Fort Hood, Texas — 17 años después
Fort Hood: Trump aprueba el fusilamiento de Nidal Hasan
Sería la primera ejecución militar en Estados Unidos desde 1961, y la primera por fusilamiento desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La historia completa de la peor masacre en una base militar estadounidense, y de Nidal Hasan, el médico que decía estar harto de tratar a soldados «destrozados» por Irak y Afganistán.
- Lo que pasó el 5 de noviembre de 2009
- Quién era Nidal Hasan
- Lo que contó su familia
- El grito, y la condena
- Un juicio sin defensa
- El vínculo con Anwar al-Awlaki
- 17 años en Fort Leavenworth
- La aprobación de Trump
- Lo que haría falta para ejecutarlo
- Por qué sería un hecho histórico
- Cómo funciona la pena de muerte militar
- El fusilamiento, un método casi en desuso
- El contexto: la política de Trump sobre pena de muerte
- Los otros condenados en el corredor de la muerte militar
Lo que pasó el 5 de noviembre de 2009
La masacre de Fort Hood ocurrió el jueves 5 de noviembre de 2009, en la base militar más poblada del mundo, a las afueras de Killeen, Texas. Un hombre abrió fuego contra soldados en el Soldier Readiness Center —un edificio médico donde, esa mañana, decenas de militares esperaban revisiones y vacunas antes de ser desplegados en misión, o acababan de regresar de ella—. Mató a 13 personas e hirió a otras 32. Sigue siendo, casi 17 años después, el ataque más mortífero ocurrido en una instalación militar estadounidense fuera de un contexto de combate.
Quién era Nidal Hasan
El perpetrador, Nidal Malik Hasan, era entonces mayor y psiquiatra del Ejército de Estados Unidos, de origen palestino-estadounidense, y estaba a pocas semanas de ser desplegado en Afganistán. Esa mañana entró al centro de procesamiento de Fort Hood, gritó «Allahu akbar» —»Dios es grande», en árabe— y abrió fuego con una pistola con mira láser.
Lo que contó su familia
«Tenía pesadillas»
Noel Hasan, tía del psiquiatra, relató que su sobrino rara vez hablaba de su trabajo, aunque en una ocasión le contó sobre soldados que volvían «destrozados» de Irak o Afganistán —uno había sufrido quemaduras tan graves que «tenía la cara casi derretida», según ella misma recordó—, y cuánto lo había afectado eso. Hasan trabajó seis años en el hospital Walter Reed de Washington, primer destino de buena parte de los heridos de guerra que regresaban a Estados Unidos. Su primo Nader contó a medios locales que tenía pesadillas, y lo describió como un «buen estadounidense» que había ingresado al Ejército contra la voluntad de sus padres, pero que con el tiempo se volvió cada vez más crítico de las guerras de Irak y Afganistán. Según Nader, «quería salir, pero no podía».
El grito, y la condena
El ataque terminó cuando una agente de la policía civil de la base le disparó y logró detenerlo. Hasan sobrevivió, pero quedó parcialmente paralizado, y desde entonces se desplaza en silla de ruedas.
Un juicio sin defensa
Sin testigos, sin repreguntas, sin alegato final
Cuatro años después de la masacre, en 2013, Hasan se sentó ante un jurado militar que terminó condenándolo a muerte por 13 asesinatos premeditados y 32 intentos de asesinato. Asumió su propia defensa durante el juicio, pero no llamó a ningún testigo, renunció a interrogar a los de la fiscalía, y tampoco presentó un alegato final. Les dijo a los miembros del jurado que las pruebas demostrarían que él había sido el tirador, y se describió a sí mismo como un soldado que había «cambiado de bando». Sostuvo que su intención había sido impedir que esos soldados fueran a Afganistán y mataran a compatriotas musulmanes.
El vínculo con Anwar al-Awlaki
Durante el proceso judicial salieron a la luz sus contactos con el clérigo radical Anwar al-Awlaki, así como su oposición declarada a las intervenciones estadounidenses en Irak y Afganistán.
17 años en Fort Leavenworth
Desde su condena en 2013, Hasan permanece recluido en la prisión militar de Fort Leavenworth, Kansas.
La aprobación de Trump
«Por fin ha llegado el día del juicio»
Casi 17 años después de la masacre, Nidal Hasan está más cerca que nunca de ser ejecutado. Donald Trump aprobó que muera ante un pelotón de fusilamiento, después de que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, recomendara aplicar la pena capital —según confirmó el portavoz del Pentágono, Sean Parnell, quien escribió: «Por fin ha llegado el día del juicio para Hasan»—. Ahora será el secretario del Ejército quien deba fijar la fecha y el lugar de la ejecución.
Lo que haría falta para ejecutarlo
La aprobación de Trump pone en marcha una serie de pasos procesales, pero Hasan todavía podría suspenderlos —potencialmente durante años— mediante una apelación de habeas corpus ante el sistema judicial federal civil, según un artículo publicado en mayo en la revista especializada Army Lawyer.
Por qué sería un hecho histórico
Si finalmente se concreta, sería la primera ejecución de una persona condenada por la justicia militar estadounidense desde 1961, y la primera mediante pelotón de fusilamiento desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Cómo funciona la pena de muerte militar
El Tribunal de Apelaciones de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos declaró inconstitucional la pena de muerte militar.
Fue restablecida al año siguiente, mediante una orden ejecutiva del entonces presidente Ronald Reagan.
Según la legislación militar vigente, una ejecución de este tipo requiere la aprobación directa del presidente de Estados Unidos, además de una revisión de apelación y una resolución definitiva sobre su legalidad. Las ejecuciones militares son un proceso completamente distinto de las que se realizan a nivel estatal: la gran mayoría de las ejecuciones en el país ocurren bajo jurisdicción estatal, y 27 estados —además de las fuerzas armadas y el gobierno federal— mantienen hoy la pena capital como opción legal vigente.
El fusilamiento, un método casi en desuso
Cinco estados, y un regreso reciente
El pelotón de fusilamiento sigue siendo un método excepcional en Estados Unidos. Cinco estados lo contemplan hoy en su legislación: Idaho, Misisipi, Oklahoma, Carolina del Sur y Utah, con requisitos distintos en cada caso. Idaho lo convirtió en julio de 2026 en su método principal de ejecución. Carolina del Sur, por su parte, volvió a utilizarlo en 2025, después de 15 años sin ninguna ejecución por fusilamiento en todo el país —fue, además, la primera vez que ese estado en particular aplicaba este método—.
El contexto: la política de Trump sobre pena de muerte
Trump ha sido un defensor declarado de la pena de muerte a nivel federal, y la restableció mediante una orden ejecutiva el primer día de su actual mandato, en enero de 2025. Bajo la administración de su predecesor, Joe Biden, el Departamento de Justicia había establecido una moratoria sobre la aplicación federal de la pena capital.
Los otros condenados en el corredor de la muerte militar
Las sentencias de muerte son extremadamente raras en el sistema de justicia militar, y las ejecuciones efectivas, todavía más. Además de Hasan, otros tres hombres permanecen hoy en el corredor de la muerte militar de Fort Leavenworth. El presidente George W. Bush ya había aprobado, en 2008, la ejecución del especialista del Ejército Ronald Gray, pero un juez la suspendió, y Gray sigue recluido en esa misma prisión. El último hombre ejecutado dentro del sistema militar estadounidense fue el soldado John Bennett, ahorcado en 1961 por violar a una niña de 11 años.
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