16 de julio de 1943 — 26 de agosto de 2026
Rubén Rada: el que le puso swing al alma de Uruguay
De una pieza compartida en el barrio Palermo a Ciudadano Ilustre, Grammy a la Excelencia y funeral de Estado. La vida completa del hombre que fusionó el candombe con todo lo que tocó.
Omar Rubén Rada Silva nació el 16 de julio de 1943 en el barrio Palermo de Montevideo, en el seno de una familia humilde. Murió el 26 de agosto de 2026, a los 83 años, en la misma ciudad que lo vio nacer —y que esa misma noche salió a despedirlo con tambores en la calle, tal como él mismo hubiera querido—.
Una infancia marcada por la enfermedad y la ausencia
A los dos años contrajo tuberculosis y pasó dos años internado en el Hospital Saint Bois, en una época en que los antibióticos todavía no habían llegado al país. Su madre, Carmen María Silva, era brasileña, nacida en Santana do Livramento. Su padre, Raúl Rada, tamborilero del barrio Ansina, abandonó a la familia cuando Rubén tenía dos años. Creció con su madre, sus dos hermanos, su tía y sus primos, compartiendo una única pieza en Palermo hasta los diez años. Pasó por seis o siete colegios sin completar la primaria más allá de cuarto año —él mismo lo contaba sin vueltas en las entrevistas—. Fue, desde chico, fanático de The Beatles, Ray Charles, Louis Armstrong y Carlos Gardel: la mezcla de mundos que después definiría toda su música ya estaba, de alguna forma, en su propia infancia.
Zapatito, y los primeros tambores
Sus primeros pasos musicales fueron a los diez años, en la comparsa de negros y lubolos Morenada, donde lo apodaron «Zapatito» por sus zapatos grandes. Entre los 15 y los 16 salió en la murga La Nueva Milonga y cantó en la orquesta tropical candombera Cubanacán, de Pedro Ferreira, a quien siempre reconoció como una influencia clave. A los 17 debutó como frontman de Los Hot Blowers bajo el seudónimo Richie Silver —un alter ego al que volvería, con cariño, décadas después—.
Entre 1958 y 1962 integró The Hot Blowers, uno de los conjuntos del Hot Club de Montevideo, junto a músicos como los hermanos Fattoruso, Federico García Vigil y el humorista Cacho De la Cruz. La banda giró por Chile y se ganó al público tanto por la música como por la faceta bromista de Rada, que lo acompañaría toda la vida.
El Kinto: el candombe se vuelve eléctrico
En 1965 se sumó a El Kinto, la banda que marcó su salto a músico profesional y que hoy se reconoce como pionera en tocar candombe con instrumentos eléctricos —tumbadoras, batería, letras en español—. El «candombe beat» que definían mezclaba rock psicodélico, candombe y música brasileña, con Rada, Eduardo Mateo, Urbano Moraes y Walter Cambón en las voces.
Totem: la cima casi insuperada del rock uruguayo
Entre 1970 y 1973, aunque editó apenas tres discos, Totem se convirtió en una de las bandas más altas del rock uruguayo hasta hoy. La fusión de rock, música latina y candombe, sumada a la voz inconfundible de Rada, produjo temas como «Dedos», «Biafra», «Heloísa» y «Negro».
Opa, Estados Unidos y «Montevideo»
A mediados de los setenta grabó con los hermanos Fattoruso y Ringo Thielmann el álbum Magic Time, del conjunto Opa, producido en Estados Unidos y con fuerte influencia del jazz rock. De ahí salió «Montevideo», compuesta junto a Hugo Fattoruso, una de las canciones más representativas de toda la música uruguaya. Tocó también con Airto Moreira, y en 1981, ya radicado en Argentina, grabó junto a Opa el disco A Los Shakers.
El racismo sutil que le costó el público masivo
Pese al éxito de Totem, sus primeros discos solistas no encontraron el mismo eco en el público blanco uruguayo. El musicólogo Coriún Aharonián lo explicó sin rodeos en su momento.
La profecía de Aharonián se cumplió casi al pie de la letra: recién en los años noventa, después de una carrera entera, Rada alcanzaría la popularidad masiva que su talento merecía desde el principio.
Argentina, México, y el regreso
Los años ochenta lo encontraron radicado en Argentina, con discos como La Banda, La Rada y temas clásicos como «Rock de la calle» y «Candombe para Gardel». A principios de los noventa, apremios económicos lo llevaron a México, donde fue telonero de UB40 y Sting, aunque la industria local no terminó de interesarse en su propuesta. Volvió definitivamente a Uruguay en julio de 1995.
Los noventa: el estallido masivo, por fin
El disco Montevideo (1996), producido por Neil Weiss junto a Hiram Bullock, Bakithi Kumalo y Hugo Fattoruso, marcó el arranque de la etapa que finalmente lo consagró ante el público masivo. Miscelánea negra (1997) y Black (1998) fueron Disco de Platino en Uruguay, y «Loco de amor», grabado con Ketama, se convirtió en un éxito que amplió sus fronteras comerciales.
Quién va a cantar, y el resto de una carrera imparable
Quién va a cantar (2000), con «Cha-cha, muchacha» y «Muriendo de plena», fue cuádruple Platino en Uruguay. Alegre caballero (2002) siguió esa línea. A partir de 1999 empezó también a hacer música para niños bajo el personaje Rubenrá. En 2006 resucitó su viejo alter ego con el disco Richie Silver, que le valió el Premio Gardel a artista rock revelación —»los argentinos entendieron el chiste», bromeó él mismo—.
En 2008 anunció que dejaba los escenarios, citando el desgaste físico de los shows largos.
El retiro no duró: en 2009 volvió con Fan: Pa’ los amigos, y en 2010 estrenó Solo Candombe, un show que resumía toda su trayectoria. Ese mismo año cerró el 2010 en un concierto de la ONU por el Día de los Derechos Humanos.
Ciudadano Ilustre, Grammy y Medalla Delmira Agustini
En 2008 fue nombrado Ciudadano Ilustre de Montevideo. En noviembre de 2011 recibió el Grammy a la Excelencia Musical de la Academia Latina de Grabación, celebrado con la compilación El Álbum Negro: 50 obras maestras. En 2014, el gobierno uruguayo le otorgó la Medalla Delmira Agustini por su aporte a la cultura nacional, el mismo año en que editó Tango, milonga y candombe —un disco doble concebido como una tesis histórica y artística: reivindicar las raíces africanas ocultas del tango y la milonga, conectándolas de forma directa con el candombe.
Los últimos años: sin bajar el ritmo
Lejos de aquietarse con la edad, Rada mantuvo un ritmo de producción casi frenético hasta el final. En 2019 presentó Parte de la historia junto a sus hijos Matías, Julieta y Lucila. En 2021 grabó As noites do Rio / Aerolíneas Candombe, íntegramente en portugués, como homenaje a su madre brasileña. Colaboró con Fito Páez, Coti, Pablo Milanés (grabado poco antes de la muerte del propio Milanés), Adriana Varela, Trueno, y hasta con el trapero uruguayo Pequeño 77.
Negro Rock, con homenajes a Luis Alberto Spinetta y Bob Marley.
Candombe con la ayudita de mis amigos, versiones candomberas con Fito Páez, Coti y Julia Zenko.
La Junta Departamental de Montevideo le dedica una baldosa con su nombre en el Espacio de los Soles, Ciudad Vieja.
Gamurgatrónica, fusionando candombe y murga con música electrónica.
En su cumpleaños 83, estrena «¿Quién va a cantar?», un ciclo audiovisual de encuentros con artistas de distintas generaciones, arrancando con La Vela Puerca.
Hasta sus últimas semanas de vida seguía trabajando: preparaba un homenaje a Totem junto al bajista Daniel «Lobito» Lagarde, con conciertos programados para octubre en Montevideo, y avanzaba en un disco conjunto con Los Auténticos Decadentes.
El final
Estuvo internado desde el 4 de agosto de 2026 por una neumonía bilateral y sus complicaciones. Falleció el 26 de agosto. El presidente Yamandú Orsi decretó duelo nacional para el día siguiente, con las banderas a media asta, y autorizó un funeral de Estado: sus restos fueron velados en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo.
Esa misma noche, antes de cualquier ceremonia oficial, una multitud salió con tambores por las calles de Palermo —el barrio donde todo había empezado ochenta y tres años antes— para despedirlo exactamente como él había pedido: sin lágrimas solas, con el cuero sonando.
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