Economía internacional · Mercado petrolero
El petróleo supera los 104 dólares, alerta América Latina
Tensión en Irán, un huracán en el golfo de México y elecciones en Brasil se cruzan en un mismo fin de semana. Mientras productores como Argentina y Guyana aprovechan la suba, Brasil, México, Chile y Colombia ya mueven subsidios para que no llegue a las góndolas.
En este artículo
- Un cierre de semana en 104 dólares
- Por qué sube: Irán, Ormuz y el huracán Isaías
- Brasil: subsidios a dos semanas del balotaje
- México refuerza el IEPS para contener el diésel
- Los que ganan: Argentina, Vaca Muerta y Guyana
- Los más expuestos: Chile, Colombia y el Caribe
- Qué significa para los bancos centrales
- Qué puede pasar esta semana
El precio del petróleo cerró la semana por encima de los 104 dólares por barril, en un escenario de elevada tensión internacional que amenaza con trasladar nuevas presiones inflacionarias a América Latina. Aunque unas declaraciones de Donald Trump sobre Irán moderaron temporalmente los temores de una escalada militar, las interrupciones del suministro y la volatilidad energética mantienen en alerta a las principales economías de la región.
Un cierre de semana en 104 dólares
El barril de Brent, referencia internacional del mercado petrolero, terminó la sesión del viernes 9 de octubre en 104,72 dólares, con una suba del 0,42%. El crudo estadounidense West Texas Intermediate (WTI) avanzó un 0,39%, hasta los 91,85 dólares. El balance semanal fue igualmente positivo, con ganancias del 2,4% y del 0,8% respectivamente.
La suba introduce un nuevo elemento de incertidumbre para una región donde convive un grupo de grandes productores de hidrocarburos —Brasil, México, Colombia, Argentina y Guyana— con economías que dependen fuertemente de las importaciones energéticas, como Chile y buena parte de Centroamérica y el Caribe. El encarecimiento del crudo beneficia a los exportadores, pero eleva los costos de transporte, producción y consumo en el resto de la región.
Por qué sube: Irán, Ormuz y el huracán Isaías
La cotización del viernes estuvo marcada por dos factores contrapuestos. Por un lado, Trump asegurò que Estados Unidos no lanzará nuevos ataques contra Irán antes de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre, tras mantener conversaciones que calificó de productivas con Teherán. El anuncio provocó, en un primer momento, una caída de las cotizaciones, al reducir parcialmente el temor a nuevas interrupciones del suministro desde Oriente Medio. Sin embargo, la situación sigue siendo delicada en el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas de transporte energético del mundo.
A esa incertidumbre se sumó el impacto del huracán Isaías sobre la producción estadounidense en el golfo de México: los operadores suspendieron preventivamente el 71,51% de la producción diaria de petróleo de la zona —unos 1.458.814 barriles diarios— y evacuaron a trabajadores de numerosas plataformas. Esa paralización temporal contribuyó a que los precios recuperaran terreno hacia el final de la jornada, a pesar del alivio inicial por las declaraciones de Trump y de los planes de China para reanudar sus exportaciones de combustibles refinados.
Brasil: subsidios a dos semanas del balotaje
Brasil combina su condición de gran exportador de petróleo con una fuerte necesidad de importar determinados combustibles refinados. El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva anunció el viernes nuevas medidas para contener los precios de la gasolina y el diésel, a poco más de dos semanas de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 25 de octubre.
| Medida | Alcance |
|---|---|
| Impuestos federales sobre importación y comercialización de gasolina | Eliminados durante 30 días |
| Ayudas al etanol | Prorrogadas |
| Subvención a importadores de diésel | 1,40 reales por litro adicionales, sumados a los 2,12 reales ya vigentes |
El objetivo es evitar que el encarecimiento de los combustibles termine repercutiendo sobre el transporte de mercancías, la distribución alimentaria y los precios de consumo —Brasil depende especialmente del transporte por carretera para movilizar su producción agrícola e industrial—. La paradoja es evidente: el país puede ingresar más dinero por sus exportaciones petroleras mientras, al mismo tiempo, aumenta el gasto público para evitar una nueva escalada del precio del diésel.
México refuerza el IEPS para contener el diésel
En México, la Secretaría de Hacienda decidió mantener durante la semana del 10 al 16 de octubre el estímulo fiscal del 100% sobre el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) aplicado al diésel, de modo que los consumidores no paguen ese gravamen durante el período. El gobierno también incrementó las ayudas fiscales sobre las gasolinas: el estímulo alcanza el 64,31% para el combustible regular y el 71,29% para la gasolina de mayor octanaje.
Aunque México sigue siendo productor y exportador de petróleo, su dependencia de las importaciones de combustibles refinados —en particular desde el mercado estadounidense— es una vulnerabilidad estructural: el encarecimiento del crudo puede mejorar ciertos ingresos de Pemex, pero también eleva los costos de abastecimiento y el esfuerzo fiscal necesario para moderar los precios de venta.
Los que ganan: Argentina, Vaca Muerta y Guyana
La situación es distinta para las economías que están aumentando rápidamente su producción petrolera y sus ventas al exterior. En Argentina, el desarrollo de Vaca Muerta está reforzando el peso de los hidrocarburos en las exportaciones y en el ingreso de divisas: la producción nacional alcanzó en julio los 916.200 barriles diarios, un 17,2% más que un año antes, de los cuales unos 643.100 barriles procedieron de Vaca Muerta —un crecimiento interanual del 26,4%—.
Esta expansión le permite a Argentina aprovechar mejor un escenario de precios elevados, aunque un petróleo más caro también puede repercutir en el mercado interno, afectando los costos logísticos y la evolución de los precios de los combustibles. Guyana es otro de los grandes beneficiarios potenciales: su producción petrolera se expandió con fuerza y en el primer semestre de 2026 alcanzó una media cercana a los 902.000 barriles diarios, fortaleciendo su posición externa y ampliando los ingresos de uno de los grandes motores de crecimiento del país.
Los más expuestos: Chile, Colombia y el Caribe
El impacto de los precios internacionales no es uniforme en la región. Chile, por su fuerte dependencia de las importaciones de hidrocarburos, es uno de los países más vulnerables a una suba prolongada: llega a esta nueva fase de tensión con una inflación interanual del 4,1% en septiembre, tras una suba mensual de precios del 0,4%. El transporte fue uno de los componentes que más contribuyó a ese incremento mensual, con un avance del 0,9%, mientras que los alimentos y bebidas no alcohólicas subieron un 0,6%. Un petróleo sostenido por encima de los 100 dólares introduce un riesgo adicional para esos precios, en particular si la suba internacional termina trasladándose a los combustibles.
En Colombia, donde las exportaciones de petróleo son una fuente importante de divisas e ingresos públicos, el gobierno mantuvo sin cambios el precio del diésel durante octubre, mientras que la gasolina registró un incremento medio de 46 pesos colombianos por galón (0,29%) —una muestra de lo difícil que resulta trasladar íntegramente las fluctuaciones internacionales al consumidor sin golpear al transporte y a otros sectores productivos—.
Qué significa para los bancos centrales
La suba del petróleo complica además la tarea de los bancos centrales latinoamericanos, que en los últimos años vinieron intentando estabilizar la inflación tras las fuertes subidas de precios registradas desde la pandemia. Un encarecimiento sostenido de los combustibles afecta directamente a los índices de precios, pero también genera efectos indirectos sobre sectores como el transporte de mercancías, la agricultura, la industria alimentaria, las aerolíneas y determinadas actividades manufactureras, especialmente expuestos a los movimientos del petróleo y sus derivados.
Cuando esos costos suben, las empresas deben elegir entre absorber una reducción de sus márgenes o trasladar parte del incremento a los consumidores. Si las presiones inflacionarias persisten, los bancos centrales tendrán menos margen para bajar las tasas de interés, incluso si el crecimiento económico se debilita. El impacto final también dependerá de cómo evolucionen las monedas latinoamericanas frente al dólar: como el petróleo se negocia internacionalmente en esa divisa, una depreciación de las monedas locales puede encarecer todavía más las importaciones energéticas. Las ayudas fiscales y los subsidios —como los de Brasil y México— suavizan las subas en el corto plazo, pero implican costos presupuestarios que pueden volverse un problema si se mantienen demasiado tiempo.
Qué puede pasar esta semana
El comportamiento del mercado en los próximos días dependerá, sobre todo, de la evolución del conflicto en Oriente Medio, la seguridad del transporte marítimo y la velocidad de recuperación de la producción estadounidense afectada por el huracán Isaías. La promesa de Trump de evitar nuevos ataques contra Irán antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre redujo parte de la incertidumbre, pero no supone el final del enfrentamiento ni elimina las restricciones y riesgos que pesan sobre el comercio energético internacional. En paralelo, la vuelta a la actividad de las plataformas del golfo de México dependerá del alcance de los daños y de las inspecciones técnicas posteriores al paso del huracán.
Para América Latina, la pregunta no es solo cuánto tiempo seguirá el petróleo por encima de los 100 dólares, sino cómo se repartirá ese impacto entre los ingresos de los países productores, los presupuestos públicos y los costos que finalmente deberán absorber empresas y consumidores. La reapertura de los mercados energéticos tras el fin de semana permitirá ver si el alivio diplomático sobre Irán logra imponerse a los problemas de suministro, o si la presión alcista sigue marcando las cotizaciones.
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