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Huckabee y la verdad selectiva sobre Israel y Gaza

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Huckabee y la verdad selectiva sobre Israel y Gaza

El embajador estadounidense en Israel cree que sin Israel no existiría Estados Unidos, que Truman reconoció al Estado judío «sin vacilar» por convicción, y que la gente está molesta con Israel «por lo que cree que ha pasado, no por lo que ha pasado». Cada una de esas afirmaciones requiere contexto. Mucho contexto.

Bastión · Estados Unidos · Julio 2026

Mike Huckabee lleva más de cien visitas a Israel antes de convertirse en embajador. Tiene una pared de su oficina en Jerusalén cubierta con escenas bíblicas. Colecciona en un marco dorado el telegrama con el que Harry Truman reconoció al Estado de Israel en 1948. Es pastor evangelista, exgobernador de Arkansas, y fue elegido personalmente por Donald Trump para el cargo. Y en una entrevista reciente con The Jerusalem Report, pronunció una serie de afirmaciones que merecen ser examinadas con la misma atención que él pide que se use al analizar a Israel.

Huckabee es un hombre con convicciones genuinas y profundas. No es un hipócrita que dice una cosa y hace otra — es alguien que ve el mundo a través de una lente teológica específica y que aplica esa lente con consistencia. Eso es respetable. También es exactamente el problema cuando esa lente opera como filtro que selecciona qué parte de la realidad es visible y qué parte queda fuera del encuadre.


Truman: el telegrama en el marco dorado y la historia que no cuenta

La pieza central de la narrativa de Huckabee sobre la relación Estados Unidos-Israel es el telegrama de Truman, que describe como «uno de los grandes momentos de la historia estadounidense». Truman reconoció a Israel once minutos después de que declarara su independencia, dice Huckabee, y lo hizo «sin vacilar nunca».

La realidad histórica es considerablemente más compleja, y documentada.

Lo que Huckabee no menciona sobre Truman

El Secretario de Estado George Marshall — el mismo que diseñó el Plan Marshall para reconstruir Europa — le dijo a Truman que si reconocía al Estado de Israel votaría en contra de él en las elecciones de 1948. Era la amenaza más grave que un secretario de Estado podía hacer a un presidente. Marshall consideraba que el reconocimiento prematuro desestabilizaría el Medio Oriente y comprometería los intereses estadounidenses en la región. No era un argumento marginal — era la posición del Departamento de Estado en pleno.

El propio Truman tenía una relación documentadamente ambivalente con los judíos. Sus diarios y cartas privadas contienen comentarios abiertamente antisemitas. En una entrada de julio de 1947 escribió sobre los líderes judíos de forma despectiva, describiendo sus demandas como las de gente que «no tiene ninguna consideración por nadie más que ellos mismos». No era la voz de alguien movido por convicción filosófica sobre los derechos del pueblo judío.

Reconoció al Estado de Israel por una combinación de factores: la presión del lobby sionista en un año electoral crucial, el contexto político de la post-guerra que hacía imposible no hacerlo, y la influencia de su amigo personal Eddie Jacobson, un judío que lo presionó directamente. No por la convicción teológica judeocristiana que describe Huckabee.

Esto no disminuye la importancia histórica del reconocimiento de Truman. Pero convertirlo en un acto de fe y convicción inquebrantable, cuando los propios registros históricos muestran una decisión tomada contra el consejo de sus principales asesores, presionado por factores políticos domésticos y con una relación personal con los judíos documentadamente complicada, es exactamente el tipo de selección de hechos que Huckabee le reprocha a quienes critican a Israel.


«Sin Israel no existiría Estados Unidos»: el argumento teológico como geopolítica

La afirmación más audaz de Huckabee es también la más difícil de rebatir directamente, porque no es una afirmación histórica sino teológica: que Israel es la base del judaísmo, el judaísmo es la base del cristianismo, y el sistema de valores judeocristiano dio origen a América. Por lo tanto, sin Israel no existiría Estados Unidos.

Hay un problema estructural en ese argumento: confunde la herencia cultural y religiosa del judaísmo con la existencia política del Estado de Israel fundado en 1948. Los padres fundadores de Estados Unidos — Jefferson, Franklin, Madison, Hamilton — se inspiraron en el pensamiento de la Ilustración europea, en las tradiciones del derecho anglosajón, en la filosofía de Locke y Montesquieu. La mayoría era deísta, no cristiana en el sentido evangélico que Huckabee entiende. Thomas Jefferson, que redactó la Declaración de Independencia, cortó literalmente con tijeras las partes sobrenaturales del Nuevo Testamento para crear su propia versión del texto. No era exactamente el tipo de cristiano que tendría una escena bíblica en la pared de su oficina.

Que exista una herencia cultural judía en los textos que influyeron en la tradición occidental — lo cual es históricamente cierto — es una cosa muy distinta a afirmar que sin el Estado de Israel creado en 1948 no existiría Estados Unidos fundado en 1776. El argumento salta dos siglos y confunde una herencia religiosa difusa con una entidad política específica.


Gaza: la verdad que sí dice y la que no

Donde Huckabee tiene razón es en el punto de partida: el 7 de octubre fue una masacre deliberada, brutal y planificada. Las 1.200 víctimas israelíes —incluyendo 47 ciudadanos estadounidenses— y los 251 rehenes son hechos que ningún análisis honesto puede minimizar. Que Hamás planeó causar el máximo dolor y humillación, que violó, torturó y asesinó a sus cautivos, está documentado con abundante evidencia. Huckabee no inventa nada en ese punto.

Donde el análisis se vuelve selectivo es en lo que sigue. «Israel no ha hecho nada en Gaza que Estados Unidos no hubiera hecho», dice el embajador. Es una afirmación que merece ser tomada en serio — y cuestionada con la misma seriedad.

Si hubiéramos tenido 40.000 estadounidenses asesinados en un solo día y unos 10.000 tomados como rehenes, ni siquiera puedo imaginar cuál sería la reacción en Estados Unidos. Mike Huckabee · Embajador de Estados Unidos en Israel

El problema con esa analogía es que 40.000 no es el número de muertos del 7 de octubre en Israel. Es el número de muertos en Gaza después de la respuesta israelí — un número que, en el momento de escribir este artículo, ya supera los 73.000 según el Ministerio de Salud de Gaza. La analogía de Huckabee requiere escalar las víctimas del 7 de octubre al tamaño de la población estadounidense para imaginar la reacción — pero no aplica el mismo escalado para evaluar si la respuesta israelí fue proporcional. Si aplicamos la misma lógica proporcional a Gaza, la respuesta israelí equivaldría a matar a varios millones de personas en un país del tamaño de Estados Unidos.

Huckabee dice que la gente está molesta con Israel «por lo que cree que ha pasado, no por lo que ha pasado». Pero el 83% de las estructuras destruidas en Gaza no es lo que alguien «cree que ha pasado» — es lo que documentó UNOSAT, el Centro de Satélites de Naciones Unidas, con imágenes satelitales. El PIB de Gaza desplomado el 83% no es propaganda — son cifras de Naciones Unidas. Las 2.700 familias completamente exterminadas — todos sus miembros asesinados — no son una percepción distorsionada por las redes sociales. Son datos del registro civil palestino.


Cisjordania: el momento en que la narrativa se complica

Lo más revelador de la entrevista de Huckabee es lo que dice sobre Cisjordania — o «Judea y Samaria», como él insiste en llamarla usando los nombres bíblicos en lugar de los geográficos internacionalmente reconocidos. Reconoce que hay violencia de israelíes contra palestinos. La describe como «horrible». Dice que no ve diferencia entre quien comete un acto de terror y quien quema una casa palestina.

Pero inmediatamente añade que «no llama colonos a estas personas» y que «la mayoría no son las personas que realmente viven allí». Son «jóvenes de colinas» que «ni siquiera viven en la zona». Es una distinción que sirve para reconocer el problema sin aceptar su escala ni sus implicaciones políticas.

Lo que Huckabee no menciona es que el mismo gobierno al que él representa como embajador —el gobierno de Netanyahu con Smotrich como ministro de Finanzas— aprobó en abril de 2026 la mayor cantidad de nuevos asentamientos en la historia del Estado de Israel: 34 asentamientos en un solo mes. Que Smotrich tiene los planos listos para colonizar Gaza. Que el Times of Israel documentó con nombres, videos y fechas cómo soldados de las FDI colaboran activamente con colonos que roban tierras y ganado palestino en Cisjordania. No son «jóvenes de colinas» actuando solos — es un sistema con cobertura institucional.

Huckabee condena la violencia de colonos contra palestinos en Cisjordania y simultáneamente no los llama colonos, no menciona la expansión de asentamientos que su propio gobierno respalda, y usa nombres bíblicos para el territorio que el derecho internacional llama ocupado.


La «desinformación» y quién la define

Huckabee atribuye la crítica global a Israel a la desinformación: estados árabes que invierten miles de millones en programas universitarios para «propagandizar mentes jóvenes», redes sociales que distorsionan la realidad, una generación que está molesta por lo que «cree» que pasó en lugar de por lo que realmente pasó.

Es un argumento que funciona perfectamente si uno acepta que la única fuente de «verdad» sobre el conflicto es la narrativa israelí oficial. Pero la relatora especial de Naciones Unidas Francesca Albanese no es un producto de la propaganda árabe — es una jurista italiana designada por el Consejo de Derechos Humanos. Amnistía Internacional no es una organización de Hamas. El Centro de Satélites de la ONU no tiene agenda política. Los más de 70 jueces de la Corte Internacional de Justicia que analizan la causa por genocidio no son víctimas de las redes sociales.

La idea de que la crítica a Israel es fundamentalmente el resultado de desinformación — y no de la evidencia documentada por múltiples organismos internacionales independientes — es en sí misma una forma de verdad selectiva. Implica que quien llega a conclusiones distintas a las de Huckabee no ha analizado los hechos sino que ha sido manipulado. Es un argumento que cierra el debate antes de que empiece.

Huckabee tiene razón en algo importante: el 7 de octubre fue una masacre real, deliberada y sin justificación posible. Hamas son terroristas, sin atenuantes. Y visitar Israel para hablar directamente con israelíes y palestinos es siempre mejor que formarse una opinión solo desde lejos. En esos puntos, este artículo y el embajador Huckabee coinciden.

Pero la verdad completa —la que el embajador dice defender— incluye también los 73.000 muertos de Gaza, las 2.700 familias completamente exterminadas, el 83% de estructuras destruidas, los 34 nuevos asentamientos aprobados en abril de 2026, y un Truman que tomó una decisión política compleja que la historia no puede reducir a un acto de fe inquebrantable. Esa verdad completa no cabe en el marco dorado de la pared de la embajada.


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Fuentes: Entrevista de Mike Huckabee con The Jerusalem Report (junio-julio de 2026). Registros históricos sobre la decisión de Truman de reconocer a Israel: cartas y diarios de Harry S. Truman (Biblioteca Presidencial Truman); declaraciones de George Marshall documentadas en múltiples fuentes históricas. Datos sobre Gaza: Ministerio de Salud de Gaza, UNOSAT, ONU, Amnistía Internacional. Datos sobre asentamientos: Times of Israel (abril de 2026). Informe de la relatora especial Francesca Albanese (julio de 2025).

Este artículo tiene propósito informativo y analítico.

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