La UE amenaza con sanciones si Israel construye en la zona que «borraría la ilusión de los dos Estados». Ya hizo la misma amenaza en 2014 y nunca la cumplió
El 19 de agosto, en plena campaña electoral, el gobierno israelí lanzó la licitación para construir 1.234 viviendas en la zona E1 de Cisjordania — el territorio que, según sus propios impulsores, sirve exactamente para partir en dos cualquier futuro Estado palestino contiguo. La Unión Europea respondió preparando un paquete de sanciones. El problema es que ya hizo esa misma advertencia hace doce años, y nunca la cumplió.
Lo que la E1 realmente corta
La zona E1 conecta Jerusalén con el asentamiento de Ma’ale Adumim, en un terreno mayormente vacío entre Jerusalén Este, Belén y Ramala — las tres ciudades que durante décadas se consideraron la base geográfica de un futuro Estado palestino contiguo. Construir ahí no es un proyecto inmobiliario más: es partir en dos, literalmente, el territorio necesario para que ese Estado exista con continuidad territorial real.
El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, no dejó dudas sobre esa intención cuando el plan se aprobó en agosto de 2025: dijo que la expansión «prácticamente borra la ilusión de los dos Estados». La organización israelí Peace Now, que impugnó el plan ante la Corte Suprema, sostiene que la licitación de esta semana busca «atar las manos al próximo gobierno» justo antes de las elecciones del 27 de octubre, y que aislaría a decenas de comunidades beduinas —incluida Khan al-Ahmar— empujándolas hacia la expulsión de sus tierras.
La Fiscalía del Estado le había comunicado en julio a quienes se oponían al proyecto que no se esperaban licitaciones para la construcción en E1 durante los próximos dos o tres meses, y que habría aviso previo ante cualquier cambio. «Un mes después, la licitación abrió sin aviso anticipado», denunció Peace Now — una maniobra que, según la organización, viola un compromiso explícito asumido por el propio Estado.
La amenaza de sanciones, con detalle
Esta vez la UE no se quedó en la condena verbal habitual — según reportes de dos diplomáticos occidentales citados por Canal 13, ya tiene armada una lista concreta.
El paquete incluiría etiquetar todos los productos israelíes —no solo los fabricados en asentamientos de Cisjordania, como venía haciendo hasta ahora—, reducir colaboraciones académicas, y frenar ciertas cooperaciones de seguridad y diplomáticas entre Bruselas y Jerusalén. Ese último punto rompería con la política histórica de la UE de diferenciar entre Israel y los asentamientos — un cambio de enfoque no menor. Según el mismo reporte, Estados Unidos no se opone a esta ronda de sanciones.
Doce años de la misma amenaza sin consecuencias
El dato que explica todo el escepticismo alrededor de este anuncio lo documenta el European Council on Foreign Relations: ya en 2014, la UE advirtió que la expansión de asentamientos en zonas estratégicas como E1 y Givat Hamatos, junto con el desplazamiento planeado de comunidades palestinas como Khan al-Ahmar, podría activar sanciones europeas. «Doce años después, Israel cruzó estas líneas rojas, pero las consecuencias prometidas nunca se materializaron», concluye el propio informe.

«Urgimos al gobierno de Israel a retractarse de estos planes de inmediato y a poner fin a su expansión de asentamientos en Cisjordania», afirmaron los líderes de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Noruega y Canadá en el comunicado del 20 de agosto — advirtiendo además a las empresas que pujar en las licitaciones podría implicar «involucrarse en graves violaciones del derecho internacional».
El documento cita explícitamente al Consejo de Seguridad de la ONU como respaldo de que los asentamientos son ilegales bajo derecho internacional, y agrega una frase que conecta directamente este plan con otro frente de crisis: la decisión resulta «aún más preocupante» en un momento de «grave inestabilidad en Cisjordania, con niveles sin precedentes de violencia de colonos contra civiles y restricciones serias a la economía palestina» — la misma violencia de colonos, documentada en Qusra y otros pueblos, que el propio embajador estadounidense Mike Huckabee calificó de «terrorismo» apenas días antes.
La respuesta israelí: desafío abierto
El canciller israelí Gideon Sa’ar respondió al secretario de Exteriores británico Ed Miliband —que había calificado el proyecto de «inaceptable y destructivo»— con un extenso posteo en X rechazando «de plano» lo que llamó un tono «condescendiente». «El pueblo judío tiene derecho a vivir en toda la Tierra de Israel, así como los británicos tienen derecho a vivir en Londres y en todo el Reino Unido», escribió, acusando además al gobierno británico de «culpar únicamente a Israel mientras ignora el extremismo palestino».
Quizá, en lugar de jugar a imaginar sobre la era del Mandato, debería mirar por la ventana su Londres, que se está convirtiendo rápidamente en un califato islámico.
Itamar Ben Gvir, respondiendo a Ed Miliband en XSmotrich fue por el mismo camino: dijo que el Mandato Británico «terminó» y que no aceptará «dictados de países extranjeros» ni cambiará de rumbo por «amenazas y sanciones», presentando el proyecto E1 como una necesidad de seguridad nacional para «realizar nuestro derecho histórico y bíblico sobre la tierra de nuestros antepasados.»
Por qué esta vez podría ser distinto (o no)
Hay un elemento nuevo respecto a 2014: el reporte de Canal 13 sostiene que Washington no se opondría a esta ronda de sanciones — una posición que, de confirmarse, rompería con el patrón habitual de Estados Unidos blindando a Israel de cualquier consecuencia real en foros internacionales. Pero el propio historial de doce años de advertencias sin consecuencias, sumado al hecho de que la licitación se abrió deliberadamente antes de las elecciones —cuando cualquier gobierno que asuma después va a tener las manos atadas por decisiones ya tomadas—, deja bastante espacio para el escepticismo.
La hipocresía que señalás tiene, en este caso, una cronología documentada y precisa: la misma amenaza, repetida palabra por palabra durante doce años, mientras el territorio en disputa se sigue construyendo pieza por pieza hasta volverse, en los hechos, irreversible. Cada vez que la UE dice «esto activaría sanciones», Israel construye un poco más, y la próxima advertencia llega con el terreno ya un paso más cerca de estar completamente ocupado. Si esta vez el paquete incluye de verdad etiquetado total de productos, freno académico y corte de cooperación de seguridad, sería la ruptura más seria en la historia de la relación UE-Israel. Si vuelve a quedar en comunicado y nada más, quedará, una vez más, la prueba de que algunas líneas rojas solo sirven para que alguien las cruce sin costo.
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