La presidenta del BCE se irá el 7 de febrero de 2027, casi nueve meses antes de cumplir su mandato de ocho años. Lo hace en medio de una inflación que la guerra de Irán volvió a empujar al alza, y abre una negociación de poder entre Macron, Merz y el resto de los líderes de la eurozona.
Tras meses de rumores que circulaban desde febrero de 2026, Christine Lagarde puso fecha a su salida: dejará la presidencia del Banco Central Europeo el 7 de febrero de 2027. Lo anunció al Consejo de Gobierno del BCE y al presidente del Consejo Europeo, António Costa, horas antes de que el banco central de Fráncfort diera a conocer su última decisión sobre tipos de interés. Su mandato de ocho años, iniciado el 1 de noviembre de 2019, habría durado formalmente hasta finales de octubre de 2027.
«La verdad es falsificada y refutada»
Lagarde explicó su decisión apelando a una necesidad de libertad que su cargo no le permite: «Quiero libertad de expresión, quiero libertad de expresión y quiero la libertad para tratar asuntos que no conciernen a la política monetaria». Agregó que «nunca hay un buen momento para marcharse», pero que en el presente no puede mantenerse neutral, como exige su papel de banquera central: «Muy a menudo encuentro que la verdad es falsificada y refutada por tergiversaciones».
La propia Lagarde había confirmado por primera vez en septiembre de 2026 que consideraba dejar el banco «unos meses antes» de lo previsto. Ya en febrero de ese año, el Financial Times había informado que quería retirarse antes de las elecciones presidenciales en Francia, previstas para abril de 2027, por temor a que una victoria de los populistas euroescépticos de derecha en torno a Marine Le Pen complicara después el nombramiento de la nueva cúpula del BCE.
Nacida el 1 de enero de 1956 en París, abogada de formación (Universidad de Nanterre), con másters en ciencia política, literatura americana, economía y derecho mercantil, Lagarde construyó su carrera primero en el bufete internacional Baker & McKenzie, donde en 1999 se convirtió en la primera mujer presidenta mundial de la firma. En 2005 entró al gobierno francés como ministra de Comercio con Jacques Chirac, y luego fue ministra de Agricultura y Pesca y, finalmente, ministra de Economía, Finanzas e Industria con Nicolas Sarkozy —la primera mujer en la historia de Francia a cargo de la política económica del país—. En 2011 asumió como directora gerente del FMI, sucediendo a su compatriota Dominique Strauss-Kahn, hasta que en noviembre de 2019 llegó al BCE como sucesora del italiano Mario Draghi: la primera mujer en dirigir el banco central europeo.
Una gestión marcada por crisis en cadena
Lagarde llegó al BCE sin haber dirigido nunca un banco central nacional —algo inusual entre sus predecesores— y con una autodescripción poco convencional para el cargo: dijo de sí misma que «no era una gran economista». Fue puesta a prueba como gestora de crisis más rápido de lo que esperaba. Al inicio de la pandemia de covid-19, en marzo de 2020, generó confusión en los mercados al afirmar que el BCE no estaba luchando por «lo que haga falta 2.0», una frase que se leyó como una señal de pasividad; apenas una semana después, el banco diseñó apresuradamente un nuevo programa de compra de bonos públicos y corporativos para contener el daño.
El golpe más duro llegó con la invasión rusa de Ucrania, que disparó la inflación de la eurozona hasta un máximo histórico de casi el 11% en 2022. El BCE respondió con una serie sin precedentes de diez subidas de tipos de interés consecutivas que, con el tiempo, logró quebrar esa ola inflacionaria. Pero el alivio no duró: la guerra de Irán, sumada a un nuevo shock en los precios del petróleo, volvió a empujar la inflación al alza desde 2026, y por ahora no se observa un alivio claro. En septiembre de 2026 la inflación de la eurozona llegó al 3,8%, su nivel más alto en tres años, lejos del objetivo del 2,0% a mediano plazo que persigue el banco.
En su reunión más reciente, el Consejo de Gobierno optó por posponer la tercera subida de tipos del año hasta diciembre, mientras el tipo de depósito —clave para bancos y ahorradores— se mantiene en el 2,5%. La propia Lagarde advirtió que el aumento de los precios de la energía amenaza con presionar aún más la inflación al alza, en un contexto donde además persisten riesgos para el crecimiento: «Si la evaluación de hoy no se refuta por desarrollos significativos, la dirección es clara», dijo sobre una posible nueva suba.
No hay consenso sobre si esta salida es oportuna. Markus Ferber, portavoz de política económica del grupo del PPE en el Parlamento Europeo, la criticó abiertamente: «En medio de una fase de inflación elevada, mercados de bonos nerviosos y tensiones geopolíticas, un cambio de liderazgo en la cúpula del BCE es la señal equivocada». Del otro lado, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, elogió «la mano firme» de Lagarde por ayudar a mantener la economía europea «estable y resiliente», en una valoración de su gestión completa más que del momento puntual de la salida. Ambas lecturas son posibles y no necesariamente contradictorias: una gestión valorada positivamente en conjunto puede, aun así, elegir mal el momento de irse, según quien lo mire.
El tablero de la sucesión
La salida anticipada no es un detalle menor en términos de poder europeo: habilita al presidente saliente francés, Emmanuel Macron —que ya no puede presentarse a la reelección— y al canciller alemán, Friedrich Merz, a resolver la sucesión de uno de los cargos más importantes de Europa antes de las elecciones francesas de abril de 2027. Costa ya anunció que el procedimiento para elegir al sucesor arrancará de inmediato, «para garantizar una transición fluida». Merz lo confirmó en los mismos términos: «Ahora comienza el proceso de ocupación previsto en el Tratado de la UE, que completaremos a finales de año en el círculo de los jefes de Estado y de gobierno de la eurozona».
Alemania, pese a ser la mayor economía de la eurozona, nunca ocupó la presidencia del BCE en sus más de 25 años de historia, y quiere hacer valer su peso esta vez. El ministro de Finanzas alemán, Lars Klingbeil, lo planteó sin rodeos: «Alemania contribuirá con su peso como el estado más grande de la zona euro para formar un nuevo liderazgo del BCE ampliamente apoyado y responsable». El presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, es uno de los nombres que circula como candidato alemán, aunque enfrenta un obstáculo político: Ursula von der Leyen, también alemana, ya dirige la Comisión Europea, y la posibilidad de que dos alemanes encabecen al mismo tiempo las dos instituciones más importantes de Bruselas se ve como difícil de justificar ante el resto de los socios europeos.
Los otros dos nombres que con más fuerza se mencionan como favoritos son el neerlandés Klaas Knot, ex gobernador del banco central de los Países Bajos, y el español Pablo Hernández de Cos, actual jefe del Banco de Pagos Internacionales (BIS) y ex gobernador del Banco de España. El italiano Fabio Panetta también aparece mencionado en algunas listas de candidatos, aunque con menos consenso. Francia, por su parte, no presentaría candidato propio para el puesto máximo —dado que Lagarde es francesa— y se concentraría en pelear el cargo de economista jefe del banco.
El propio origen del BCE tuvo que resolver una tensión similar. En el verano de 1998, el primer puesto máximo del banco no se le dio a un representante de ninguno de los dos pesos pesados históricos, Alemania o Francia, sino al neerlandés Wim Duisenberg, que se retiró a comienzos de 2003 por motivos de edad. Sus sucesores, el francés Jean-Claude Trichet y el italiano Mario Draghi, completaron cada uno su mandato íntegro de ocho años. El patrón de equilibrio entre las grandes potencias de la eurozona a la hora de repartir este cargo tiene, por lo tanto, casi tres décadas de historia.
No es solo la presidencia: un paquete completo
La salida de Lagarde no deja vacante únicamente la presidencia. Isabel Schnabel, miembro de la Junta Ejecutiva del BCE que también había mostrado interés en sucederla, se trasladará al FMI a comienzos de enero de 2027, dejando vacante su propio lugar en el órgano directivo de seis miembros del banco. A eso se suma que, a partir de junio de 2027, el BCE necesitará además un nuevo economista jefe, porque termina el mandato de Philip R. Lane. En la práctica, son tres sillones de la cúpula del banco los que quedarán libres casi al mismo tiempo.
Por eso, según Holger Schmieding, economista jefe del Banco Berenberg, es probable que los jefes de Estado y de gobierno de la eurozona intenten resolver los tres nombramientos como «un paquete completo» en la cumbre de la UE del 17 y 18 de diciembre, «posiblemente incluso antes». Bajo esa lógica, Alemania probablemente destinaría su cuota de poder a nombrar al sucesor de Schnabel en lugar de disputar la presidencia con Nagel, dejando a Knot o a Hernández de Cos como las apuestas más firmes para el puesto más alto.
Lagarde se va dejando un banco central que todavía no logró domar del todo la inflación que la guerra de Irán reavivó, y una negociación de poder que —a juzgar por el precedente de 1998— probablemente termine, otra vez, repartida entre varios países antes que concentrada en uno solo.
Bastión se sostiene con trabajo, no con publicidad. Si esto te aportó algo, invitame un café.
☕ Invitame un café