Mientras el líder de Azul y Blanco pide un gobierno amplio sin Ben Gvir, el propio Ben Gvir mostró esta semana la cámara de ejecución que prometió construir
Benny Gantz le dijo a The Jerusalem Post lo que viene repitiendo hace meses: el próximo gobierno israelí tiene que excluir a «extremistas» como el ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben Gvir. La misma semana que se publicó esa entrevista, Ben Gvir apareció en un video mostrando la cámara de ejecución que prometió construir, con cabinas para que las familias de víctimas puedan presenciar los ahorcamientos.
El plan de Gantz: un gobierno sionista amplio
Gantz, líder de Azul y Blanco, viene reclamando desde hace más de seis meses la formación de un «gobierno sionista amplio» que reúna a partidos moderados de todo el arco político —tanto del bloque de Netanyahu como de la oposición— después de las elecciones del 27 de octubre.
Mi objetivo, en última instancia, es que Ben Gvir y otros extremistas no dicten el futuro de Israel; necesitan y serán devueltos a los márgenes políticos.
Benny Gantz, líder de Azul y BlancoLa propuesta de Gantz traza dos líneas rojas claras: fuera Ben Gvir y el extremismo de su espacio, y fuera también los partidos jaredíes (ultraortodoxos), a menos que acepten una ley de alistamiento justa y educación pública con currícula completa —incluyendo matemática, inglés, ciencias y educación cívica— para todos los niños del país.
Según un informe del Israel Democracy Institute, solo entre el 14% y el 15% de los niños jaredíes asiste a escuelas reconocidas por el Estado que efectivamente enseñan materias como inglés y matemática. Pese al incumplimiento generalizado, apenas el 6% de las instituciones que no cumplen recibió algún recorte presupuestario en el ciclo 2023-24 — y el propio gobierno de Netanyahu aumentó el financiamiento a esas escuelas en 2026, de 4.100 a 5.170 millones de shekels.
Un partido que ni siquiera entra al Parlamento
Hay un dato incómodo detrás del discurso de Gantz: su propio partido no está pasando el umbral electoral. Las encuestas de agosto lo ubican entre 0,8% y 1,4% de intención de voto, muy por debajo del 3,25% necesario para entrar al Knéset. Un aliado clave abandonó el partido meses atrás, subrayando su declive.
En un audio filtrado a militantes, Gantz llegó a decir que «la izquierda radical está poniendo dinero para deshacerse de mí» — y aclaró que cambió de teléfono siete veces, no por Irán ni por Netanyahu, sino por esa presión interna. Pese a la debilidad electoral, sostiene que no se trata de «solo cruzar el umbral», sino de construir la fuerza que va a determinar el carácter del próximo gobierno.
Netanyahu, «gestionando su supervivencia, no liderando»
Gantz fue frontal sobre el primer ministro: dijo que Netanyahu está «gestionando la supervivencia de su coalición, en lugar de liderar el país», y que no le va a dar su voto número 61 para formar gobierno. Acusó al oficialismo de seguir «rehén del extremismo de Ben Gvir y del veto de los partidos jaredíes sobre la conscripción», mientras Israel enfrenta desafíos simultáneos en Irán, Líbano y Gaza, con las FDI advirtiendo escasez de personal.
La prueba que llegó esta misma semana
Mientras la entrevista de Gantz circulaba, Ben Gvir se encargó de ilustrar, con hechos, exactamente el tipo de extremismo del que hablaba.
El 18 de agosto, Ben Gvir publicó un video mostrando la construcción de una cámara de ejecución dentro de un ala carcelaria ya construida para condenados a muerte, en un sitio no revelado del centro de Israel. La instalación incluirá cabinas de visualización para que familiares de víctimas de terrorismo puedan presenciar los ahorcamientos — algo que Ben Gvir calificó de «costumbre en muchos países».
Estamos haciendo historia. Los terroristas merecen solo una cosa: la muerte por ahorcamiento.
Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad NacionalLa instalación aplicará la «Ley de Pena de Muerte para Terroristas», aprobada por el Knéset el 30 de marzo por 62 votos a 48, con el propio Netanyahu presente en la sala para votar a favor. Human Rights Watch advirtió que la ley «busca matar a detenidos palestinos más rápido y con menos escrutinio», y cuatro relatores especiales de la ONU la calificaron de «grave escalada en la opresión discriminatoria de Israel contra los palestinos».
Apenas tres días antes de mostrar la cámara de ejecución, Ben Gvir había hecho declaraciones todavía más extremas en un podcast con un ex rehén: pidió que se realizaran «asesinatos selectivos» en Gaza «matando a 30, 40, incluso 50 cada noche», aclarando que no debía limitarse a quienes representan una amenaza inmediata. «Hay gente ahí que no merece vivir. No deberían vivir. Deberíamos matarlos uno por uno», dijo, según registró la agencia AP.
Ben Gvir no tiene autoridad formal sobre el ejército y no puede ordenar ataques en Gaza — pero controla partes clave del aparato de seguridad israelí, incluidas las cárceles (donde la Corte Suprema ya falló en 2025 que el servicio penitenciario bajo su gestión privaba a presos palestinos de una dieta mínima de subsistencia) y la policía nacional.
Lo que Gantz propone en su lugar
Frente a ese panorama, Gantz plantea un gobierno centrado en «restaurar la fuerza interna y la cohesión pública de Israel», con una ley de reclutamiento justa, fortalecimiento de las FDI, una constitución, y educación pública sólida para todos — además de «reconstruir una cooperación efectiva con Estados Unidos» y reducir la dependencia excesiva del país norteamericano mientras se refuerzan alianzas regionales.
Consultado sobre una eventual alianza con Gadi Eisenkot, su ex segundo al mando que hoy lidera el partido Yashar —y que en las últimas encuestas aparece empatado o incluso por delante del propio Likud de Netanyahu—, Gantz fue conciliador: «mi desacuerdo no es personal sino estratégico», dijo, expresando la esperanza de que Eisenkot se sume al esfuerzo de unidad en vez de sostener «boicots masivos» que terminen reproduciendo «el mismo gobierno desastroso».
El contraste entre las dos noticias de la misma semana no necesita demasiada explicación: un político con apenas 1% de intención de voto advirtiendo sobre el peligro de los extremistas, y el propio extremista que señala, con más poder real que Gantz en este momento, mostrando con orgullo una cámara de ejecución con butacas para el público, apenas días después de pedir matar a decenas de personas «no dignas de vivir» cada noche. Gantz puede no tener los votos para imponer su visión — pero la semana le dio, sin proponérselo, la mejor prueba posible de que tenía razón.
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