Israel — A 21 días de las elecciones del 27 de octubre
Gadi Eisenkot: perdió a su hijo y quiere ser premier
Al tercer día del shiva por su hijo Gal, un ministro llegó a su casa a darle el pésame y, de paso, le mencionó que el gabinete de guerra discutiría un tema operativo clave. Eisenkot se levantó, subió al auto y fue a sentarse a esa mesa. Hoy lidera las encuestas frente a Netanyahu.
- El tercer día del shiva
- Quién es Eisenkot
- El dilema que nunca lo fue
- Lo que está en juego, según él
- Las tres cosas que repite Netanyahu, y sus respuestas
- «Un anti-líder»: la acusación central
- El caso flydubai, como ejemplo
- Lo que pide sobre Miri Regev y David Zini
- El acuerdo de noviembre de 2023, desde adentro
- La traición de mayo de 2024
- Lo que haría distinto con los colonos violentos
- Su plan para Cisjordania, sin evacuar asentamientos
- Lo que derogaría de la reforma judicial
- El plan regional, con Trump e Irán
- Con quién gobernaría
- Los hijos de Netanyahu, y los suyos
- «Lo convenzo de que me vaya a casa»
- El riesgo que no descarta
El tercer día del shiva
El 7 de diciembre de 2023, Gal Eisenkot, el quinto hijo del general Gadi Eisenkot, murió en combate en el norte de la Franja de Gaza. Tenía 25 años y servía en la elite de comandos Maglan. En ese momento, su padre integraba, como «observador» ministerial, el estrecho gabinete de guerra de cinco miembros que tomaba las decisiones de seguridad más trascendentes de Israel: es decir, Eisenkot era uno de los pocos líderes que dirigía la misma campaña militar en la que murió su propio hijo.
Al tercer día del shiva —el período tradicional de duelo judío—, un ministro llegó a su casa a darle el pésame, y de paso mencionó que el gabinete estaba por tener una discusión operativa crítica. Eisenkot decidió salir de su casa, subirse al auto, e ir a ocupar su lugar en esa mesa. Fue en ese momento, contó a Times of Israel, cuando resolvió continuar su carrera política, apenas días después de la pérdida.
Quién es Eisenkot
Nacido en Tiberíades, hijo de inmigrantes marroquíes, Eisenkot era un bebé cuando su familia se mudó a Eilat, la ciudad más austral de Israel. Creció en la periferia geográfica del país, se alistó a los 18 años en la Brigada Golani, y forjó una carrera militar de 41 años hasta convertirse en jefe de Estado Mayor de las FDI. Entró en política en agosto de 2022, sumándose al partido Unidad Nacional de Benny Gantz —a quien él mismo había sucedido al frente del ejército—. Si resulta electo, sería el primer primer ministro de Israel de ascendencia mizrají (judía de Medio Oriente o el norte de África), aunque durante toda su carrera militar y buena parte de su vida política apenas usó ese trasfondo personal —algo que recién en esta campaña, de forma delicada, empezó a cambiar, dado que la base electoral del Likud es mucho más mizrají que asquenazí—.
El dilema que nunca lo fue
Consultado sobre si el dolor de perder un hijo en la misma guerra que él mismo ayudaba a conducir podía afectar su juicio como eventual líder nacional, Eisenkot respondió que esa tensión estuvo presente desde el comienzo mismo de la guerra, porque sabía que su hijo participaba de los combates. Pero después de 41 años enviando soldados a misiones de altísimo riesgo, dijo, nunca se le cruzó por la cabeza que eso pudiera influir en sus decisiones. Tras el 7 de octubre, pensó que el daño causado al Estado de Israel había sido tan catastrófico que, de no asestarle un golpe decisivo a Hamás, el país no tendría futuro en la región.
Lo que está en juego, según él
Eisenkot describe esta elección como un cruce de caminos histórico para Israel: si el cambio que propone se concreta, el país podría orientarse hacia un Estado judío, democrático, liberal y fuerte, que busque activamente pertenecer a la comunidad internacional. Si en cambio gana otra vez la actual coalición de derecha, advierte, Israel avanzará hacia un lugar «más oscuro»: menos democrático, menos liberal, y a su juicio, también menos judío. Sostiene que imponer soberanía plena sobre toda Cisjordania e incorporar a otros 2,8 millones de palestinos pone en riesgo tanto el proyecto sionista como la mayoría demográfica judía, y que debilitar a la Corte Suprema pone en riesgo la democracia misma.
Las tres cosas que repite Netanyahu, y sus respuestas
Seguridad, Estado palestino y Mansour Abbas
Eisenkot identifica tres temas que Netanyahu repite contra él, igual que los repitió durante toda su carrera política: que solo él sabe garantizar la seguridad —algo que, dice Eisenkot, quedó desmentido con el fracaso catastrófico del 7 de octubre—; que Eisenkot traerá un Estado palestino —cuando fue el propio Netanyahu quien trató a Yasser Arafat como socio real, cedió 11% del territorio en el Memorando de Wye River, devolvió parte de Hebrón, y se comprometió públicamente cuatro veces con un Estado palestino—; y que se aliaría con Mansour Abbas, el líder del partido islamista Ra’am —cuando fue el propio Netanyahu quien intentó cortejarlo para sumarlo a su coalición en 2020—.
«Un anti-líder»: la acusación central
Eisenkot sostiene que, a lo largo de toda su vida, su regla básica de liderazgo fue dar la cara ante los fracasos, investigar y asumir toda la responsabilidad, y en cambio repartir el crédito ante los éxitos. Netanyahu, según él, hace exactamente lo contrario en ambos casos, y por eso lo describe como un «anti-líder».
El caso flydubai, como ejemplo
Eisenkot usó el reciente incidente del vuelo de flydubai —el intento de secuestro frustrado por pasajeros israelíes— como ejemplo de ese patrón: un episodio que, según él, representa un fallo de seguridad de magnitud, evitado solo por el heroísmo extraordinario de civiles israelíes y un piloto indio, y que Netanyahu aprovechó sin pudor para una foto de campaña, en vez de asumir responsabilidad política por lo ocurrido.
Lo que pide sobre Miri Regev y David Zini
El pedido directo de destitución, y la duda sobre Zini
Eisenkot pidió explícitamente la destitución de la ministra de Transporte, Miri Regev, por las fallas continuas en su cartera —responsable, entre otras cosas, de supervisar la verificación de pilotos de aerolíneas extranjeras—, y la enmarcó dentro de una cultura más amplia de nombrar a personas sin preparación, militantes del Likud y mediocres incapaces de hacer su trabajo. Sobre si el jefe del Shin Bet, David Zini, también debería renunciar por el mismo episodio, fue más cauto: dijo que hace falta determinar primero con exactitud qué responsabilidad tuvo el Shin Bet y cuál el Mossad, ya que esas jurisdicciones recién se habían regulado hacía apenas un año, y pidió una investigación exhaustiva en vez de una renuncia inmediata.
El acuerdo de noviembre de 2023, desde adentro
Eisenkot relató un episodio clave desde adentro del propio gabinete de guerra: el primer gran acuerdo de liberación de rehenes, del 24 de noviembre de 2023, contemplaba canjear 104 civiles israelíes por 240 palestinos sin delitos graves, en su mayoría mujeres y menores. El último día, Hamás quiso ocultar a las jóvenes israelíes —según Eisenkot, por los abusos sexuales cometidos contra ellas—. Cuando el tema llegó al gabinete, él fue la única voz que propuso seguir adelante con el canje en lugar de volver a la guerra para «darle una lección» al líder de Hamás, Yahya Sinwar: quería sacar también a los heridos, como Hersh Goldberg-Polin, y a los rehenes de mayor edad. El resto del gabinete se opuso, presionado además por la amenaza del ministro Itamar Ben Gvir de hacer caer al gobierno si no se retomaba la guerra en diez días.
La traición de mayo de 2024
El episodio que lo hizo renunciar
El 27 de mayo de 2024, según el relato de Eisenkot, Netanyahu llevó al gabinete un marco de liberación de rehenes y pidió su apoyo; todos votaron a favor, incluido el propio Netanyahu. Dos días después, el acuerdo fue filtrado negativamente a la prensa por sus propios voceros políticos, y Netanyahu condenó públicamente el mismo pacto que él había propuesto. Días más tarde, cuando el presidente Joe Biden presentó ese marco públicamente, Eisenkot pensó por un momento que se trataba de una maniobra inteligente de Netanyahu —revelarlo a través de los estadounidenses—, pero resultó ser lo contrario: Washington le había tomado la palabra, y Netanyahu en realidad trabajaba activamente para sabotear el propio acuerdo que había impulsado. Fue, según sus palabras, la gota que rebalsó el vaso: perdió por completo la confianza en él, y decidió dejar el gobierno.
Lo que haría distinto con los colonos violentos
Eisenkot, que como comandante de la División de Judea y Samaria combatió el terrorismo palestino tras la Operación Escudo Defensivo de comienzos de los 2000, sostiene que hoy el problema es el inverso: violencia judía extremista contra palestinos. Según él, Netanyahu desmanteló sistemáticamente la capacidad de gobernar Cisjordania por necesidades de coalición: le entregó la Administración Civil al ministro Bezalel Smotrich y la policía al ministro Itamar Ben Gvir, rompiendo la mesa de cuatro patas —Shin Bet, policía, Administración Civil y FDI— que antes sostenía el orden en el territorio. El resultado, según él, es la anarquía actual, con cientos de judíos armados haciendo disturbios, con guiño tácito del gobierno. Su plan: desmantelar el ministerio de Smotrich dentro de Defensa, devolver la Policía de Fronteras al mando de las FDI, y restaurar la detención administrativa contra sospechosos judíos —la misma herramienta que, como vimos días atrás, el propio jefe del Shin Bet, David Zini, amenazó con reinstaurar tras su choque con la ministra Orit Strock—.
Su plan para Cisjordania, sin evacuar asentamientos
Eisenkot dice apoyar los asentamientos que se ajusten estrictamente al mapa de intereses de seguridad de Israel y a la ley, y acusa al gobierno actual de permitir asentarse donde sea, incluso en zonas bajo control palestino, generando un caos total. De ganar, evacuaría de inmediato todos los puestos ilegales en esas zonas, pero mantendría todo lo aprobado legalmente por el Estado en el área bajo control israelí pleno. Rechaza de plano la idea de Avigdor Liberman —aliado de su propio bloque— de traer de vuelta a Jordania para administrar lo que hoy gestiona la Autoridad Palestina: se opone a cualquier ejército extranjero entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, sea jordano o palestino.
Lo que derogaría de la reforma judicial
Comisión de investigación, límite al poder, y una ley de servicio universal
Entre sus primeras medidas, Eisenkot anunció que derogaría la ley que cambia el Comité de Selección de Jueces, las medidas que debilitan a la Fiscalía General, y la ley que trasladó la investigación de jueces a manos del ministro de Justicia. Impulsaría además una ley que impida a un acusado penal formar gobierno, limitaría el mandato de un primer ministro a ocho años, y pondría un tope de 24 ministros al gabinete. También anunció que establecería de inmediato una comisión estatal formal de investigación sobre la masacre del 7 de octubre, y una ley de servicio universal —militar, nacional o civil— para todos los ciudadanos israelíes, incluidos los árabes.
El plan regional, con Trump e Irán
Sobre Irán, Eisenkot advirtió que el país cuenta hoy con 440 kilogramos de uranio enriquecido, y que con apenas 300 centrífugas podría llevar ese stock del 60% al 90% de pureza y obtener diez armas nucleares en poco tiempo —por lo que propone construir, junto a Estados Unidos, un plan integral para impedirlo, incluida la destrucción de esa capacidad y un régimen de inspección intrusivo—. Sobre Gaza, se compromete a sostener el plan de 20 puntos de Trump, pero exige como condición básica el desarme total de Hamás antes de avanzar con la gobernanza civil y la reconstrucción. Sobre Siria, pese a describir al líder sirio Ahmed al-Sharaa como alguien de pasado extremo —vinculado a ISIS, y contra cuya organización él mismo combatió—, propone explorar si existe la oportunidad de mejorar los acuerdos interinos de 1974 negociados por Kissinger, con la condición de que se retiren por completo las tropas turcas y rusas de Siria.
Con quién gobernaría
La base de su coalición serían cuatro partidos: B’Yachad de Naftali Bennett, Yisrael Beytenu de Avigdor Liberman, Los Demócratas de Yair Golan, y su propio Yashar. Pone cuatro condiciones a cualquier otro partido que quiera sumarse: aceptar a Israel como Estado judío y democrático, reconocer los valores fundacionales de la Declaración de Independencia, el servicio nacional obligatorio —militar o civil—, y reconocer a Hamás como organización terrorista. Dice estar dispuesto a sumar incluso a un partido ultraortodoxo si acepta esas condiciones, aunque hasta ahora la respuesta de ese sector fue la contraria: esta semana, un legislador de Agudat Yisrael declaró que «moriremos antes que alistarnos».
Los hijos de Netanyahu, y los suyos
En uno de los pasajes más personales de la entrevista, Eisenkot contrastó cómo crió a sus propios hijos —todos cumplieron un servicio militar significativo— con los hijos de Netanyahu, a quienes acusó de haber esquivado el servicio: uno pasó buena parte de la guerra en Estados Unidos, el otro hizo un servicio enteramente menor. Dijo tener la certeza de que los nietos de Netanyahu no se van a alistar en el ejército, mientras que los suyos sí lo harán.
«Lo convenzo de que me vaya a casa»
Consultado sobre un escenario de empate parlamentario en el que el presidente Isaac Herzog propusiera una rotación —Eisenkot primer ministro dos años, Netanyahu indultado por sus juicios de corrupción y como ministro de Defensa, después alternando—, Eisenkot dijo estar dispuesto a hacer mucho para resolver el bloqueo político y lograr unidad nacional, pero sostuvo que alguien que se define a sí mismo como «comandante en jefe» y fracasó catastróficamente en esa función no es apto para ser ministro de Defensa. Su objetivo declarado no es ese acuerdo, sino derrotarlo lisa y llanamente en las urnas y lograr su retiro completo de la vida política.
El riesgo que no descarta
Sobre la posibilidad de que los votantes de Netanyahu no acepten un triunfo opositor, confiando en encuestas de medios afines que muestran al Likud muy por delante, y que algunos extremistas reaccionen con violencia, Eisenkot no minimizó el riesgo: dijo directamente que no está exagerado, y que por eso necesita ganar de la forma más contundente posible. Según él, Netanyahu busca ganar «no perdiendo»: deslegitima al 21% de la ciudadanía israelí —la población árabe—, y si no logra una mayoría absoluta, confía en que la oposición no pueda formar coalición y que él simplemente permanezca como primer ministro interino de manera indefinida. Eisenkot dijo no buscar el apoyo de los partidos árabes para gobernar, pero confía en que, si no llega a los 61 escaños, pueda convencer a Likud y al resto de los partidos sionistas de respaldar su gobierno, y no descarta que al menos un partido ultraortodoxo opte por abstenerse estratégicamente.
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