1796-2004 — Doscientos años de tricolor
Los colores de la bandera italiana: su historia
Antes de que existiera Italia como país, ya existía su bandera. Quince banderas distintas, dos siglos de historia, y un tricolor que sobrevivió a Napoleón, a la monarquía, al fascismo y a la propia definición exacta de sus colores.
- Una bandera anterior al propio país
- El eco confuso de la Revolución francesa
- Napoleón llega a Italia, y con él, el tricolor
- La Legión Lombarda y su bandera de guerra
- La República Cispadana busca su propio símbolo
- La Cisalpina, y las franjas que se vuelven verticales
- Cuando intentaron sacarle el verde a la bandera
- De república a reino, con Napoleón como monarca
- La caída de Napoleón, y el tricolor a la clandestinidad
- Mazzini y la Joven Italia: el símbolo de la resistencia
- 1848: el año en que toda Italia se llenó de tricolores
- Cinco banderas, un mismo año revolucionario
- La breve República Romana
- El camino final hacia la unificación
- 1861: nace el Reino de Italia
- El fascismo se apropia del símbolo
- 1943: la bandera se divide otra vez
- La resistencia también tuvo su propio tricolor
- De la monarquía a la república, sin el escudo
- Cuando el rojo resultó ser casi naranja
- Los significados que le dio cada época
La bandera de Italia —tres franjas verticales de verde, blanco y rojo— es oficial en el país desde 1946, y esa misma composición de colores ya identificaba al Reino de Italia desde 1861. Pero el origen real del tricolor es todavía más antiguo: se remonta a 1797, seis décadas antes de que Italia existiera siquiera como Estado unificado.
Una bandera anterior al propio país
Antes de la unificación de 1861, en el territorio que hoy conocemos como Italia ondeaban decenas de símbolos distintos: el territorio se dividía entre diferentes reinos en el norte, los Estados Pontificios en el centro, y el Reino de las Dos Sicilias —dependiente de la casa de Borbón— en el sur y en Sicilia. El origen de los colores que después unirían a toda esa península fragmentada se remonta a las primeras escarapelas italianas del siglo XVIII, inspiradas directamente en la Revolución francesa y su propio tricolor.
El eco confuso de la Revolución francesa
La bandera francesa azul, blanca y roja, surgida tras la Revolución, se convirtió en un referente inmediato para los jacobinos italianos. Parte de la población empezó a confeccionar escarapelas de color verde, blanco y rojo —en medio de una confusión real sobre cuáles eran exactamente los colores que se usaban en Francia, propiciada por información imprecisa publicada en las gacetas de la época—. Los jacobinos terminaron sintiéndose cómodos con esa elección accidental: el verde pasó a representar los derechos naturales, la naturaleza, la igualdad y la libertad.
Napoleón llega a Italia, y con él, el tricolor
El primer registro de una bandera tricolor italiana coincide con la llegada de Napoleón Bonaparte a la península, durante la Campaña de Italia de 1796-1797, cuando las tropas francesas se enfrentaron al Sacro Imperio Romano Germánico y a los Estados Pontificios. Los jacobinos italianos combatieron junto a los napoleónicos, y con la victoria francesa surgieron distintos Estados satélite por toda la península: la República piamontesa, la cispadana, la transpadana, la romana.
Piamonte fue el primer territorio conquistado por Bonaparte. Según un documento conservado en el archivo histórico del municipio piamontés de Cherasco, el 13 de mayo de 1796 —tras un intercambio territorial— ya se usaba un estandarte con los tres colores actuales.
Los franceses apoyaron la abolición de las instituciones preexistentes y promovieron repúblicas satélite favorables a sus propios intereses. Una de ellas, la República Cisalpina, creada en 1797 con territorios del norte de Italia, adoptó por primera vez la Tricolor italiana como bandera oficial —con tres bandas horizontales de verde, blanco y rojo, colores que procedían directamente del emblema de Milán, la ciudad simbólica del nuevo Estado—. Aunque en un principio hubo resistencia a adoptar un símbolo que había llegado con un ejército extranjero, con el tiempo el tricolor se convirtió en un emblema de solidez propia.
La Legión Lombarda y su bandera de guerra
El 11 de octubre de 1796, Napoleón decretó la creación de la Legión Lombarda, una unidad militar destinada a administrar Lombardía dentro de la República transpadana. Su bandera de guerra, propuesta por el propio Napoleón, fue un tricolor verde, blanco y rojo con un símbolo en el centro: la inscripción «Legione Lombarda», una corona de roble, y un gorro frigio con un emblema masónico. Con el triunfo revolucionario, el tricolor comenzó a usarse espontáneamente en muchas ciudades como símbolo del nuevo movimiento que atravesaba la península.

La República Cispadana busca su propio símbolo
Las tropas napoleónicas depusieron a la monarquía en Módena y Reggio, y en agosto de 1796 se proclamó la República Reggiana, con el mismo tricolor francés como bandera. Tras la victoria en el norte, Napoleón convocó a las ciudades cispadanas a reunirse en congreso. En diciembre de ese año, representantes de Bolonia, Ferrara, Módena y Reggio Emilia aprobaron la carta constitucional de la República Cispadana —y, con la creación del nuevo Estado, llegó también la decisión de adoptar una bandera propia—.
Giuseppe Compagnoni, considerado hoy el padre de la bandera italiana, promovió un tricolor verde, blanco y rojo con franjas horizontales —el rojo en la parte superior— y un escudo central con las letras R y C, cuyas cuatro flechas representaban a las cuatro ciudades fundadoras.

La Cisalpina, y las franjas que se vuelven verticales
La popularidad de esta bandera creció en ciudades como Venecia, Brescia y Padua. En 1797, la República Cispadana se unió con la República Transpadana, dando origen a la República Cisalpina —uno de los Estados más fuertes de la península, con capital en Milán—. El 11 de mayo de 1798, el Gran Consejo de esta república aprobó un tricolor con las franjas ya dispuestas en sentido vertical, tal como se conoce hoy, y el símbolo empezó a ser defendido con firmeza por las propias tropas militares.

Cuando intentaron sacarle el verde a la bandera
La República Cisalpina se transformó en la República Italiana en 1802 —heredando, a pesar del nombre ambicioso, únicamente los territorios del norte de la península—. Con la proclamación de Napoleón Bonaparte como presidente del nuevo Estado, se aprobó una bandera completamente distinta: un cuadrado rojo con un rombo blanco en su interior, y dentro de ese rombo, un cuadrado verde. El cambio fue impulsado por el vicepresidente Francesco Melzi d’Eril, que buscaba eliminar directamente el verde del pabellón —aunque, como muestra el propio diseño, terminó relegado a un pequeño cuadrado central en lugar de desaparecer del todo—.

De república a reino, con Napoleón como monarca
Cuando Bonaparte se coronó emperador en Francia, ese cambio de régimen se trasladó también a su Estado satélite italiano: en 1805, la República Italiana se transformó en el Reino de Italia, con Napoleón como monarca. El nuevo Reino recuperó una composición similar a la bandera republicana original, sumándole un águila dorada con la letra N en homenaje al propio Napoleón.

La caída de Napoleón, y el tricolor a la clandestinidad
La caída de Napoleón y el Congreso de Viena de 1815 devolvieron gran parte de Italia al control de monarquías extranjeras y dinastías locales, marcando el regreso del absolutismo monárquico al continente. Con la desaparición del Estado satélite bonapartista, el tricolor italiano pasó a la clandestinidad —pero sobrevivió, silenciosamente, como símbolo de unidad nacional y de resistencia contra el dominio extranjero—. Fue entonces cuando comenzó, formalmente, el proceso conocido como Risorgimento (Resurgimiento), el largo camino hacia la unificación de Italia.
Aunque no existe consenso histórico absoluto, se cree que el tricolor volvió a usarse el 11 de marzo de 1821, durante los motines piamonteses. Otra manifestación temprana e importante llegó con la Giovine Italia (Joven Italia), surgida de los motines de 1830-1831 liderados por Ciro Menotti.
Mazzini y la Joven Italia: el símbolo de la resistencia
El propósito de este movimiento era claro: formar un Estado único en toda la península, con un monarca elegido por un congreso. Giuseppe Mazzini dotó a la Joven Italia de una bandera tricolor de franjas horizontales, con la inscripción «UNIONE, FORZA E LIBERTA’!» (Unión, Fuerza y Libertad) en la franja blanca.

Fue gracias al simbolismo de esta bandera de Mazzini que el tricolor italiano ganó verdadera popularidad en toda la península, llegando también a la región central. Giuseppe Garibaldi —el futuro «padre de la patria»— la llevó consigo cuando partió al exilio, y el símbolo se usó en numerosas revueltas e insurrecciones contra los distintos gobiernos y Estados de la época.
1848: el año en que toda Italia se llenó de tricolores
La historia política italiana dio un giro de 180 grados con las revoluciones de 1848, que se desarrollaron por toda Europa contra los absolutismos gobernantes, y que en la península italiana se vivieron con particular intensidad. El tricolor tuvo un papel central en las Cinco Jornadas de Milán, cuando insurrectos se enfrentaron al gobierno del Imperio austríaco —convirtiéndose en la bandera oficial del efímero Gobierno provisional de Milán—.
El 4 de mayo de 1848 se firmó en Turín el Estatuto Albertino, la ley fundamental de la monarquía de la Casa de Saboya. Tras su primera modificación, ese estatuto incorporó formalmente la composición tricolor, reemplazando el azul que hasta entonces identificaba a esa dinastía por el verde, blanco y rojo. El rey Carlos Alberto de Saboya, durante la primera guerra de independencia italiana, decidió usar el tricolor con el escudo de su propia dinastía en el centro, buscando generar confianza entre los lombardos —bajo gobierno austríaco— y avanzar hacia la unión italiana. Así nació la bandera oficial del Reino de Cerdeña.

Cinco banderas, un mismo año revolucionario
El fervor tricolor de 1848 no se limitó al norte. En el sur, el rey Fernando II de Borbón impulsó un cambio constitucional que modificó también su propio pabellón: el Reino de las Dos Sicilias, que tradicionalmente usaba el blanco como color distintivo de la casa Borbón, sumó el rojo y el verde como marco, manteniendo el escudo borbónico sobre fondo blanco en el centro.

Ese mismo año, la República de San Marcos se proclamó independiente del dominio austríaco, adoptando también el tricolor italiano, con el león alado —símbolo histórico de Venecia— en el cantón superior.

En el Gran Ducado de Toscana, el gran duque Leopoldo II de Habsburgo-Lorena se resistió inicialmente a adoptar el tricolor tras el cambio constitucional de 1848, aunque sí lo incorporó para sus milicias. Ante la presión sostenida, terminó cediendo también para el propio Estado, con su escudo en el centro —un uso que se mantuvo hasta la primera guerra de independencia, en 1849—.

La breve República Romana
En el centro de la península, todavía bajo control de los Estados Pontificios, se constituyó en 1849 la República Romana, que llegó a deponer la autoridad del propio papa. Su bandera fue el tricolor italiano con la inscripción «Dio e Popolo» (Dios y Pueblo) en el centro —aunque su existencia fue efímera: las tropas francesas la disolvieron tras apenas cinco meses—.

El camino final hacia la unificación
Dónde sobrevivió el tricolor después de 1848
Tras el fracaso de los intentos revolucionarios de 1848, el único lugar donde el pabellón tricolor perduró de forma oficial fue el Reino de Cerdeña. El sentimiento reunificador siguió creciendo hasta que, en enero de 1859, el Reino de Cerdeña entró en guerra contra el Imperio austríaco —el conflicto que después se conocería como la segunda guerra de independencia italiana—.
El tricolor comenzó a ondear a medida que avanzaban las tropas del Reino de Cerdeña. En Florencia, tras la partida del gran duque, se usó la bandera tricolor hasta la anexión definitiva a Cerdeña en 1860 —y desde ahí, el símbolo se popularizó con rapidez en el centro de Italia, aunque tardó más en consolidarse en las grandes ciudades—.
La guerra terminó con el control de buena parte de la península en manos de las tropas de la Casa de Saboya, lideradas por Giuseppe Garibaldi, junto con la conquista de Sicilia. El propio monarca borbón, en un intento tardío por recuperar apoyo popular, cambió su bandera al tricolor, aunque conservando su escudo en el centro.

1861: nace el Reino de Italia
El 17 de marzo de 1861 se proclamó finalmente el Reino de Italia, con Víctor Manuel II —hasta entonces rey de Cerdeña— como monarca. El tricolor con el escudo de la Casa de Saboya se consolidó como símbolo nacional, ahora con proporciones más rectangulares. En 1866, la tercera guerra de independencia incorporó el Véneto al Reino; finalmente, las tropas italianas ocuparon Roma en 1870, y la ciudad se convirtió en la capital definitiva del país en 1871.
Desde el 6 de julio de ese año, la bandera tricolor ondea en el Palacio del Quirinal, sede de la jefatura del Estado —un símbolo que representó, desde entonces, la unificación completa de la península italiana, y que se mantuvo de forma ininterrumpida hasta las horas finales de la Segunda Guerra Mundial—.

El símbolo nacional se consolidó con el tiempo de forma indiscutible, apareciendo en guerras, en platos de comida, en uniformes deportivos, e incluso celebrando su primer centenario en 1897.
El fascismo se apropia del símbolo
La Segunda Guerra Mundial fue el único episodio que llegaría a trastocar de forma definitiva el sistema político italiano imperante —y, con él, sus banderas—. Antes de eso, la dictadura de Benito Mussolini ya había resignificado profundamente el tricolor, que empezó a enarbolarse junto a banderas negras, propias del fascismo. Pese a haber relegado en parte el protagonismo del propio tricolor, en 1923 y 1924 se emitieron leyes para establecerlo formalmente como bandera oficial del Reino de Italia. El fascismo impuso además homenajes específicos al símbolo mediante el saludo romano, y comenzó a usarlo también en su nueva conquista colonial en África: Etiopía.
La monarquía de los Saboya fue, durante todo ese período, tolerante y partícipe de las decisiones de Mussolini en el poder —por eso su propio escudo se mantuvo en la bandera hasta 1943, año en que se firmó el Armisticio de Cassibile, por el cual el Reino de Italia depuso sus armas ante los Aliados—.
1943: la bandera se divide otra vez
Con el apoyo del ejército nazi, Mussolini logró recuperar parcialmente el control territorial tras la rendición de la monarquía, dando origen a la República Social Italiana, también conocida como República de Saló. Este nuevo Estado conservó el tricolor como símbolo nacional formal, pero su bandera de guerra —mucho más difundida— incluyó un águila imperial romana de color negro sobre un fascio de color mostaza.

La resistencia también tuvo su propio tricolor
Frente a ese régimen, la resistencia italiana se articuló de distintas maneras. Una de las principales fue el Comité de Liberación Nacional, activo entre 1943 y 1947, con carácter tanto político como militar. Su bandera también fue un tricolor, con una estrella y las siglas CLN en la parte central.

De la monarquía a la república, sin el escudo
El final de la Segunda Guerra Mundial en Italia trajo consigo un cambio radical de sistema político: mediante un referéndum, la monarquía fue abolida y nació la República italiana. El 19 de junio de 1946, un decreto del presidente del Consejo de Ministros modificó formalmente la bandera nacional, eliminando de forma definitiva el escudo de los Saboya que la había acompañado desde 1848.
En la comisión encargada de redactar la nueva Constitución se planteó incorporar un escudo distinto en el centro de la bandera, pero la propuesta nunca se concretó. Finalmente, el tricolor —sin ningún emblema adicional— quedó consagrado en el artículo 12 de la Constitución de la República italiana, aprobado sin mayores debates.
Cuando el rojo resultó ser casi naranja
Curiosamente, esa fue durante décadas la única definición oficial de la bandera: el propio artículo 12 se limitaba a nombrar los tres colores, sin especificar tonalidades exactas —lo que generó, con el tiempo, confusiones reales sobre cómo debía verse el rojo, el blanco y el verde—. En 2002, un eurodiputado italiano notó que el rojo que se usaba en la práctica se parecía más al naranja que a un rojo genuino. Como respuesta, el gobierno estableció ese mismo año los colores oficiales exactos, con un verde prado brillante, un blanco leche y un rojo tomate, cada uno definido con precisión en la escala Pantone.
El ajuste final de 2004
Apenas dos años después, en 2004, se produjo un nuevo ajuste: el verde pasó a ser verde helecho, acompañado de un blanco brillante y un rojo escarlata —las tonalidades exactas que se mantienen vigentes hasta hoy—.
Los significados que le dio cada época
La historia de los colores del tricolor italiano es tan larga como sus propios significados, que fueron cambiando con cada época. En el origen de la escarapela, muchos creyeron estar representando los ideales de libertad de la Revolución francesa —donde, en realidad, el blanco identificaba a la monarquía, mientras que el rojo y el azul eran los colores propios de la ciudad de París—. En las primeras escarapelas italianas, esa interpretación derivó hacia otra distinta: los derechos naturales pasaron a representarse con el verde, junto a la igualdad y la libertad. Durante el período napoleónico, el significado volvió a desplazarse: el verde pasó a representar la esperanza, el blanco la fe, y el rojo el amor.
La interpretación más popular hoy, vinculada al propio paisaje italiano: el verde representa los prados del país; el blanco, la nieve de sus montañas; y el rojo —como es tradición en muchas banderas nacionales— la sangre derramada por los soldados italianos en los múltiples conflictos que atravesó la península a lo largo de su historia.
Quince banderas distintas, repúblicas efímeras, reinos que cambiaron de forma varias veces, un fascismo que intentó apropiarse del símbolo y una resistencia que se lo disputó con su propio tricolor: la historia de los colores de la bandera italiana es, en definitiva, la historia entera de cómo un país fragmentado en decenas de Estados terminó encontrando, en tres franjas de color, el único elemento que logró sobrevivir intacto a todos esos cambios.
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