Von Papen: el hombre que le
abrió la puerta a Hitler
En enero de 1933, Franz von Papen convenció al presidente Hindenburg de nombrar canciller a Adolf Hitler. Estaba convencido de que podría controlarlo. Tenía sombrero de copa, modales de aristócrata y el peor criterio político del siglo XX.
El 30 de enero de 1933, a las 11:15 de la mañana, Adolf Hitler juró como canciller de Alemania. El gabinete que asumió ese día tenía doce miembros — solo tres eran nazis. El arquitecto de ese gobierno era Franz von Papen, un aristócrata católico de Westfalia que había calculado con precisión milimétrica que podría usar a Hitler como instrumento y controlarlo desde la vicecancillería. Lo llamaban «el diablo con sombrero de copa». En los salones berlineses celebraba su jugada maestra: los nazis estaban, según las expresiones de moda, «domesticados» y «encuadrados».
Dieciocho meses después, los hombres de confianza de Papen habían sido asesinados. Sus archivos, confiscados por la Gestapo. Sus oficinas, selladas. Y él enviaba cartas sin respuesta a Hitler expresando «palabras de agradecimiento» por los asesinatos perpetrados y rogando que se pusiera «fin a este juego indigno».
La historia de Franz von Papen es la historia de cómo el establishment político alemán fabricó su propia destrucción — convencido hasta el final de que era más inteligente que el hombre al que había instalado en el poder.
La República de Weimar y el caldo de cultivo
Para entender a Von Papen hay que entender la República de Weimar — el sistema democrático que Alemania intentó construir tras la derrota de 1918 y que nunca consiguió estabilizarse. Nació cargando el peso del Tratado de Versalles, la humillación de la «culpa de guerra» y las reparaciones que arruinaban la economía alemana.
Cuando llegó el crack del 29 en la Bolsa de Nueva York, Alemania — que dependía en gran medida de la economía estadounidense — fue la más golpeada de Europa. El desempleo se disparó. La credibilidad de los partidos tradicionales se desplomó. Y en ese vacío político crecieron dos fuerzas extremas: el Partido Comunista Alemán por un lado, y el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán de Hitler por el otro.
El ascenso de Hitler al poder fue sorprendentemente lento — tomó una década:
1928 — 12 escaños en el Reichstag (de 491 totales)
1930 — 107 escaños
Julio 1932 — 230 escaños — primer partido de Alemania
Noviembre 1932 — 196 escaños — retroceso significativo
Marzo 1933 — 288 escaños — ya con Hitler como canciller
El detalle crucial: en noviembre de 1932, el NSDAP estaba en declive. Von Papen lo vio como una oportunidad para comprar barato. Fue su error fatal.
Franz von Papen: el diablo con sombrero de copa
Franz Joseph Hermann Michael Maria von Papen nació en 1879 en una rica familia católica de Westfalia. Capitán de caballería, fue agregado militar en Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial — donde fue expulsado por actividades de espionaje. Luchó en el frente occidental, en Oriente Próximo y junto al Ejército otomano en Palestina. Volvió a Alemania y se incorporó al Partido de Centro Católico.
El 1 de junio de 1932, el presidente Paul von Hindenburg lo sacó de la relativa oscuridad para nombrarlo canciller — un hombre sin base política real, sin apoyo parlamentario significativo, manipulable y útil. Papen gobernó de forma autoritaria desde el primer día.
Imaginar que el Führer pueda ser el vicecanciller de un gabinete de derecha burguesa es demasiado grotesco como para tomarlo en serio.
— Joseph Goebbels, diario personal, 1932
Mientras Goebbels se burlaba, Papen estaba convencido de lo contrario — que él era quien manejaba a Hitler, no al revés. Esa inversión de la realidad costó millones de vidas.
Cómo se instaló a Hitler en el poder
A finales de 1932, Papen observó que el NSDAP había perdido votos en noviembre — señal de que su momento de auge podía haber pasado. Su razonamiento fue simple y fatal: el partido nazi, en declive, podía ser «adquirido a la baja» para formar un gobierno de coalición. Hitler sería canciller — porque no aceptaría menos — pero estaría rodeado de hombres del establishment. Tres nazis en un gabinete de doce: imposible que causaran problemas.
Papen es designado canciller. Disuelve el Reichstag. Levanta la prohibición sobre las SA y las SS para ganarse a los nazis. Las consecuencias son inmediatas: 100 muertos en la campaña electoral de julio.
Papen ejecuta un golpe contra el gobierno socialdemócrata de Prusia — el estado más grande de Alemania. Destituye al gobierno por decreto. Los nazis quedan impresionados — y alarmados: «somos muchos los que tenemos miedo de que este gobierno haga tanto que no nos quede nada por hacer», escribe Goebbels.
Papen dimite como canciller. Es reemplazado por el general Kurt von Schleicher. Pero no abandona sus ambiciones.
Papen convence a Hindenburg de nombrar a Hitler canciller con él como vicecanciller. El argumento: los nazis están «domesticados» y «encuadrados». Solo tres nazis en el gabinete de doce.
Hitler jura como canciller a las 11:15. Papen triunfa en los salones berlineses. «Hitler está tan acorralado en un rincón de la sala que va a chillar», dicen sus aliados.
Papen negocia con el Partido de Centro Católico para que vote la Ley de Habilitación — que le da plenos poderes a Hitler para gobernar sin Parlamento. A cambio: el Concordato con el Vaticano.
La Noche de los Cuchillos Largos. Los asesores de Papen son asesinados. Sus archivos, confiscados. Él sobrevive de milagro gracias a Göring.
Por qué los nazis no podían ser controlados
Lo que Von Papen y el establishment alemán no comprendieron — o no quisieron comprender — era una diferencia fundamental entre ellos y los nazis. La derecha tradicional compartía casi todo con el NSDAP: nacionalismo, conservadurismo, antisocialismo, apoyo a las élites, darwinismo social. Fustigaban a los comunistas, condenaban el «bolchevismo cultural», defendían el orden establecido.
Pero había una diferencia que lo cambiaba todo: la relación con el poder.
Se hace política más con el carácter que con la razón; y el mundo pertenece a los temerarios. Lo grandioso del Führer es que persigue un único objetivo con una tenacidad inquebrantable y que está dispuesto a sacrificarlo todo por ello. Eso es lo que lo distingue de todos estos políticos burgueses.
— Joseph Goebbels, diario personal, reflexionando sobre Hitler
Los políticos conservadores como Papen querían estabilidad, orden y la preservación de sus privilegios. Estaban dispuestos a negociar, a ceder, a llegar a acuerdos. Para los nazis, el poder no era un medio — era el fin. Y una vez obtenido, no había ningún acuerdo de caballeros que los obligara a compartirlo.
Jamás les devolveremos el poder. Sólo podrán recuperarlo sobre nuestros cadáveres.
Goebbels lo escribió en su diario en 1932. Papen no lo leyó — o no lo creyó.
Mientras Papen celebraba su jugada, Hermann Göring se movía en las sombras. Nombrado ministro del Interior de Prusia — el estado más grande del país, con 90.000 policías — Göring transformó la policía prusiana en un instrumento nazi. El 22 de febrero de 1933 reclutó 50.000 «policías auxiliares» directamente de las SA y las SS. Miembros de milicias privadas recibían poderes policiales oficiales con un simple brazalete. El terror legal contra la izquierda había comenzado — antes de que nadie en el establishment lo hubiera comprendido.
Lo que les ocurrió a quienes instalaron a Hitler
La Noche de los Cuchillos Largos — entre el 30 de junio y el 3 de julio de 1934 — fue el ajuste de cuentas. Entre 150 y 200 personas fueron asesinadas, en su mayoría miembros de las SA, pero también varios hombres de la derecha tradicional que habían hecho «un buen negocio» el 30 de enero de 1933.
Para cerrar
La historia de Von Papen es una de las más instructivas — y más perturbadoras — de la historia política moderna. No porque fuera un monstruo. Sino precisamente porque no lo era. Era un aristócrata inteligente, bien conectado, con experiencia política y un instinto táctico que funcionaba bien en el mundo de las intrigas de salón berlinesas. El problema es que ese mundo había dejado de existir.
Lo que Papen no pudo — o no quiso — comprender es la lección que Hannah Arendt articularía años después: el totalitarismo no juega con las mismas reglas que la política convencional. No respeta los acuerdos de caballeros. No acepta coaliciones. No se conforma con una parte del poder. Lo quiere todo. Y una vez que lo tiene, los que creyeron controlarlo se convierten en el primer obstáculo a eliminar.
Hay una frase que circulaba en los salones de Berlín en enero de 1933, cuando Papen celebraba su «jugada maestra»: Hitler estaba «tan acorralado en un rincón de la sala que iba a chillar». Dieciocho meses después, los que decían eso estaban muertos, exiliados o escribiendo cartas sin respuesta.
La lección no caducó en 1934. Nunca caduca.
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☕ Invitame un caféFuentes principales: Diarios de Joseph Goebbels. Testimonios de Joachim von Ribbentrop en los Juicios de Núremberg. Análisis histórico de la República de Weimar y el ascenso del nazismo. Ian Kershaw, Hitler 1889-1936: Hubris (Planeta, 1998).
Este artículo es el segundo de una serie sobre el ascenso del nazismo. El primero cubrirá las causas estructurales de la caída de la República de Weimar.
Propósito histórico y educativo.
