Trabajador junto a tubo Nord Stream 2 en fábrica.

Nord Stream: historia del gasoducto y su sabotaje

Nord Stream: la historia del gasoducto y su sabotaje
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Nord Stream: la historia del gasoducto y su sabotaje

Veinticinco años de construcción, miles de millones de euros y una red de alianzas entre Rusia y Europa terminaron en el fondo del mar Báltico, volados en cuestión de minutos, en el sabotaje de infraestructura más significativo de la guerra.

Antes de ser el escenario de uno de los sabotajes más investigados de la historia reciente, Nord Stream fue, durante casi dos décadas, el proyecto energético más ambicioso entre Rusia y Alemania: dos gasoductos gemelos, tendidos por el fondo del mar Báltico, que llegaron a transportar hasta el 16% de todo el gas natural que importaba Europa.

Qué era Nord Stream

Nord Stream es el nombre genérico de dos gasoductos de gas natural que cruzan el mar Báltico desde Rusia hasta Greifswald, en Alemania — también conocidos como el Gasoducto Ruso-Alemán o el Gasoducto del Mar Báltico. El Nord Stream 1, inaugurado en 2012, parte de Víborg; el Nord Stream 2, cuya construcción terminó en 2021 pero que nunca llegó a operar, parte de Ust-Luga, en el óblast de Leningrado.

Nord Stream 1

Dos ramales paralelos de 1.224 km cada uno, 1.150 mm de diámetro interno y 220 bares de presión. El primero se inauguró el 8 de noviembre de 2011, con Angela Merkel y Dmitri Medvédev en la ceremonia; el segundo empezó a transportar gas en octubre de 2012. Capacidad anual: 60.000 millones de m³. Operado por Nord Stream AG, presidida por el ex canciller alemán Gerhard Schröder.

Nord Stream 2

También dos ramales paralelos, completados en junio y septiembre de 2021. Capacidad anual: 55.000 millones de m³. Nunca entró en funcionamiento: Alemania bloqueó su puesta en servicio en septiembre de 2021 y lo suspendió indefinidamente tras la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022.

Mapa de los gasoductos que unen Rusia con la Unión Europea
Los gasoductos que unen a Rusia con la Unión Europea.

Un proyecto que empezó en 1997

La historia de Nord Stream es, en el fondo, la historia de casi treinta años de relación energética entre Rusia y Europa occidental. Todo comenzó en 1997, cuando Gazprom y la finlandesa Neste formaron North Transgas Oy para estudiar un gasoducto desde Rusia hasta el norte de Alemania a través del Báltico. En 2005, con Fortum ya fuera del proyecto, Gazprom, BASF y E.ON firmaron el acuerdo básico que dio origen a Nord Stream AG, con sede en Zug, Suiza.

La construcción oficial arrancó en abril de 2010 en la bahía de Portovaya, con buques especializados tendiendo tubería en tramos suecos, alemanes y finlandeses. El primer ramal se completó en junio de 2011 y el segundo en agosto de 2012. Nord Stream 2, por su parte, inició su tendido en 2018 y terminó en 2021 — pero quedó varado por la decisión política alemana antes de transportar un solo metro cúbico de gas.

1997
Primer acuerdo entre Gazprom y Neste
€7.400M
Costo final de construcción de NS1
1.224 km
Longitud de cada ramal
16%
De las importaciones de gas de Europa en 2018

El costo final de Nord Stream 1 fue de 7.400 millones de euros, pagados en su mayoría por Rusia (las estimaciones previas habían variado entre 6.000 y 9.000 millones según quién las calculara). El 30% se financió con capital de los accionistas y el 70% restante con financiación bancaria externa. El consorcio sumó más socios con los años: Gasunie entró en 2007, y la francesa GDF Suez compró un 9% en 2010.

Una oposición política desde el día uno

Nord Stream nunca fue solo un proyecto energético: fue, desde el principio, un asunto geopolítico de primer orden. Estados Unidos se opuso por temor a que le diera a Rusia influencia sobre Europa, al punto de que la administración Biden amenazó con deteriorar sus relaciones con Alemania si autorizaba el Nord Stream 2. El 7 de febrero de 2022, Biden fue directo: prometió «poner fin» al gasoducto si Rusia invadía Ucrania, y cuando le preguntaron cómo haría eso con una infraestructura alemana, respondió: «Te lo prometo: Seremos capaces de hacerlo.»

Polonia lo veía como una amenaza geoestratégica, al dejar a Alemania —y por extensión a buena parte de Europa— dependiente de la energía rusa. Ucrania se oponía por una razón más directa: el nuevo gasoducto reducía el flujo de gas ruso que pasaba por su propio territorio, y con él, las tarifas de tránsito que cobraba. El canciller alemán Olaf Scholz terminó paralizando la puesta en marcha de Nord Stream 2 en septiembre de 2021, y lo bloqueó indefinidamente tras la invasión de febrero de 2022.

El atentado: 26 de septiembre de 2022

Mapa con el lugar de las explosiones de Nord Stream
Ubicación de las cuatro fugas, al sureste y noreste de la isla danesa de Bornholm.

Para cuando llegó el sabotaje, ninguno de los dos gasoductos estaba realmente en funcionamiento: Nord Stream 1 llevaba semanas con el flujo detenido por una disputa técnica sobre una turbina, y Nord Stream 2 nunca había llegado a operar. Pero ambos estaban llenos de gas.

A las 02:03 (hora local) del 26 de septiembre, se detectó una explosión en el Nord Stream 2, con caída de presión y fuga de gas al sureste de la isla danesa de Bornholm. Diecisiete horas después, ocurrió lo mismo en el Nord Stream 1, con tres fugas más al noreste de la misma isla. En total, las tres tuberías afectadas quedaron inoperables, con cuatro fugas distintas repartidas entre las zonas económicas de Dinamarca y Suecia. El dato que no pasó desapercibido: el sabotaje ocurrió apenas un día después de que Polonia y Noruega inauguraran el Baltic Pipe, la ruta alternativa que trae gas del Mar del Norte sin depender de Rusia.

Cómo se confirmó que fue sabotaje

Sismógrafos en Bornholm, Stevns, Alemania, Suecia, Finlandia y Noruega registraron dos picos sísmicos el mismo día —magnitud 2,3 a las 02:03 y 2,1 a las 19:03— en los puntos exactos donde después aparecieron las fugas. «No hay duda de que se trataba de explosiones», dijo Björn Lund, sismólogo de la Red Sísmica Nacional Sueca. En noviembre de 2022, Suecia confirmó haber encontrado restos de explosivos en el lugar.

«Las fugas fueron causadas por una acción deliberada, no por accidentes.»

Mette Frederiksen, primera ministra de Dinamarca, 27 de septiembre de 2022

La primera ministra sueca Magdalena Andersson coincidió horas después. La OTAN, la Unión Europea y Polonia también calificaron el hecho de sabotaje casi de inmediato. Vladímir Putin lo llamó «un acto de terrorismo internacional sin precedentes» y culpó, sin pruebas, a Occidente; el Kremlin alternó entre no descartar su propia responsabilidad y calificar las acusaciones en su contra de «predecibles, estúpidas y absurdas».

De la sospecha sobre Rusia a la responsabilidad ucraniana

En un primer momento, el gobierno ucraniano acusó a Rusia y buena parte de la prensa occidental siguió esa hipótesis. Pero la investigación fue cambiando de dirección con el tiempo. Suecia y Dinamarca cerraron sus pesquisas en 2024 sin señalar culpables; Alemania, en cambio, siguió adelante y terminó apuntando hacia Kiev.

La pista del «comando ucraniano»

En marzo de 2023, el New York Times reportó que, según inteligencia de EE.UU., la voladura fue obra de «grupos pro-ucranianos». En agosto de ese año, Der Spiegel llegó a la misma conclusión, y tres meses después, junto con el Washington Post, acusó al coronel Román Chervinski de haber coordinado el sabotaje por orden del entonces comandante en jefe ucraniano, Valerii Zaluzhnyi — a espaldas del propio Zelenski.

La operación Andrómeda

El WSJ reconstruyó en 2026 el ataque en detalle: un comando que usó bolsas elevadoras para bajar los explosivos hasta el fondo marino, operando desde el yate Andromeda. Según esta versión, Zaluzhnyi le informó a Zelenski del plan.

La CIA lo sabía

Der Spiegel reveló en febrero de 2026 que la inteligencia ucraniana había informado a la CIA del plan ya en la primavera de 2022, y que a los estadounidenses «les gustó» — aunque un reporte posterior del WSJ sostuvo que la CIA pidió abortar la misión y que Zaluzhnyi siguió adelante por su cuenta.

En julio de 2026, la fiscalía alemana dio el paso que faltaba: afirmó formalmente que Ucrania era responsable del atentado.

Los detenidos, uno por uno

La cacería de sospechosos avanzó con tropiezos. En junio de 2024, Alemania emitió una orden de arresto contra un instructor de buceo ucraniano que vivía en Polonia; las autoridades polacas la ignoraron y el hombre escapó a Ucrania en un vehículo con matrícula diplomática de la propia embajada ucraniana en Varsovia. El 21 de agosto de 2025, Italia arrestó a Serhiy Kuznetsov, señalado como coordinador del grupo que colocó los explosivos — su extradición fue aprobada, anulada por la Corte de Casación italiana, y finalmente concretada a fines de noviembre. En septiembre de 2026, Polonia detuvo a otro sospechoso, Volodymyr Zhuravlyov, pero un tribunal polaco rechazó extraditarlo, calificando el sabotaje de «justificado, racional y justo» — el primer ministro polaco celebró la decisión y declaró «caso cerrado».

Lo que empezó como un proyecto de ingeniería entre Gazprom y una petrolera finlandesa en 1997 terminó, veinticinco años después, convertido en uno de los episodios más turbios de la guerra en Europa: un gasoducto de 7.400 millones de euros, volado en minutos, con una investigación que todavía hoy divide a sus propios aliados sobre si lo ocurrido fue sabotaje enemigo o una operación encubierta de un país amigo.


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Fuentes: Referencias primarias a Der Spiegel, The New York Times, The Wall Street Journal, el Servicio Geológico de Dinamarca, la Red Sísmica Nacional Sueca y declaraciones oficiales de los gobiernos de Dinamarca, Suecia, Alemania y Rusia.

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