11 de septiembre de 2001 — Nueva York
Por qué colapsaron las Torres Gemelas, explicado
Ni el impacto solo, ni el fuego solo: hicieron falta los dos juntos. Vigas convertidas en cuerdas al rojo vivo, columnas que empezaron a pandear, y un tercer edificio —el WTC7— que colapsó horas después, y que todavía genera preguntas de ingeniería sin resolver del todo.
- Los dos impactos, minuto a minuto
- La respuesta de la ingeniería, no de la especulación
- Cómo estaban construidas las torres
- El impacto: 37.850 litros de combustible por avión
- Cuando el acero se vuelve cuerda
- La caída en cascada
- El derrumbe «como quien pela un banano»
- El tercer edificio del que casi nadie habla: el WTC7
- La disputa académica que sigue abierta sobre el WTC7
El 11 de septiembre de 2001, dos aviones Boeing 767 embistieron las Torres Gemelas, que con sus 110 pisos eran los edificios más altos de Nueva York. El primer avión chocó contra la torre norte a las 8:45 de la mañana. El edificio ardió durante 102 minutos, y a las 10:28 se derrumbó en solo 11 segundos. Dieciocho minutos después del primer choque, a las 9:03, el segundo avión impactó la torre sur. Ese rascacielos resistió en llamas durante 56 minutos, hasta colapsar, a las 9:59, en apenas 9 segundos.
Los dos impactos, minuto a minuto
La respuesta de la ingeniería, no de la especulación
La gran pregunta que quedó, desde el primer día, fue por qué colapsaron las torres.
Kausel lideró, justo después de los ataques, una serie de estudios del MIT que analizaron las causas del derrumbe desde el punto de vista estructural, de ingeniería y arquitectónico. Esos estudios, publicados en 2002, coinciden en gran parte con los hallazgos del informe que el gobierno de Estados Unidos le encargó al Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), cuya versión final se publicó en 2008.
La conclusión conjunta de MIT y NIST
Ambos coinciden en que las torres colapsaron, principalmente, por la combinación de dos factores: el severo daño estructural causado por el choque de los aviones, y la cadena de incendios que se expandió a lo largo de varios pisos. «Si no hubiese habido incendio, los edificios no se habrían derrumbado», dice Kausel. «Y si hubiese habido únicamente incendio, sin el daño estructural, tampoco se habrían venido abajo. Las torres tenían mucha resistencia.»
El informe del NIST señala que existían documentos oficiales indicando que las torres estaban diseñadas para soportar el impacto de un Boeing 707 —la aeronave comercial más grande que existía al momento de ser diseñadas—, aunque los investigadores no encontraron información sobre los criterios exactos usados para llegar a esa conclusión de diseño original.
Cómo estaban construidas las torres
Las Torres Gemelas tenían un diseño estándar de la década de 1960, cuando comenzaron a construirse. Cada edificio tenía en el centro un núcleo vertical de acero y hormigón, que albergaba ascensores y escaleras. Cada piso se formaba con una serie de vigas horizontales de acero que partían de ese núcleo y se conectaban con columnas verticales, formando las paredes exteriores.
El principio de ingeniería detrás del diseño: el entramado de vigas distribuía el peso de cada piso hacia las columnas, mientras que cada piso, a su vez, servía como soporte lateral que evitaba que las columnas se torcieran —lo que en ingeniería civil se conoce como pandeo—. Toda la estructura de acero estaba recubierta por hormigón, que funcionaba como protector de vigas y columnas en caso de incendio, además de una delgada capa aislante a prueba de fuego.
El impacto: 37.850 litros de combustible por avión
Ambas torres fueron golpeadas por modelos distintos de Boeing 767 —más grandes que el 707 para el que se habían diseñado originalmente—. Según el NIST, el impacto «dañó severamente» las columnas y desprendió el aislamiento contraincendios que recubría vigas y columnas.
Así, el daño estructural le abrió camino a las llamas, que a su vez causaban más daño estructural. Las temperaturas, que llegaban a los 1.000°C, hacían que los vidrios de las ventanas se dilataran y rompieran, dejando entrar aire que alimentaba todavía más el fuego.
«Eran bombas voladoras»
Los datos oficiales estiman que cada avión cargaba cerca de 37.850 litros de combustible. «Eran bombas voladoras», dice Kausel. Gran parte de ese combustible se quemó en la bola de fuego del impacto inicial, pero una porción considerable se derramó hacia los pisos inferiores, expandiendo el incendio y encontrando a su paso objetos inflamables que le permitían seguir avanzando.
Cuando el acero se vuelve cuerda
Ese incendio descontrolado tuvo dos efectos principales, según reconstruye Kausel. Primero, el intenso calor dilató vigas y losas de cada piso, causando que las losas se separaran de sus vigas. La dilatación de las vigas, además, empujó las columnas hacia afuera.
Después llegó el segundo efecto, el decisivo: las llamas comenzaron a ablandar el acero de las vigas, volviéndolas maleables.
La caída en cascada
Las columnas ya no estaban totalmente verticales —las vigas primero las habían empujado hacia afuera, y después las jalaron hacia adentro—, así que comenzaron a pandear. Según el NIST, las columnas iniciaron el colapso arqueándose, mientras las vigas conectadas a ellas tiraban hacia adentro.
El detalle adicional que aporta Kausel
En algunos casos, las vigas jalaron con tanta fuerza de las columnas que destrozaron los pernos que las unían, causando que esos pisos se derrumbaran directamente. Los escombros de esos pisos caídos generaron sobrepeso adicional sobre los pisos inferiores, sumando estrés extra a columnas que ya estaban debilitadas. El resultado fue una caída en cascada, imposible de detener una vez iniciada.
El derrumbe «como quien pela un banano»
Una vez que el edificio entró en caída libre, explica Kausel, el colapso expulsó progresivamente el aire que había entre los pisos, generando un viento fuerte hacia la periferia. Eso envolvió el derrumbe en una nube de polvo, y provocó que las paredes externas cayeran hacia afuera —»como quien pela un banano», según su propia descripción—. Ambos edificios se esfumaron en cuestión de segundos, pero el fuego entre los escombros siguió ardiendo durante 100 días.
El tercer edificio del que casi nadie habla: el WTC7
Lo que pocas veces se menciona es que ese mismo día, horas después de la caída de las dos torres principales, colapsó un tercer edificio del complejo: el 7 World Trade Center, un rascacielos de 47 plantas ubicado junto a las torres, que se derrumbó por completo a las 17:20 de la tarde —sin haber sido impactado directamente por ningún avión—.
La explicación oficial del NIST sobre el WTC7
Según la investigación oficial, escombros de la caída de la torre norte provocaron incendios en varios pisos del WTC7, que los sistemas de rociadores no lograron controlar adecuadamente. El NIST concluyó que el colapso se inició por la falla térmica de una columna específica —identificada como la columna 79—, debido a la expansión por calor de las vigas de acero circundantes, en ausencia de la protección contraincendios adecuada en ese punto del edificio.
La disputa académica que sigue abierta sobre el WTC7
El informe final del NIST sobre el WTC7 tardó mucho más que el de las propias torres —se publicó en 2008, siete años después del hecho—, lo que la propia agencia atribuyó a la complejidad del modelo de simulación utilizado.
Un estudio académico independiente que cuestiona esas conclusiones
En 2020, un equipo de investigadores de la Universidad de Alaska Fairbanks, dirigido por el profesor Leroy Hulsey y financiado por la organización Architects & Engineers for 9/11 Truth —que agrupa a más de 1.500 ingenieros y arquitectos críticos de la versión oficial—, publicó una reevaluación estructural de cuatro años de duración. El estudio concluyó que el fuego, por sí solo, no pudo haber causado el colapso observado, y que la caída —prácticamente simétrica y a velocidad de caída libre— sería incompatible con la falla secuencial de una sola columna que describe el modelo del NIST.
Vale remarcar, con la debida cautela epistémica, que esta reevaluación proviene de un grupo académico específico con una postura crítica declarada desde su propio nombre institucional, y que la posición oficial de los organismos de ingeniería estructural de EE.UU. —incluidas las principales sociedades profesionales del rubro— sigue respaldando, en términos generales, las conclusiones del NIST tanto para las dos torres principales como para el WTC7. La controversia específica sobre este tercer edificio, a diferencia del consenso amplio que existe sobre las causas del colapso de las Torres Gemelas, continúa hoy sin una resolución que satisfaga a ambas partes del debate técnico.
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