Caracas / Washington / Londres — Investigación
La fiebre del oro de Trump: lingotes ligados al crimen
Diez lingotes en la Sala Roosevelt, un avión fletado en horas, y una industria que Trump había puesto en la lista negra por financiar bandas criminales. Una investigación del New York Times reconstruye cómo Estados Unidos terminó comerciando el mismo oro que decía combatir.
- La celebración en la Sala Roosevelt
- El giro de 180 grados de Trump sobre el oro
- Cómo empezó todo: la propuesta de Trafigura
- El escepticismo de Delcy Rodríguez
- La firma del acuerdo, y el primer envío en dos días
- La solución que «separaba» el oro de la criminalidad
- Lo que encontró el reportero del Times en El Callao
- «El sistema»: el 20% que va a la banda
- Los militares que siguen al mando de Minerven
- La entrada de Heeney Capital y Mercuria
- El Chocó: la mina iraní que Estados Unidos heredó
- «El 90% del oro proviene de actividades delictivas»
- El oro que nadie quiere comprar
- Lo que dice la Casa Blanca
- El balance de la investigación
A principios de marzo, mientras el presidente Donald Trump disfrutaba del éxito de una intervención militar en Venezuela, se reunió con el secretario del Interior estadounidense, Doug Burgum, en el Ala Oeste para una celebración privada. También asistió un empresario, que llevó una pila de oro.
La celebración en la Sala Roosevelt
El presidente vio con aprobación los 10 lingotes de oro venezolano apilados en la Sala Roosevelt, frente al Despacho Oval, según recordaron funcionarios de la Casa Blanca. Los asesores tomaron fotos y bromeaban sobre quedarse con el oro.
El giro de 180 grados de Trump sobre el oro
El mismo oro que él mismo había puesto en la lista negra
En su momento, el propio Trump había puesto al oro venezolano en una lista negra, al declarar que destruía el medioambiente, envenenaba a la gente y financiaba a miembros de bandas criminales y oficiales militares corruptos. Pero después de que Trump derrocara al presidente venezolano Nicolás Maduro, su postura cambió. El mismo día en que los lingotes llegaron a la Casa Blanca, el gobierno de Trump emitió una nueva política que permite a los comerciantes importar oro venezolano proveniente de una de las regiones mineras más violentas y corruptas del mundo. Los primeros suministros provendrían de una empresa minera estatal que seguía catalogada como una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos.
El acuerdo de comercio de oro ejemplificó cómo Trump aprovechó la captura de Maduro para obtener el control de los recursos de Venezuela. Primero, tomó el control de las exportaciones de petróleo del país. Después, su gobierno se volcó hacia la riqueza mineral, que incluye una de las mayores reservas de oro sin explotar del mundo, en un momento en que los precios rondaban máximos históricos.
La versión oficial de la Casa Blanca
El gobierno de Trump y sus aliados empresariales dijeron que la venta de oro beneficiaría a la economía de Estados Unidos, ayudaría a desarrollar la región minera de Venezuela y privaría de ingresos a los delincuentes y a los funcionarios corruptos.
Pero una investigación del New York Times, que va desde las minas del sur de Venezuela hasta la Casa Blanca y las casas de comercio en Europa, encontró que Trump alineó a Estados Unidos con una industria todavía plagada por la misma criminalidad que, según él, enfrentaba al detener a Maduro. Aviones sacaron oro de Venezuela incluso antes de que las empresas hubieran visitado las minas. Parte de ese oro, descubrió el Times, está vinculado a mineros que pagan cuotas de protección a bandas criminales —lo que permite que los delincuentes se beneficien del acuerdo insignia del gobierno—.
Cómo empezó todo: la propuesta de Trafigura
A los pocos días de la detención de Maduro, ejecutivos de Trafigura —una de las mayores casas de comercio del mundo— contactaron a la Casa Blanca con una idea audaz. El gobierno acababa de otorgarle a la empresa el derecho a vender petróleo venezolano. Pero con los precios del oro por las nubes, sus ejecutivos tenían ambiciones que iban más allá.
Ejecutivos de Trafigura le dijeron a la Casa Blanca que el oro venezolano era un asunto de seguridad nacional, según personas familiarizadas con la propuesta. Argumentaron que el gobierno tenía la oportunidad de tomar el control de una industria sin ley y poner los minerales de Venezuela en manos de Estados Unidos y sus socios —es decir, Trafigura—. Al menos algunos empleados de la propia empresa se mostraron recelosos: Venezuela tenía mucho oro, pero ¿cuánto de ese oro podía rastrearse y documentarse conforme a los estándares de la industria?
El escepticismo de Delcy Rodríguez
A principios de marzo, Burgum voló a Caracas. Trump parecía eufórico por el éxito de la intervención, y Burgum quería dejar su huella en el proyecto. Dejó claro a los funcionarios venezolanos que quería negociar acuerdos importantes: la propuesta de Trafigura, que había quedado en segundo plano frente a los acuerdos petroleros, pasó a ser una prioridad.
La presidenta interina, sin margen real de negociación
Delcy Rodríguez, presidenta interina del país, parecía escéptica, según personas cercanas a ella. Según la propuesta, los ingresos del oro venezolano se depositarían en una cuenta controlada por el Tesoro estadounidense, que luego los distribuiría. A pesar de su cargo, Rodríguez solo tenía un mando nominal sobre los generales militares que ejercían el control real en la región minera —si algo salía mal, no quería que la responsabilizaran—. Pero no estaba en posición real de negociar: desde que Trump la nombró reemplazo de Maduro, dependía de la buena voluntad de Washington para mantenerse en el cargo.
Días antes de la llegada de Burgum, Rodríguez accedió a permitir que Trafigura se asociara con Minerven, la productora de oro estatal venezolana. El acuerdo le otorgó a la empresa el derecho, por un año, de comprar y exportar oro de las pocas minas industriales subterráneas del país.
La firma del acuerdo, y el primer envío en dos días
El 5 de marzo, Burgum presidió la firma del contrato. En cuestión de horas, Trafigura trasladó rápidamente el primer cargamento de oro a Estados Unidos en un avión fletado —motivo de celebración en el Ala Oeste—.
La solución que «separaba» el oro de la criminalidad
La asociación de Trafigura con Minerven no fue nada sencilla. Las instalaciones de Minerven están rodeadas de territorio controlado por pandillas, donde trabajadores y proveedores pagan cuotas de protección —vínculos bien documentados en toda la industria aurífera de la región—.
Trafigura y Minerven idearon una solución que, aparentemente, separaba sus operaciones de la criminalidad: la empresa compraría oro únicamente de dos minas industriales cercadas y custodiadas por el ejército, procesado en el lugar para mantener a raya a pandilleros y funcionarios corruptos. El oro semipuro se enviaría después a Estados Unidos para su refinación. La cadena de exportación se puso en marcha en cuestión de semanas, y desde entonces se convirtió en compras regulares de hasta 400 kilogramos al mes —aproximadamente el peso de un piano de cola de concierto—.
El detalle que desmiente la «solución»
El gobierno de Trump dejó en manos de terceros la certificación de que el oro cumplía con los estándares de la industria, incluido estar libre de actividades ilegales. Pero el oro comenzó a fluir antes de que Trafigura o los auditores independientes hubieran siquiera visitado las minas. La empresa contrató a un auditor recién en primavera y a un consultor de riesgos en verano —después de haber comprado ya millones de dólares en oro sin certificar—.
Lo que encontró el reportero del Times en El Callao
Un reportero del Times visitó este verano el centro de producción de oro de Venezuela, la localidad de El Callao. Además de las minas subterráneas de Minerven, allí operan cientos de explotaciones rudimentarias y de gestión privada, incluidas cooperativas conocidas como «brigadas». Según entrevistas con una docena de propietarios de minas, líderes de brigadas y empleados de Minerven, los operadores de esas minas entregan una parte de lo extraído al grupo criminal local, el Tren de Guayana, como cuota de protección.
«El sistema»: el 20% que va a la banda
Una práctica tan arraigada que tiene nombre propio
Algunas brigadas operan dentro del cercado, en terrenos de Minerven. El líder de una de estas brigadas le dijo al Times que, cada mes, el 20% del oro del equipo va a parar a manos de la banda —una práctica tan arraigada en la economía local que se conoce simplemente como «el sistema»—. Otra parte de lo recolectado va a Minerven, que lo funde junto con el oro que se vende a Trafigura, según confirmaron entrevistas con otros miembros de brigadas y empleados de la propia estatal.
Esto significa que, en la emblemática iniciativa del gobierno de Trump relacionada con el oro venezolano, Estados Unidos está importando lingotes que contienen al menos cierta cantidad de oro vinculado al Tren de Guayana.
Trafigura, consultada por el Times, respondió: «Hasta la fecha, no se han identificado en los sitios violaciones de derechos humanos, financiamiento de conflictos, impuestos ilegales, extorsión ni participación de actores ilegales».
Los militares que siguen al mando de Minerven
La misma corrupción que Trump decía combatir
Decenas de oficiales militares venezolanos siguen ocupando puestos directivos en Minerven, a pesar de las preocupaciones que había expresado anteriormente Trump sobre el control que las fuerzas armadas venezolanas ejercían sobre la corrupción relacionada con el oro. Varios trabajadores de la empresa dijeron en entrevistas que han sido amenazados con frecuencia por militares y agentes de inteligencia que trabajan para la compañía, con despidos o cargos relacionados con el terrorismo, por exigir las prestaciones establecidas en sus contratos.
Las nóminas a las que tuvo acceso el Times muestran que Minerven declara solo una fracción del oro que le vende a Trafigura. Los trabajadores dicen que esa subdeclaración reduce sus salarios, que se basan principalmente en la producción.
La entrada de Heeney Capital y Mercuria
Una vez que Trump le abrió las puertas a Trafigura, otras empresas buscaron sacar provecho de la situación. A finales de abril, la Casa Blanca organizó una delegación empresarial a Caracas. Uno de los ejecutivos presentes fue Sean Pi, gestor del fondo de capital privado Heeney Capital, que había testificado ante el Congreso a favor de legislación para agilizar proyectos mineros. Pi se reunió con Rodríguez en Caracas y pronto concretó un acuerdo de oro para su empresa.
Heeney Capital se asoció con Mercuria, empresa rival de Trafigura, para producir y exportar oro venezolano. Ambas estimaron que sus acuerdos generarían algún día alrededor de 2.200 millones de dólares en exportaciones mineras anuales. Como Trafigura ya se había asegurado el suministro de las minas subterráneas establecidas, Heeney tendría que recurrir a sitios más informales, con mayores riesgos de corrupción y daño ambiental.
El Chocó: la mina iraní que Estados Unidos heredó
Heeney puso su mirada en El Chocó, una gran mina a cielo abierto operada por el Estado venezolano. Según dos trabajadores empleados por contratistas de la mina, estos pagaban cuotas de protección al Tren de Guayana.
Una «victoria» con matices
En cierto sentido, El Chocó representa una victoria para el gobierno de Trump. El gobierno venezolano había estado trabajando con una empresa iraní, Espadana, para construir allí una planta de procesamiento. Tras la caída de Maduro, Estados Unidos le prohibió a Venezuela colaborar con Irán, y la mayoría de los trabajadores de Espadana se fueron. En una visita reciente, la minería en El Chocó continuaba, pero la construcción de la planta se había detenido y la maquinaria iraní permanecía inactiva, con escuadrones de contrainteligencia militar y vehículos blindados custodiando el perímetro.
A pesar de esos cambios, cualquiera que obtuviera oro de El Chocó correría el riesgo de involucrarse en un sistema vinculado al crimen organizado. Este mes, Heeney anunció que había firmado un acuerdo para hacerse cargo de las operaciones mineras y los derechos de exportación en la mina, prometiendo modernizarla para cumplir con estándares internacionales —sin que quede claro qué medidas tomaría para desvincularla del crimen organizado—.
«El 90% del oro proviene de actividades delictivas»
El oro que nadie quiere comprar
Medio año después de que el gobierno de Trump le permitiera a Trafigura traer oro venezolano a Estados Unidos, la empresa no ha logrado revenderlo, según personas familiarizadas con el acuerdo. Ese oro, pensado para ser un beneficio para las empresas estadounidenses, permanece almacenado: quien lo compre y lo refine tendría que garantizar, conforme a las normas internacionales, que no tiene vínculos con la delincuencia.
Lo que dice la Casa Blanca
El gobierno no se deja disuadir, y ha seguido flexibilizando las sanciones económicas contra la minería venezolana. Los legisladores demócratas, mientras tanto, han cuestionado la legalidad del acuerdo con Trafigura y prometen mayor supervisión si ganan el control del Congreso en las elecciones de noviembre.
El balance de la investigación
El acuerdo del oro cristaliza las posturas que Trump ha sostenido desde hace tiempo sobre Venezuela, los recursos naturales y el poder de Estados Unidos. Maduro era un dictador que supervisaba un sistema corrupto y violento, pero Trump ha hecho tratos en repetidas ocasiones con líderes de ese tipo. Lo que distinguía a Maduro, según reconstruye la investigación, no era tanto la corrupción de su régimen —que persiste hoy bajo otro nombre— sino su negativa a ceder ante la exigencia de Trump de dejar el poder, y el hecho de que comercializaba los recursos del país con adversarios de Estados Unidos como Irán. Seis meses después de la caída de Maduro, esa misma industria opaca sigue operando casi intacta: los generales siguen en sus puestos, las bandas siguen cobrando su cuota, y el oro —cientos de millones de dólares en lingotes— sigue acumulándose en depósitos, sin que nadie se anime todavía a comprarlo.
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