21 de agosto de 2026 — Myrtle Beach, Carolina del Sur
Trump en privado: «Me van a destituir»
En Washington dice que las midterms no le importan. Frente a su propia base, en Myrtle Beach, suplicó que no lo abandonen. La distancia entre ambos discursos es la noticia.
El viernes 21 de agosto, en el centro de convenciones de Myrtle Beach, Carolina del Sur, Donald Trump apareció ante cientos de republicanos y les pidió, casi suplicando, que no lo abandonaran en las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
En otro momento de la noche, se lo escuchó preocuparse en voz alta frente al público: «Me van a destituir. Me van a destituir.» Esa retórica contrasta de forma llamativa con los comentarios despreocupados que Trump venía haciendo en Washington sobre su futuro político —comentarios que, según reportes, tienen a los republicanos del Congreso bastante más alterados por el suyo propio.
Dos discursos, la misma boca
«No me importan las elecciones de mitad de mandato.»
«No pienso en la situación financiera de los estadounidenses.»
«Me encanta la inflación.»
«Vas a perderlo todo.»
«Me van a destituir. Me van a destituir.»
«Lo que realmente quiero es que finjas, POR FAVOR, que estoy en la papeleta. Solo ven y vota.»
El motivo inmediato del viaje era apoyar a Darline Graham, la candidata al Senado que Trump respalda, hermana de Lindsey Graham, cuya campaña por la nominación republicana se volvió inestable poco más de un mes después de la muerte de su hermano. Leyendo el teleprompter, Trump recitó frases preparadas sobre ella, dijo cosas amables sobre su hermano fallecido y la subió al escenario por un momento, recordándole al público que había conseguido el respaldo del gobernador Henry McMaster.
Pero, sobre todo, Trump habló de sí mismo: del salón de baile que está construyendo, de que la guerra con Irán es «un éxito rotundo» y de que su economía está «tan buena como nunca». Aun así, temía que su base no fuera a votar en noviembre si él no figuraba en la papeleta:
Karoline Leavitt, su secretaria de prensa saliente, reforzó el pedido desde el mismo escenario: «Necesita tu ayuda con un Congreso republicano durante los próximos dos años. Así que salí y vota», dijo, y remató con la consigna de campaña: «El Partido Republicano es MAGA.»
Las grietas que ya se notan
Pero hay grietas en MAGA que cada vez se notan más. La guerra con Irán ya lleva más tiempo del que Trump había prometido, sin un final a la vista; los precios de la gasolina se mantienen altos y sus cifras en las encuestas, bajas. Un número creciente de desertores de alto perfil, con gran seguimiento en redes sociales, se ha ido alejando, y varios de los candidatos que Trump respaldó en las primarias fracasaron. Si Darline Graham no logra cruzar la línea en noviembre, será leída como un indicador más del retroceso de su poder político.
Entre el público de Myrtle Beach —remeras, gorras y merchandising MAGA de punta a punta— no todo era certeza y entusiasmo. Scott Gantzer, votante de Trump en tres elecciones consecutivas y empleado de Walmart, resumió el malestar económico:
Leslie Simek, enfermera de 57 años, de vacaciones desde Nueva York, planteó la tensión entre economía y seguridad en términos casi literales: «Pagaría 10 dólares por un galón de gasolina para saber que no habrá un arma nuclear», dijo, y calificó el segundo mandato de Trump como «un poco oxidado» en general.
Puertas adentro del show, Trump mantuvo entretenida a la multitud con sus recursos habituales: bromeó sobre el tema musical que eligió para sus bailes en los actos («el himno nacional gay», según lo llamó, algo que —dijo— no le encanta a su esposa), señaló a la prensa presente en la sala para que la multitud sisee, recordó la frase de Hillary Clinton sobre los «deplorables» para que abucheen, y recitó una vez más «La Serpiente», el poema antiinmigración que usa hace años en sus actos, con un comentario que mezclaba el humor de campaña con la guerra en curso: «¿Qué demonios tengo que hacer, volver, bombardear un poco más Irán?»
«Territorio estadounidense»: el estrecho de Ormuz
Ese mismo discurso en Carolina del Sur incluyó otra frase que trascendió el mitin: Trump calificó el estrecho de Ormuz como «territorio estadounidense», mientras Estados Unidos mantiene su bloqueo militar sobre barcos y puertos iraníes en el marco de una guerra con Irán que ya se acerca a los seis meses sin acuerdo de paz.
La administración Trump busca presionar financieramente a Irán restringiendo el acceso a esa vía fluvial, clave para las exportaciones petroleras iraníes y por la que suele circular aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo transportado por mar. Según el Mando Central de Estados Unidos (Centcom), hasta el viernes las fuerzas estadounidenses ya habían redirigido 68 buques comerciales para cumplir con el bloqueo.
No es la primera vez que lo dice: la semana anterior ya había amenazado con declarar el estrecho territorio estadounidense, y durante un discurso en una academia de policía de Nueva York fue todavía más directo: «Básicamente, eso es lo que es. Tenemos el bloqueo. Ningún barco pasa a menos que nosotros queramos.» Consultado por periodistas sobre esos dichos, agregó: «La controlamos con el bloqueo, y me gusta la idea de declararla territorio», y llegó a publicar en redes sociales la imagen de un mapa etiquetando la vía fluvial como «nuevo territorio estadounidense».
La pregunta que importa
Probablemente nunca llegue el día en que Trump no logre hacer reír, aplaudir, bailar o abuchear a voluntad a un centro de convenciones lleno de republicanos. Pero esa no es la pregunta que define lo que viene en noviembre. La pregunta es si, además de entretenerlos, todavía puede conseguir que voten. Al cierre de la noche en Myrtle Beach, mientras la gente se retiraba, sonó a todo volumen «YMCA» de Village People.
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