Colombia decide:
dos extremos,
un país polarizado
El 21 de junio, Colombia elige entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella. Dos trayectorias opuestas, dos proyectos de país incompatibles, los clanes del Caribe moviendo el tablero en silencio — y 17 millones de abstencionistas que pueden cambiar todo.
primera vuelta
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entre candidatos
El 31 de mayo, Colombia tuvo la mayor participación electoral de su historia presidencial — 57,88%. Y aun así, 17,4 millones de colombianos no votaron. Ningún candidato de centro superó el 7%. El país eligió polarizarse. El 21 de junio decide entre dos proyectos que no tienen punto intermedio.
Dos trayectorias — dos Colombias
Su historia personal es inseparable de su historia política. Su padre, Manuel Cepeda Vargas, congresista de la Unión Patriótica, fue asesinado en 1994. En 2023 la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció ese crimen como parte del exterminio sistemático de un movimiento político.
Antes del Congreso lideró el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado. Fue uno de los arquitectos del Acuerdo de Paz de 2016 y facilitador de los diálogos con el ELN. Su enemigo político más visible es Álvaro Uribe — contra quien protagonizó el enfrentamiento judicial más mediático de la historia reciente colombiana.
Talón de Aquiles: Percepción de «polarizador», falta de experiencia de gestión administrativa, y su rol de escudero del gobierno Petro ante escándalos de corrupción que salpicaron a la coalición.
Outsider por definición. Abogado de alta exposición mediática, defendió casos de alto impacto — incluyendo clientes vinculados al paramilitarismo. Nunca ocupó un cargo público antes de esta candidatura. Anunció su postulación en julio de 2025.
Tiene una faceta artística como cantante de ópera y canción italiana. Una analista lo describió como alguien que «encarna el personaje exitoso que hemos visto en películas» — lo que explica parte de su atractivo en un electorado hastiado. Inspirado explícitamente en el modelo Bukele de El Salvador.
Talón de Aquiles: Vínculos documentados con clanes del Caribe que desmiente públicamente. Su conjunto de empresas cerró 2025 con pérdidas netas. La Corte Suprema lo cuestionó por no defender «el decoro de su profesión.»
Dos proyectos sin punto intermedio
La propuesta que ya fracasó — documentado
De la Espriella propone fumigar aéreamente 330.000 hectáreas de cultivos ilícitos como parte de su «Pax Romana.» No es una idea nueva. Es exactamente lo que Colombia hizo durante décadas. Y la evidencia documenta un fracaso costoso en vidas, salud y ecosistemas.
El expresidente César Gaviria lo documentó: en ese período se fumigaron 1,9 millones de hectáreas. El narcotráfico no se acabó. Colombia siguió siendo el primer productor de cocaína del mundo.
El expresidente Santos señaló que 2006 y 2007 fueron los años de mayor aspersión — 172.000 y 153.000 hectáreas. En esos mismos dos años la producción de coca aumentó. La resiembra llegó al 60%.
Estudios posteriores confirmaron: la aspersión terrestre con glifosato tiene tasas de resiembra del 69%. Dos de cada tres hectáreas intervenidas vuelven a tener coca. La sustitución voluntaria impulsada por Santos logró una resiembra de solo el 0,6%.
Estudios de los años 2000 mostraron que el 89% de los niños que llegaban al hospital de Villavicencio presentaban problemas del tubo neural como consecuencia de las fumigaciones. En la Sierra Nevada de Santa Marta se documentó la incidencia más alta de malformaciones congénitas de América Latina, vinculada a fumigaciones anteriores.
La Corte Constitucional suspendió las fumigaciones por riesgo de cáncer. En 2017 abrió una puerta estrecha con seis requisitos estrictos — entre ellos certificar que el herbicida no afecta la salud. Ningún gobierno lo cumplió completamente.
De la Espriella dice que si el glifosato tiene restricciones usará «bioherbicidas» alternativos. No especificó cuáles ni qué estudios respaldan su efectividad. Lo que sí es claro: la coca es también el sustento de cientos de miles de familias campesinas sin alternativa real. Eso no aparece en su programa.
El poder que no aparece en los discursos
El Caribe colombiano concentra el 22% de la población del país, ocho departamentos y varias ciudades de más de medio millón de habitantes. Es también el territorio donde los «clanes políticos» operan con mayor intensidad — familias con poder económico, político e institucional acumulado durante décadas.
La familia de mayor poder económico y político del Atlántico. Principales accionistas del Junior de Barranquilla, los supermercados Olímpica y varias empresas de construcción. Dominan la región hace 20 años a través de maquinarias clientelares. Sacudidos por el escándalo de compra de votos protagonizado por Aída Merlano. La Silla Vacía documentó su apoyo a De la Espriella — que públicamente lo niega.
Clan con representantes en el Senado y la Cámara de Representantes. Investigaciones de La Silla Vacía señalan alianzas con la campaña de De la Espriella en este departamento — también desmentidas públicamente por el candidato.
Clanes con influencia en gobernaciones, alcaldías y el Congreso. Durante las elecciones proveen transporte, recursos y redes de movilización — factores determinantes en una región donde muchos votantes residen lejos de los puestos de votación.
El politólogo Javier Duque Daza pone en perspectiva el peso real de los clanes: «Si fuera tan fácil, uno se reúne con las cabezas de los clanes y se asegura la Presidencia. Y no es así. Las elecciones pasadas, casi todos los partidos se fueron con Rodolfo Hernández» — y ganó Petro igual.
La sorpresiva victoria de De la Espriella en primera vuelta puso en aprietos a los principales jugadores electorales del Caribe. Los clanes ahora buscan reposicionarse antes del 21 de junio — su objetivo real: no quedar fuera del próximo gobierno de cara a las elecciones regionales de 2027.
Lo que dijeron en la recta final
El cruce más ácido de la campaña llegó cuando De la Espriella acusó, sin pruebas, que existía una operación de compra de votos en el Caribe para favorecer a su rival. La respuesta de Cepeda fue quirúrgica:
Tres variables — una elección
Cepeda ganó la región en primera vuelta, pero por márgenes estrechos. En Cesar la diferencia fue de menos de 1.000 votos. El Caribe representa el 22% de la población y tiene historia de voto masivo. Ambos candidatos cerraron allí. La analista Andrea Dávila: «Una de las regiones que puede cambiar el rumbo de la elección es el Caribe.»
De la Espriella ganó Medellín, Cúcuta y Bucaramanga — y estuvo cerca en Bogotá. El Pacto Histórico retrocedió en la capital respecto a 2022: de 47% a 41%. «Colombia es un país de ciudades. Colombia tiene 1.170 municipios y hay muchas ciudades intermedias de 500.000 o 600.000 habitantes. Y ahí ganó De la Espriella», explica el politólogo Duque Daza.
El 42,12% no votó en primera vuelta. «La clave está en ver en qué lugares la participación fue baja. Hay una especie de luna creciente que va desde Nariño, pasando por la costa del Pacífico hasta la Guajira, en donde sucede este fenómeno», afirma el profesor Michael Weintraub de la Universidad de los Andes. Quien los mueva primero tiene ventaja.
La seguridad es la mayor preocupación: el conflicto armado se ha recrudecido en varios territorios. El acceso a la salud genera inquietud: en regiones apartadas, llegar a un centro médico es una odisea. Y en cuanto a la economía: la deuda neta del país está en uno de los niveles más altos de las últimas décadas.
Dos proyectos incompatibles. Sin margen para el centro. Sin red de seguridad. Colombia decide el 21 de junio qué quiere ser por los próximos cuatro años.
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