Hombre pensativo junto a un antiguo mapa mundial decorativo.

El Heartland de Mackinder: la teoría detrás de Ucrania

El Heartland de Mackinder: la teoría detrás de Ucrania
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El Heartland de Mackinder: la teoría detrás de Ucrania

En 1904, un geógrafo británico le dijo a la Royal Geographical Society que quien controlara Europa del Este controlaría el mundo. Hitler la escuchó por boca de su propio geógrafo de cabecera, Stalin la vivió sin necesidad de leerla, y Putin —según algunos de sus propios ideólogos— sigue actuando como si fuera un mapa de ruta. Ciento veintidós años después, la guerra en Ucrania se libra, casi punto por punto, sobre el territorio que Mackinder señaló como la llave del planeta.

Halford John Mackinder (1861-1947) no fue un estratega militar ni un político de primera línea —fue, ante todo, un geógrafo—. Y sin embargo, el 25 de enero de 1904, en una conferencia ante la Royal Geographical Society de Londres titulada «El pivote geográfico de la historia», formuló una idea que terminaría influyendo, directa o indirectamente, en la estrategia de Alemania nazi, la doctrina de contención estadounidense durante toda la Guerra Fría, y —si se cree a algunos de sus intérpretes actuales— en el pensamiento geopolítico que hoy sostiene la guerra en Ucrania.

Quién fue Mackinder: de zoólogo a fundador de la geopolítica

Nacido en Gainsborough, Lincolnshire, hijo de un médico, Mackinder empezó estudiando zoología en Oxford bajo la tutela de Henry Nottidge Moseley, el naturalista de la expedición Challenger, antes de volcarse a la historia moderna —con la intención explícita, según sus propias palabras, de «ver cómo aparecería la teoría de la evolución en el desarrollo humano»—. Fue un defensor temprano de tratar la geografía física y la geografía humana como una sola disciplina, algo poco común para su época.

Su carrera combinó la academia con la política activa: fue el primer director del University Extension College de Reading (luego Universidad de Reading), director de la London School of Economics —que él mismo ayudó a fundar en 1895—, y diputado conservador-unionista por Glasgow Camlachie entre 1910 y 1922. En 1899 lideró la primera expedición europea que escaló el monte Kenia, en la que murieron ocho de sus porteadores africanos, en circunstancias que todavía hoy generan controversia histórica sobre la responsabilidad de Mackinder y de otro integrante de la expedición, Edward Saunders, ambos registrados profiriendo amenazas de muerte durante el viaje. Fue nombrado caballero en 1920 por sus servicios como legislador.

1904: el pivote geográfico de la historia

En su célebre conferencia de 1904, Mackinder dividió la superficie terrestre en tres grandes bloques: la Isla Mundial (África, Asia y Europa combinadas —la masa de tierra más grande, poblada y rica posible), las Islas Costeras (Gran Bretaña, Japón, Madagascar, Sri Lanka, Taiwán) y las Islas Exteriores (América y Oceanía). En el centro mismo de la Isla Mundial ubicó el Heartland o «corazón»: el territorio que se extiende desde el Volga hasta el río Yangtsé y desde el Ártico hasta el Himalaya —en la práctica, el espacio entonces gobernado por el Imperio ruso, y después por la Unión Soviética.

Mapa de la división del mundo según la teoría del Heartland de Halford Mackinder
La división del mundo según Mackinder: Isla Mundial, Heartland, Islas Costeras e Islas Exteriores.

Su argumento central era que el Heartland estaba, por naturaleza, protegido del poder naval de las potencias marítimas —hielo al norte, montañas y desiertos al sur—, lo que lo había vuelto inconquistable a lo largo de la historia. Pero la llegada del ferrocarril, sostenía Mackinder, cambiaba esa ecuación: por primera vez, una potencia continental podía mover tropas y suministros de forma sostenida a través de esas distancias, convirtiendo al Heartland, antes inexpugnable, en un territorio potencialmente conquistable y, desde ahí, en un trampolín hacia el dominio mundial.

En 1919, en su libro Ideales y realidad democrática, resumió la teoría en la frase que lo volvería célebre y que presentó directamente a los negociadores de la conferencia de paz de París, en contraste con el idealismo wilsoniano:

«Quien gobierna Europa del Este domina el Heartland; quien gobierna el Heartland domina la Isla Mundial; quien gobierna la Isla Mundial domina el mundo.» Halford Mackinder, Ideales y realidad democrática, 1919

El mensaje estaba diseñado para convencer a los estadistas reunidos en París de la importancia crucial de Europa del Este: la ruta estratégica hacia el Heartland exigía, según su razonamiento, una franja de estados-tapón que separara a Alemania de Rusia. Esos estados efectivamente se crearon tras la Primera Guerra Mundial —Polonia, los países bálticos, Checoslovaquia—, pero resultarían baluartes ineficaces apenas dos décadas después, en 1939.

Los tres caminos hacia la dominación del Heartland, según Mackinder

Mackinder identificó tres escenarios concretos por los que, a su juicio, una potencia podría terminar controlando el Heartland en el siglo XX:

Los tres escenarios que planteó en 1919
  • La invasión exitosa de Rusia por una potencia de Europa occidental —probablemente Alemania, gracias a que el ferrocarril había eliminado la antigua invulnerabilidad del Heartland frente a la invasión terrestre.
  • Una alianza ruso-alemana, dado que antes de 1917 ambos países eran gobernados por autócratas (el zar y el káiser) que podrían haberse unido contra las potencias democráticas de Europa occidental, con Alemania aportando su ejército y su creciente poder naval.
  • La conquista de Rusia por un imperio chino-japonés combinado, que además le daría a esa alianza una larga costa asiática y potencial de poder marítimo propio.

Uno de los objetivos personales de Mackinder, de hecho, era advertirle a su propio país, Gran Bretaña, que su dependencia histórica del poder naval se convertiría en una debilidad a medida que el transporte terrestre mejorado abriera el Heartland a la invasión y la industrialización —un imperio marítimo, advertía, podía quedar obsoleto frente a un imperio continental bien conectado por ferrocarril.

De la teoría a la práctica: Haushofer, Hess y el pacto nazi-soviético

La teoría de Mackinder recibió, en principio, poca atención fuera de los círculos académicos de geografía. Eso cambió cuando el geógrafo alemán Karl Haushofer, de Múnich, la convirtió en estrategia política concreta: propuso una alianza entre Alemania, Rusia y Japón para contrarrestar el poder naval británico, una idea que coincidía punto por punto con el segundo escenario que había imaginado el propio Mackinder.

El canal de transmisión fue personal y directo: Rudolf Hess, alumno de Haushofer, llevó estas ideas al partido nazi, y el propio Haushofer visitó más tarde a Hess y a Hitler en prisión tras el fallido Putsch de Múnich de 1923, donde —según distintas versiones históricas— contribuyó a dar forma al pensamiento geopolítico que luego apareció en el nazismo. El pacto germano-soviético de 1939 —la alianza entre Hitler y Stalin que precedió al reparto de Polonia— fue interpretado por algunos como un cumplimiento, al menos temporal, de la visión que Haushofer había extraído de Mackinder. Conviene aclarar, sin embargo, que el vínculo directo entre la teoría de Mackinder y la estrategia de Hitler fue, en buena medida, una simplificación que circuló después en medios angloamericanos; los historiadores coinciden en que la influencia real de Mackinder sobre el pensamiento nazi es más difusa y mediada de lo que esa narrativa sugiere.

La Guerra Fría: Kennan, la contención, y el Heartland convertido en URSS

Terminada la Segunda Guerra Mundial, la lógica del Heartland se trasladó, casi sin fricción, hacia la Unión Soviética como heredera natural del espacio que Mackinder había señalado medio siglo antes. El diplomático estadounidense George Kennan formuló la doctrina de contención del expansionismo soviético, y en marzo de 1947 el presidente Truman pidió al Congreso apoyo para los países amenazados por el avance comunista —el nacimiento formal de la Doctrina Truman—. A partir de ahí, Estados Unidos construyó una red de bases militares rodeando el bloque soviético, una estrategia que, en esencia, buscaba exactamente lo que Mackinder había identificado como la clave: impedir que una sola potencia controlara el Heartland y, desde ahí, el resto del mundo. Esa rivalidad definió buena parte de la segunda mitad del siglo XX.

Después de la URSS: Dugin y el regreso explícito a Mackinder

Tras el colapso soviético, la teoría volvió a resurgir con fuerza, esta vez del lado ruso. El ideólogo Aleksandr Dugin retomó explícitamente a Mackinder en su libro de 1997 Los fundamentos de la geopolítica, presentando a Rusia como la gran potencia terrestre llamada a disputarle el dominio mundial al poder marítimo occidental —la misma dicotomía tierra-mar que estructuraba todo el pensamiento de Mackinder noventa años antes—. En 2014, Rusia impulsó la creación de la Unión Económica Euroasiática, un proyecto de integración regional que muchos analistas leen como un intento concreto de reconstruir, con otro nombre, la esfera de influencia del antiguo Heartland soviético.

2013-2014: el momento bisagra

Cuando el entonces presidente ucraniano Viktor Yanukóvich se retiró, bajo presión rusa, de un acuerdo de asociación con la Unión Europea en 2013, se desató la ola de protestas conocida como Euromaidán. Meses después, Rusia anexó Crimea. Leído con la lógica de Mackinder, no es un episodio aislado: es, literalmente, la disputa por controlar «quién gobierna Europa del Este» que la teoría identificó como el primer eslabón de toda la cadena hacia el dominio del Heartland.

Ucrania, hoy: el mismo territorio, la misma lógica, 122 años después

Leída con la perspectiva de todo lo que se discutió esta semana —la carpeta de Oslo con garantías de seguridad «al estilo artículo 5» sin membresía formal, la negativa rusa a cualquier cosa que no sea un acuerdo de paz definitivo, la frase de Melnyk de que «la guerra también trata de símbolos», el rechazo ucraniano a resignar Crimea— la guerra actual encaja de un modo casi inquietante con el mapa que Mackinder dibujó en 1904. Ucrania es, geográficamente, parte central de esa «Europa del Este» que la teoría señaló como la puerta de entrada al Heartland. Que Rusia la trate como zona no negociable, que la OTAN y la UE insistan en incorporarla a su esfera sin cruzar del todo la línea roja rusa, y que ambos bloques midan el resultado de esta guerra en términos de control territorial de esa franja específica, no es casualidad histórica: es la misma disputa geográfica que Mackinder identificó, con otros nombres y otra tecnología, pero con la misma lógica de fondo.

1904
año de la conferencia original del Pivote Geográfico
1919
año de la frase célebre sobre Europa del Este y el Heartland
1939
pacto nazi-soviético, leído por algunos como aplicación de la teoría
1997
libro de Dugin que revive explícitamente a Mackinder en Rusia

Las críticas: determinismo geográfico y un mundo que ya no pelea igual

La teoría nunca estuvo exenta de objeciones serias. El politólogo K. S. Gadzhev la acusó de caer en una forma de determinismo geográfico —darle a la fisiografía un peso excesivo sobre la estrategia política—. Otros críticos sostienen que la teoría quedó obsoleta frente a la evolución de la guerra moderna: hoy es posible atacar a un rival sin necesidad de invasión terrestre directa, mediante aviación, misiles de largo alcance o ciberataques, herramientas que Mackinder, limitado a pensar en potencias terrestres y marítimas, no pudo prever. El politólogo A. F. K. Organski fue más tajante todavía: «quienes han gobernado Europa del Este no han gobernado el mundo. Extremistas como Mackinder han ido demasiado lejos.» Y el investigador Max Ostrovsky directamente descartó la existencia de un «pivote geográfico» permanente, porque el clima mismo es impermanente —aunque su propio modelo alternativo termina haciendo un eco curioso de Mackinder: quien gobierna la zona templada más grande con la precipitación más óptima, gobierna el mundo.

También existe debate sobre si la teoría fue alguna vez puesta a prueba de verdad: según el investigador Matt Rosenberg, ningún poder único ha controlado jamás las tres grandes regiones del mapa de Mackinder al mismo tiempo, y el episodio más cercano habría sido la Guerra de Crimea (1853-1856), cuando Rusia intentó disputar el control de territorios del Imperio Otomano en descomposición y terminó derrotada por Francia y Gran Bretaña —de nuevo, de forma casi literal, la misma región geográfica que hoy vuelve a estar en el centro del conflicto.

Variantes de la misma idea: Rimland, Crush Zone, Shutterbelt

La teoría del Heartland generó, con el correr de las décadas, varias versiones y contrapuntos académicos que trabajan sobre la misma lógica geográfica: la «zona de aplastamiento» (crush zone) de James Fairgrieve, el Rimland de Nicholas Spykman —que invirtió parcialmente el argumento de Mackinder al sostener que el control del borde costero de Eurasia, no del centro continental, era la verdadera clave del poder mundial—, el Shutterbelt de Saul Cohen, y la «Región Intermedia» del historiador greco-francés Dimitri Kitsikis. Todas comparten una superposición geográfica significativa con el Heartland original, aunque difieren en el énfasis: mientras el modelo de Mackinder es predominantemente geoestratégico, el de Kitsikis es más geocivilizacional, centrado en las zonas de contacto entre civilizaciones distintas.

China: ¿el tercer actor que Mackinder no llegó a ver del todo?

Mackinder sí contempló, dentro de sus tres escenarios de 1919, la posibilidad de una conquista del Heartland por un imperio chino-japonés combinado —pero no podía anticipar la forma concreta que tomaría más de un siglo después: la expansión de redes ferroviarias y de infraestructura china a través de Eurasia, el tipo de proyecto que hoy se conoce como la Franja y la Ruta. Si el ferrocarril fue, para Mackinder, la tecnología que volvió conquistable al Heartland a comienzos del siglo XX, la infraestructura china del siglo XXI —puertos, rutas comerciales, redes ferroviarias de alta capacidad— plantea una pregunta estructuralmente idéntica, con otro actor en el rol que antes ocupaban Alemania o la propia Rusia.

Mackinder murió en 1947, el mismo año en que Kennan formulaba la doctrina de contención que, sin citarlo necesariamente, heredaba buena parte de su lógica. Setenta y nueve años después, la pregunta que un geógrafo victoriano planteó ante una sala de académicos londinenses —quién controla Europa del Este, y por lo tanto el Heartland, y por lo tanto el mundo— sigue siendo, con una literalidad que incomoda, la pregunta que se está respondiendo con misiles, drones y carpetas diplomáticas en Oslo y San Petersburgo. La geografía, parece, cambia mucho menos de lo que cambian los nombres de quienes pelean por ella.


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Fuentes: Halford Mackinder, «El pivote geográfico de la historia» (Royal Geographical Society, 1904) e «Ideales y realidad democrática» (1919). K. S. Gadzhev, «Introducción a la geopolítica». Rebelión, «Teoría Heartland: cómo un geógrafo del siglo XIX desarrolló la idea que rige la geopolítica actual». Aleksandr Dugin, «Los fundamentos de la geopolítica» (1997).

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