Israel — A seis semanas de las elecciones del 27 de octubre
El número 61: la obsesión de Netanyahu en esta elección
Demócratas pide descalificar a Ben-Gvir. Ben-Gvir pide descalificar a Ra’am. Mientras las peticiones cruzadas se acumulan, las encuestas confirman algo más grave para Netanyahu: incluso un bloque de derecha con 59 escaños podría ya no alcanzarle para sobrevivir.
- Cómo funciona la elección, en dos reglas clave
- La petición contra Ben-Gvir
- Quién es Tally Gotliv, la candidata que también generó ruido
- La respuesta: pedir descalificar a los Demócratas
- Y antes, otra petición: contra Ra’am
- Ambas peticiones, con pocas chances reales
- Las encuestas del 14 de septiembre
- La grieta que se abre en Yashar
- Por qué 61 es más que un número para Netanyahu
- El escenario que más lo inquieta
- El cinturón de seguridad que empieza a desabrocharse
Las elecciones parlamentarias en Israel, previstas para el 27 de octubre de 2026, elegirán a los 120 miembros de la vigésimo sexta Knéset —y a seis semanas de la fecha, la campaña quedó atravesada por una batalla cruzada de peticiones de descalificación entre los propios partidos, mientras las encuestas confirman un estancamiento que empieza a poner en juego algo más que la reelección de Netanyahu: su propia supervivencia política inmediata.
Cómo funciona la elección, en dos reglas clave
Los 120 escaños se eligen por representación proporcional de listas cerradas, en una única circunscripción nacional, con un umbral electoral del 3,25%. Dos partidos pueden firmar acuerdos de excedentes de votos para competir juntos por los escaños sobrantes —el método Bader-Ofer favorece levemente a las listas más grandes, por lo que las alianzas suelen tener más chances de obtener esos excedentes que los partidos por separado—.
La petición contra Ben-Gvir
El partido Demócrata, de izquierda, solicitó el 14 de septiembre al Comité Central de Elecciones que impida la participación de Otzma Yehudit, la facción de extrema derecha del ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir, acusándola de socavar la democracia, negar el carácter democrático del Estado de Israel, e incitar al racismo.
El antecedente de Ben-Gvir
Ben-Gvir, presidente de Otzma Yehudit, se describió a sí mismo como discípulo del difunto rabino extremista Meir Kahane, cuyo partido Kach fue finalmente excluido de presentarse a la Knéset. Aunque en el pasado intentó distanciarse de algunas de las posturas más extremas de Kahane, fue condenado en 2007 por incitación al racismo y por apoyo a una organización terrorista. La petición también apunta a su conducta como ministro, acusándolo de actuar sistemáticamente contra las decisiones del Tribunal Superior de Justicia, y de dar instrucciones operativas a la policía contra manifestantes.
Quién es Tally Gotliv, la candidata que también generó ruido
La petición señaló además a Tally Gotliv, exdiputada del Likud y actual número 2 de Otzma Yehudit, próxima a ser acusada por revelar la identidad de un oficial del Shin Bet, mientras promovía teorías conspirativas sin fundamento que lo vinculaban con Hamás e insinuaban su responsabilidad en el ataque del 7 de octubre de 2023.
El camino que la llevó a Otzma
La Knéset votó en junio para concederle inmunidad hasta el final del mandato actual. Tras quedar en el puesto 20 de la lista del Likud —un resultado decepcionante en las primarias—, Gotliv se pasó a Otzma Yehudit mediante un acuerdo entre ambos partidos, y obtuvo el segundo lugar en esa nueva lista.
La respuesta: pedir descalificar a los Demócratas
Otzma Yehudit respondió esa misma tarde con su propia petición, buscando descalificar al partido Demócrata, acusándolo de incitar al racismo y de socavar el carácter judío y democrático del Estado. La petición citó declaraciones del presidente del partido, Yair Golan, crítico de los colonos y de los jaredíes de Cisjordania.
Golan sostuvo después que no estaba insinuando que las FDI estuvieran realmente cometiendo esos actos.
Y antes, otra petición: contra Ra’am
Otzma Yehudit ya había presentado, con anterioridad, una petición para descalificar al partido de mayoría árabe Ra’am y a su presidente, Mansour Abbas, alegando que la facción rechaza la existencia de Israel como Estado judío y apoya la lucha armada en su contra.
Lo que Abbas realmente dijo
Abbas rechazó reiteradamente la violencia como herramienta política, y en 2021 reconoció explícitamente el carácter judío de Israel, afirmando que el país «nació como un Estado judío» y seguiría siéndolo. El mes pasado, describió ese carácter judío como «una realidad que se nos impone».
Ambas peticiones, con pocas chances reales
Tanto la petición contra Ben-Gvir como la respuesta contra los Demócratas se consideran de éxito poco probable —en el primer caso, por el atractivo relativamente amplio de Otzma Yehudit entre votantes judíos israelíes; en el segundo, por razones equivalentes de viabilidad política—.
Las encuestas del 14 de septiembre
| Bloque / partido | Canal 11 (Kan) | Canal 12 |
|---|---|---|
| Bloque pro-Netanyahu | 52 | 50 |
| Bloque anti-Netanyahu | 52 | 54 |
| Partidos árabes | 12 | 12 |
| Hendel-Zelekha (nuevo) | 4 | 4 |
| Yashar (Eisenkot) | 24 | 23 |
| Likud (Netanyahu) | 20 | 20 |
Ninguno de los dos bloques principales alcanza los 61 escaños necesarios sin depender de al menos uno de los partidos árabes —un patrón que las encuestas vienen mostrando de forma constante desde hace meses—. En un cambio respecto a mediciones anteriores, ambas encuestas coinciden en que el partido liderado por el exministro Yoaz Hendel y el economista Yaron Zelekha superaría, por poco, el umbral electoral con cuatro escaños.
Un patrón que se repite desde las listas finales
Desde que los partidos presentaron sus listas definitivas la semana pasada, Yashar viene apareciendo consistentemente por delante del Likud —pero sin que ninguno de los dos bandos políticos logre reunir, por sí solo, una mayoría parlamentaria—.
La grieta que se abre en Yashar
Yoram Cohen, exlíder del Shin Bet y número dos de Yashar, abrió una puerta inesperada al Canal 12: su partido podría formar coalición con el Likud si Netanyahu dejara de liderar el gobierno, e incluso podría gobernar junto al Sionismo Religioso de Smotrich si esos partidos aceptaran los principios de Yashar.
Cohen fue claro en un punto: Yashar no se uniría a un gobierno liderado por el propio Netanyahu, a quien su partido considera «ilegítimo» tras los fracasos vinculados al ataque del 7 de octubre. Pero trazó una línea todavía más firme contra Ben-Gvir.
Sus declaraciones dejan una duda abierta: si Yashar está realmente considerando gobernar con componentes centrales de la coalición actual bajo otro liderazgo, o si solo busca tranquilizar a votantes del Likud y del Sionismo Religioso a los que espera atraer desde el bloque de Netanyahu.
Por qué 61 es más que un número para Netanyahu
A medida que la campaña entra en su fase decisiva, el entorno de Netanyahu identificó varios escenarios políticamente peligrosos. Más allá de cuántos escaños obtenga el Likud en sí, la preocupación central es el resultado total del bloque de derecha —en particular, el riesgo de quedar por debajo de los 61 escaños—.
El umbral crítico, según su propio entorno
Según la evaluación que circula en el entorno de Netanyahu, incluso un resultado de 59 escaños para todo el bloque de derecha podría ponerlo en peligro político real. En ese escenario, el bando contrario podría reunir una mayoría parlamentaria suficiente para formar otro gobierno —aunque ese gobierno no fuera estable durante los cuatro años completos, e incluso si algunos partidos árabes no se sumaran formalmente a la coalición—.
El escenario que más lo inquieta
El escenario que circula en el sistema político combina a los partidos de Avigdor Liberman, Gadi Eisenkot y Naftali Bennett, junto al resto del bloque de cambio, con el apoyo parlamentario de los partidos árabes.
El número que cumple una doble función
Para Netanyahu, 61 no es solo el número necesario para formar gobierno —es también la línea defensiva que impide a sus rivales establecer una alternativa en su lugar. Si todo el bloque de derecha queda por debajo de esa cifra, Netanyahu ya no puede tener certeza de seguir como primer ministro, incluso en calidad de transición.
El cinturón de seguridad que empieza a desabrocharse
Durante años, Netanyahu no necesitó estrictamente los 61 escaños para seguir en el juego político: sus rivales tampoco contaban con una mayoría capaz de unificarse en torno a una alternativa acordada. Las divisiones dentro del propio bando opositor —especialmente el veto que algunos de sus partidos imponían a depender de las facciones árabes— funcionaron, durante mucho tiempo, como un cinturón de seguridad político para el primer ministro.
Lo que cambia esta vez, según la lectura de su propio entorno: si Eisenkot, Bennett y Liberman coinciden en que el primer objetivo compartido es reemplazar a Netanyahu —incluso sin haber acordado todavía todos los detalles del próximo gobierno—, entonces 59 escaños para el bloque de derecha dejarían de representar una «casi victoria» y pasarían a ser, directamente, un punto de peligro real. Una vez que el otro bando esté dispuesto a usar toda la mayoría parlamentaria disponible para lograr ese reemplazo, la disputa por los escaños 60 y 61 deja de ser solo una lucha por formar gobierno —se convierte, para Netanyahu, en una lucha directa por si sigue o no en el poder—.
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