Citizen Lab documentó cómo una firma que se presenta como «elite en influencia, ciberseguridad y tecnología» entrenó a comunicadores de un gobierno africano para manipular redes sociales — mientras, en paralelo, interfería en elecciones en Francia, Escocia y Nueva York.
El Citizen Lab de la Universidad de Toronto publicó el 17 de septiembre un informe que destapa el funcionamiento interno de BlackCore, una empresa israelí de «influencia por encargo» con operaciones en varios países. En su propio sitio web, ahora offline, BlackCore se describía como «una empresa de élite en influencia, cibernética y tecnología», y llegó a presumir de controlar «varios miles» de cuentas falsas —sockpuppets— en redes sociales.
El catálogo de servicios
Antes de que lo retiraran, el sitio ofrecía a clientes potenciales un subdominio de demostración con cientos de avatares listos para usar en Facebook, TikTok e Instagram. BlackCore dividía su oferta en tres líneas de negocio, con nombres pensados directamente para un pitch comercial:
Inundar plataformas con mensajes coordinados para imponer un relato por volumen, no por argumento.
Simular interacción genuina —likes, comentarios, compartidos— para que el contenido patrocinado parezca viral de forma espontánea.
Neutralizar o enterrar narrativas de disidentes, opositores o críticos de un cliente.
El caso Angola: entrenar al propio gobierno para manipular redes
El caso central del informe no es un ataque encubierto clásico, sino algo más perturbador: un programa de capacitación. Una página promocional de BlackCore, titulada «Angolan Government Campaign», ofrecía entrenar al personal de comunicación del gobierno angoleño en «campañas gubernamentales positivas» —narrativa, redacción publicitaria, gestión de tráfico y operaciones en redes sociales—. El programa incluía, en su tercera semana, campañas encubiertas en vivo sobre Meta y TikTok.
Citizen Lab logró acceder a un informe final filtrado y verificó su autenticidad cruzándolo con los materiales públicos de promoción de BlackCore: coincidían fechas, objetivos y entregables. El programa, que originalmente se había propuesto como un curso de 4 semanas a partir de febrero de 2026, terminó extendiéndose más de 14 semanas, comenzando el 19 de enero y terminando en abril de 2026. Según ese informe, se produjeron más de 40 piezas de contenido y se evaluaron al menos 24 publicaciones de los propios alumnos entrenados. La campaña de anuncios pagados en Meta, sin embargo, tuvo bajo rendimiento —algo que BlackCore atribuyó, en su propio informe, a «la complejidad inherente de la herramienta de Meta Ads».
El logo de BlackCore en el documento filtrado conservaba en sus metadatos EXIF un nombre en hebreo en el campo «Creator», que los investigadores no pudieron vincular a ningún empleado identificado. Una hoja de cálculo de Google titulada «FB Activity», incrustada en el informe y ya inaccesible, mapeaba publicaciones, páginas, grupos y personas falsas usadas en la campaña. La configuración en portugués y nombres de archivo como «Captura de ecrã» sugieren que se usó personal local angoleño para ejecutar parte de la operación.
El mecanismo: personas falsas, un medio falso y amplificación
Los investigadores identificaron dos personas falsas en Facebook —»Dorivaldo Kiala» y «Gancho Atalaia»—, ambas con fotos de perfil que parecen generadas por IA, posándose como activistas o ciudadanos locales. Las dos fueron eliminadas por Facebook. BlackCore también montó un medio de noticias falso, la página «Agita News», que publicaba contenido propio y enlazaba a un sitio externo —hoy fuera de línea— para dar apariencia de credibilidad periodística. Otra página, «Angola 24 Horas», que sigue activa, se usó directamente para publicaciones de campaña.
El contenido se reposteaba en grupos de Facebook para amplificar su alcance. Meta, en su propio reporte sobre la red, describió clústeres de comentarios generados por IA que los propios operadores internos llamaban «Mother-Child» —diseñados específicamente para inflar el nivel de interacción percibido—. El manual operativo, según reconstruyó Citizen Lab, seguía siempre la misma secuencia: sembrar contenido a través de las personas falsas, respaldarlo con un sitio externo, amplificarlo, medir resultados y recalibrar la campaña según esos números.
No fue solo Angola
El caso angoleño es el más documentado en el informe, pero no el único. Según reportó Reuters en mayo de 2026, BlackCore también apuntó a las elecciones municipales de Francia de marzo de 2026; Viginum, el organismo francés que vigila la interferencia electoral extranjera, confirmó esa operación el 11 de junio de 2026. El mismo Viginum atribuyó a BlackCore interferencias adicionales en elecciones de Nueva York, Escocia y Togo. El reporte de Amenazas Adversariales de Meta de agosto de 2026, por su parte, menciona actividad vinculada a BlackCore en un conjunto más amplio de países.
«Una operación de influencia por encargo, probablemente operada en nombre de varios clientes distintos.»
Reporte de Amenazas Adversariales de Meta, agosto de 2026, sobre la red atribuida a BlackCoreLa contradicción que nadie resolvió
Hay un punto que ni el propio Citizen Lab pudo cerrar del todo: el informe filtrado de BlackCore describe el programa angoleño como una capacitación para «campañas gubernamentales positivas» —es decir, a favor del gobierno—. Pero el reporte de Meta, sobre lo que los investigadores evalúan como probablemente la misma red, describe mensajes de tono anti-gubernamental en Angola. Los autores del informe no logran explicar esa contradicción, aunque sostienen que ambas piezas de evidencia apuntan, con alta probabilidad, a la misma operación de BlackCore.
El informe no identifica con nombre y apellido a los fundadores ni operadores de BlackCore. El único nombre propio que aparece en toda la documentación filtrada es «Ronaldo», listado como líder técnico del proyecto, sin apellido ni más datos. Tampoco hay confirmación sobre quién pagó efectivamente por el entrenamiento en Angola —el informe lo enmarca como un encargo del propio gobierno angoleño, pero esa identidad del cliente no quedó probada de forma independiente.
Línea de tiempo
El subdominio de demostración de BlackCore, visible públicamente, ofrece a potenciales clientes cientos de avatares listos para usar en Facebook, TikTok e Instagram.
Arranca el programa de entrenamiento en Angola, pensado originalmente para empezar en febrero y durar 4 semanas.
Elecciones municipales en Francia, blanco de otra operación atribuida a BlackCore.
Termina el programa angoleño, tras extenderse a más de 14 semanas. El subdominio de demostración de BlackCore es retirado.
Reuters reporta la operación de BlackCore contra las elecciones francesas.
Viginum confirma oficialmente la interferencia de BlackCore en Francia, y la vincula también a Nueva York, Escocia y Togo.
Meta publica su Reporte de Amenazas Adversariales, describiendo una red de influencia-por-encargo que incluye Angola, Francia, Reino Unido, Australia, Irán, Togo, Gabón y Estados Unidos.
Citizen Lab publica su informe completo, cruzando el material filtrado con la evidencia pública y la de Meta.
Por qué esto importa más allá de Angola
El valor del informe no está solo en exponer una campaña puntual, sino en lo que revela sobre el mercado: hoy un gobierno —o cualquier otro cliente dispuesto a pagar— puede comprar infraestructura de manipulación de opinión pública «lista para usar», de forma tan simple como contratar una agencia de marketing. Citizen Lab advierte que la reducción de inversión en equipos de confianza y seguridad por parte de las grandes plataformas, sumada a una aplicación inconsistente de sus propias reglas, hace que operaciones como la de BlackCore puedan funcionar durante meses sin ser detectadas, a menos que la propia empresa cometa un error que las delate —como en este caso, un documento filtrado con metadatos sin limpiar.
Lo más inquietante del caso no es la sofisticación técnica —bastante básica, en rigor: perfiles con fotos de IA, un portal de noticias de cartón y comentarios en cadena— sino la normalidad con la que se vendía. Hubo un catálogo de servicios, un plan de capacitación de 14 semanas, métricas de rendimiento y hasta una autocrítica interna sobre por qué los anuncios pagos no funcionaron. Manipular una conversación pública en 2026 se gestiona, ante todo, como un producto.
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