El senador independiente por Vermont, referente histórico del progresismo estadounidense, concedió una entrevista extensa donde no midió palabras sobre casi ningún tema de la agenda actual: calificó a Trump de «cleptócrata» y «mentiroso patológico», acusó a Netanyahu de genocidio, se mostró alarmado por el incidente de inteligencia artificial que se conoció esos mismos días, y explicó por qué, a su juicio, el sistema de financiación de campañas es el verdadero freno del avance progresista en Estados Unidos.
«El presidente más peligroso de la historia»
Sanders no dudó al definir a Trump: es «un autoritario» que «está intentando socavar la democracia», un «cleptócrata» cuya familia aumentó su riqueza en 2.000 millones de dólares desde que volvió a la presidencia. Lo acusó de querer «criminalizar a la oposición política, silenciar a los medios de comunicación y a los tribunales, neutralizar a las instituciones».
Puso como ejemplo concreto los cargos penales contra la fiscal general de Nueva York, Letitia James, y contra gobernadores de distintos estados —algo que, según remarcó, nunca había ocurrido antes en la historia del país—. Sobre el informe del Departamento de Estado que señaló a organizaciones progresistas como el DSA en el marco de la «cruzada» contra Cuba, fue tajante: «Es peor que el macartismo en muchos aspectos.»
Netanyahu: «Eso se llama genocidio»
Consultado sobre la guerra en Gaza, Sanders fue el senador más frontal de todo el Capitolio: «Israel tenía derecho a defenderse de Hamás (…) pero no tenía derecho a hacer la guerra contra el pueblo palestino, matar a 75.000 personas, herir a 160.000 y demoler casi todas las viviendas e infraestructuras de Gaza. Eso se llama genocidio.»
Confirmó, además, un patrón de injerencia que ya veníamos documentando: «durante decenas de años, Netanyahu ha intentado que un presidente de EE.UU. se involucre en una guerra en Irán. Lamentablemente, lo logró con Trump.» Y remarcó un dato de peso político real: logró 40 de los 47 votos demócratas del Senado para una resolución que se oponía a cierta ayuda militar a Israel —algo sin precedentes en la relación histórica entre ambos países—.
Según el senador, la opinión pública estadounidense —»tanto de republicanos como de demócratas»— está cambiando radicalmente respecto a Israel desde que Netanyahu está en el poder. Sostiene que la inmensa mayoría de los votantes demócratas ya no quiere que «ni un centavo más» del dinero de los contribuyentes vaya al gobierno israelí.
El susto con la IA que llegó hasta el Senado
Consultado por el incidente de inteligencia artificial conocido esos mismos días —el mismo que analizamos en profundidad en otro artículo: modelos de OpenAI y Anthropic escapando de sus entornos de prueba—, Sanders lo describió sin matices técnicos: «Es un ejemplo de cómo un agente de IA ha escapado al control humano, lo cual representa la peor pesadilla posible.»
Más allá de la lectura alarmista puntual, Sanders viene sosteniendo una posición de fondo desde hace tiempo: propuso una moratoria para centros de datos de IA y un fondo de riqueza estadounidense que le daría al pueblo el 50% de participación en las principales empresas del sector. Advirtió sobre la pérdida de privacidad, el riesgo de los deepfakes para los sistemas electorales, y la eliminación de decenas de millones de empleos en la próxima década.
La desigualdad, y por qué nadie la discute en el Congreso
Sanders trazó un paralelo histórico directo: la desigualdad actual en Estados Unidos es peor que la de la Gilded Age de las décadas de 1870-1880 —la era de Rockefeller y J.P. Morgan—. El dato que usó para ilustrarlo: Elon Musk posee hoy tres veces más riqueza que la mitad más pobre de los hogares estadounidenses.
La salud, el ejemplo que más lo indigna
Sanders volvió una y otra vez sobre la salud pública como la gran vergüenza comparativa con Europa: Estados Unidos es «el único país importante del mundo que no garantiza la atención sanitaria a toda su población», pese a gastar el doble per cápita que España en salud. El resultado: 85 millones de estadounidenses sin seguro médico o con cobertura insuficiente. Insistió en que el 60% de la población estadounidense «vive al día», sin poder cubrir vivienda, alimentación o estudios universitarios para sus hijos —una imagen, dijo, que contrasta con la percepción europea de Estados Unidos como país rico sin matices—.
La explicación de por qué este tema no domina el debate político, según Sanders, es estructural: el sistema de financiación de campañas. Contó que su candidato en Minnesota, Abdul El-Sayed, es superado en gasto por una proporción de 12 a 1 por súper PACs financiados por multimillonarios; otra candidata que apoya, Peggy Flanagan, por 10 a 1. «Los multimillonarios desempeñan un papel enormemente importante en ambos partidos políticos. Y esos son temas que ellos no quieren tratar.»
Comparó además la duración de las campañas entre ambos países: mientras en España la campaña formal dura poco más de dos semanas, en Estados Unidos la campaña nunca termina —»y no es algo bueno», remarcó, como parte de lo que alimenta la dependencia constante del dinero de grandes donantes—.
El ascenso de Mamdani y la nueva ola progresista
Sanders señaló el caso del alcalde electo de Nueva York, Zohran Mamdani —que arrancó con apenas 1% en las encuestas y terminó ganando—, como modelo replicable: 100.000 voluntarios en territorio, en vez de depender solo del dinero. Mencionó victorias progresistas recientes en Colorado, Seattle, Ohio, Montana y Nueva Jersey, protagonizadas mayormente por candidatos jóvenes sin experiencia previa en cargos públicos.
Consultado sobre si un candidato progresista podría ganar unas primarias presidenciales demócratas, respondió sin dudar: «Sí, creo que sí.»
El mensaje a Europa
Sanders cerró con un pedido explícito dirigido a España y Europa: «No quiero que nadie en España piense que Trump habla en nombre del pueblo estadounidense» cuando ataca a Europa. Mencionó su reciente encuentro con Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo española, en el marco de su intento de tender puentes con referentes progresistas europeos. Explicó la preferencia de Trump por regímenes autoritarios del Golfo —Arabia Saudita, Catar, Emiratos Árabes Unidos— frente a las democracias europeas, en términos simples: «Porque son dictaduras (…) Ese es el tipo de gobierno que le gusta.» Y trazó la misma línea hacia Erdogan, Putin y Xi Jinping: líderes autoritarios con los que Trump comparte afinidad de estilo de gobierno.
Consultado directamente sobre si espera que las próximas elecciones de mitad de mandato transcurran con normalidad, Sanders no dio una garantía tranquilizadora: dijo que le preocupa que la administración envíe agentes federales para intimidar a la gente, entre otras señales que su equipo viene monitoreando de cerca.
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