Ahmadinejad, los kurdos
y el plan que no fue
En marzo, cuando Bastión advirtió que Washington y Tel Aviv estaban por repetir con los kurdos el mismo guión de siempre, algunos lo leyeron como especulación. Cinco meses después, el propio Mossad confirmó que el plan existió, tenía nombre para reemplazar a Jamenei y se derrumbó en su primer día.
En marzo de 2026, mientras Israel y Estados Unidos bombardeaban Irán, Bastión planteó una hipótesis incómoda: que Washington y Tel Aviv estaban por usar a los kurdos como fuerza terrestre en Irán, repitiendo el mismo patrón que ya había dejado a ese pueblo abandonado en 1991 y en 2019. Cinco meses después, el propio Mossad lo confirmó al destituir a los dos funcionarios que diseñaron ese plan.
Lo que se dijo en marzo
La hipótesis no partía de ninguna filtración: partía de leer el mapa. Estados Unidos e Israel habían bombardeado Irán, eliminado a Jamenei y otros altos funcionarios del régimen, pero la guerra aérea sola nunca derribó un gobierno. Alguien tenía que poner el cuerpo en el terreno, y una invasión con tropas propias contra 85 millones de personas en geografía montañosa era impensable para cualquier estratega serio.
Quedaban los kurdos: 35 a 40 millones de personas sin estado propio, con una herida abierta desde Sykes-Picot, en la frontera exacta donde Israel necesitaba abrir una brecha. La CIA ya negociaba con grupos kurdos, Trump había hablado con líderes kurdos iraquíes, y el ejército israelí bombardeaba posiciones iraníes en la frontera con Iraq «para despejar el camino a una posible incursión kurda».
Los kurdos no son pro-estadounidenses. No son pro-israelíes. Son pro-kurdos. Y eso es exactamente lo que los hace impredecibles como proxy.
— Bastión, marzo de 2026La advertencia terminaba con una pregunta abierta sobre las dos lecturas posibles: incompetencia institucional que repite errores, o un caos regional que en realidad conviene a ciertos intereses. Cinco meses después, hay una tercera pieza que ninguna de las dos lecturas anticipaba del todo: el plan se cayó solo, por su propio peso.
La confirmación: dos cabezas que ruedan
El director del Mossad, Roman Gofman, destituyó al jefe de la Dirección de Inteligencia de la agencia —en el cargo desde diciembre— y al jefe de la división de Irán. Según el canal israelí N12, ambos habían concebido y redactado el plan secreto Mossad-CIA para derrocar al régimen iraní, y Gofman entendía que debían rendir cuentas después de que la propuesta se presentó a Trump y nunca se implementó sobre el terreno.
Oficialmente, Israel lo describe como una reorganización más amplia de la agencia y una salida por «mutuo acuerdo»; ambos funcionarios podrían continuar en otros puestos dentro del Mossad. Pero medios israelíes como el Jerusalem Post y el Times of Israel coinciden con N12 en el vínculo directo entre la destitución y el fracaso del plan. Una fuente citada por medios de seguridad israelíes fue más lejos: criticó la decisión de Gofman señalando que él mismo había sido uno de los principales impulsores del cambio de régimen.
La propuesta secreta preveía que fuerzas terrestres kurdas entraran en Irán bajo amplia cobertura aérea israelí y estadounidense, mientras minorías iraníes ayudaban a remover al liderazgo de la República Islámica para permitir que figuras alternativas tomaran el poder.
El nombre que faltaba: Ahmadinejad
Lo que en marzo era una hipótesis sobre «figuras alternativas iraníes» ahora tiene nombre propio. The New York Times reveló en mayo que Israel y Estados Unidos entraron a la guerra con un candidato específico para liderar Irán tras la caída del régimen: el expresidente Mahmoud Ahmadinejad. El plan para instalarlo fue desarrollado inicialmente por Israel y discutido directamente con el propio exmandatario, según esa reconstrucción.
La operación empezó a desmoronarse el primer día de la guerra. Como parte de un intento por liberar a Ahmadinejad del arresto domiciliario en el que se encontraba, la Fuerza Aérea israelí atacó su residencia en Teherán con la intención de eliminar a los guardias que lo custodiaban. Ahmadinejad sobrevivió, pero resultó herido, y a partir de ahí empezó a expresar dudas sobre el plan para derrocar al régimen que él mismo debía encabezar.
Entendimos que íbamos hacia un cambio de régimen rápido y arrasador, con la eliminación del líder actual, una invasión kurda, Ahmadinejad como nuestro agente y manifestantes en las calles.
— Miembro del gabinete de seguridad israelí, citado por YnetEsa frase resume la distancia entre lo que el Mossad le vendió al gabinete y lo que realmente había sobre la mesa. Según una reconstrucción publicada por Ynet, en la presentación que el Mossad hizo ante el Gabinete de Seguridad la víspera de la operación, se advirtió que el cambio de régimen llegaría en «uno a tres años». Los ministros, sin embargo, entendieron —o quisieron entender— algo mucho más inmediato.
Un plan de Estado, no solo de espías
Un matiz importante que surge ahora: aunque la operación se describe una y otra vez como «una operación del Mossad», la agencia fue su motor, su planificadora y su principal impulsora, pero fue una operación del Estado de Israel, ordenada por el gabinete. La idea de que no habría solución a la crisis nuclear iraní sin cambio de régimen se fue instalando en el liderazgo político y terminó imponiéndose sobre el propio establishment de defensa.
El Mossad intentó madurar rápidamente sus contactos con facciones kurdas, que se volvieron la piedra angular del plan de golpe: invadirían desde el oeste, avanzarían de ciudad en ciudad, reclutarían más kurdos e iraníes en general, y marcharían hacia Teherán. En paralelo, tras la fase inicial de bombardeos, se esperaba que las masas salieran a las calles como en diciembre de 2025, generando lo que en la jerga de la operación se describió como «una tormenta perfecta». Israel, según las reconstrucciones publicadas, llegó a suministrar armas y a intentar construir una coalición kurda.
El propio Gofman había asumido la dirección del Mossad recién el 2 de junio y, en sus discursos de asunción, dejó claro junto a su antecesor David Barnea que derribar al régimen de Teherán era el objetivo primario y que lo consideraban alcanzable. Días después trascendió que Israel estaba dispuesto a ofrecer a los kurdos no solo una zona de exclusión aérea, sino un paraguas de cobertura aérea continuo para su avance.
Lo que confirma y lo que todavía no
Lo que hoy está confirmado, con fuentes israelíes de primera línea —N12, Times of Israel, Jerusalem Post, Haaretz, Ynet— es exactamente el esqueleto que se planteaba en marzo: existió un plan concreto para usar fuerzas kurdas como ariete terrestre en Irán, bajo cobertura aérea israelí y estadounidense, con la intención de provocar un levantamiento interno y reemplazar al liderazgo iraní por una figura afín. Existió también la lectura ambiciosa de crear una zona de amortiguamiento en el norte de Irán, que es justamente el escenario que en marzo se advertía como el más peligroso para el equilibrio regional con Turquía e Iraq.
Lo que la purga en el Mossad no confirma —al menos no todavía— es la segunda lectura, la más incómoda: si esto fue simple miopía institucional o si el caos regional es, en algún nivel, funcional a determinados intereses. Lo que sí queda más difícil de sostener después de esta semana es la primera lectura ingenua, la de que «no pasó nada»: pasó, se escribió, se presentó al presidente de Estados Unidos, y once años después de Sykes-Picot cumplirse un siglo, los kurdos volvieron a ser, otra vez, la pieza que se mueve primero y se abandona después.
Del plan a la purga
Roman Gofman asume como director del Mossad y declara el cambio de régimen en Irán como objetivo primario y alcanzable.
Israel y Estados Unidos lanzan bombardeos masivos contra Irán. Jamenei y otros altos funcionarios son eliminados en los primeros ataques.
Bastión advierte que Washington y Tel Aviv preparan a los kurdos como fuerza terrestre proxy, repitiendo un patrón histórico.
La Fuerza Aérea israelí ataca la residencia de Ahmadinejad para intentar liberarlo. Sobrevive herido y empieza a dudar del plan.
The New York Times revela que Ahmadinejad era el candidato elegido por Israel y EEUU para liderar un Irán post-régimen.
N12 informa que Gofman destituyó a los dos altos funcionarios del Mossad que diseñaron el plan de cambio de régimen con los kurdos.
El plan que no fue deja, de todos modos, algo que sí fue: redes de contacto con facciones kurdas, armas entregadas, promesas hechas y una demanda histórica —la del Kurdistán propio— una vez más rozada y una vez más frustrada. La pregunta que cerraba el artículo de marzo sigue exactamente donde estaba: si esto se repite una tercera, cuarta o quinta vez, en algún punto deja de ser un patrón de errores para ser, simplemente, el plan.
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