La energía como arma:
Israel y el gas que Europa calla
Gaza destruida y sus aguas marítimas licenciadas a ENI y BP. El sur de Siria ocupado militarmente. El Líbano con su yacimiento absorbido por la zona de amortiguamiento israelí. Un cable submarino de 102 km frente a Gaza apuntando hacia Europa. No son hechos aislados. Es una arquitectura. Y Europa guarda silencio porque la necesita.
En 2019, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo publicó un informe que decía algo que pocos quisieron escuchar: Palestina podría ser un país rico. Los yacimientos de petróleo y gas natural de la Cuenca del Levante tienen un valor neto de 453.000 millones de dólares. Siete años después, Gaza está destruida, sus aguas marítimas han sido licenciadas por Israel a corporaciones europeas, el sur de Siria está bajo ocupación militar israelí, el yacimiento libanés de Qana está absorbido por la zona de amortiguamiento impuesta tras el cese del fuego, y un cable submarino de 102 kilómetros proyectado frente a la costa de Gaza apunta, en su fase final, hacia Europa. La UNCTAD tenía razón: Palestina podría haber sido un país rico. La pregunta que nadie en Europa quiere responder es quién decidió que no lo fuera.
El gas palestino: una riqueza bloqueada durante 25 años
En 1999, la Autoridad Nacional Palestina firmó un contrato con BG Group — hoy propiedad de Shell — para explorar y desarrollar los yacimientos de gas frente a las costas de Gaza. Los campos, bautizados Gaza Marine 1 y Gaza Marine 2, fueron descubiertos en el año 2000 a 36 kilómetros de la costa, en aguas de 610 metros de profundidad. Las reservas estimadas superaban los 30 billones de metros cúbicos de gas de calidad óptima — suficiente para cubrir las necesidades energéticas del territorio palestino durante décadas y generar excedentes exportables.
Lo que siguió fue un bloqueo sistemático de dos décadas. El primer ministro Ariel Sharon vetó cualquier acuerdo en 2001. Levantó el veto brevemente en 2002 tras la presión de Tony Blair, que creía que el gas palestino podría contribuir al proceso de paz. Las negociaciones se retomaron, se interrumpieron, se retomaron y se volvieron a interrumpir. Cada vez que parecía posible un acuerdo, aparecía una nueva condición israelí: que los ingresos no llegaran a Hamas, que la explotación pasara por empresas israelíes, que el gas se vendiera a la Corporación Eléctrica de Israel a precios que la propia empresa consideró demasiado altos.
El descubrimiento de Tamar en 2009 y Leviathan en 2010 cambió el cálculo definitivamente. Israel ya no necesitaba el gas palestino como cliente — ahora competía con él. Las chances de desarrollar Gaza Marine «se redujeron aún más con el descubrimiento de los grandes campos israelíes», documentó Wikipedia en su entrada sobre el gas en la Franja de Gaza. Israel tenía «interés en mantener su casi monopolio sobre el suministro de electricidad y gas a Palestina», según investigadores de la Universidad de Columbia.
Dado que la ANP no ha podido explotar estos campos, las pérdidas acumuladas ascienden a miles de millones de dólares. Al pueblo palestino se le han negado los beneficios de utilizar este recurso natural para financiar el desarrollo socioeconómico durante todo ese período.
— UNCTAD, informe sobre el potencial no aprovechado del petróleo y gas palestino, 2019En el verano de 2023, antes de la ofensiva del 7 de octubre, el gobierno israelí anunció la aprobación preliminar para la explotación de los campos Gaza Marine, «a condición de preservar la seguridad y las necesidades diplomáticas del Estado de Israel.» Los expertos israelíes interpretaron la autorización como un gesto de distensión con Hamas. Cinco meses después comenzó la ofensiva sobre Gaza. El gas siguió bajo el agua.
29 de octubre de 2023: las licencias que nadie vio
Tres semanas después del inicio de la ofensiva israelí sobre Gaza — cuando el mundo tenía los ojos puestos en las imágenes de destrucción de la Franja — el Ministerio de Energía de Israel hizo un anuncio que pasó casi desapercibido: había otorgado licencias de exploración de gas natural a seis empresas israelíes e internacionales en áreas que el derecho internacional considera aguas marítimas palestinas.
Las empresas licenciatarias fueron ENI de Italia, Dana Petroleum del Reino Unido — subsidiaria de la Corporación Nacional de Petróleo de Corea del Sur — y Ratio Petroleum de Israel, entre otras. Las zonas concesionadas incluían la Zona G, adyacente a las costas de Gaza, el 62% de la cual se encuentra dentro de las fronteras marítimas palestinas según el derecho internacional. Las Zonas H y E incluían además un 73% y un 5% respectivamente de aguas palestinas.
Las licencias se otorgaron como parte de la Cuarta Ronda de Licitación Offshore, lanzada por el Ministerio de Energía israelí en diciembre de 2022 — meses antes del 7 de octubre. El proceso ya estaba en marcha. La guerra aceleró su conclusión.
El 5 de febrero de 2024, la organización de derechos palestinos Adalah envió una carta al Ministro de Energía israelí y al Fiscal General exigiendo la revocación de las licencias. Argumentó que su otorgamiento constituía «anexión de facto y de jure de las áreas marítimas palestinas» y violaba el artículo 55 de los Reglamentos de La Haya, que prohíbe a las potencias ocupantes explotar los recursos no renovables del territorio ocupado.
Adalah, Al-Haq, Al Mezan y el PCHR enviaron también notificaciones legales a ENI, Dana Petroleum y Ratio Petroleum, advirtiéndoles que su participación en las licencias podría exponerlos a responsabilidad penal individual por complicidad en pillaje. A la fecha de publicación de este artículo, ninguna de las empresas ni el gobierno israelí han respondido a esas notificaciones.
En mayo de 2026, el ministro Eli Cohen aprobó la quinta ronda de licitación offshore. Según el comunicado del Ministerio, el nuevo proceso abrirá cinco bloques adicionales para exploración cubriendo un área de 7.100 kilómetros cuadrados. Aproximadamente 1.000 kilómetros cuadrados de esa área se encuentran en aguas reclamadas por el Estado de Palestina, según Adalah.
El mapa de la expansión: Gaza, Siria y el Líbano
Lo que ocurre frente a las costas de Gaza no es un hecho aislado. Es parte de un patrón que se replica simultáneamente en tres frentes del Mediterráneo oriental, con la misma lógica: aprovechar el vacío de poder, el conflicto armado o la destrucción para avanzar sobre recursos energéticos que deberían pertenecer a otros.
Licencias otorgadas en octubre 2023, tres semanas después del inicio de la ofensiva. El 62% de la Zona G está en aguas palestinas. ENI, BP y Dana Petroleum entre los licenciatarios. La quinta ronda agrega 1.000 km² más en aguas palestinas.
Tras la caída de Assad en diciembre de 2024, Israel avanzó sobre la zona de amortiguamiento y estableció bases militares. Nuevos bloques de exploración con SOCAR y BP en el norte. El control territorial abre acceso a recursos del Levante sirio.
La zona de amortiguamiento impuesta tras el cese del fuego de 2025 se extiende al mar y absorbe los Bloques 8 y 9 del yacimiento Qana, cuyos derechos fueron garantizados a Líbano en el acuerdo marítimo de 2022 mediado por EEUU. TotalEnergies, ENI y QatarEnergy firmaron el permiso libanés en enero de 2026.
102 km bajo el agua frente a la costa de Gaza. Conecta la infraestructura energética del sur — donde están los yacimientos, donde está Gaza Marine — con el centro del país. El ministerio anuncia «un futuro punto de conexión hacia Europa.»
El patrón no requiere de una teoría conspirativa para ser visible. Requiere leer los comunicados oficiales del Ministerio de Energía israelí en secuencia y trazar los bloques de exploración sobre un mapa. Lo que aparece es una estrategia de largo plazo que aprovecha cada crisis regional — la caída de Assad, la guerra en Gaza, el conflicto con Hezbollah — para avanzar en el control de los recursos energéticos del Mediterráneo oriental.
El ministro Cohen lo dijo sin ambigüedades en el anuncio de la nueva ronda de licitación del 6 de julio de 2026: «El gas natural es un activo estratégico que fortalece nuestra posición económica y diplomática en el mundo en general, y en Oriente Medio en particular.» La energía como arma diplomática. Dicho por el propio ministro.
Netanyahu y la economía de recursos: el plan que lleva una década
Para entender lo que está ocurriendo hay que remontarse a una entrevista publicada en noviembre de 2023 por el semanario Phenomenal World con el experto en relaciones internacionales israelí Guy Laron, de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Laron describió un cambio de rumbo deliberado en la política económica del gobierno del Likud: Netanyahu «siempre ha querido convertir a Israel en una economía de recursos y un centro energético.»
El objetivo, según Laron, era transformar el fundamento económico del país — actualmente basado en los servicios y la industria tecnológica — en un modelo donde los ingresos por explotación, tránsito y exportación de gas fueran el pilar central. Eso justificaría, en la lógica interna del proyecto, el enfrentamiento abierto con las clases medias israelíes que dieron lugar a las protestas por el control judicial — una batalla política que transcurrió en paralelo a los planes de expansión sobre Gaza.
La trayectoria de Israel en el sector energético en la última década es consistente con esa visión. En 2013, Israel comenzó la explotación de Tamar. En 2016 inició su expansión hacia Europa, firmando un acuerdo energético con Grecia. En 2019, Leviathan comenzó la producción comercial. En 2022, Israel y Egipto firmaron un acuerdo con la Comisión Europea para el suministro de Gas Natural Licuado. En 2025, Chevron y sus socios en Leviathan firmaron un acuerdo para duplicar las exportaciones a Egipto. En agosto de 2025, Leviathan firmó el mayor acuerdo de exportación en la historia de Israel — 35.000 millones de dólares — para suministrar gas a Egipto.
Netanyahu siempre ha querido convertir a Israel en una economía de recursos y un centro energético. El gas natural es un activo estratégico que fortalece nuestra posición económica y diplomática en el mundo en general, y en Oriente Medio en particular.
— Guy Laron, Universidad Hebrea de Jerusalén, noviembre 2023 · Eli Cohen, ministro de Energía israelí, julio 2026El cable submarino de Ashkelon a Haifa anunciado el 6 de julio de 2026 es la pieza más reciente de ese rompecabezas. Con 102 kilómetros bajo el agua — uno de los mayores cables de transmisión eléctrica submarina del mundo — conecta el sur de Israel, donde se concentra la producción solar y los yacimientos gasísticos, con el centro del país. Y el «futuro punto de conexión hacia Europa» que menciona el ministerio no es un proyecto vago: es la fase final de una estrategia de integración energética con el continente que lleva una década construyéndose.
Europa: el silencio que se compra con gas
Desde febrero de 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania obligó a Europa a buscar alternativas urgentes al gas de Moscú, el continente quedó con un agujero energético estructural. El 83% del gas que consume Europa proviene de terceros países. Antes de la guerra, Rusia suministraba aproximadamente el 40% de las importaciones europeas de gas. Reemplazar ese volumen en el corto plazo era — y sigue siendo — un desafío que define las decisiones políticas del continente.
Israel entendió ese momento como una oportunidad. En marzo de 2023, Netanyahu le dijo a la primera ministra italiana Giorgia Meloni que Israel quería «acelerar las exportaciones de gas a Europa a través de Italia.» No era diplomacia de cortesía — era una oferta concreta. El gasoducto EastMed, que conectaría Israel con Europa a través de Chipre y Grecia, lleva años en negociación. La guerra de Ucrania le dio una nueva justificación estratégica.
Israel ya suministra Gas Natural Licuado a la UE a través de las plantas de licuefacción egipcias. En 2022, tras la invasión rusa de Ucrania, Israel y Egipto firmaron un acuerdo con la Comisión Europea para el suministro de GNL. Europa importa el 83% de sus necesidades de gas de terceros países. Israel se posicionó como alternativa al gas ruso en el momento exacto en que Europa más la necesitaba.
Francia tiene a TotalEnergies con licencias de exploración en el Líbano — en los Bloques 8 y 9 del yacimiento Qana, ahora absorbidos por la zona de amortiguamiento israelí. Italia tiene a ENI con licencias en aguas palestinas frente a Gaza. El Reino Unido tiene a BP tanto en las licencias de Gaza como en los nuevos bloques con SOCAR en el norte de Israel.
La consecuencia política de esa dependencia instalada es transparente: cada vez que un gobierno europeo considera sanciones a Israel, tiene sobre la mesa una variable energética. No hace falta que nadie llame por teléfono ni amenace explícitamente. La dependencia hace el trabajo sola. Y cuando las corporaciones nacionales de los países europeos más influyentes tienen licencias activas en aguas que Israel controla, el conflicto de intereses se vuelve estructural.
Alemania necesita el gas. Italia tiene a ENI en las concesiones. Francia tiene a TotalEnergies en el Líbano. El Reino Unido tiene a BP en Gaza y en el norte de Israel. Grecia y Chipre son los nodos del gasoducto hacia Europa. España importa GNL egipcio que incluye gas israelí. La geometría de la dependencia energética europea es también la geometría del silencio europeo ante lo que ocurre en Gaza, en el Líbano y en el sur de Siria.
El derecho internacional y el pillaje documentado
Lo que está ocurriendo no es una zona gris legal. Hay instrumentos internacionales precisos que regulan exactamente esta situación — y que Israel está violando de forma documentada.
El artículo 55 de los Reglamentos de La Haya establece que las potencias ocupantes no pueden explotar los recursos no renovables del territorio ocupado más allá del usufructo — es decir, del uso razonable sin comprometer el patrimonio permanente. Otorgar licencias de exploración a corporaciones internacionales en aguas palestinas no es usufructo: es apropiación permanente de recursos que pertenecen a las generaciones presentes y futuras del pueblo palestino.
Las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU son igualmente claras: «Si, como resultado de una acción de guerra, un beligerante ocupa territorio del adversario, no adquiere, por ello, el derecho a disponer de la propiedad en él.» La economía del territorio beligerantemente ocupado debe mantenerse intacta. Lo que está ocurriendo en las aguas frente a Gaza es exactamente lo contrario: la economía del territorio ocupado está siendo transferida a corporaciones extranjeras mediante contratos que el propio ocupante otorga sobre recursos que no le pertenecen.
Adalah lo formuló con precisión jurídica en su carta al gobierno israelí: «Los tenders, emitidos conforme al derecho doméstico israelí, constituyen efectivamente la anexión de facto y de jure de las áreas marítimas palestinas reclamadas por Palestina, al intentar suplantar las normas del derecho internacional humanitario aplicando el derecho doméstico israelí al área marítima palestina en relación con la gestión y explotación de los recursos naturales.»
La UNCTAD lo había anticipado en 2019 con una advertencia que hoy suena profética: los recursos del Mediterráneo oriental son «fuente de conflictos y violencia adicionales si las partes individuales explotan estos recursos sin tener en cuenta la parte justa de los demás.» Lo que nadie previó — o nadie quiso prever — es que esa explotación unilateral ocurriría mientras Gaza era destruida y Europa miraba para otro lado.
Cronología: del descubrimiento al pillaje
La ANP firma contrato con BG Group para explorar las aguas frente a Gaza. El 90% de los beneficios irían a la empresa, el 10% a la ANP con incremento progresivo.
Se descubren Gaza Marine 1 y Gaza Marine 2. Reservas estimadas: más de 30 BCM de gas de calidad óptima. Suficiente para cubrir las necesidades palestinas durante décadas y generar excedentes exportables.
El primer ministro Ariel Sharon veta cualquier acuerdo sobre el gas palestino. Palestina queda sin acceso a sus propios recursos.
Israel descubre Tamar y Leviathan. Las posibilidades de desarrollar Gaza Marine se reducen drásticamente: Israel ya no necesita el gas palestino como cliente — ahora compite con él.
Israel inicia su expansión energética hacia Europa. Acuerdo con Grecia. Leviathan comienza producción comercial. Israel duplica el tamaño de su cadena de valor del gas.
Invasión rusa de Ucrania. Europa necesita urgentemente alternativas al gas ruso. Israel se posiciona como proveedor. Israel y Egipto firman acuerdo con la Comisión Europea para suministro de GNL.
Israel aprueba preliminarmente la explotación de Gaza Marine «a condición de preservar la seguridad y las necesidades diplomáticas del Estado de Israel.»
Inicio de la ofensiva israelí sobre Gaza.
Tres semanas después del inicio de la ofensiva, Israel otorga licencias de exploración en la Zona G — el 62% en aguas palestinas — a ENI, Dana Petroleum y Ratio Petroleum.
Cae el régimen de Assad. Israel avanza militarmente sobre el sur de Siria. Nuevos bloques de exploración con SOCAR y BP en el norte israelí.
TotalEnergies, ENI y QatarEnergy firman el permiso libanés para explorar los Bloques 8 y 9 del yacimiento Qana.
La zona de amortiguamiento israelí en el sur del Líbano se extiende al mar y absorbe los Bloques 8 y 9 del yacimiento Qana — cuyos derechos fueron garantizados a Líbano en el acuerdo de 2022 mediado por EEUU.
Israel lanza la quinta ronda de licitación offshore — 5 nuevos bloques, 7.100 km², aproximadamente 1.000 km² en aguas palestinas. Anuncia el cable submarino de 102 km frente a Gaza con futura conexión a Europa. El ministro Cohen: «El gas es un activo estratégico que fortalece nuestra posición diplomática.»
453.000 millones de razones para callar
La pregunta que este artículo no puede responder — porque nadie en Europa la responde públicamente — es cuánto pesa la dependencia energética en las decisiones políticas del continente respecto a Israel. Lo que sí puede documentarse es la geometría de esa dependencia y su coincidencia perfecta con el silencio.
Los países que más alto alzaron la voz sobre Gaza en Europa — Irlanda, España, Bélgica, Noruega — son los que tienen menos vínculos energéticos directos con Israel. Los que más han silenciado sus críticas — Alemania, Italia, Francia, el Reino Unido — son los que tienen a sus corporaciones energéticas nacionales con contratos, licencias y acuerdos de largo plazo en el Mediterráneo oriental. La correlación no prueba causalidad. Pero tampoco puede ignorarse.
La UNCTAD escribió en 2019 que los recursos palestinos tenían «capacidad para beneficiar a la población gazatí, y a Israel, pero también son fuente de conflictos y violencia adicionales si las partes individuales explotan estos recursos sin tener en cuenta la parte justa de los demás.» Lo que ocurrió fue exactamente lo segundo. Y Europa — que firmó acuerdos de suministro energético con Israel mientras Gaza era bombardeada, que tiene a ENI y BP con licencias en aguas palestinas, que espera el cable submarino que la conecte con la energía del Mediterráneo oriental — no es un observador externo de ese proceso.
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