En su rueda de prensa tras la tercera cumbre Rusia-África en Moscú, el presidente ruso detalló diez resultados económicos y diplomáticos del encuentro, reveló los términos de una llamada reciente con los líderes de Finlandia y Noruega, y comparó una eventual escalada en el Báltico con la tensión actual en el Estrecho de Ormuz.
El presidente ruso, Vladímir Putin, dio una rueda de prensa la noche del 29 de octubre tras el cierre de la tercera cumbre Rusia-África, celebrada en Moscú, en la que resumió los resultados del encuentro y luego amplió el panorama hacia otros frentes de la política exterior rusa: una llamada telefónica reciente con el presidente finlandés Alexander Stubb y el primer ministro noruego Jonas Gahr Støre, y una advertencia explícita sobre lo que podría pasar en el mar Báltico de cara a 2030.
Los diez puntos de la cumbre, según Putin
El mandatario ruso resumió así los resultados del encuentro, el tercero de su tipo tras los realizados en 2019 y 2023:
1. Fue la tercera cumbre consecutiva, lo que —según el mandatario— subraya el compromiso firme de Rusia y los países africanos de fortalecer los lazos.
2. La representación africana fue, en sus palabras, «colosal»: estuvieron presentes delegados de 48 de los 54 estados del continente, 21 de ellos representados por jefes de Estado o de gobierno.
3. Se discutieron todos los temas sensibles de política, economía y ámbito humanitario.
4. La declaración final reafirmó el rumbo hacia un orden mundial multipolar, con la ONU como organismo central.
5. Se aprobó un plan de desarrollo de las relaciones Rusia-África hasta 2029, en los planos económico, comercial, social y humanitario.
6. El comercio bilateral actual es de 27.000 millones de dólares, cifra que Putin calificó de «lejos del límite», con un objetivo declarado de 50.000 millones en los próximos años.
7. La proporción de monedas nacionales —incluido el rublo— usadas en ese comercio alcanzó el 85%.
8. El principal interés africano, según Putin, es el suministro de alimentos y el desarrollo agrícola.
9. El segundo eje es la energía: Rusia «lleva trabajando con África durante décadas», con RusHydro construyendo centrales hidroeléctricas y Rosatom construyendo una central nuclear en Egipto, con interés creciente por la energía nuclear rusa en el continente.
10. Continúa la cooperación en formación de personal, salud pública y protección ambiental.
«En general, todos coincidimos en que la tercera cumbre Rusia-África fue un éxito y, sin duda, dará un fuerte impulso al desarrollo de la cooperación ruso-africana», declaró Putin en una conferencia de prensa conjunta con el presidente de Burundi, Évariste Ndayishimiye, actual jefe de turno de la Unión Africana. Putin destacó que la celebración de tres cumbres consecutivas «se ha convertido en una buena tradición» y dijo que Moscú «se esfuerza sinceramente por construir una alianza verdaderamente estratégica y multifacética con África».
Ndayishimiye, por su parte, sostuvo que Rusia puede acelerar el desarrollo económico de África y reafirmó «la importancia de la amistad» entre las partes: «África ahora es otra, podemos elegir a nuestros socios», dijo, en referencia a que el continente decidió, en esta etapa, avanzar junto a su «amiga» Rusia. Un día antes, en la sesión plenaria de la cumbre, Putin había denunciado lo que llamó colonialismo occidental en África y prometió aumentar los envíos de granos: «Estamos observando unos intentos activos de países occidentales por volver a sumir en deudas a los africanos, imponiéndoles recursos financieros muy necesarios en condiciones abusivas, obligándolos posteriormente a sobrepagar con creces la deuda en detrimento de sus planes de desarrollo a largo plazo».
La acusación de Putin sobre el endeudamiento abusivo de Occidente hacia África describe un fenómeno real y documentado por organismos internacionales en distintos países del continente. Pero es, a la vez, una acusación que organizaciones independientes y gobiernos occidentales también dirigen hacia la propia Rusia —por la presencia de Wagner/Africa Corps en países como Mali, o por acuerdos de recursos a cambio de armas en condiciones poco transparentes— y hacia otras potencias, incluida China, por su modelo de préstamos de infraestructura con garantías sobre recursos naturales. Ninguna de las grandes potencias que hoy compiten por influencia en África llega con las manos completamente limpias en esta materia; la pregunta de cuál ofrece, en la práctica, mejores condiciones que las demás sigue abierta y depende del país y del acuerdo puntual que se analice.
Una llamada inusual con Finlandia y Noruega
Consultado por periodistas, Putin reveló detalles de una conversación telefónica reciente con el presidente finlandés Alexander Stubb y el primer ministro noruego Jonas Gahr Støre. Según el mandatario ruso, la iniciativa de llamar partió de los propios europeos, quienes aclararon desde el inicio de la charla que «no representan a la UE». «Sé que después hubo críticas contra ellos, pero no es asunto nuestro evaluar si está bien o mal. Creo que es lo correcto. Al fin y al cabo, hay personas en Europa que no quieren infligir una ‘derrota estratégica’ a Rusia, como algunos sí, sino que quieren establecer algún tipo de diálogo constructivo», dijo Putin, y agregó que Moscú apoya «cualquier medida destinada a restaurar relaciones plenas con los países europeos, ya sea con todos ellos juntos… o bilateralmente».
La llamada entre Stubb, Støre y Putin es un hecho verificable de forma independiente: ambos líderes europeos confirmaron públicamente haberla sostenido, y el propio Stubb explicó que la conversación fue coordinada previamente con Ucrania y con Estados Unidos, no decidida de forma unilateral al margen de sus aliados. Ese matiz —coordinación previa versus iniciativa espontánea— no apareció en el relato que Putin ofreció a la prensa, que se limitó a señalar que la propuesta de llamar vino «de los europeos».
La advertencia: 2030 y el paralelo con Ormuz
Putin señaló que, mientras algunos líderes europeos optan por el diálogo telefónico, otros piden a Europa que se prepare para una guerra con Rusia, e incluso mencionan una fecha concreta: 2030. Ante eso, el mandatario ruso fue categórico: «No queremos ninguna guerra con Europa. Pero ante todo, estamos preparados. Y ellos, si alguien quiere, que se prepare. Pero… aún no han logrado su objetivo de infligir una ‘derrota estratégica’ a Rusia. Y es poco probable que esto sea posible para 2030. Y si se pasa, no habrá ganadores en absoluto. Que nadie lo olvide».
Esa segunda advertencia surgió a partir de un tema puntual tratado en la llamada con Stubb y Støre: las violaciones del derecho internacional del mar vinculadas a la incautación de barcos, un asunto sensible en el Báltico donde Rusia y varios países de la OTAN vienen denunciándose mutuamente incidentes con buques y cables submarinos en el último tiempo. Según Putin, ambos líderes europeos le aseguraron que sus países respetan plenamente la ley marítima, algo que el mandatario ruso dijo apoyar, para inmediatamente advertir que, de no ser así, la situación podría derivar en algo similar a la tensión que hoy existe en el Estrecho de Ormuz, el paso marítimo entre Irán y la península arábiga que atraviesa buena parte del petróleo mundial y que es escenario recurrente de incidentes navales.
La comparación de Putin entre el Báltico y Ormuz puede leerse de maneras distintas según quién la escuche. Desde Moscú, es una advertencia defensiva: Rusia dice estar respondiendo a una amenaza de «derrota estratégica» que atribuye a sectores occidentales, y a una fecha límite (2030) que terceros —no Rusia— habrían fijado. Desde capitales europeas y de la OTAN, en cambio, suele leerse como una amenaza velada de escalar las tensiones marítimas en una región donde ya hay fricciones reales, usando el ejemplo de Ormuz —ligado a la guerra con Irán— como una suerte de precedente aplicable al norte de Europa. Ninguna de las dos lecturas puede descartarse por completo a partir de las declaraciones disponibles, y el episodio se suma a un historial de intercambios similares entre Moscú y los países nórdicos y bálticos en los últimos años.
El «guía turístico» del Kremlin
El día anterior a la rueda de prensa, el 28 de octubre, Putin recorrió personalmente junto a las delegaciones africanas la exposición «Soluciones Avanzadas Rusas en Áreas Clave de la Economía y la Esfera Social», donde expuso los logros del país. Consultado sobre qué fue lo que más impresionó a los invitados, el mandatario minimizó su propio rol: «No creo que cumpliera con las funciones de guía, sino que lo hicieron mis colegas: ministros federales. Es solo que, durante la conversación, me pareció que se podía añadir algo».
Putin explicó que Rusia tenía experiencia propia para ofrecer en materia agrícola: a comienzos de los 2000 el país no podía garantizar su propio abastecimiento de alimentos —un problema que hoy enfrentan varios países africanos— y logró resolverlo hasta convertirse en uno de los principales exportadores agrícolas del mundo. El segundo punto que destacó fue la soberanía digital: según el mandatario, Rusia es, junto con Estados Unidos y China, uno de los pocos países con soberanía plena en tecnologías digitales, y sus plataformas de comercio electrónico —dijo— podrían permitir que «un pequeño fabricante en algún pueblo de África» venda sus productos en supermercados de Moscú. Los africanos, agregó, también mostraron fuerte interés en medicina y sanidad rusas.
Bastión se sostiene con trabajo, no con publicidad. Si esto te aportó algo, invitame un café.
☕ Invitame un caféLa misma rueda de prensa que Putin usó para presentar a Rusia como el socio que entiende a África mejor que Occidente fue también la que eligió para dejar, dirigida a Europa, una advertencia fría envuelta en condicional: «si alguien quiere, que se prepare». Dos mensajes distintos, pensados para públicos distintos, pero lanzados el mismo día desde el mismo escenario.
