Hombre serio trajeado en conferencia, fondo azul borroso.

Hegseth deja al Pentágono sin generales

Hegseth deja al Pentágono sin generales
Bastión
Estados Unidos · Defensa
América del Norte
Hegseth deja al Pentágono sin generales

El teniente general Brett Sylvia es ya el segundo jefe de planificación estratégica (J5) cesado bajo el mando de Hegseth, y uno más entre casi dos docenas de generales y almirantes destituidos sin explicación pública. Ocurre mientras Washington prepara a sus aliados para una posible reanudación de los ataques contra Teherán tras las elecciones de medio término.

El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth —que se autodenomina «secretario de Guerra»—, destituyó al teniente general Brett Sylvia de su cargo como jefe de Estrategia, Planes y Política del Estado Mayor Conjunto, conocido en círculos militares como «J5». Un funcionario de defensa que habló bajo condición de anonimato confirmó la baja el miércoles 28 de octubre de 2026 y dijo que no hay sustituto inmediato ni razón oficial para el despido. La noticia, revelada primero por The Atlantic, llega en un momento especialmente delicado: mientras el presidente Donald Trump evalúa reanudar la campaña de bombardeos contra Irán, presionado por su principal aliado en la región, Benjamin Netanyahu.

El segundo J5 en caer

Sylvia es el segundo general destituido de ese cargo específico bajo la gestión de Hegseth: su predecesor, el teniente general Joseph McGee, se vio forzado a retirarse en octubre de 2025. El director del J5 y su equipo son, por definición institucional del propio Pentágono, responsables de generar y coordinar los planes militares junto al presidente del Estado Mayor Conjunto y la Casa Blanca —una pieza central para «garantizar que las recomendaciones militares se basen en un contexto estratégico más amplio, coordinado con socios interinstitucionales y de la alianza», según la propia descripción oficial de la función. Antes de asumir ese puesto, Sylvia había comandado la 101ª División Aerotransportada en Fort Campbell, Kentucky, hasta mayo de 2025, y se desempeñó previamente como subdirector del propio J5. Su biografía oficial ya fue retirada del sitio web del Estado Mayor Conjunto.

Despedido, pero con honores de salida

Pese al vacío de explicaciones, el comunicado oficial del Estado Mayor Conjunto mantuvo el protocolo formal: «el presidente, el Estado Mayor Conjunto y la Fuerza Conjunta expresan su más profundo agradecimiento al teniente general Brett Sylvia y a su familia por sus 32 años de distinguido servicio a nuestra nación», y le desean «lo mejor» a él y a su familia. Es el mismo patrón que se repite en buena parte de las bajas de esta purga: ningún cuestionamiento público al desempeño, pero tampoco ninguna razón concreta ofrecida para la salida.

Casi dos docenas de bajas, sin explicaciones

Sylvia se suma a una lista de casi dos docenas de generales, almirantes y otros líderes militares destituidos, forzados a retirarse o apartados de algún otro modo desde enero de 2025, la gran mayoría sin que el Pentágono ofreciera explicación pública alguna. Entre los episodios más resonantes: el general Randy George, jefe de Estado Mayor del Ejército, fue removido en abril de 2026; la administración Trump destituyó además a las dos únicas mujeres que ocupaban rango de cuatro estrellas en la historia reciente de las fuerzas armadas, junto con otras altas oficiales mujeres; y el secretario del Ejército, Dan Driscoll, renunció este mismo mes tras choques repetidos con Hegseth. La purga alcanzó también a los secretarios civiles del Ejército y la Marina, además de oficiales uniformados de alto rango en distintas ramas.

~24generales, almirantes y líderes militares destituidos desde enero de 2025
20%recorte de puestos de general y almirante ordenado por Hegseth
~800puestos de oficial general y almirante existentes hoy

La purga, ahora con recorte estructural

El 30 de septiembre de 2026, en un discurso de «Estado de la Fuerza» ante oficiales subalternos y líderes suboficiales en la Base del Cuerpo de Marines de Quantico, Hegseth anunció que duplicaba el recorte que ya había ordenado el año anterior: pasó de una reducción del 10% a una del 20% en el número total de altos oficiales, un recorte que debe completarse antes del 1 de enero de 2027 y que, según fuentes del Pentágono, podría alcanzar a cualquier general de una estrella o superior, o su equivalente naval. «Lo llamo rendición de cuentas y hace mucho tiempo que se le espera», dijo Hegseth ante esa misma audiencia. Días después, el 1 de octubre, ante la Asociación del Ejército de Estados Unidos en Washington, ofreció el argumento central detrás de la medida: «Con más niveles y rangos, aumenta la distancia entre el combatiente y quien toma las decisiones, y no necesariamente mejores resultados. De hecho, existe una relación inversa entre el éxito en el campo de batalla y el número de generales de cuatro y tres estrellas desde la Segunda Guerra Mundial».

Una lectura posible entre varias

La justificación de Hegseth —que menos generales equivale a decisiones más ágiles y mejores resultados en combate— es una tesis defendible en abstracto y compartida por cierta literatura de reforma militar sobre burocracia excesiva. Pero su aplicación concreta genera una lectura alternativa, sostenida por legisladores de la oposición: que el criterio real de selección no es la eficiencia organizacional sino la lealtad política, y que el patrón de salidas —casi siempre sin explicación pública, muchas veces de generales con perfiles técnicos o de planificación, no de figuras identificadas con una ideología particular— se parece más a un recambio de mando por afinidad que a una reforma estructural razonada. Ambas lecturas conviven en el debate público actual sin que ninguna haya sido zanjada de forma concluyente por evidencia independiente.

El senador demócrata Jack Reed, de Rhode Island, miembro de mayor rango de la minoría en el Comité de Fuerzas Armadas del Senado, calificó los recortes de algo que «debería alarmar a todo estadounidense», y sostuvo que eliminar puestos de alto mando debe hacerse en consulta con el Congreso, algo que —según dijo— la propia normativa exige explícitamente al secretario de Defensa. Reed agregó que las fuerzas armadas ya están «bajo tensión» debido a las operaciones globales en curso. El senador Mark Kelly, demócrata de Arizona y expiloto de combate de la Marina, fue más allá en declaraciones del mes pasado: «Tiene una especie de queja profunda sobre el liderazgo en el ejército. Está purgando a una generación de grandes líderes militares, y va a necesitar una generación para recuperarse de ello».

El momento elegido: la sombra de Irán

Lo que vuelve especialmente sensible la destitución de Sylvia es el contexto estratégico inmediato. Estados Unidos e Israel sostienen una guerra con Irán que ya lleva ocho meses, y Trump prometió repetidamente «terminar el trabajo» contra Teherán, dejando planteado que una reanudación de los ataques es una opción real tras las elecciones de medio término de la semana próxima —de hecho, a comienzos de octubre había dicho públicamente que no reanudaría los bombardeos antes de esos comicios, dejando la puerta abierta para después—. Funcionarios estadounidenses ya advirtieron a varios países de Oriente Medio y aliados regionales que se preparen tanto para una posible reanudación de la acción militar como para represalias iraníes contra ellos, según dos diplomáticos con conocimiento del asunto, que aclararon que Trump todavía no tomó una decisión final. Un tercer portaaviones estadounidense y miles de tropas adicionales ya se dirigen hacia la región.

En ese escenario, dejar sin titular —ni siquiera con un sustituto inmediato a la vista— a la oficina responsable de generar y coordinar exactamente los planes militares que se necesitarían para una escalada de esa magnitud no es un detalle administrativo menor. Es, literalmente, descabezar la planificación formal en el momento en que esa planificación sería más necesaria.

Ene. 2025
Arranca la seguidilla de salidas de generales y almirantes bajo la gestión Trump-Hegseth, que para octubre de 2026 suma casi dos docenas de bajas.
Oct. 2025
El teniente general Joseph McGee, primer titular del J5 bajo Hegseth, se ve forzado a retirarse.
Abr. 2026
Hegseth remueve al general Randy George, jefe de Estado Mayor del Ejército.
30 sept.
En Quantico, Hegseth anuncia que duplica el recorte de altos mandos, del 10% al 20%, con plazo al 1 de enero de 2027.
Oct. 2026
Renuncia el secretario del Ejército Dan Driscoll tras choques reiterados con Hegseth; días después, Trump dice que no reanudará los bombardeos sobre Irán antes de las elecciones de medio término.
28 oct.
Se confirma la destitución del teniente general Brett Sylvia, jefe del J5, sin sustituto inmediato ni explicación pública.

Entre la purga sostenida desde enero de 2025 y un recorte estructural del 20% que recién arranca a aplicarse en los próximos meses, el ejército estadounidense corre el riesgo real de llegar al momento de mayor tensión militar en ocho meses —una posible reanudación de la guerra con Irán— con buena parte de su cúpula de planificación estratégica vacante, de salida, o demasiado ocupada cuidándose las espaldas como para planificar con la cabeza fría que exige justamente ese escenario.


Apoyá este trabajo

Bastión se sostiene con trabajo, no con publicidad. Si esto te aportó algo, invitame un café.

☕ Invitame un café
Fuentes: The Atlantic. Al Jazeera. Declaraciones de Pete Hegseth en Quantico (30 de septiembre) y ante la Asociación del Ejército de Estados Unidos en Washington (1 de octubre). Declaraciones del senador Mark Kelly. Agencias internacionales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio
♥ Apoyá a Bastión

Periodismo independiente sin trinchera