Reveló en la Asamblea General que Ucrania había repatriado a dos soldados norcoreanos. Corea del Sur dice que eso rompió un pacto de confidencialidad. Kiev dio el tema por cerrado. Seúl, en los hechos, respondió retirando personal diplomático.
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski anunció el 23 de septiembre, en la Asamblea General de la ONU —el escenario diplomático más visible y menos reversible que existe—, que Ucrania había repatriado recientemente a dos prisioneros de guerra norcoreanos a Corea del Sur. La reacción de Seúl no se hizo esperar: el presidente Lee Jae Myung exigió una disculpa pública, acusó a Zelenski de romper un acuerdo bilateral de confidencialidad y, semanas después, llamó a consultas a su embajador en Kiev y ordenó la retirada parcial del personal de su embajada en Ucrania. Kiev, mientras tanto, dio el asunto por cerrado. Seúl, con los hechos, dejó claro que no.
Qué pasó exactamente
Los dos soldados en cuestión fueron capturados en enero de 2025 combatiendo del lado ruso, como parte del contingente de tropas norcoreanas que Pyongyang envió para apoyar la invasión de Rusia a Ucrania. Según la versión surcoreana, ambos gobiernos habían acordado mantener confidencial el traslado de esos prisioneros a Corea del Sur —por motivos sensibles que se explican más abajo—. Zelenski lo hizo público de todos modos, en el podio más importante del planeta, frente a representantes de todos los gobiernos del mundo a la vez.
Dmytro Lytwyn, asesor de comunicación del presidente ucraniano, negó la existencia de cualquier pacto de confidencialidad: escribió en Facebook que ocultar el destino de esos prisioneros habría sido «incorrecto». La respuesta de Seúl fue tajante: el asesor de relaciones públicas presidencial, Song Ki-hwan, calificó de falsas las desmentidas de Kiev, explicando que había sido la propia parte ucraniana la que solicitó la confidencialidad, por temor a críticas internas si los prisioneros norcoreanos no eran canjeados por prisioneros ucranianos en manos de Rusia. Seúl, según esta versión, accedió por razones diplomáticas y también para proteger a los propios prisioneros y a sus familias, que siguen viviendo en Corea del Norte.
Hay una versión que se contradice frontalmente con la otra, y hasta ahora ninguna de las dos partes cedió: para Seúl, hubo un pacto roto unilateralmente por Kiev. Para el entorno de Zelenski, nunca existió tal pacto y mantenerlo en secreto habría sido lo incorrecto. El experto Oleksandr Polischtschuk, consultado por DW, ofrece una tercera lectura: cree que el traslado se habría conocido tarde o temprano de cualquier forma, que Seúl lo sabía, y que los informes sobre una supuesta petición ucraniana de discreción son «un intento desesperado de Seúl por encontrar una explicación» ante una situación que lo sorprendió. En sus palabras: «Ucrania se ha visto envuelta en un escándalo que ni quiso ni planeó».
Por qué revelarlo en la ONU, y no en cualquier otro canal
El experto Victor Cha, presidente del programa Corea del CSIS, ofrece la lectura más interesante sobre la motivación de Zelenski: desde su perspectiva, la revelación habría funcionado como una especie de «operación psicológica» dirigida directamente a Corea del Norte —una forma de «hacer que Corea del Norte pague algún precio por ayudar a Rusia y de reunir aliados a su lado»—. Mostrar que hasta soldados activos norcoreanos (no desertores comunes, remarca la analista Emma Chanlett-Avery, de la Asia Society, sino combatientes capturados en pleno servicio) terminan repatriados hacia el sur es un golpe simbólico directo contra el régimen de Kim Jong-un, que construye buena parte de su legitimidad interna sobre una narrativa heroica del envío de tropas a Rusia.
El problema, según Cha, es que era «muy probable» que Zelenski desconociera por completo lo delicada que era, en ese momento, la posición diplomática del gobierno de Lee Jae Myung —y que el costo de la jugada terminara siendo mayor que el beneficio obtenido.
El doble juego de Corea del Sur que esto hizo explotar
Lo que vuelve este episodio mucho más que un simple malentendido diplomático es la posición estructural en la que queda expuesta Corea del Sur. Según Cha, Seúl «ha estado suministrando materiales indirectamente a Ucrania» mientras, al mismo tiempo, «mantiene abierta la posibilidad de algún día reanudar el negocio en Rusia y reabrir fábricas en San Petersburgo». Es decir: apoya a Kiev lo suficiente para no quedar mal con Occidente, pero sin cerrar ninguna puerta con Moscú para el día después de la guerra.
Cha explica que Corea del Sur «necesita reducir su exposición al riesgo sobre el suministro de petróleo a través del Estrecho de Ormuz», y que incluso si ese estrecho se reabre, Seúl «necesita encontrar fuentes alternativas —y si eso significa pasar por Asia Central y el Mar Negro, debe mantener una buena, o al menos decente, relación con Rusia». Es la misma lógica de diversificación energética que explica buena parte de las decisiones geopolíticas de Corea del Sur en otros frentes: la seguridad energética pesa más que la lealtad ideológica pura.
Además, el presidente Lee Jae Myung —de signo progresista— venía intentando «eliminar cualquier posible obstáculo que pueda bloquear la reanudación del diálogo con Pyongyang», según el analista Sidney Seiler, del CSIS, ex suboficial nacional de inteligencia de Corea del Norte. La revelación de Zelenski, en palabras de Seiler, «en cierta medida ha socavado ese enfoque»: complicó, de un solo anuncio, dos estrategias diplomáticas paralelas que Seúl venía cuidando con cautela —el acercamiento a Pyongyang y la normalización futura con Moscú.
La relación Rusia-Corea del Norte: ya no es solo transaccional
Uno de los datos más relevantes que aporta este episodio es el estado real de la alianza militar entre Moscú y Pyongyang. Según la inteligencia surcoreana, desde octubre de 2024 Corea del Norte envió a Rusia unos 15.000 soldados de combate y más de 6.000 ingenieros y efectivos de construcción. Zelenski, en medio de esta misma disputa, expresó preocupación por la posibilidad de que Pyongyang envíe otros 10.000 soldados adicionales.
Chanlett-Avery sostiene que el despliegue de tropas y los informes de soldados rusos heridos recuperándose en Corea del Norte sugieren que la relación entre ambos países «ha evolucionado más allá de una transaccional hacia algo parecido a una especie de hermandad comunista», que además le da a los dos países «cierto grado de influencia negociadora frente a China» —un actor que tradicionalmente dominaba esa relación bilateral desde una posición de superioridad—. Según ella, ese vínculo «continuará incluso después de que termine la guerra en Ucrania», lo que hará «muy difícil para Corea del Sur —especialmente bajo un gobierno progresista— restablecer lazos con Rusia». Su conclusión es que «la estructura de bloques entre naciones se va arraigando cada vez más»: el mundo se está reorganizando en alianzas más rígidas y duraderas, no en coaliciones flexibles y temporales como las de la Guerra Fría tardía.
La retirada diplomática, paso por paso
Park aclaró que la embajada seguirá funcionando bajo la dirección del encargado de negocios, con el personal consular en sus puestos, y que se mantendrán los contactos diplomáticos entre ambos países —es decir, una ruptura simbólica y parcial, no un corte total de relaciones—. Pero también reafirmó que la postura de Seúl respecto a la disculpa pública exigida «no ha cambiado».
Lo que este episodio dice de Zelenski como actor diplomático
Más allá del incidente puntual, el patrón que deja expuesto es revelador. Zelenski decidió, sin coordinar previamente con Seúl, qué información compartir, en qué momento y en qué escenario; después, decidió también —otra vez de forma unilateral— que el asunto quedaba cerrado, sin que esa declaración tuviera ningún efecto real sobre cómo la otra parte decidió procesar el agravio. Es la misma lógica en los dos extremos del episodio: la relación bilateral se maneja según lo que a Kiev le resulta conveniente comunicar en cada momento, no según lo acordado con el socio.
Hay una lectura que lo explica sin necesidad de atribuirle mala fe deliberada: Zelenski gestiona, desde 2022, una guerra que depende en gran medida de mantener la atención internacional y la narrativa moral a su favor —cada aparición pública funciona, en algún nivel, como una herramienta de supervivencia política y nacional, no solo como protocolo diplomático—. Bajo esa lógica, usar la ONU para una jugada simbólica contra Pyongyang no es necesariamente un desliz sin cálculo: es priorizar el efecto inmediato sobre el costo de una relación bilateral que, para Ucrania, pesa mucho menos que para Corea del Sur. El resultado, de cualquier forma, es el mismo: un socio que apoyaba a Ucrania —aunque fuera de forma indirecta y cautelosa— queda con una embajada reducida y una exigencia de disculpa pública sin responder.
El riesgo de dejarlo sin resolver
Los propios expertos consultados por DW advierten que esto no es un asunto menor que se resuelve solo con el paso del tiempo. Seiler advirtió que «cuanto más se alarga esto, más presión puede sentir Corea del Norte para responder de alguna manera», y que si el asunto no se resuelve en los próximos días, «aumenta la probabilidad de que Corea del Norte diga algo —y eso supondría otro revés político interno para el presidente Lee». Cha, por su parte, remarcó que «los enfrentamientos públicos a través de los medios no son una buena señal —probablemente significa que no se están llevando a cabo negociaciones tras bambalinas» para resolver esto en privado, que sería la vía normal para desactivar un conflicto de este tipo entre socios.
Corea del Sur «sigue queriendo apoyar a Ucrania», según Cha, pero este incidente «ha complicado mucho la situación en general». Es un resumen que vale para la relación bilateral puntual y también como metáfora de algo más amplio: en esta guerra, hasta los aliados más dispuestos a ayudar tienen sus propios tableros paralelos —energía, diplomacia regional, relaciones futuras con Moscú— que no están dispuestos a sacrificar por una sola decisión unilateral de Kiev, sin importar cuán heroica o justificada le parezca a Zelenski en el momento de tomarla.
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