El genocidio de Indonesia: un millón de muertos que Occidente celebró

El genocidio de Indonesia: un millón de muertos que Occidente celebró
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El genocidio de Indonesia: un millón de muertos que Occidente celebró

Entre 1965 y 1967, el general Suharto asesinó entre 500.000 y un millón de indonesios con el respaldo activo de Estados Unidos, que suministró equipos de comunicación, listas de militantes y apoyo diplomático. La revista Time lo calificó de «la mejor noticia en Asia para Occidente en años.» Los documentos desclasificados en 2017 lo confirman. Los autores de las masacres siguen siendo tratados como héroes.

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Indonesia bajo la dictadura de Suharto
Indonesia bajo el Nuevo Orden de Suharto — la dictadura que duró 31 años y fue celebrada por Occidente como un bastión anticomunista.
General Suharto
El general Suharto, presidente de Indonesia entre 1967 y 1998. La ONG Transparency International lo calificó como el «dirigente más corrupto de los tiempos modernos.» Murió en su cama en 2008.

Indonesia es hoy la cuarta nación más poblada del mundo — 280 millones de personas, la mayor población musulmana del planeta, una de las economías más fuertes del sudeste asiático. Es también un país dividido por una herida profunda que nadie ha querido suturar del todo: el millón de muertos que nadie juzgó, cuyos asesinos siguen siendo tratados como héroes, y cuya historia Occidente prefirió ignorar porque era conveniente ignorarla.

La historia de ese millón de muertos comienza en la madrugada del 1 de octubre de 1965.

El contexto: de colonia holandesa a pieza del tablero de la Guerra Fría

Para entender lo que ocurrió en 1965 hay que entender lo que Indonesia representaba en el mapa geopolítico de la Guerra Fría. El país había sido colonia holandesa durante tres siglos. En 1942, Japón la invadió. Cuando Japón se rindió en 1945, Ahmed Sukarno — líder del movimiento nacionalista indonesio — proclamó la independencia. Después de cuatro años de lucha, los Países Bajos la reconocieron.

Sukarno construyó una política exterior de no alineamiento — no con la URSS, no con EEUU, sino con el movimiento de países no alineados. Era antiimperialista, nacionalista, y toleraba en su gobierno al Partido Comunista Indonesio (PKI), que llegó a ser el tercer partido comunista más grande del mundo después de China y la URSS, con más de tres millones de militantes.

Para Washington, eso era inaceptable. Indonesia era, en palabras del propio Nixon, «de lejos, la recompensa más grandiosa en el área del sudeste asiático.» El petróleo, el estaño, el caucho, la posición geográfica estratégica — todo eso no podía quedar en manos de un gobierno que simpatizara con el comunismo.

La CIA comenzó a cultivar relaciones con oficiales anticomunistas del ejército indonesio. La semilla de lo que vendría estaba plantada.

El 1 de octubre de 1965: el pretexto perfecto

En la madrugada del 1 de octubre de 1965, un grupo de militares secuestró y asesinó a seis generales derechistas. El Movimiento 30 de Septiembre — como se llamó a la rebelión — fue atribuido inmediatamente al PKI. La narrativa fue clara y rápida: los comunistas habían intentado un golpe de Estado.

Lo que los documentos desclasificados revelan

La narrativa del «golpe comunista» era falsa — y EEUU lo sabía

Los 39 documentos de la embajada americana en Yakarta, desclasificados en 2017, revelan que los funcionarios estadounidenses tenían información que contradecía la versión oficial desde el principio. La narrativa del golpe comunista fue construida deliberadamente para justificar la represión.

La CIA suministró equipos de comunicación a Suharto para que pudiera difundir sus versiones antes de consolidar el control. La embajada americana mantuvo un registro detallado de los líderes del PKI ejecutados. En 1990 salió a la luz un documento de la CIA con 5.000 nombres de militantes del PKI entregados a los escuadrones del ejército indonesio.

Un cable de 1966 del oficial de la CIA Edward Masters discute el «problema» de los prisioneros comunistas capturados con estas palabras: «Muchas provincias parecen enfrentar con éxito este problema ejecutando a sus prisioneros, o matándoles antes de que sean capturados, una tarea en la que grupos juveniles musulmanes están brindando asistencia.»

El general Suharto, líder de la facción anticomunista del ejército, aplastó la rebelión en horas. Y luego usó esa victoria para algo que ya tenía planificado: derrocar a Sukarno, tomar el poder e iniciar la purga más sangrienta de la historia del sudeste asiático.

El genocidio: entre 500.000 y un millón de muertos

Lo que siguió al 1 de octubre de 1965 no fue una represión. Fue un exterminio sistemático.

El alcance del genocidio indonesio

  • Víctimas estimadas: entre 500.000 y un millón según las fuentes más citadas; otras estimaciones hablan de hasta 3 millones
  • Período: octubre de 1965 a 1967, con la mayor intensidad entre octubre y diciembre de 1965
  • Víctimas: militantes del PKI, simpatizantes de izquierda, sindicalistas, campesinos, intelectuales y personas de etnia china
  • Ejecutores: el ejército y escuadrones de la muerte compuestos por paramilitares, milicias religiosas y gánsteres de barrio
  • El PKI: el mayor partido comunista del mundo capitalista, con 3,5 millones de miembros — liquidado completamente
  • Organizaciones afiliadas: sindicatos obreros, organizaciones juveniles, de mujeres y de campesinos — entre 15 y 20 millones de miembros borrados del mapa

Los métodos fueron variados y sistemáticos. El ejército detenía a los sospechosos y en muchos casos los entregaba a milicias civiles para que los ejecutaran. Los cadáveres aparecían en ríos, campos y cunetas. En Bali, la violencia alcanzó tal intensidad que la isla — entonces como ahora un destino turístico — vio morir a entre 80.000 y 100.000 personas en pocas semanas.

«Es como quemar una casa para matar una rata.» — Ahmed Sukarno, en arresto domiciliario, sobre la represión de Suharto

Sukarno, el presidente que Suharto había desplazado, permaneció en arresto domiciliario hasta su muerte en 1970. Sus palabras sobre la proporción de la masacre fueron lo más cercano a una condena oficial que hubo en Indonesia durante décadas.

La reacción de Occidente: «la mejor noticia en Asia»

Lo que dijo Occidente mientras ocurría el genocidio

La revista Time calificó el golpe de Suharto y la campaña de terror que siguió como «la mejor noticia en Asia para Occidente desde hacía años.»

Washington celebró el cambio de gobierno como una gran victoria geopolítica. Indonesia dejaba de ser un riesgo comunista y se convertía en un aliado estratégico. Los inversores extranjeros recuperaban el acceso a los recursos naturales del archipiélago.

El nuevo embajador americano en Yakarta, Green, registró en documentos internos su satisfacción por «la convicción mostrada por los militares para destruir al PKI.» En público, EEUU declaró no tener ninguna participación en los hechos. En privado, suministraba listas de militantes y equipos de comunicación.

En 2016, la Corte Internacional de Justicia calificó los hechos como crimen contra la humanidad y otorgó la categoría de cómplices a Estados Unidos, Reino Unido y Australia.

Mientras ocurría uno de los peores genocidios del siglo XX, la CIA entregaba listas de militantes al ejército indonesio y la revista Time lo llamaba «la mejor noticia en Asia.»

El Nuevo Orden: 31 años de dictadura y corrupción

Suharto instaló lo que llamó el Nuevo Orden. Entre sus primeras medidas: supresión de sindicatos, eliminación de la libertad de prensa, ilegalización del PKI. Después llegaron las reformas económicas.

La llamada «Mafia de Berkeley» — un grupo de economistas indonesios educados en EEUU — diseñó un programa de privatizaciones y apertura a la inversión extranjera. Las multinacionales recuperaron el acceso que habían perdido bajo Sukarno. El «milagro económico» indonesio fue la cortina de humo que cubrió décadas de corrupción institucional.

Transparency International calificó a Suharto como el «dirigente más corrupto de los tiempos modernos» — se estima que amasó una fortuna personal de 15.000 millones de dólares. Murió en su cama en 2008, sin haber sido juzgado por ninguno de sus crímenes.

Timor Oriental: el genocidio que vino después

Reforzado en el poder y respaldado por Occidente, Suharto no se detuvo en Indonesia. En 1975, con luz verde explícita del presidente americano Gerald Ford — que se reunió con Suharto en Yakarta el día antes de la invasión — Indonesia invadió Timor Oriental, que acababa de independizarse de Portugal bajo un gobierno de izquierda.

La ocupación duró 24 años. Murió aproximadamente un tercio de la población local — unas 100.000 personas. Gran Bretaña y Australia también apoyaron la invasión. Ninguno de los responsables fue juzgado.

El presente: los asesinos como héroes

En 2014, el candidato presidencial conservador Prabowo Subianto intentó descalificar a su rival Joko Widodo insinuando que ocultaba sus orígenes chinos y sus simpatías comunistas. Lo chino y lo comunista seguían siendo, medio siglo después, los pecados capitales de la política indonesia.

Prabowo Subianto es yerno de Suharto. En 2024 ganó las elecciones presidenciales y se convirtió en el actual presidente de Indonesia.

Los autores materiales de las masacres de 1965 nunca fueron juzgados. Viven en Indonesia con total impunidad, son tratados como héroes por sectores importantes de la sociedad, y se mantienen cerca del poder. La Comisión de Derechos Humanos indonesia ha intentado que la fiscalía investigue los crímenes — sin éxito.

El genocidio indonesio de 1965 mató a entre 500.000 y un millón de personas. Fue documentado, fue celebrado por Occidente, fue respaldado con listas de nombres y equipos de comunicación por la CIA, y fue clasificado durante décadas. En 2016, la Corte Internacional de Justicia lo calificó como crimen contra la humanidad.

Sus responsables siguen gobernando.


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Fuentes principales: 39 documentos desclasificados de la embajada de EEUU en Yakarta (1964-1968), publicados en 2017 por el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad de George Washington. Vincent Bevins, The Jakarta Method (2020). John Roosa, Pretext for Mass Murder: The September 30th Movement and Suharto’s Coup d’État in Indonesia (2006). Transparency International, rankings de corrupción. Corte Internacional de Justicia, resolución 2016 sobre los hechos de 1965-1966 en Indonesia.

Este artículo tiene propósito histórico e informativo.

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