1967-2011 — Estados Unidos
Los Papeles del Pentágono: la mentira de 20 años
Un estudio secreto de 7.000 páginas reveló que cuatro presidentes engañaron al Congreso y al pueblo estadounidense sobre Vietnam. El hombre que lo filtró arriesgó 115 años de cárcel.
- Qué son los Papeles del Pentágono
- El verdadero motivo de la guerra: contener a China
- Vietnam del Sur, «esencialmente una creación de EE.UU.»
- El golpe contra Diem: «debemos aceptar toda la responsabilidad»
- Provocar para justificar la escalada
- Ellsberg: de analista de guerra a filtrador
- La Corte Suprema y la libertad de prensa
- El juicio que colapsó por espionaje ilegal de la Casa Blanca
- La desclasificación final, en 2011
En 1971, el New York Times empezó a publicar fragmentos de un estudio clasificado que ningún estadounidense debía leer jamás. No era una teoría conspirativa ni una denuncia sin sustento: era el propio Departamento de Defensa de Estados Unidos documentando, con sus propias palabras y sus propios memorandos internos, cómo cuatro administraciones sucesivas habían mentido de forma sistemática sobre la guerra de Vietnam —no solo al público, sino también al Congreso—.
Qué son los Papeles del Pentágono
Su título oficial era «Informe de la Fuerza de Tareas de Vietnam de la Oficina del Secretario de Defensa»: una historia completa de la participación política y militar de Estados Unidos en Vietnam entre 1945 y 1967. El secretario de Defensa Robert McNamara ordenó su elaboración el 17 de junio de 1967, con la intención declarada de dejar un registro histórico para evitar errores de política en futuras administraciones —aunque Leslie Gelb, quien terminó dirigiendo el proyecto, sostuvo después que esa justificación fue algo que McNamara usó recién en retrospectiva—.
McNamara ni siquiera informó al presidente Lyndon Johnson ni al secretario de Estado Dean Rusk sobre la existencia del estudio. Asignó la tarea a su subsecretario John McNaughton, quien murió en un accidente aéreo apenas un mes después de arrancar el proyecto; el trabajo continuó bajo la dirección de Leslie Gelb. Treinta y seis analistas —la mitad oficiales militares en actividad, el resto académicos y funcionarios civiles— trabajaron con tanto sigilo que ni siquiera consultaron al propio asesor de Seguridad Nacional, Walt Rostow.
El estudio quedó terminado el 15 de enero de 1969, apenas cinco días antes de la asunción de Richard Nixon, y fue clasificado como «Top Secret – Sensitive». El sucesor de McNamara, Clark Clifford, recibió el trabajo completo —pero afirmó después que nunca llegó a leerlo—.
El verdadero motivo: contener a China
Lo más revelador del estudio no era lo que ya se sospechaba, sino lo que confirmaba en documentos internos. Mientras Johnson declaraba públicamente que el objetivo de la guerra era asegurar «un Vietnam del Sur independiente y no comunista», un memorando de enero de 1965 del propio McNaughton decía otra cosa por escrito.
Un memorando de McNamara al presidente Johnson, del 3 de noviembre de 1965, fue todavía más explícito: el bombardeo de Vietnam del Norte de febrero de ese año «solo tiene sentido» como parte de una política estadounidense de larga data para contener a China, a la que McNamara comparaba directamente con las potencias que desataron las dos guerras mundiales.
El propio documento describía una estrategia de «tres frentes» para rodear a China —Japón-Corea, India-Pakistán y el sudeste asiático—, reconociendo de antemano que esa contención le costaría a Estados Unidos «una cantidad significativa de tiempo, dinero y vidas».
Un país creado a medida
Los propios analistas del Pentágono reconocieron algo que rara vez se decía en público con esa franqueza: Vietnam del Sur, a diferencia de cualquier otro país del sudeste asiático, era «esencialmente una creación» de Estados Unidos.
Estados Unidos había enviado 28,4 millones de dólares en equipos y suministros para fortalecer al régimen de Ngo Dinh Diem, y entrenó a 32.000 hombres de la Guardia Civil survietnamita con una inversión adicional de 12,7 millones. Los documentos identifican al general Edward Lansdale —con antecedentes en la OSS y la CIA— como la «figura clave» en instalar a Diem en el poder y sostenerlo después.
El golpe que EE.UU. facilitó y después no pudo controlar
Quizás la revelación más dura de todo el estudio es la que describe el rol estadounidense en el golpe de Estado de 1963 en Vietnam del Sur, que terminó con el asesinato de Diem. Estados Unidos mantuvo contacto clandestino con los generales golpistas —a través, entre otros, del oficial de la CIA Lucien Conein— mientras cortaba oficialmente la ayuda a Diem como señal de luz verde.
El propio estudio reconoce que esa complicidad dejó a Estados Unidos atado a «un Vietnam esencialmente sin líder», agravando —no resolviendo— el compromiso que la propia intervención había creado.
Provocar la guerra que después se dijo evitar
Los documentos muestran, además, una discusión interna explícita sobre cómo provocar deliberadamente una reacción norvietnamita que justificara una escalada militar mayor. Apenas un mes después del incidente del Golfo de Tonkin —el episodio de agosto de 1964 que formalmente desencadenó la guerra abierta—, el asesor de Seguridad Nacional McGeorge Bundy escribió al presidente Johnson sobre el timing de esas provocaciones.
El propio documento sugiere patrullas navales cada vez más cercanas a la costa norvietnamita como una de las «acciones a considerar» para generar esa reacción —es decir, el mismo tipo de episodio naval que, semanas antes, había justificado formalmente la entrada de EE.UU. en la guerra a gran escala—.
Lo que reveló el estudio sobre cuatro administraciones distintas:
— Truman: ayudó a Francia contra el Viet Minh en la Primera Guerra de Indochina.
— Eisenhower: trabajó activamente para sabotear los Acuerdos de Ginebra de 1954.
— Kennedy: conocía de antemano los planes de golpe contra Diem antes de su asesinato en 1963.
— Johnson: prometió en campaña «no buscar una guerra más amplia» mientras ya planificaba el bombardeo de Vietnam del Norte, atribuyéndole esa intención a su rival Barry Goldwater.
De analista de guerra a filtrador
Daniel Ellsberg no era un espía externo: había trabajado como asistente de McNaughton entre 1964 y 1965, participó directamente en la elaboración del propio estudio en 1967, y accedió a él después en la RAND Corporation con la aprobación de Gelb y Morton Halperin. Convertido ya en un opositor convencido de la guerra, fotocopió el estudio completo junto a su amigo Anthony Russo en octubre de 1969.
Antes de acudir a la prensa, intentó primero por canales oficiales: se acercó al propio Henry Kissinger, y a los senadores William Fulbright y George McGovern. Ninguno mostró interés real. Recién en 1971 le entregó 43 volúmenes al periodista Neil Sheehan, del New York Times, que empezó a publicar extractos el 13 de junio de ese año.

La Corte Suprema y la libertad de prensa
La administración Nixon obtuvo una orden judicial para frenar al Times después de solo tres artículos. El propio editor del diario, Arthur Ochs Sulzberger, defendió la publicación sin rodeos.
Cuando el Times quedó frenado, Ellsberg entregó otra parte del material al Washington Post, que empezó a publicar el 18 de junio. Quince diarios más recibieron copias y también empezaron a publicar. El caso llegó a la Corte Suprema, que falló 6 a 3, el 30 de junio de 1971, a favor de la libertad de prensa.
El juicio que colapsó por espionaje ilegal de la propia Casa Blanca
Ellsberg se entregó voluntariamente a las autoridades de Boston y enfrentó cargos por robo y posesión de documentos secretos bajo la Ley de Espionaje de 1917 —una condena posible de hasta 115 años de prisión—.
El juicio nunca llegó a un veredicto. El juez federal William Matthew Byrne Jr. lo anuló el 11 de mayo de 1973, después de que se revelara que los mismos «Plomeros» de la Casa Blanca de Nixon —el grupo que meses después ejecutaría el robo de Watergate— habían irrumpido ilegalmente en el consultorio del psiquiatra de Ellsberg buscando material para desprestigiarlo, y que representantes de la administración habían intentado sobornar al propio juez del caso ofreciéndole la dirección del FBI.
Ellsberg y Russo quedaron libres por la anulación del juicio —nunca fueron formalmente absueltos de haber violado la Ley de Espionaje, pero el Estado nunca volvió a perseguirlos—.
La desclasificación final
El Times solo llegó a publicar cerca del 5% de las 7.000 páginas del estudio completo. Otras partes salieron a la luz por vías paralelas: el senador Mike Gravel, de Alaska, leyó 4.100 páginas en el registro de un subcomité del Senado, protegido por la cláusula constitucional de inmunidad parlamentaria —una maniobra que la Corte Suprema, en Gravel v. United States, terminó acotando en sus alcances, aunque la investigación sobre la publicación nunca avanzó—. Halperin obtuvo después buena parte del material restante vía la Ley de Libertad de Información, y la Universidad de Texas lo publicó en 1983; el Archivo de Seguridad Nacional sacó el resto en 2002.
McNamara ordena el estudio secreto sobre Vietnam.
El estudio queda terminado, cinco días antes de la asunción de Nixon.
El New York Times empieza a publicar extractos.
La Corte Suprema falla a favor de la libertad de prensa, 6 a 3.
Se anula el juicio contra Ellsberg por las irregularidades de la administración Nixon.
El estudio completo se desclasifica formalmente, casi cuarenta y cinco años después de haber sido encargado.
El 4 de mayo de 2011, la Administración Nacional de Archivos anunció la desclasificación total del material, entregado a las bibliotecas presidenciales de Nixon, Kennedy y Johnson. Once palabras específicas seguían generando debate sobre si redactarlas o no —el gobierno nunca reveló cuáles eran, aunque el punto se volvió discutible cuando se confirmó que esas mismas palabras ya habían sido públicas desde 1972, en una versión editada por un comité de la Cámara de Representantes—.
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