El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció que a partir del 1 de agosto comenzarán formalmente los procesos de transición democrática en Venezuela. El mecanismo lo protagonizan la Asamblea Nacional de 2015 —el último cuerpo legislativo elegido democráticamente antes de que el chavismo consolidara el control institucional— y el gobierno interino de Delcy Rodríguez, que asumió tras la operación militar estadounidense del 3 de enero de 2026 que terminó con Nicolás Maduro detenido en Nueva York.
La cara visible de ese proceso no es María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025 y principal referente opositora durante años, sino Dinorah Figuera, presidenta de esa Asamblea de 2015, que regresó a Caracas tras ocho años de exilio. Machado, según confirmó la propia Figuera, no forma parte de la agenda de esta mesa de negociación.
Una precisión que se pierde en la cobertura internacional
Vale la pena aclarar algo que buena parte de la cobertura internacional difumina: Machado no fue candidata en las elecciones de 2024. El régimen la había inhabilitado políticamente, y quien terminó en la boleta opositora fue Edmundo González Urrutia, un diplomático hasta entonces poco conocido. Es González —no Machado— a quien la oposición y buena parte de la comunidad internacional consideran el ganador real de esos comicios. Machado fue la líder política y la estratega de campaña, pero el mandato electoral, técnicamente, recae en otro nombre.
El petróleo que ofreció, mucho antes de que llegaran los soldados
Acá está el dato que explica buena parte de lo que pasó después. Machado no empezó a hablar de privatizar el petróleo venezolano después de la caída de Maduro — lo venía planteando meses antes de que Estados Unidos moviera una sola tropa.
La oferta petrolera, cronológicamente
Octubre de 2025 —tres meses antes de la operación militar, con EEUU ya desplegando unos 10.000 efectivos en la región— Machado concedió una entrevista a Donald Trump Jr. en la que afirmó sin rodeos: «Vamos a privatizar toda nuestra industria. Olvídense de Arabia Saudí, tenemos más petróleo. Vamos a abrir muchos mercados.»
Marzo de 2026, ya con Maduro detenido, Machado llevó la oferta al escenario más importante posible: la conferencia energética CERAWeek en Houston, ante los máximos ejecutivos del sector petrolero mundial. Presentó un esquema legal con condiciones muy específicas: contratos de 25 años renovables por otros 25, regalía fija del 20%, impuesto a las ganancias del 34% vinculado al precio internacional del crudo, y estabilidad fiscal garantizada sin cambios retroactivos. Confirmó, además, su intención de alinear la política exterior venezolana con la administración Trump.
Mayo de 2026, en otra entrevista, fue todavía más lejos sobre los acuerdos petroleros ya vigentes: «No solo respetaremos los términos de los contratos firmados legalmente, sino que incluso mejoraremos las condiciones.»
El dato que confirma que la jugada no le sirvió
Y sin embargo, todo ese posicionamiento petrolero no le garantizó un lugar en el plan real de Washington. En mayo de 2026, una fuente de Qatar —donde se habían mediado conversaciones entre EEUU y funcionarios venezolanos antes de la captura de Maduro— reveló a CNN algo contundente: Machado nunca formó parte del plan estadounidense para la Venezuela pos-Maduro, ni siquiera en las discusiones previas a la operación de enero.
Es una declaración fuerte, viniendo del propio presidente que ejecutó la operación que sacó a Maduro del poder: el mandatario que capturó al hombre que Machado más quería ver fuera del gobierno, después le bajó el pulgar a ella misma para conducir lo que viene después.
La estrategia de Rubio: debilitar a Machado con otra dirigente
El diseño de la transición que ahora impulsa Marco Rubio se apoya en Dinorah Figuera, diputada elegida en 2015 y una de las pocas figuras activas que quedan del gobierno interino de Juan Guaidó de 2019. Washington favoreció su regreso a Caracas para impulsar la renovación del Consejo Nacional Electoral, y desde entonces Figuera mantiene diálogo directo con Jorge Rodríguez —presidente de la Asamblea Nacional oficialista y hermano de Delcy—, con quien acordó una «mesa técnica y política paritaria» y una hoja de ruta con hitos concretos.
Lo que dijo Figuera sobre Machado
Figuera fue clara sobre el rol de Machado en el proceso: mantiene con ella «conversaciones en carácter personal», pero remarcó que asumió un papel «institucional» y no «de militancia política» para facilitar el diálogo con el oficialismo. La confirmación es directa: Machado —a quien calificó como «la principal figura de la oposición venezolana»— no participa de la agenda que se negocia con el gobierno de Delcy Rodríguez.
Figuera también reveló un dato que puede pesar en las negociaciones futuras: en una conversación privada, Jorge Rodríguez le habría dicho que el chavismo «entregaría el poder» si pierde unas futuras elecciones.
Todo esto, en medio de una tragedia humanitaria
El proceso de transición avanza además sobre un país devastado: dos terremotos a fines de junio dejaron más de 5.200 muertos, decenas de miles de heridos, y un paisaje de escombros en La Guaira y Caracas, con hospitales, colegios y edificios públicos colapsados. Rubio confirmó que EEUU ya desembolsó más de 180 millones de los 300 millones de dólares comprometidos para la reconstrucción, y que trabaja para facilitarle a Venezuela acceso a financiamiento internacional.
Los hitos clave
El resultado final tiene algo de paradoja incómoda: la dirigente que más insistió en abrirle la puerta del petróleo venezolano a Washington, incluso antes de que hubiera una sola bota estadounidense en el terreno, terminó excluida de la mesa donde se decide el futuro político del país que ofreció entregar. Washington capturó a Maduro, avanzó con la transición, y dejó a Machado exactamente donde estaba antes de empezar a repartir contratos: afuera de la decisión real.
También en Bastión
Bastión se sostiene con trabajo, no con publicidad. Si esto te aportó algo, invitame un café.
☕ Invitame un café