El acuerdo nuclear saudí y medio siglo de sospechas

Agosto de 2026 — Washington D.C. / Riad

El acuerdo nuclear saudí y medio siglo de sospechas

Trump condicionó la energía nuclear civil saudí a que Riad reconozca a Israel. Pero detrás de la letra chica hay cinco décadas de indicios —nunca confirmados del todo— de que Arabia Saudita quiere algo más que electricidad.

El presidente estadounidense Donald Trump envió al Congreso un acuerdo con Arabia Saudita sobre energía nuclear civil, insistiendo en que solo será aprobado si el reino normaliza relaciones con Israel. El pacto, cerrado en julio y enviado al Congreso el lunes, permitiría a empresas estadounidenses exportarle tecnología nuclear civil a Riad —pero la condición política que Trump le sumó después cambia por completo el tablero.

La condición que no estaba en la letra original

El texto del acuerdo firmado en julio no mencionaba, en principio, ninguna obligación de normalizar relaciones con Israel. Fue días después, el 23 de julio, cuando Trump anunció públicamente que el pacto solo avanzaría si Arabia Saudita se sumaba a los Acuerdos de Abraham —los pactos de normalización mediados por Estados Unidos entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Marruecos en 2020-2021—. El anuncio generó elogios inmediatos de la oficina de Netanyahu.

«Se refiere únicamente a usos no militares, como los que Irán y los Emiratos Árabes Unidos (y otros) ya tienen, será aprobado, pero está totalmente sujeto a que Arabia Saudita se una a los muy respetados y exitosos Acuerdos de Abraham.» Donald Trump, en Truth Social

Trump insistió también en que el acuerdo no permitiría «enriquecimiento material» de uranio en territorio saudí —una aclaración que pareció apuntar directamente a un reporte del Wall Street Journal según el cual el pacto podría habilitar a empresas estadounidenses a construir una instalación de enriquecimiento de uranio en el reino—.

Por qué Arabia Saudita se resiste a normalizar con Israel

Arabia Saudita exige, como condición propia, un camino irreversible hacia un Estado palestino antes de reconocer a Israel —algo que el gobierno de Netanyahu rechaza de plano—. Los diplomáticos creían que Riad estaba cerca de una normalización en 2023, hasta que el inicio de la guerra entre Israel y Hamás, en octubre de ese año, cambió por completo el panorama. El propio expresidente Joe Biden había impulsado antes un acuerdo nuclear similar, buscando atarlo del mismo modo a la normalización.

Qué contempla el acuerdo, en números

30 añosDuración del acuerdo
90 díasDe sesión para el Congreso
90.000 tReservas saudíes de uranio estimadas

El pacto contempla la construcción de reactores AP1000, un proyecto de decenas de miles de millones de dólares que beneficiaría a Westinghouse —propiedad conjunta de la canadiense Cameco y Brookfield Asset Management—. Legisladores demócratas y especialistas en no proliferación ya lo criticaron por no impedirle a Arabia Saudita enriquecer uranio o reprocesar residuos nucleares, las dos vías técnicas hacia un arma nuclear. Los Emiratos Árabes Unidos sí habían aceptado renunciar a ambas capacidades —el llamado «patrón oro»— en su propio acuerdo nuclear civil con Washington en 2009.

«Esto no es lo ideal si se toma en serio la ausencia de enriquecimiento y el reconocimiento de Israel.» Henry Sokolski, director del Centro de Educación sobre la Política de No Proliferación

Medio siglo de sospechas: lo que nunca se confirmó del todo

Oficialmente, Arabia Saudita firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear y forma parte de la coalición que exige una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio. Ningún estudio serio de proliferación la identifica hoy como un país con programa de armas activo. Pero durante cinco décadas se acumularon reportes, documentos filtrados y declaraciones de funcionarios que sugieren algo más complejo que una simple ambición energética civil.

1974

El primer ministro paquistaní Zulfikar Ali Bhutto reúne a físicos teóricos paquistaníes con el gobierno saudí durante una visita real a Pakistán, en el marco de la OCI. Bhutto destaca los avances nucleares de Israel e India como una forma de «intimidación» hacia el mundo musulmán. Se cree que, desde ese momento, Arabia Saudita financia el programa nuclear paquistaní.

1998

Antes de ordenar las pruebas nucleares de Chagai, el primer ministro Nawaz Sharif informa confidencialmente a Arabia Saudita. Poco después, el ministro de Defensa saudí visita los Laboratorios de Investigación Kahuta junto a Sharif, donde el científico Abdul Qadeer Khan —padre del programa nuclear paquistaní— los instruye sobre física nuclear.

2003

Un documento de estrategia filtrado revela tres opciones que evaluaba el gobierno saudí: adquirir disuasión nuclear propia, aliarse con una potencia nuclear existente, o buscar un Oriente Medio libre de armas nucleares. Globalsecurity.org reporta, el mismo año, un supuesto acuerdo secreto de cooperación nuclear con Pakistán a cambio de petróleo barato.

2006

La revista alemana Cicero informa que Arabia Saudita recibe ayuda paquistaní para adquirir misiles y ojivas nucleares, y que imágenes satelitales muestran una supuesta ciudad subterránea con silos para misiles Ghauri en Al-Sulaiyil, al sur de Riad.

2013

La BBC reporta, citando múltiples fuentes, que Arabia Saudita financió el desarrollo de armas nucleares en Pakistán. Un alto funcionario de la OTAN afirma haber visto informes de inteligencia que indican que ojivas fabricadas por encargo saudí en Pakistán ya estaban listas para su entrega.

2018

El príncipe heredero Mohammed bin Salman declara que, si Irán construye un arma nuclear, Arabia Saudita «seguirá el ejemplo lo antes posible».

2020

Imágenes satelitales muestran a Arabia Saudita construyendo su primer reactor de investigación, con un techo ocultando deliberadamente el recipiente del reactor. The Guardian revela que el país posee reservas de uranio estimadas en 90.000 toneladas, sin haber firmado compromisos de no enriquecer uranio ni reprocesar combustible.

«Si los saudíes ya pagaron por la bomba, en caso de que Irán la consiguiera, no esperarían ni un mes: irían a Pakistán y traerían lo que necesiten traer.» Amos Yadlin, exjefe de inteligencia militar israelí, 2013

El rey Abdullah ya se lo había advertido directamente al enviado especial estadounidense Dennis Ross en 2009: si Irán cruzaba el umbral nuclear, «obtendremos armas nucleares». Fuentes de inteligencia occidentales citadas por The Guardian sostienen que la monarquía saudí financió hasta el 60% de los proyectos de fabricación de bombas atómicas de Pakistán, a cambio de la opción de comprar cinco o seis ojivas ya fabricadas si la seguridad regional se deteriora. Tanto Riad como Islamabad niegan tajantemente la existencia de cualquier acuerdo de ese tipo.

El matiz que hay que sostener

Nada de esto equivale a una prueba concluyente. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales calificó el reporte de la BBC de 2013 como «parcialmente incorrecto», señalando que no hay forma de verificar la validez de sus fuentes anónimas. Y un antecedente similar —la denuncia de 1994 de un diplomático saudí desertor, Mohammed al Khilewi, sobre un supuesto financiamiento saudí de 5.000 millones de dólares al programa nuclear iraquí de Saddam Hussein— nunca fue confirmado por ninguna otra fuente; funcionarios de la administración Clinton dijeron explícitamente que no encontraron nada que lo respaldara.

La capacidad de misiles, esa sí verificable

Lo que no está en discusión es la capacidad de entrega que Arabia Saudita ya posee. En 1987 compró a China misiles balísticos CSS-2 de alcance intermedio —diseñados originalmente para portar ojivas nucleares, aunque entregados con ojivas convencionales—, con un alcance de 4.850 km. En 2007, según una fuente citada por Newsweek, sumó misiles CSS-5, más precisos y de combustible sólido, con la aprobación tácita de Washington bajo la condición de que técnicos de la CIA verificaran que no estuvieran diseñados para portar ojivas nucleares. La Real Fuerza de Misiles Estratégicos de Arabia Saudita, que opera este arsenal, existe formalmente desde 2013.

En 2020, además, se supo que Arabia Saudita construyó, con ayuda china, una instalación para extraer uranio concentrado del mineral bruto cerca de la ciudad de Al-Ula —y que firmó con el Organismo Internacional de Energía Atómica un acuerdo de salvaguardias descrito como «muy limitado». En enero de 2023, el propio ministro de Energía saudí, el príncipe Abdulaziz bin Salman, confirmó la intención de desarrollar el ciclo completo del combustible nuclear con uranio de origen nacional —incluyendo el enriquecimiento—, tanto para uso doméstico como para exportación.

Lo que queda planteado con el acuerdo actual

Es en ese contexto de décadas que hay que leer la advertencia de Henry Sokolski sobre el acuerdo de 2026: al condicionar el pacto a la normalización con Israel —algo que Riad no parece dispuesta a aceptar en el corto plazo, dado su propio condicionamiento sobre un Estado palestino—, Trump abrió la puerta a que el Congreso termine aprobando el acuerdo sin ninguna de las dos salvaguardas: ni el compromiso de no enriquecimiento, ni la normalización política. Es decir, exactamente el escenario que la larga historia de sospechas sobre las ambiciones nucleares saudíes vuelve más riesgoso, no menos.


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