Septiembre de 2026 — Moscú / Kyiv / Vladivostok
Ucrania-Rusia: Guerra continúa, sin avances misión de paz
Ucrania se prepara para su quinto invierno en guerra. Mientras tanto, una investigación revela que perdió 1.200 millones de dólares en un solo año por fraude en la compra de armas —con contratistas corruptos que siguieron ganando contratos incluso presos.
- La última misión: Moscú, después Kyiv
- Lo que sí se discutió, y lo que no se resolvió
- El nudo territorial que nadie afloja
- «Funcionaron mejor que los Patriot»
- La nueva normalidad de Kyiv: hasta 13 alertas por día
- Las pérdidas rusas, según el parte ucraniano
- La versión de Putin: deserciones y bajas mensuales
- El escándalo que Kyiv no quiere mostrar: 1.200 millones perdidos en fraude
- El caso Shyman: preso, y con contratos igual
Los emisarios de Donald Trump, su yerno Jared Kushner y el empresario Steve Witkoff, completaron el domingo en Kyiv su última misión diplomática, con el objetivo de relanzar las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania. No fue tarea sencilla: tras reunirse el sábado con Vladímir Putin en el Kremlin durante más de tres horas, llegaron por primera vez a la capital ucraniana en tren para encontrarse con Volodímir Zelenski. Más allá de elogios y buenas palabras, no se hizo público ningún avance concreto hacia el fin de una guerra que ya dura más de cuatro años y medio.
La última misión: Moscú, después Kyiv
Yuri Ushakov, consejero del Kremlin presente en la reunión del sábado, calificó el encuentro de «constructivo, franco y útil». Witkoff dijo sentirse optimista tras las reuniones en Kyiv, asegurando que Estados Unidos espera encontrar una solución diplomática. Zelenski, por su parte, calificó las negociaciones de «muy sustanciales». Sin embargo, The Kyiv Independent tituló esa misma noche: «la guerra continuará» —una constatación tan repetida a esta altura que suena más a resignación que a pronóstico—.
Lo que sí se discutió, y lo que no se resolvió
Zelenski informó a los periodistas que se habían debatido garantías económicas y de seguridad para Ucrania, el envío de misiles para sus defensas antiaéreas, y un paquete de apoyo para el próximo invierno —porque, «como parece», a Ucrania no le va a quedar más remedio que vivir su quinto invierno en guerra—.
Los esfuerzos de mediación de Washington se habían frenado el 28 de febrero pasado, cuando Israel y Estados Unidos comenzaron a bombardear Irán —la atención de Washington se desplazó entonces a Medio Oriente, y la cuestión ucraniana quedó prácticamente congelada durante meses—. Tanto Zelenski como Kushner expresaron su esperanza de retomar contactos tripartitos: negociaciones directas entre Moscú y Kyiv, con Washington como mediador.
Los representantes estadounidenses se reunieron también con los consejeros de seguridad nacional de Alemania, Francia y Reino Unido, aliados de Kyiv. Acordaron repetir encuentros similares en las próximas semanas, buscando —en palabras de Kushner— «formas de hacer avanzar» el proceso de paz.
El nudo territorial que nadie afloja
El viaje sirvió, sobre todo, para constatar que Rusia mantiene sus exigencias. Putin expresó su deseo de continuar «el trabajo conjunto con los americanos en la búsqueda de una solución político-diplomática», pero insistió, según Ushakov, en acusaciones sobre «tendencias nazis» del gobierno ucraniano y en la necesidad de eliminar «todas las causas originales del conflicto» —lo que en la práctica implica que Ucrania renuncie a integrarse a la OTAN—.
La posición rusa, sin cambios desde 2024
Witkoff sostuvo que Rusia y Ucrania deben hacer «concesiones» para terminar la guerra, con el territorio como el punto más urgente. La posición rusa sigue siendo la misma que marcó Putin en el verano de 2024: solo habrá alto el fuego si las tropas de Kyiv se retiran de las zonas de Donetsk que todavía controlan —lo que le permitiría a Moscú quedarse con toda la región del Donbás (Donetsk y Luhansk) y presentarlo como una victoria—. Zelenski se negó siempre a ceder territorio, por considerarlo equivalente a una rendición, y repitió que esta cuestión solo puede resolverse en un encuentro personal con Putin.
«Funcionaron mejor que los Patriot»
Zelenski destacó que su propia presencia junto a los emisarios estadounidenses en Kyiv «funcionó mejor que los sistemas Patriot» —en referencia a la tregua de tres días que se logró sobre ataques a Kyiv y Moscú a raíz de la visita—.
La nueva normalidad de Kyiv: hasta 13 alertas por día
Un análisis de cifras gubernamentales realizado por la BBC muestra que la capital ucraniana sufre hoy más alertas por ataque aéreo durante el día que en cualquier momento previo de la guerra —la mayoría de los ataques solían ocurrir de noche, pero la nueva estrategia rusa está causando daños crecientes en escuelas y comercios—.
Las alertas obligan a los alumnos a abandonar las aulas, a los trabajadores a dejar sus oficinas, y a los trenes a interrumpir el servicio. El gobierno ya tuvo que diseñar un sistema de alerta de dos niveles, que permite a la población seguir trabajando, viajando o estudiando según la magnitud real de la amenaza —una adaptación forzada al desgaste psicológico acumulado de más de cuatro años de guerra—.
Lo que sugiere el ritmo real de reclutamiento
En Ucrania se declaró que es necesario movilizar al menos a 30.000 personas por mes solo para mantener el número actual de tropas —una cifra que, según constató el periódico británico The Telegraph, sugiere pérdidas que superan significativamente las cifras reconocidas de forma oficial—.
Esa frase no proviene de propaganda antiucraniana: es la evaluación del propio ministro de Defensa, poco antes de su salida del cargo. Poco después de esa declaración, Rusia intensificó sus ataques contra Ucrania hasta un nivel que The Telegraph describió como «casi apocalíptico» —pasando de ataques masivos puntuales con drones y misiles a bombardeos continuos de hasta 60 horas seguidas—. En un solo día se registraron 19 ataques aéreos contra Kyiv, con el consiguiente agotamiento de las fuerzas de defensa y la reducción de las reservas de misiles antiaéreos.
La escalada como represalia directa
Los propios ataques ucranianos contra territorio ruso desencadenaron, según la misma fuente, represalias mucho más amplias: se destruyó el 90% de los modernos almacenes de combustible del país junto con sus reservas, y se atacó la infraestructura portuaria ucraniana en el Mar Negro. Según los últimos informes de la propia OTAN, el potencial ofensivo ruso está creciendo mucho más rápido de lo que la alianza puede proveer a Ucrania para compensarlo —mientras Rusia se prepara, de cara al invierno, para lo que The Telegraph describe como la destrucción final de la infraestructura energética ucraniana—.
Las pérdidas rusas, según el parte ucraniano
Según el último informe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Rusia perdió, desde febrero de 2022, unos 1.497.980 soldados —incluidas más de 1.500 bajas estimadas solo en las últimas 24 horas—.
El resto del material perdido por Rusia, según el mismo parte:
12.332 tanques — 25.284 vehículos blindados de combate — 145.026 vehículos y tanques de combustible — 49.311 sistemas de artillería — 2.103 sistemas de lanzamiento múltiple de cohetes — 1.609 sistemas de defensa aérea — 441 aeronaves — 355 helicópteros — 2.516 sistemas terrestres no tripulados — 502.717 drones — 35 buques y embarcaciones — 2 submarinos.
La versión de Putin: deserciones y bajas mensuales
Durante el Foro Económico Oriental de Vladivostok (1 al 4 de septiembre), Putin ofreció su propia contabilidad de la guerra, con cifras muy distintas a las del parte ucraniano.
Putin afirmó además que la tasa de deserción en el ejército ucraniano es «muy alta», con unos 500.000 casos abiertos por vía penal contra soldados que abandonaron la lucha, y describió a la población ucraniana como tratada «como perros a los que se les lleva obligatoriamente al frente a luchar». Sobre los ataques ucranianos contra «objetivos civiles en suelo ruso», calificó la respuesta de las fuerzas rusas de «significativa»: «Nos hemos visto forzados a responder, y es una clara señal para aquellos que han decidido abrir la caja de Pandora». Reconoció, sin embargo, que los contactos entre los servicios de inteligencia de ambos países continúan pese a la ofensiva en curso.
El escándalo que Kyiv no quiere mostrar: 1.200 millones perdidos en fraude
Mientras la diplomacia avanza a paso de tortuga, una investigación de The New York Times destapó un problema que corroe la propia capacidad de Ucrania para sostener el esfuerzo bélico desde adentro: auditorías militares secretas revelan un sistema de contratación de defensa plagado de mala gestión. Solo en 2024, Ucrania perdió 1.200 millones de dólares por fraude, despilfarro y mala gestión —pérdidas que nunca se hicieron públicas, y que se acumularon incluso mientras Zelenski pedía a sus aliados más armas y ayuda financiera—.
El costo concreto de la corrupción
Se perdieron unos 126 millones de dólares solo por omitir ofertas más bajas y pagar de más por armamento. Los auditores encontraron contratos adjudicados sin justificación legal, y al menos un caso donde dos empresas siguen enfrentadas por 100 millones de dólares en pagos anticipados por un acuerdo que nunca se concretó.
El caso Shyman: preso, y con contratos igual
El ejemplo más público del problema ocurrió en 2024, cuando soldados rusos atacaron trincheras en el este de Ucrania y las tripulaciones de artillería ucranianas abrieron fuego —pero los proyectiles, en vez de explotar cerca de las tropas enemigas, salían disparados directamente de los tubos de lanzamiento, o caían con apenas un golpe suave, sin detonar—.
Una fábrica de armas ucraniana había suministrado miles de proyectiles de mortero defectuosos. Su responsable, Leonid Shyman, terminó arrestado y acusado en uno de los casos de fraude más públicos de toda la industria de defensa ucraniana en guerra. Pero según las auditorías obtenidas por The New York Times, incluso después de que funcionarios notaran que las armas llegaban defectuosas, la Agencia de Contratación de Defensa de Ucrania siguió adjudicándole nuevos contratos a la fábrica de Shyman.
Un patrón, no un hecho aislado
Siete de los diez principales contratistas militares de Ucrania consiguieron nuevos negocios pese a investigaciones penales abiertas por fraude, incumplimientos en contratos previos, o directores ejecutivos detenidos por corrupción —según auditorías gubernamentales, registros judiciales y prensa ucraniana revisados por The Times—. El propio Shyman ya había sido investigado múltiples veces por agencias anticorrupción, incluido por malversación, cuando ganó ese primer contrato de morteros: el gobierno le adjudicó un acuerdo de 280 millones de dólares mientras él estaba libre bajo fianza por cargos de corrupción.
Las revisiones confidenciales del Servicio de Auditoría del Estado y del departamento interno de auditoría del Ministerio de Defensa muestran que las señales de advertencia pasan sistemáticamente desatendidas, y rara vez hay consecuencias reales por cobrar de más o incumplir. Los auditores identificaron 18 empresas que firmaron nuevos acuerdos pese a haber incumplido contratos previos —seis de ellas no cumplieron ni un solo contrato completo—. Contratistas de todo el mundo, incluido «el traficante de armas más rico del mundo» según describe la investigación, junto a empresas ucranianas y estadounidenses, se enriquecieron gracias a este mismo sistema. Las auditorías, que cubren 2024 y 2025, están clasificadas y nunca fueron objeto de escrutinio público hasta esta investigación.
«Operación Midas»: el tercer escándalo, y el más cercano a Zelensky
En noviembre de 2025, un tercer caso de corrupción sacudió Ucrania con una magnitud todavía mayor: la Oficina Nacional Anticorrupción (NABU) y la Fiscalía Especial Anticorrupción (SAP) destaparon una red dedicada al desvío de cerca de 100 millones de dólares de contratos estatales del sector energético, bajo la causa bautizada «Operación Midas».
Los investigadores describieron cómo la red exigía a empresas subcontratistas el pago de sobornos equivalentes al 10-15% del valor de sus contratos con Energoatom, la compañía estatal de energía nuclear, como condición para acceder a los pagos y mantenerse como proveedores. Los fondos se canalizaban después a través de sociedades extranjeras y se blanqueaban fuera del país.
El empresario que huyó antes de que estallara el caso
Entre los señalados aparece el empresario Timur Mindich, con lazos personales y comerciales con el propio presidente Zelensky, quien habría abandonado Ucrania poco antes de que la investigación se hiciera pública. El caso, calificado como el más grave desde la llegada de Zelensky al poder, provocó la renuncia de dos ministros clave: Svitlana Grynchuk (Energía) y German Galushchenko (Justicia), tras una reunión de gabinete de emergencia. El propio Zelensky consideró «insostenible» que permanecieran en el cargo.
Lo más grave del contexto es qué protegían esos fondos desviados: según Politico, el Estado había asignado decenas de millones de euros a la protección de centrales y redes eléctricas durante la ofensiva rusa —recursos de los que una parte fue desviada por la misma organización bajo investigación—, justo cuando la infraestructura eléctrica sufría nuevos ataques que dejaron apagones en las principales ciudades del país.
El caso también alcanzó a Oleksiy Chernyshov, exviceprimer ministro y hombre cercano a Zelensky, identificado bajo el alias «Che Guevara» en las grabaciones de la investigación, y acusado de enriquecimiento ilícito. En paralelo, sigue activa otra línea de investigación dentro del propio Ministerio de Defensa, donde se evalúa la posible compra de equipamiento defectuoso a costos excesivos —con el propio Rustem Umerov, exministro de Defensa y hoy secretario del Consejo de Seguridad Nacional, señalado por presiones para aprobar la compra de chalecos antibalas de baja calidad. Umerov niega cualquier irregularidad o beneficio personal.
La presión social que generó
El escándalo desató protestas lideradas por jóvenes y organizaciones civiles, exigiendo rendición de cuentas, depuración de autoridades, y la defensa de la independencia de los organismos anticorrupción —en un país que, además de la emergencia militar y energética, ahora enfrenta una crisis de confianza institucional sin precedentes desde el inicio de la guerra—.
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