos los frentes a la vez
Por muy válida que sea la justificación de seguridad nacional detrás de cada una de estas acciones, Netanyahu tiene motivos propios para buscar el conflicto. Sus aliados y rivales lo atacan desde la derecha en temas de seguridad, empujándolo a un tono cada vez más belicoso. Y aun así, su principal rival, el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, le saca ventaja en las encuestas sobre confianza pública en seguridad —Netanyahu sigue lastrado por haber estado al mando el 7 de octubre de 2023—.
«El señor Seguridad»: la explicación de una analista
El propio Netanyahu no disimula la intención política. En un video del 1° de septiembre, dijo sonriendo: «Los ayatolás quieren que pierda las elecciones. Hezbolá y Hamás quieren que pierda. Por cierto, Turquía también. Lo dicen abiertamente. Pregúntense, ¿a quién quieren los enemigos de Israel que gane estas elecciones?».
Washington lo frena en todas partes, menos en uno
El obstáculo principal para esta estrategia es su propio aliado más importante. Estados Unidos insta a la calma en casi todos los teatros de conflicto: apartó a Israel de la batalla directa con Irán, supervisa con Marco Rubio una negociación de retirada gradual de Hezbolá en el sur del Líbano, y en Cisjordania el embajador Mike Huckabee —habitualmente aliado de los colonos— presiona para frenar a lo que él mismo llamó «terroristas israelíes». En Gaza, la Junta de Paz de Trump, supervisada por Jared Kushner, le ató las manos: en julio logró que Hamás aceptara por primera vez un plan de desarme completo, que Israel rechazó, ordenando nuevos ataques.
El ataque a Siria como «concepto electoral»
Esto explica, según varios analistas, el bombardeo israelí del 18 de agosto contra una base aérea en ruinas en el norte de Siria, a solo 40 millas de la frontera turca. Tom Barrack, embajador de EE.UU. en Turquía, planteó en un podcast que una teoría posible era que se trataba de «un concepto bien recibido antes de las elecciones». Israel afirmó, sin pruebas, que Siria planeaba permitir un despliegue militar turco en el lugar.
Lo que Israel omitió reconocer
Ausente en el mensaje israelí estaba cualquier reconocimiento de que Siria es un país soberano cuyo espacio aéreo Israel había violado. Israel trató los cielos sirios como una zona de amortiguamiento propia —de forma similar a los 400 km² de territorio sirio que sus tropas ya ocupan como defensa avanzada—. Gallia Lindenstrauss, del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, advirtió: «Está presentando al público israelí que Israel tiene poder ilimitado, y eso es muy peligroso» —sobre todo frente a Turquía, que tiene el segundo ejército más grande de la OTAN—.
Dos frecuencias: el «No» que solo se dice en inglés
Para consumo internacional, la oficina de Netanyahu dijo en inglés que Israel solo buscaba restaurar el «statu quo» con Siria. Para audiencia interna, publicó un video en hebreo mucho más beligerante: «No toleraremos el establecimiento de una presencia militar turca que se extienda hacia el sur, porque nos amenaza (…) ¿Cómo debo expresar este mensaje? ‘No’.» Esa última palabra, dicha en inglés, remite deliberadamente al «No, no, no» que Joe Biden le advirtió a Hezbolá e Irán en 2023.
La confesión que nadie esperaba: las «mil horas»
El patrón de doble discurso escaló, apenas días después, a un nivel que sorprendió incluso a analistas curtidos. El 30 de agosto, en una entrevista en hebreo por el Canal 14, apelando directamente a votantes israelíes, Netanyahu se jactó de haber «llevado a Estados Unidos a sus cabales» frente a Irán.
El canciller iraní, Abbas Araghchi, calificó a Netanyahu de «serpiente», señalando la diferencia entre lo que dice en inglés (elogios al liderazgo de Trump) y lo que dice en hebreo (jactarse de haberlo manipulado hacia la guerra). Cabe recordar que Netanyahu llevaba, según reveló después una investigación del New York Times, insistiendo desde hacía décadas para que Estados Unidos atacara a Irán —y ya hizo una «venta agresiva» a Trump en el Situation Room el 11 de febrero de 2026—. Sin embargo, seis meses después del inicio de esa guerra, el propio analista israelí Danny Citrinowicz la calificó de «fracaso colosal en la estrategia israelí ante Irán»: un 92% de los israelíes cree que Irán salió ganando o beneficiada del conflicto, según una encuesta de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Y mientras tanto, Gaza: «por mar, por aire, por todos los medios»
En paralelo a todo esto, el ministro de Defensa Israel Katz confirmó que Israel busca el respaldo de Trump para un plan de desplazamiento masivo de la población de Gaza —ampliamente considerado un posible crimen de guerra—. «No habría una solución real para Gaza sin esta migración», dijo, describiendo un dispositivo israelí «organizado y preparado para sacarlos, por mar, por aire, por todos los medios posibles». Netanyahu no desmintió ni censuró esas declaraciones: al contrario, reafirmó públicamente que Israel no se retira de Gaza y que controla ya el 60% del territorio, con órdenes de ampliarlo al 70%.
La derecha, fragmentándose justo cuando más la necesita
Mientras Netanyahu intenta capitalizar políticamente cada frente externo, su propio bloque de derecha se le desarma por dentro. A fines de agosto, lanzó una campaña mediática para unir a Itamar Ben-Gvir (Otzma Yehudit) con Bezalel Smotrich (Sionismo Religioso) en una lista conjunta —la misma fórmula que usó en 2022—. Ben-Gvir la rechazó de plano, advirtiendo que esa alianza podría espantar votantes hacia un nuevo partido de ultraderecha, «Am Israel», liderado por el general en retiro Ofer Winter.
El bloque de derecha, cada vez más partido:
— Otzma Yehudit (Ben-Gvir): ronda los 8 escaños en las encuestas más recientes.
— Un «Tercer Bloque» emergente (Zionist Home-The Reservists, el partido de Gilad Erdan y Yuli Edelstein, y el propio Ofer Winter) se mueve al filo del umbral electoral (3,25%).
— Del otro lado, Naftali Bennett y Yair Lapid ya fusionaron sus partidos para intentar desplazar a Netanyahu, aunque esa alianza opositora tampoco termina de despegar en las encuestas.
Lo que dicen las últimas encuestas
Según la encuesta de Kan del 9 de agosto, el Likud recuperó por primera vez en semanas el primer lugar (24 escaños) por sobre el partido Yashar de Eisenkot (23), aunque el bloque completo opositor sigue tres escaños por delante en el total (56). Una encuesta posterior de Canal 13 mostró un panorama más adverso: el Likud cayendo a 21, con Yashar sosteniendo el liderazgo en 23, y el propio partido de Bennett desplomándose a solo 12 escaños. El dato más contundente lo arrojó un escenario hipotético del propio sondeo de Haaretz: una fusión entre Eisenkot, Bennett y Tropper alcanzaría 36 escaños, contra apenas 17 del Likud en solitario —mientras que la fusión que el propio Netanyahu impulsó, entre Winter y Smotrich, apenas llegaría a 7—.
La paradoja de fondo
Netanyahu apuesta a que la guerra —en cualquiera de sus frentes— active el «efecto de unirse en torno a la bandera» y le sume hasta tres escaños extra al Likud el día de la elección, según estimaciones de encuestadores israelíes. Pero esa apuesta depende de variables que él mismo no controla del todo: la paciencia de Washington, la fragmentación de su propio bloque, y ahora, su propia lengua —hablando en hebreo para una audiencia que aplaude la jactancia, sin calcular del todo que el mundo entero, gracias a la traducción instantánea de las redes, también está escuchando.
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