Bolivia: Rodrigo Paz acorralado
Un muerto, 84 puntos de bloqueo, La Paz sitiada durante casi un mes y Evo Morales marchando sobre la capital. El presidente Rodrigo Paz lleva seis meses en el poder y ya enfrenta la peor crisis política de su mandato. El análisis de por qué Bolivia volvió a explotar — y quién enciende las mechas.
Bolivia volvió a ser Bolivia. La crisis que comenzó a principios de mayo con reclamos salariales se transformó en pocas semanas en algo mucho más grave: un bloqueo casi total de las principales rutas del país, escasez de alimentos, medicamentos y combustible en La Paz, enfrentamientos con un muerto y la exigencia de renuncia del presidente que lleva apenas seis meses en el cargo.
Rodrigo Paz ganó las elecciones de 2025 en segunda vuelta prometiendo un cambio moderado después de dos décadas de hegemonía del MAS. Lo que no calculó — o no quiso calcular — es que Bolivia tiene una historia muy específica de ajustes económicos que terminan en polvorín. Y que cuando el polvorín explota, siempre hay alguien listo para encender la mecha.
Cómo se construyó la crisis: los errores que nadie corrigió
La chispa inmediata fue la exigencia de un aumento salarial del 20% para compensar una inflación que corre al mismo ritmo. Pero las chispas no prenden si no hay combustible acumulado. Y el combustible llevaba meses acumulándose.
De la asunción a la crisis — seis meses de señales ignoradas
El día uno: Paz evitó toda simbología indígena en su asunción. En un país donde más del 60% de la población se identifica como indígena o mestiza, fue una declaración política antes de pronunciar una sola palabra.
El gabinete: Sin líderes sociales ni políticos con diálogo fluido con los movimientos. Representantes empresariales y ex funcionarios de la etapa neoliberal de los años 90. La sensación de que el modelo que había fallado antes volvía con otro nombre.
La ruptura con el vicepresidente: Edmand Lara, el expolicía viral que denunciaba corrupción en videos y que fue la razón por la que muchos votaron a Paz, quedó fuera casi de inmediato. Los votantes que habían apostado por ese tándem se sintieron estafados.
La gasolina de mala calidad: Miles de motores arruinados en todo el país. El problema más concreto, más cotidiano y más difícil de ignorar.
La elección del gobernador de La Paz: Una maniobra legal impidió la segunda vuelta. El candidato oficialista ganó con el 20% de los votos. Quienes querían votar en contra de Paz no pudieron. Se volcaron a las calles.
La politóloga Susana Bejarano lo resume con precisión: «Generó una desconfianza inicial, la sensación de sentirse engañados, excluidos de la mesa.» El economista Armando Ortuño es más directo sobre el estancamiento actual: «Ninguna de las dos partes tiene condiciones para imponerse.»
El ajuste que nadie quiere pagar
Bolivia llega a esta crisis con una economía que lleva años viviendo por encima de sus posibilidades. El modelo del MAS — subsidios masivos, gasto público expansivo, reservas del Banco Central agotadas — dejó al país sin margen de maniobra cuando cayeron los precios del gas natural, su principal fuente de divisas.
Paz llegó al poder sabiendo que había que ordenar las cuentas. El problema no es que haya que hacerlo. El problema es quién paga el costo — y en Bolivia, como en toda América Latina, ese costo siempre termina cayendo sobre los que menos tienen.
El estado de la crisis — cifras al 29 de mayo de 2026
- Puntos de bloqueo activos: más de 84 en todo el país
- Semanas de La Paz sitiada: casi cuatro
- Camiones varados: más de 5.000 en carreteras
- Pérdidas económicas diarias: más de 50 millones de dólares
- Muertos: al menos uno — un manifestante de 24 años con disparo de arma de fuego durante operativo policial-militar
- Muertos indirectos: al menos cuatro por falta de atención médica debido a los bloqueos
- Inflación anual: 20%
Paz anunció reducción de salarios del Ejecutivo y alivio tributario — las medidas clásicas de un gobierno que intenta mostrar que comparte el sacrificio. El problema es que esas medidas se anuncian siempre después de que el polvorín explota, nunca antes. Y cuando llegan tarde, suenan a lo que son: reacción desesperada, no política de Estado.
El rol de Evo: ¿articulador o oportunista?
El gobierno de Paz señala a Evo Morales como el gran organizador de las protestas. «Está oculto en el Chapare, no duerme bien», dijo Paz en una entrevista reciente. «Sus días están contados.» La retórica es dura — pero la pregunta real es más matizada.
Evo lidera la «Marcha por la Vida para salvar Bolivia» que llegó a La Paz el 19 de mayo después de recorrer 190 kilómetros desde Caracollo. Aglutina a sectores campesinos, indígenas y sindicales que le son leales. Declaró que las protestas son «una sublevación del pueblo contra el modelo neoliberal y el estado neocolonial».
Evo no es el líder — pero es el combustible
El economista Armando Ortuño lo dice con claridad: «Aunque el Gobierno insiste en que Evo Morales está detrás de las protestas, él no es el líder.» Las protestas comenzaron por reclamos salariales genuinos y escasez de combustible. No las fabricó Evo.
Lo que Evo sí hace es aprovechar el descontento real para posicionarse. Tiene incentivos enormes: enfrenta causas judiciales, fue excluido de las elecciones de 2025, y su base electoral se siente traicionada tanto por Arce como por Paz. La crisis de Paz es su oportunidad de rehabilitación política.
Paz lo vincula además con el narcotráfico en el Chapare: «Hoy es una de las regiones más importantes de generación de narcotráfico en Sudamérica», dijo. Es una acusación que existe desde hace años y que Evo rechaza sistemáticamente. Que el presidente la use ahora en el pico de la crisis dice más sobre la desesperación de Paz que sobre la evidencia disponible.
La ley que abre la puerta al Ejército
La decisión más peligrosa de la crisis
Esta semana el Congreso aprobó la Ley 1731 con mayoría de dos tercios. La norma anula las restricciones a la intervención de las Fuerzas Armadas en conflictos internos — restricciones que habían sido impuestas precisamente en 2020 para limitar los abusos que cometió el gobierno de Jeanine Áñez contra los manifestantes que protestaban por el derrocamiento de Evo.
Paz firmó la ley pasada la medianoche. Ahora tiene la herramienta legal para desplegar el Ejército en calles y carreteras. La pregunta es si la usará — y qué pasa si lo hace.
Bolivia tiene memoria muy larga. La masacre de El Alto en 2003, cuando el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada ordenó al Ejército disparar sobre manifestantes y murieron 60 personas, terminó con la renuncia y el exilio del presidente. Paz sabe eso. Sus asesores saben eso. La ley existe — pero usarla sería jugar con fuego en un país donde esa clase de fuego no se apaga fácilmente.
El factor externo: Milei entra al tablero
La crisis boliviana no está ocurriendo en el vacío regional. El presidente argentino Javier Milei expresó su apoyo público a Paz y envió dos aviones C-130 Hércules con «ayuda humanitaria». Evo Morales respondió denunciando que los aviones transportaban personal militar para usar contra los manifestantes — algo que el gobierno boliviano desmintió.
La intervención de Milei es reveladora por lo que muestra sobre el reposicionamiento ideológico de la región: la derecha latinoamericana se solidariza con Paz, la izquierda con Evo. Bolivia se convirtió en otro campo de batalla del conflicto más amplio entre los dos bloques que se están formando en América del Sur.
El escenario más probable — y el más peligroso
La crisis de Bolivia tiene tres salidas posibles, ninguna cómoda.
Primera: Paz negocia concesiones reales — no solo simbólicas — con los sectores movilizados. Eso requiere ceder en algo concreto: salarios, combustible, la Ley 1720 que quieren derogar. El costo es político — parece una rendición. Pero es la única salida que no deja muertos.
Segunda: Paz despliega el Ejército. Los bloqueos se levantan por la fuerza. La imagen del gobierno se destruye. Las protestas se radican, se dispersan y vuelven más adelante con más fuerza y más legitimidad. Es el camino que siguió Sánchez de Lozada en 2003 — y el resultado fue su renuncia y exilio.
Tercera: La crisis se prolonga hasta que el agotamiento económico y social de los bloqueadores los lleva a negociar. Es el escenario más probable a corto plazo — pero mientras tanto, La Paz sigue sin medicamentos, sin combustible y con un muerto en la cuenta.
Lo que está claro es que Bolivia está pagando hoy el costo de decisiones que no se tomaron en el momento correcto. El ajuste que era necesario se demoró. Cuando llegó, llegó sin consenso ni protección social para los más vulnerables. Y como siempre en Bolivia, los que pagan el precio de los errores de arriba son los de abajo.
El economista Ortuño tiene razón: ninguna de las dos partes puede imponerse. Pero mientras tanto, hay un muerto de 24 años. Y eso no se negocia.
Fuentes: El Comercio Perú, 20 de mayo de 2026. Infobae América Latina, 20-21 de mayo de 2026. Resumen Latinoamericano, 6 y 29 de mayo de 2026. RPP Noticias. La República Perú, 27 de mayo de 2026. Wikipedia, «Protestas en Bolivia de 2026» (actualizado al 29 de mayo). Declaraciones del economista Armando Ortuño y la politóloga Susana Bejarano citadas en medios bolivianos. Declaraciones del presidente Rodrigo Paz en entrevista con A24 Argentina, 29 de mayo de 2026.
Este artículo refleja la situación al 29 de mayo de 2026. La crisis está en desarrollo.
