Ucrania: sin plata
y sin interceptores
El frente terrestre lleva más de cuatro años empantanado. La guerra real se libra ahora en el cielo, en los balances fiscales de Kiev y en las internas de un gobierno que acaba de destituir a su ministro de Defensa en plena ofensiva rusa.
El frente terrestre lleva cuatro años prácticamente congelado, pero eso no significa que la guerra esté estancada. Se trasladó de lugar: al espacio aéreo, a los cielos donde drones, misiles balísticos y guerra electrónica definen ahora quién gana desgaste. Y a dos frentes menos visibles pero igual de decisivos: la contabilidad de un país que debe más de lo que produce, y el tablero político de un gobierno que acaba de sacudirse por dentro en el peor momento posible.
El cielo reemplazó a la trinchera
Ni Rusia ni Ucrania han logrado en 2026 un avance decisivo sobre el terreno. Moscú presiona lentamente el frente oriental, Kiev defiende posiciones, y ese bloqueo mutuo desplazó el esfuerzo de guerra hacia una campaña aérea de largo alcance destinada a erosionar la capacidad económica, logística y psicológica del rival.
Ya no alcanza con pensar en aviones o misiles por separado. La confrontación combina drones de baja altura, satélites que guían armamento de precisión, inteligencia artificial y redes de comunicación resistentes a las interferencias. La batalla se libra tanto en los cielos como en el espectro electromagnético.
Ucrania intensificó sus ataques contra infraestructura estratégica rusa —instalaciones petroleras, puertos, centros logísticos— a cientos de kilómetros del frente, en regiones tan alejadas como Siberia o San Petersburgo. El objetivo: encarecer la guerra para el Kremlin y demostrar que ningún punto del territorio ruso está fuera de alcance. Rusia, en paralelo, aumentó el volumen y la sofisticación de sus bombardeos sobre ciudades ucranianas.
La noche que Kiev no pudo parar
El miércoles 5 de agosto, una de las mayores oleadas de ataques rusos contra Kiev y sus alrededores dejó al menos 17 muertos y más de 40 heridos. Rusia lanzó 115 drones y 28 misiles. Las defensas ucranianas derribaron cerca del 90% de los drones, pero no interceptaron ni uno solo de los 24 misiles balísticos ni de los cuatro misiles de crucero Zircon.
El ataque dañó 13 almacenes, siete centros logísticos de grandes minoristas y una estación de trenes. Entre los afectados: dos depósitos y una fábrica de Epicentr, la mayor cadena de artículos para el hogar de Ucrania, y las instalaciones de ROZETKA, el principal minorista en línea del país, reducidas a cenizas por tres misiles balísticos.
El problema de fondo tiene nombre: los sistemas Patriot son los únicos capaces de derribar misiles balísticos rusos, que viajan a velocidad supersónica. Y Ucrania los tiene cada vez más escasos.
Los interceptores de misiles balísticos podrían haber salvado la vida de los fallecidos hoy.
— Volodímir Zelenski, presidente de UcraniaZelenski precisó que la provisión de misiles de defensa aérea en lo que va de 2026 cayó a un tercio de lo que Ucrania recibía en el mismo período de 2025. La razón la explicó él mismo: Estados Unidos desvió buena parte de su arsenal Patriot hacia Medio Oriente desde el inicio de la guerra contra Irán, y Trump puso en duda su disposición a autorizar que Ucrania fabrique sus propios interceptores, pese a haberlo prometido en encuentros previos.
Quién produce más rápido
Rusia amplió su fabricación de drones de bajo costo, señuelos, misiles de crucero y bombas guiadas por satélite, mientras mantiene operativas sus baterías S-300 y S-400. Según funcionarios ucranianos, Moscú produce alrededor de 120 misiles balísticos por mes, una cifra que supera la producción estadounidense de interceptores Patriot. A eso se suman los misiles norcoreanos y componentes electrónicos chinos pese a las sanciones.
Ucrania compensa su menor capacidad industrial con innovación: drones de largo alcance, sistemas híbridos entre drones y misiles, navegación autónoma propia y los primeros pasos hacia misiles balísticos de fabricación nacional. También flexibilizó su doctrina operativa, permitiendo que los pilotos modifiquen objetivos en vuelo para atacar radares o lanzadores rusos apenas surge la oportunidad.
La guerra de desgaste ha entrado en su siguiente fase.
— Serhii Beskrestnov, asesor presidencial ucranianoDel lado ruso, la campaña también golpea puertas adentro. En Bolshói Istok, cerca de Ekaterimburgo, un artefacto explosivo dejó en estado crítico al director de Uraldronzavod, fabricante de drones kamikaze cuadricópteros, y mató a su chofer. Días antes, el desarrollador de otro modelo de drones había sido baleado por un agresor desconocido, y un atentado en un restaurante de Moscú, presuntamente dirigido contra un alto mando ruso, dejó cinco muertos.
La factura de Europa
Sostener a Ucrania se volvió, para Europa, un gasto de una escala sin precedentes desde la posguerra. Desde el inicio de la invasión, la Unión Europea y sus Estados miembros movilizaron alrededor de 195.000 millones de euros en apoyo a Kiev, entre asistencia militar, financiera y humanitaria, consolidándose como el principal sostén internacional del país.
En febrero de 2026 el Parlamento Europeo aprobó un nuevo préstamo de 90.000 millones de euros para 2026 y 2027: 60.000 millones destinados a reforzar la defensa ucraniana y 30.000 millones a asistencia macrofinanciera. La adquisición de armamento deberá priorizar, en primer lugar, a la industria de defensa de Ucrania, la UE y el Espacio Económico Europeo.
El gasto militar de los países OTAN de Europa en apoyo a Ucrania, calculado por habitante, se duplicó desde enero de 2025 hasta alcanzar los 618 dólares anuales por persona. La mayor carga recae en los países nórdicos y bálticos.
La Comisión Europea estima que el servicio de esa deuda le costará a Ucrania unos 1.000 millones de euros en 2027 y cerca de 3.000 millones anuales a partir de 2028. El principal, aclaran en Bruselas, recién se reembolsará cuando —y si— Ucrania reciba reparaciones de guerra de Rusia. Es decir: Europa presta hoy contra una promesa de cobro que depende del desenlace del conflicto.
Un país que debe más de lo que produce
Mientras Europa financia, Ucrania se hunde en deuda. Su deuda pública total pasó del 48,9% del PIB a finales de 2021 a cifras que en 2026 rondan, según la fuente, entre el 104% y el 110% del PIB —con proyecciones del FMI que ubican el pico en 2027, por encima del 130%—. En dólares, la deuda superó los 213.000 millones a finales de 2025.
El dato más brutal no es el porcentaje sino qué se lleva puesto por el camino: el servicio de la deuda consume cerca del 42% de todos los ingresos del presupuesto nacional ucraniano, y en 2025 los pagos de intereses superaron el gasto total en pensiones y programas sociales.
Los ingresos fiscales propios de Ucrania para 2026, proyectados en unos 67.000 millones de dólares, alcanzan justo para cubrir el gasto en defensa y nada más. Cada pensión, cada hospital, cada escuela que sigue funcionando se paga con préstamo extranjero.
El mayor acreedor es la propia Unión Europea, cuya deuda con Ucrania se multiplicó por ocho entre 2022 y 2024. A eso se suma el FMI, que cobra tasas de hasta el 8% incluyendo recargos, y los bonos vinculados al PIB de la reestructuración de 2015, que exigen pagos de hasta 2.000 millones de dólares anuales si la economía crece por encima del 3%, y así hasta 2041. Ucrania está, en los hechos, hipotecando su próxima década para financiar la actual.
La grieta en el mando
En medio de este cuadro —escasez de interceptores, deuda impagable, ataques que no cesan— Zelenski decidió sacudir su propio gobierno. El 16 de julio de 2026 destituyó a Mykhailo Fedorov, el ministro de Defensa más popular que había tenido Ucrania en años, tras apenas seis meses en el cargo.
Fedorov, artífice de la digitalización militar y de la estrategia de drones e inteligencia artificial del ejército, había chocado con el comandante en jefe Oleksandr Syrskyi. La destitución no fue bien recibida: en una encuesta nacional citada por medios ucranianos, un 70% de los consultados pidió que le devolvieran la cartera. Durante días, cientos de manifestantes se congregaron en Kiev y otras ciudades para exigir su regreso, algo inusual bajo ley marcial.
Era necesario ser aún más contundente al cesar a quienes frenaban los cambios.
— Mykhailo Fedorov, al confirmar su salidaZelenski respondió a la presión con una segunda cabeza: el 21 de julio destituyó también a Syrskyi, comandante en jefe desde 2024 y responsable de la defensa de Kiev al inicio de la invasión, y lo reemplazó por Mijaílo Drapati. Yevhenii Khmara, hasta entonces jefe interino del servicio de seguridad, quedó como nuevo ministro de Defensa. Fedorov, mientras tanto, rechazó el cargo alternativo que le ofrecieron y mantuvo la tensión abierta.
El propio Zelenski admitió en público la falta de coordinación: reconoció que ejército y ministerio «solo se habían comunicado a través de él». No es un detalle menor cuando el país depende, más que nunca, de que cada decisión sobre compras de armamento y estrategia de drones se tome sin fricciones internas.
Tres frentes, un mismo desgaste
La deuda pública ucraniana pasa del 48,9% al entorno del 105-110% del PIB.
El gasto militar europeo por habitante en apoyo a Ucrania se duplica respecto a 2025.
El Parlamento Europeo aprueba un préstamo de 90.000 millones de euros para 2026-2027.
Zelenski destituye a Mykhailo Fedorov como ministro de Defensa. Estallan protestas en Kiev.
Cae también el comandante en jefe Oleksandr Syrskyi. Asume Mijaílo Drapati.
Rusia lanza 115 drones y 28 misiles sobre Kiev. Mueren al menos 17 personas. Ningún misil balístico fue interceptado.
Los tres frentes convergen en un mismo punto: la capacidad de Ucrania para sostener la guerra depende cada vez menos de su voluntad y cada vez más de factores que no controla del todo —el ritmo de los envíos occidentales, el humor de Washington respecto a Irán y los Patriot, la paciencia fiscal de sus acreedores europeos y la estabilidad de su propio mando militar—.
Rusia apuesta a que su mayor capacidad industrial y la continuidad de su producción terminen imponiendo una presión insostenible sobre el sistema defensivo ucraniano. Ucrania, mientras tanto, innova para compensar lo que le falta en volumen. Pero la innovación tecnológica, advierten los propios analistas del conflicto, difícilmente reemplaza la capacidad de sostener una producción masiva de armamento a largo plazo.
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