Líderes israelíes, banderas, misil y puño 'Odio' en collage político.

Daniella Weiss: la arquitecta de una tragedia colectiva

Daniella Weiss: la arquitecta de una tragedia colectiva | Bastión
Medio Oriente / Perfil político Bastión
Daniella Weiss: la arquitecta de una tragedia colectiva
No es una funcionaria de bajo perfil ni una activista marginal. Es la madrina ideológica del movimiento colono israelí, sancionada por la Unión Europea, Canadá y el Reino Unido, con causas penales que se remontan a 1987, y con línea directa al despacho de Netanyahu. Esta es la historia de cómo el fanatismo se volvió política de Estado.
Publicado · Julio 2026 · Lectura: 11 min

Para entender a Daniella Weiss hay que remontarse más atrás de 1967. Nació en 1945 en Bnei Brak, hija de dos inmigrantes judíos —su padre estadounidense, su madre polaca— que fueron miembros del Lehi, también conocido como la Banda Stern: una organización armada judía ultranacionalista clasificada como grupo terrorista, activa contra el dominio británico en Palestina en los años 40. Ambos padres participaron directamente en sus actividades. Weiss no nació en el vacío ideológico: nació en una familia que ya practicaba la violencia política como método.

La Guerra de los Seis Días de 1967, cuando Weiss tenía 22 años, transformó las fronteras de Medio Oriente y la psicología de una generación entera. Israel pasó de sentirse acorralado a controlar territorios varias veces más grandes que el propio. Para muchos israelíes eso era supervivencia; para el movimiento del que Weiss formaría parte, era la realización de un mandato religioso-nacionalista.

De Gush Emunim a la primera alcaldía

Weiss se formó en Gush Emunim («Bloque de la Fe»), el movimiento que interpretaba la ocupación de Cisjordania no como una decisión política sino como un mandato divino. En 1975, con apenas 25 años, se convirtió en alcaldesa de Kedumim, uno de los primeros asentamientos en territorio palestino ocupado —cargo que ocuparía durante más de una década, con control directo sobre planificación urbana, asignación de terrenos y permisos de construcción: el aparato burocrático completo que sostiene el negocio inmobiliario de los asentamientos.

Su filosofía quedó resumida en una frase que se volvió doctrina de todo el movimiento: «Primero hacemos, después pedimos permiso». La estrategia era sistemática: ocupar tierras, instalar familias, construir infraestructura, y esperar que el Estado legalizara retroactivamente lo que ya existía como «hecho consumado» irreversible.

Las causas penales, con fecha y cargo

Contrario a la imagen de ideóloga por encima de la ley, Weiss tiene antecedentes penales concretos, documentados:

Mayo 1987

Es arrestada y condenada por su participación en disturbios provocados por colonos israelíes en la ciudad de Qalqilia.

Mayo 2009

Vuelve a ser arrestada, esta vez por agredir a un agente de policía y obstruir una investigación. Fue sentenciada a dos días de arresto domiciliario.

Las sanciones internacionales: 2024-2026

En los últimos dos años, Weiss pasó de ser una figura polémica local a un blanco de sanciones formales de tres bloques distintos:

Canadá — 27 de junio de 2024

El gobierno canadiense sancionó a siete colonos extremistas, incluida Weiss, por violencia contra civiles en Cisjordania.

Reino Unido — mayo de 2025

Londres la sancionó como parte de un paquete contra colonos extremistas, con el canciller británico declarando que la medida demostraba «la determinación del Reino Unido de rendir cuentas a los colonos extremistas».

Unión Europea — mayo de 2026

Los ministros de Exteriores de la UE sancionaron a Weiss y a su organización Nachala, junto con otras seis entidades israelíes —incluidas las oenegés proasentamiento Amana y Regavim y el grupo paramilitar Hashomer Yosh—, por cometer «actos coercitivos que conducen al desplazamiento forzoso de palestinos».

Cuatro organizaciones de colonos y tres líderes de asentamientos judíos en Cisjordania, vinculados a la violencia y al expolio de los palestinos. Peace Now, sobre el listado de sanciones de la Unión Europea

El negocio detrás del fanatismo

Weiss no vive de un sueldo modesto de activista. En 2023, su organización Nachala recibió una donación de 6,5 millones de shekels (unos 1,9 millones de dólares) de Leah Dankner, una millonaria israelí de 99 años, destinada específicamente a promover asentamientos en Gaza. Para dimensionar el salto: en toda la década anterior, la organización había recaudado apenas 6 millones de shekels en total.

500 Familias ya registradas por Nachala para reasentarse en Gaza
800 Familias que se anotaron para mudarse a seis posibles asentamientos, según activistas
1,9M US$ Donación de una sola persona en 2023

Alrededor de ese dinero se montó una industria paralela: empresas inmobiliarias organizan actualmente tours por ciudades norteamericanas promocionando casas en asentamientos, con convenciones en sinagogas donde conviven stands de bienes raíces, compañías hipotecarias y estudios legales, vendiendo el «sueño americano en el corazón de Israel». Algunas de esas firmas ya enfrentan denuncias de las propias autoridades israelíes por vender tierras que no les pertenecen. Weiss no necesita vender directamente: crea las condiciones ideológicas y prácticas para que otros moneticen el proyecto.

La red de poder: Netanyahu, Ben-Gvir y Smotrich

Durante años, Weiss fue conocida informalmente como «la reina de la cafetería del Knéset», por sus contactos regulares con parlamentarios israelíes. Hoy esa influencia informal se transformó en una línea directa al poder ejecutivo: realizadores de un documental sobre ella revelaron que estaba «constantemente al teléfono con Netanyahu» durante las filmaciones, al punto de tener que pausar el rodaje para atender sus llamadas. Ella misma reconoce poder contactar a los asistentes del primer ministro cuando lo necesita, aunque lo critica por ser, en sus palabras, «un poco lento» para implementar sus ideas.

Weiss funciona hoy como la «madrina» ideológica de un movimiento cuyos líderes actuales ocupan carteras clave: Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional —condenado en 2007 por incitación al racismo y apoyo a una organización terrorista (el movimiento Kach)— y Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas, que en 2023 declaró públicamente que el pueblo palestino de Huwara «debía ser borrado», tras un episodio de violencia de colonos. Los tres compartieron escenario en la conferencia «Victoria de Israel» en Jerusalén, promoviendo abiertamente el reasentamiento de Gaza.

La dinámica, en tres piezas

Netanyahu necesita los votos de Ben-Gvir y Smotrich para sostenerse en el poder y evitar una eventual condena en su juicio por corrupción.

Ben-Gvir y Smotrich controlan escaños decisivos dentro de la coalición de gobierno, lo que los convierte en árbitros de la supervivencia política de Netanyahu.

Weiss aporta la legitimidad ideológica «histórica» del movimiento colono original y la experiencia práctica de décadas para ejecutar sus planes de expansión territorial.

El resultado es un sistema donde cada pieza necesita a las otras: Netanyahu ofrece cobertura política y acceso al aparato del Estado; Ben-Gvir y Smotrich garantizan la supervivencia parlamentaria del gobierno; Weiss aporta el capital ideológico que convierte el extremismo religioso en política oficial de Estado.

El costo, de los dos lados

Las políticas impulsadas por Weiss desplazaron a miles de familias palestinas de tierras cultivadas por generaciones; olivares centenarios fueron destruidos para dar lugar a barrios residenciales israelíes después vendidos como «oportunidades de inversión». Pero el costo no se limitó a los palestinos.

La sociedad israelí también se fracturó: el movimiento Paz Ahora organizó manifestaciones masivas contra los asentamientos, veteranos de guerra e intelectuales se opusieron abiertamente, y generaciones de soldados de 18 años fueron destinados a proteger asentamientos que buena parte del mundo —y buena parte de la propia sociedad israelí— considera ilegales. La imagen internacional de Israel se deterioró de forma sostenida en el proceso.

Muchas de las familias que efectivamente se mudaron a los asentamientos no lo hicieron por convicción ideológica sino buscando viviendas más baratas, y terminaron convertidas en piezas de un conflicto que no eligieron, mientras otros construían fortunas vendiendo ese mismo sueño.

La historia de Daniella Weiss deja una enseñanza incómoda: cuando el fanatismo encuentra la manera de convertirse en modelo de negocio y, a la vez, en política de Estado, el costo no lo paga solo la parte señalada como enemiga —lo terminan pagando, de maneras distintas, ambos lados del conflicto que ese fanatismo ayudó a perpetuar.


Apoyá este trabajo

Bastión se sostiene con trabajo, no con publicidad. Si esto te aportó algo, invitame un café.

☕ Invitame un café
Bastión — Perfil político

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio
♥ Apoyá a Bastión

Periodismo independiente sin trinchera