Miembros enmascarados de brigada Al-Qassam en rueda de prensa.

El acuerdo que Israel niega mientras bombardea

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El acuerdo que Israel niega mientras bombardea
Trump dice que Israel está «muy contento» con el acuerdo de desarme de Hamás. Israel, a través de funcionarios anónimos, del ministro Ben-Gvir y del propio ministro de Energía Eli Cohen, lo niega explícitamente. Y mientras se discute quién dice la verdad, ataques israelíes mataron a nueve personas, incluidos niños, apenas horas después del anuncio.
2 de Agosto 2026 · Lectura: 13 min

El 31 de julio, Donald Trump afirmó que Israel está «muy contento» con el acuerdo de desarme que su Junta de Paz había anunciado un día antes con Hamás. «Israel nos ayudó, y han sido muy buenos», dijo. El problema: ni un solo funcionario israelí de peso lo confirmó. Y los que sí hablaron, dijeron exactamente lo contrario.

Un dato clave para entender todo lo que sigue: el acuerdo todavía no está firmado. Lo que hubo fue un anuncio de Trump sobre un entendimiento alcanzado, con Hamás confirmando que lo acepta pero condicionándolo a la retirada israelí, e Israel presentando objeciones serias en paralelo. Es decir: mientras las partes todavía negocian los términos finales, Israel ya lanzó ataques que mataron a nueve personas. Atacar mientras se ultiman los detalles de algo que ni siquiera se firmó es, como mínimo, una provocación que compromete gravemente la buena fe del proceso.

Las versiones que se contradicen entre sí

Trump, 31 de julio, Camp David

Consultado sobre si Estados Unidos tenía garantías de que Israel cumpliría el acuerdo, respondió: «Tenemos un acuerdo con Israel.» Y agregó: «Nadie ha pensado jamás que sería posible desarmar a Hamás.»

Oficina de Netanyahu, 30 de julio (comunicado)

Exigió «el desarme total de Hamás, incluyendo la retirada del armamento de Gaza y la desmilitarización completa» como condición para cualquier retirada, afirmando que el acuerdo no ofrecía «una respuesta suficiente a esas demandas.» Netanyahu en persona nunca comentó el acuerdo directamente.

Doron Spielman, portavoz de la oficina del primer ministro, 2 de agosto (con nombre y cargo)

Confirmó a la agencia AP que la evaluación de inteligencia israelí es que Hamás sigue comprometido con reconstruir su fuerza militar, no con desmilitarizarse genuinamente: «Si nos replegamos antes de que Hamás esté verdaderamente desarmado, rápidamente expandirá su presencia en toda Gaza, reconstruirá su infraestructura terrorista, volverá a amenazar a las comunidades israelíes y buscará perpetrar otro ataque similar al del 7 de octubre.» Y fue taxativo sobre qué entiende Israel por desarme: «Desarmarse significa entregar físicamente las armas. Nada menos.»

Según dos personas con conocimiento del proceso, Israel comunicó estas objeciones específicamente al exprimer ministro británico Tony Blair, miembro de la Junta de Paz —el mismo canal que ya veníamos señalando como el más activo para destrabar el estancamiento—. Una de esas fuentes agregó que, entre los puntos que reclama Israel, está la libertad para seguir realizando operaciones militares dentro de Gaza —lo que explicaría los ataques ocurridos apenas horas después del anuncio—.

Eli Cohen, ministro de Energía, Army Radio

«No ha habido ninguna discusión en el gabinete [sobre el plan de Gaza] en las últimas 72 horas.» Expresó dudas de que Hamás realmente vaya a entregar sus armas, y remató: «Cualquier actor armado que opere, amenace, que esté involucrado en terrorismo, lo eliminaremos.»

Itamar Ben-Gvir, en Telegram

Calificó el acuerdo de «inaceptable»: «La sangre de cada miembro de Hamás está sobre su cabeza (…) Los asesinatos en Gaza deben continuar, debe fomentarse la emigración palestina desde la Franja. Israel debe ganar.»

Cinco voces del propio aparato israelí —ninguna de ellas Netanyahu en persona, dato en sí mismo revelador— desmintiendo lo que Trump asegura como un hecho consumado. Y para sumar más confusión: una figura palestina cercana a la administración Trump publicó el 1 de agosto que Israel había aceptado detener sus ataques, y borró la publicación menos de dos horas después, cuando Israel intensificó los bombardeos.

Mientras se discutía quién decía la verdad, murieron nueve personas

30 jul.

La Junta de Paz anuncia el acuerdo de desarme. Estados Unidos confirma que Hamás y la Yihad Islámica Palestina lo aceptaron.

1 ago.

Ataques israelíes contra depósitos de armas de Hamás matan a dos personas, destruyen almacenes médicos y dañan un hospital, según autoridades locales.

Noche 1-2 ago.

Nuevos ataques aéreos alcanzan edificios residenciales en el norte de la ciudad de Gaza, Deir al-Balah y Khan Younis. Mueren al menos nueve personas, varias de ellas niños: un matrimonio en un apartamento de Deir al-Balah, dos personas —incluido un niño— en la ciudad de Gaza, un padre, una madre y su hijo de 9 años en la zona de Mawasi, y otra persona cerca de Jabalia.

2 ago.

Las FDI confirman que entre los muertos estaba un excombatiente de Hamás que había participado del ataque al kibutz Nir Oz el 7 de octubre de 2023, además de otros comandantes de distintos batallones de la organización.

El ejército israelí justificó cada ataque señalando objetivos militares específicos —comandantes de la unidad de élite Nukhba, depósitos de armas, «operativos que avanzaban contra las tropas»—. Pero el resultado neto, apenas horas después de que el mundo celebrara un «acuerdo histórico» de paz, fue el mismo patrón de siempre: muertos civiles, incluidos niños, y un gobierno israelí que ni confirma ni niega formalmente estar de acuerdo con el proceso que supuestamente lo detendría.

1.230 Muertos en Gaza durante el alto el fuego desde octubre de 2025
5 Soldados israelíes muertos en el mismo período
53% → 60%+ Territorio de Gaza bajo control israelí, octubre a julio

La Línea Amarilla: la pieza territorial que nadie resuelve

Israel amplió su control sobre Gaza del 53% en octubre al 60% o más en la actualidad —una expansión que, en los hechos, viola el propio alto el fuego de octubre de 2025, pero que la Junta de Paz respaldada por Estados Unidos dejó pasar mientras intentaba convencer a Hamás de aceptar la propuesta de desarme—.

Ahora que Hamás la aceptó, se esperaba que Israel se retirara hasta la Línea Amarilla original —la que dividía la Franja aproximadamente en mitades este y oeste, con Israel controlando el este—. Un funcionario de la Junta de Paz señaló que esta retirada debía producirse «en los próximos días», como una de las primeras pruebas reales del acuerdo. Pero el comunicado del funcionario israelí anónimo deja poco margen de duda: Jerusalén no piensa cumplir sin desmilitarización total previa.

Hamás, por su parte, ya avisó que no entregará armas si Israel no se retira primero a esa línea —la misma disputa de secuencia («quién va primero») que ya veníamos documentando en otro análisis de esta hoja de ruta—.

El primer paso para implementar el desarme gradual es el compromiso de Israel para poner fin a sus ataques y dejar de matar palestinos. Comunicado de Hamás, 31 de julio

La reacción internacional: alivio con condiciones

El secretario general de la ONU, António Guterres, calificó el anuncio de «la única buena noticia» en medio de casi seis meses de guerra regional, advirtiendo que el conflicto «se está convirtiendo cada vez más en un motor de inestabilidad global». La jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas, fue más cauta: «El éxito depende del compromiso total de todas las partes (…) Israel tendría que retirarse eventualmente de Gaza» —el condicional «tendría que» ya anticipa la duda—. El canciller británico Ed Miliband insistió en que el foco debe estar en implementar el plan completo, «incluida la retirada de las FDI de Gaza».

Un alto funcionario estadounidense advirtió, además, que Trump se sentirá «muy decepcionado» si Israel bloquea el avance del plan —un lenguaje bastante más débil que una amenaza concreta de consecuencias—.

El plan de 20 puntos, completo, para que nadie se olvide qué decía

Con meses de escalada, retrocesos y anuncios parciales, vale la pena volver al documento original que la Casa Blanca difundió como base de todo este proceso —para medir con precisión cuánto de lo prometido efectivamente se sostiene hoy.

1. Gaza será una zona desradicalizada y libre de terrorismo que no supondrá una amenaza para sus vecinos.

2. Gaza será reconstruida en beneficio de su población, que ya ha sufrido más que suficiente.

3. Si ambas partes aceptan, la guerra termina inmediatamente: retirada israelí a la línea acordada, liberación de rehenes, suspensión de todas las operaciones militares y líneas de combate congeladas hasta la retirada completa por etapas.

4. En 72 horas desde la aceptación pública israelí, todos los rehenes —vivos y fallecidos— serán devueltos.

5. Israel liberará a 250 presos con cadena perpetua y 1.700 gazatíes detenidos tras el 7 de octubre —incluidas todas las mujeres y niños—. Por cada rehén israelí devuelto sin vida, Israel devolverá los restos de 15 habitantes de Gaza fallecidos.

6. Amnistía para miembros de Hamás que acepten la coexistencia pacífica y el desarme; paso seguro a otro país para quienes quieran irse.

7. Ayuda humanitaria completa e inmediata: agua, electricidad, alcantarillado, hospitales, panaderías, remoción de escombros.

8. La distribución de ayuda se hará sin interferencia de ninguna de las partes, a través de la ONU, la Media Luna Roja y organismos internacionales neutrales.

9. Gaza será gobernada por un comité tecnocrático palestino apolítico, bajo supervisión de la Junta de Paz, presidida por Trump junto a otros jefes de Estado, incluido Tony Blair.

10. Se creará un plan de desarrollo económico «Trump» para Gaza, con un panel de expertos que ya contribuyó a otras «ciudades milagrosas» de la región.

11. Se establecerá una zona económica especial con aranceles preferenciales a negociar.

12. Nadie será obligado a abandonar Gaza; quienes quieran irse podrán hacerlo y regresar.

13. Hamás no tendrá ningún rol en el gobierno de Gaza. Toda infraestructura militar y de producción de armas será destruida y no reconstruida, con desmilitarización verificada por observadores independientes y un programa de recompra de armas financiado internacionalmente.

14. Socios regionales garantizarán que Hamás cumpla sus obligaciones.

15. Se creará una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF), que entrenará a la policía palestina y trabajará junto a Israel y Egipto en la seguridad fronteriza.

16. Israel no ocupará ni anexionará Gaza. Las FDI se retirarán progresivamente conforme la ISF establezca control, según plazos e hitos a acordar.

17. Si Hamás rechaza o retrasa la propuesta, el plan avanzará igual en las zonas ya entregadas por las FDI a las fuerzas de seguridad interna.

18. Se impulsará un diálogo interreligioso basado en tolerancia y coexistencia pacífica.

19. Con la reconstrucción y las reformas de la Autoridad Palestina, podrían eventualmente darse las condiciones para una vía creíble hacia la autodeterminación y un Estado palestino.

20. Estados Unidos facilitará un diálogo entre Israel y los palestinos hacia un horizonte político de coexistencia pacífica.

Por qué la condición de Hamás ya resulta lógica

Más allá de cualquier simpatía o rechazo hacia la organización, el contexto acumulado hace que su exigencia —retiro israelí antes que entrega de armas— sea difícil de calificar como irrazonable. Súmese todo lo que ya está documentado: Israel controla hoy más del 60% del territorio de Gaza, superando el 53% pactado en octubre; dos ministros centrales (Smotrich y Ben-Gvir) impulsan activamente nuevos asentamientos en el norte de la Franja, con planos ya terminados esperando la firma de Netanyahu; el propio Ben-Gvir pidió públicamente que «los asesinatos en Gaza deben continuar»; y el propio portavoz de la oficina del primer ministro, Spielman, confirmó que Israel reclama libertad para seguir realizando operaciones militares incluso durante el propio proceso de desarme.

Pedirle a cualquier actor armado que entregue sus armas primero, frente a un ejército que ya expandió territorio más allá de lo pactado, que tiene funcionarios de gobierno pidiendo explícitamente que la violencia continúe, y que se reserva el derecho de seguir atacando durante el propio proceso de desarme, equivale a pedirle que se entregue sin ninguna garantía real de que el otro lado vaya a detenerse. Es la misma lógica de sentido común que sostiene cualquier proceso de desarme serio en un conflicto armado: nadie entrega las armas en condiciones donde el adversario mantiene, en los hechos, plena libertad de acción.

La cuenta que no cierra

Lo que el plan prometía vs. lo que ocurre hoy

El punto 3 prometía el fin inmediato de la guerra si ambas partes aceptaban. Diez meses después de la firma del alto el fuego original, van 1.230 muertos en Gaza y ataques que continúan semana a semana.

El punto 16 decía explícitamente que Israel no anexionaría Gaza. Sin embargo, su control territorial pasó de 53% a más de 60% en el mismo período, sin consecuencias formales del organismo que supervisa el acuerdo.

El punto 9 preveía un comité tecnocrático operando bajo la Junta de Paz. Casi un año después, ese comité (el NCAG) todavía no entró a Gaza, a la espera de un desarme que ninguna de las dos partes confirma de la misma manera.

Volviendo a tu pregunta original: ¿quién miente? Con la evidencia disponible, la respuesta más honesta es que probablemente ambos relatos son ciertos, a su manera. Trump necesita, políticamente, un «acuerdo histórico» para mostrar de cara a noviembre —así que dice que Israel está «muy contento», sea o no exactamente así—. Israel, mientras tanto, necesita mantener a su coalición de ultraderecha unida —así que ningún funcionario de peso confirma un compromiso que Ben-Gvir y Cohen ya rechazaron en público—. El resultado es que ninguno de los dos se hace responsable formalmente de lo que pase después, mientras los ataques y las muertes en Gaza siguen ocurriendo exactamente igual que antes del anuncio.


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