Un mapa en Truth Social, un yerno desmentido en 24 horas, y del otro lado, una ironía
Donald Trump publicó un mapa del Estrecho de Ormuz con el sello «NUEVO TERRITORIO DE EE.UU.» — una vía marítima internacional entre Irán y Omán, sin ningún estatus legal disputado, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial. Irán no respondió con un comunicado de cancillería solamente. Respondió con mucha ironía y no es la primera vez que ocurre esto. Anteriormente ya uso videos con Legos animados por inteligencia artificial cantando sobre su rabieta diplomática con España.
Un mapa, un yerno, y una negación que no cierra
El 18 de agosto, Trump escribió en Truth Social: «No hay conversaciones ni conversaciones programadas con la República Islámica de Irán. El bloqueo naval sigue en pleno vigor.» El problema es el timing: un día antes, Fox News había reportado que el propio Trump les confirmó la existencia de un canal oculto entre Washington y la Guardia Revolucionaria Islámica. Y el lunes 17, su yerno y asesor principal, Jared Kushner, habló públicamente de conversaciones «robustas» con Irán, aunque reconoció que Teherán todavía no estaba lista para un acuerdo.
Es decir: Trump negó en público lo que su propio yerno había confirmado apenas un día antes. Sumale otra pieza a la contradicción: declaró que «todas las minas de agua fueron retiradas o detonadas» en el estrecho, después de haber dado versiones distintas sobre si esas minas existieron alguna vez.
El manual de anexiones que nunca se ejecutan
Ormuz no es un caso aislado. Es el capítulo más reciente de un patrón que ya tiene historial propio.
El patrón se repite siempre igual: territorio o infraestructura estratégica ajena, declaración grandilocuente sin sustento legal, ruido internacional durante días, y ningún mecanismo real de ejecución. Ni siquiera queda claro cuán en serio hay que tomarlo — Trump ya emitió antes amenazas similares contra Teherán que nunca se concretaron.
La cachetada diplomática con estilo
La respuesta oficial de Irán llegó de la mano de Kazem Gharibabadi, viceministro de Relaciones Exteriores, con una ironía calculada al milímetro.
Así como Trump escribió correctamente el nombre del eterno golfo Pérsico, pronto corregirá su ilusión respecto al estrecho de Ormuz, o seremos nosotros quienes corregiremos las ilusiones de este iluso.
Kazem Gharibabadi, viceministro de Relaciones Exteriores de IránEl detalle no es casual: en su propio mapa de «anexión», Trump usó «Golfo Pérsico» — el nombre que Irán reclama como correcto — en lugar de «Golfo Arábigo», la denominación que suele usar el propio Pentágono para minimizar la influencia iraní y estrechar lazos con los países árabes de la región. Gharibabadi lo cazó en su propia cartografía. Y no era la primera advertencia: la semana anterior ya había dicho que del estrecho «no se pueden apoderar ni con un tuit, ni con un portaviones, ni con la emisión de un decreto, ni con un discurso de campaña electoral».
Cuando la propaganda de Estado se hace con Lego
Pero la respuesta más original no vino de la diplomacia formal, sino de una estrategia de comunicación completamente nueva. Irán dejó de lado las producciones tradicionales —simbolismo religioso chií, desfiles militares— para apostar al lenguaje más universal de esta época: memes y videos virales, generados con inteligencia artificial, protagonizados por figuras de Lego.
Una de las piezas más difundidas narra, en clave de fábula animada, un conflicto diplomático real entre Trump y España. La canción, generada con IA, dice: «España dijo que no. Trump perdió la cabeza, dijo que había que romper los lazos, y entonces China intervino y le estrechó la mano a Madrid» — mientras la escena muestra a un Trump de Lego enfurecido, quedando solo, frente a un cartel que anuncia «nuevas alianzas» entre Pedro Sánchez y Xi Jinping.
El mensaje de fondo no es sutil: cada vez que Trump presiona con lógica de todo o nada, el resultado real es empujar a sus propios socios hacia China — el mismo patrón, contado en clave de meme, que ya vimos con la advertencia de Pax Silica a los 35 países.
En otro de los primeros videos de esta serie, figuras de Lego representan a Trump y Netanyahu sosteniendo una carpeta con los «archivos Epstein» — un golpe calculado con precisión: usa un escándalo real, que ya generaba desconfianza extendida en las bases de ambos líderes, para sembrar la sospecha de que hay algo oculto sin necesidad de aportar ninguna prueba nueva.
El apodo que usan para referirse a Trump y su entorno —»la banda de Epstein»— es el mismo que emplea el propio gobierno iraní en sus comunicados oficiales. Y la estrategia no se limita a la política exterior: los videos también apelan a heridas internas de Estados Unidos, con referencias a Vietnam, Irak y el caso de George Floyd, buscando activar el resentimiento de sectores progresistas y minorías dentro de la propia base estadounidense.
Es propaganda de Estado adaptada al formato de TikTok: bajo costo, producción rápida gracias a la IA, y multiplicación en varios idiomas al mismo tiempo.
Los dos frentes —el mapa delirante de Trump y los Legos irónicos de Irán— cuentan, en el fondo, la misma historia desde ángulos opuestos: un poder que gesticula fuerte sin sustento real detrás, y un rival que no necesita ejércitos para desgastarlo, solo un buen guion y una IA generativa. Mientras Washington sigue publicando mapas de países que no le pertenecen, Teherán sigue ganando la batalla más barata de todas: la de la risa ajena.
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