El geógrafo y diplomático francés sostiene que ya no vivimos una simple transición geopolítica, sino una ruptura total del sistema internacional: desapareció el vínculo diplomático que unía a las grandes potencias desde Metternich, y el mundo quedó sin límites nucleares por primera vez desde 1972.
Michel Foucher, geógrafo político y exembajador francés, uno de los grandes referentes europeos en análisis de fronteras y geopolítica, planteó en una entrevista con Le Grand Continent un diagnóstico que va mucho más allá de la coyuntura: no estamos atravesando una transición del orden internacional, sino una ruptura histórica que él mismo bautizó como «la gran bifurcación».
Se acabó el «linkage» de Kissinger
El concepto central de la entrevista es el linkage, la estrategia diplomática que Henry Kissinger teorizó en 1969, heredera de la tradición europea que va de Metternich a la Guerra Fría: la idea de que las grandes cuestiones internacionales están fundamentalmente conectadas entre sí, de modo que ceder en un tema (por ejemplo, control de armas nucleares) podía negociarse a cambio de concesiones en otro completamente distinto (por ejemplo, apoyo soviético a movimientos revolucionarios en el Tercer Mundo).
Foucher sostiene que ese vínculo desapareció por completo. Según su lectura, hoy la escena diplomática funciona más bien como una cortina de humo que disimula una política de hechos consumados, aplicada de forma dispersa en Venezuela, Sudán, Medio Oriente y el sur de Asia, con un número creciente de potencias regionales de segundo y tercer orden entrando en escena sin que nadie coordine el conjunto.
Groenlandia como ejemplo de «chantaje sin efecto»
Consultado sobre si esto representa exactamente lo contrario del sistema construido en Viena por Metternich —que Kissinger admiraba—, Foucher fue tajante sobre un caso muy actual: cuando Trump amenaza a los europeos con retirar tropas estadounidenses de Europa si no le venden Groenlandia, esa conexión entre ambos temas es artificial, según describió, una maniobra de presión sin sustento real detrás.
La diferencia con el linkage clásico, explica Foucher, es que la estrategia de Kissinger y Zbigniew Brzezinski durante la Guerra Fría sí vinculaba asuntos genuinamente relacionados —control de armamento nuclear a cambio de menor apoyo soviético a movimientos revolucionarios en Angola, Mozambique, Etiopía o América Central—, mientras que el actual «vínculo» entre Groenlandia y la presencia militar en Europa no tiene ninguna lógica estratégica de fondo, solo funciona como presión retórica.
El mundo sin límites nucleares desde 1972
El dato más contundente de toda la entrevista tiene que ver con el desarme nuclear. El último tratado vigente entre las grandes potencias en esta materia, el New START —firmado en 2010 entre Barack Obama y Dmitri Medvédev, sucesor de una cadena de acuerdos que se remonta a los SALT de la década del setenta—, expiró el 5 de febrero de 2026 sin ningún reemplazo.
Según describe Foucher, el vacío ya se está llenando de la peor manera posible: los países con arsenal nuclear, incluida Francia, están reforzando sus capacidades. China invoca su rezago respecto a Estados Unidos para negarse a cualquier negociación de límites. Y Rusia pretende sumar las capacidades nucleares británica y francesa a la ecuación antes de aceptar sentarse a discutir cualquier límite con Washington — un enredo de condiciones cruzadas que, en la práctica, funciona como excusa para que nadie negocie nada.
Por qué Estados Unidos se corrió del rol de garante global
Consultado sobre si esta ruptura se debe al ejercicio del poder de la administración Trump o si simplemente se aceleró con él, Foucher trazó una genealogía más larga: el propio garante del orden internacional, Estados Unidos, empezó a renegar de sus propias reglas con la invasión de Irak en 2003. Le siguieron la anexión rusa de Crimea y la secesión del Donbás desde 2014, en una cadena donde cada ruptura habilitó la siguiente.
El diagnóstico de fondo, según el analista francés, es que la sociedad y las instituciones políticas estadounidenses están dando por cerrado el ciclo de ochenta años de la Pax americana — porque sus propias herramientas (libre comercio, libertad de los mares, seguridad colectiva, instituciones internacionales) ya no garantizan la supremacía de Washington, sino que hoy se perciben como un mal negocio del que sacaron ventaja sus propios rivales, empezando por China.
¿Puede China ocupar el lugar de Estados Unidos?
Foucher fue escéptico sobre esa posibilidad, pese al crecimiento espectacular de la economía china —que multiplicó su PBI más de 15 veces desde su ingreso a la Organización Mundial del Comercio en 2001—. A su criterio, a Beijing le faltan tres elementos clave para asumir el rol de garante global que tuvo Estados Unidos: una moneda de reserva internacional, un historial como potencia hegemónica del orden mundial, y un atractivo social, cultural y político genuino más allá de sus fronteras.
Fronteras que ya no son líneas, sino esferas
Otro eje central de la entrevista es la crisis del concepto westfaliano de frontera como línea fija. Según Foucher, tanto las potencias establecidas como las emergentes están reemplazando esa idea por una visión neoimperial de Estados «sin límites» — citando la fórmula que circula en Moscú de que «el imperio no tiene límites», un centro de poder rodeado de países cuyo destino depende de él.
Ese mismo patrón, señala, ya no es exclusivo de las grandes potencias: lo están adoptando también actores regionales de segundo y tercer orden con fuertes ambiciones propias, como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos en sus respectivas esferas de influencia en Yemen, Sudán y el Cuerno de África.
El rol de Europa frente a la ruptura
Consultado sobre qué pueden hacer Francia y Europa en este contexto, Foucher propuso avanzar hacia una alianza europea de seguridad y defensa propia, gestionada no por un único liderazgo (como fue Washington durante décadas) sino por una suerte de directorio colectivo entre países con capacidades militares reales — reconociendo, de paso, que ese cambio de época requiere gestionarse de forma cooperativa y no unilateral, para evitar que cada país europeo busque su propio camino por separado.
El propio Foucher deja planteada la pregunta que atraviesa toda la entrevista sin responderla del todo: de esta ruptura del viejo orden internacional, ¿va a surgir un nuevo orden, o solamente el caos?
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☕ Invitame un caféFuente: entrevista completa de Gilles Gressani a Michel Foucher, «Estamos asistiendo al fin del mundo de Kissinger», Le Grand Continent, 15 de julio de 2026.
