El círculo de Trump
ya está en Groenlandia
Sin permiso del gobierno groenlandés, una petrolera texana fundada hace apenas un año ya desembarcó equipo de perforación en la costa este de la isla. Su presidente tiene acceso directo al círculo de Trump, contrató a Dr. Phil para filmar el proyecto, y nombró director a un veterano de la Marina que trabaja en la Cúpula Dorada. Mientras tanto, Trump publica imágenes suyas gigantes sobre aldeas groenlandesas.
El 29 de julio de 2026, un remolcador danés llamado Bestla llegó al puerto de Nerlerit Inaat, en el este de Groenlandia, con una barcaza cargada de una excavadora y al menos 15 contenedores. Al día siguiente zarpó vacío. El gobierno groenlandés no había dado permiso para ese desembarco. Dos días después, Donald Trump publicó en Truth Social una imagen suya gigante, imponente, sobre una aldea groenlandesa. La empresa detrás del envío, Greenland Energy, tiene una cadena de conexiones con el entorno de Trump que va mucho más allá de la coincidencia de fechas.
El desembarco sin permiso

El Ministerio de Industria y Recursos Minerales de Groenlandia confirmó que White Flame Energy A/S —la licenciataria local del proyecto— trasladó equipo almacenado desde Tasiilaq hasta Nerlerit Inaat sin la aprobación vigente de la autoridad de recursos minerales. El permiso original, otorgado cuando el equipo se movió por primera vez desde Dundas en septiembre de 2025, había expirado y todavía no fue renovado.
El gobierno decidió no exigir que el equipo volviera a Tasiilaq por considerarlo desproporcionado, pero envió una «advertencia contundente» al titular de la licencia y exigió que toda futura logística sea notificada y aprobada antes de ejecutarse.
El medio de investigación danés Danwatch confirmó, a través del director de la naviera contratada, que la entrega fue efectivamente para Greenland Energy. Un representante de la empresa había afirmado falsamente, en una reunión comunitaria en Jameson Land en junio, que ya contaba con permiso para desembarcar equipos. Larry Swets, presidente de la compañía, atribuyó después el episodio a un exceso de «entusiasmo» que generó «confusión».
Quién es Larry Swets
Swets no es un petrolero de carrera. Es, desde hace 25 años, un operador financiero especializado en seguros y vehículos de inversión. Fundó Itasca Financial en 2005, fue director de inversiones en Kemper Insurance, y entre 2010 y 2018 dirigió Kingsway Financial Services, a la que transformó de aseguradora tradicional en un holding diversificado. Desde entonces encadenó roles en una serie de SPACs y holdings —Fundamental Global, FG Group Holdings, Saltire Capital, GreenFirst Forest Products— antes de aparecer como presidente y accionista relevante de Greenland Energy, una compañía texana fundada apenas el año pasado.
Es, en otras palabras, el perfil típico de un armador de vehículos financieros que salta de sector en sector según dónde esté la oportunidad regulatoria o política del momento —no un geólogo ni un ejecutivo con historial en exploración petrolera—. Según The Guardian, Swets «parece disfrutar del acceso al círculo de Trump», aunque él mismo lo niega: dice que el proyecto petrolero «no está relacionado con la anexión estadounidense».
Dr. Phil, la Marina y la Cúpula Dorada

Las conexiones de la empresa con el entorno de Trump no se limitan a Swets. Greenland Energy contrató a Phil McGraw —Dr. Phil, expresentador de televisión y figura de derecha que integró la comisión de libertad religiosa de Trump— para producir una serie documental sobre el proyecto. También nombró director a un veterano de la Marina estadounidense vinculado a la Cúpula Dorada, el sistema de defensa antimisiles que Trump considera «vital» para justificar el control de Groenlandia.
Nuestro entusiasmo por el proyecto nos llevó a comunicarnos de una manera que generó confusión.
— Larry Swets, presidente de Greenland EnergyLa combinación —un financista con historial en SPACs, un presentador de TV cercano a Trump y un veterano naval ligado al programa de defensa insignia de la administración— no es una coincidencia de currículums sueltos. Es la misma arquitectura que ya se documentó en otras inversiones estadounidenses en Groenlandia: una investigación del Organized Crime and Corruption Reporting Project (OCCRP) encontró que un grupo de exempleados y exfuncionarios de la órbita de Trump persigue intereses mineros en la isla, atraídos por sus reservas de tierras raras codiciadas por las industrias tecnológica y de defensa.
El dinero detrás del interés en el Ártico
El patrón se repite con otros actores. Critical Metals Corp, otra empresa con intereses mineros en Groenlandia, tuvo entre sus inversores a magnates tecnológicos que en conjunto donaron 243 millones de dólares a la campaña de Trump, según una investigación reportada por The Guardian. Entre esos inversores figuran gestoras como Vanguard, BlackRock, Geode Capital y State Street, que además acumularon 314 millones de dólares en acciones de Trump Media.
El copresidente del centro de estudios Public Citizen, Robert Weissman, calificó este entramado de «círculo de amiguismo»: «poné dinero en el banco de la familia Trump y el dinero te vuelve en forma de alguna política de gobierno».
Greenland Energy sostiene que su proyecto podría encontrar hasta un billón de dólares en crudo bajo Jameson Land, y anunció un plan de 60 millones de dólares para perforar dos pozos —reducido después a uno solo, según una carta a accionistas, tras «reuniones de alto nivel» con las autoridades groenlandesas—. El problema de fondo es que Groenlandia dejó de emitir licencias petroleras nuevas en 2021 por razones ambientales, y los pozos planeados caerían dentro de un área protegida por la convención Ramsar sobre humedales.
El trasfondo: la obsesión de Trump con la isla
Nada de esto ocurre en el vacío. Trump lleva años insistiendo en que Estados Unidos necesita el control de Groenlandia «por defensa», y en enero de 2026 llegó a decirle a líderes europeos que una de las razones para retomar el reclamo era no haber ganado el Premio Nobel de la Paz. Fue rechazado tanto por Dinamarca como por las autoridades groenlandesas, pero eso no detuvo los gestos: su hijo Donald Trump Jr. visitó la isla calificándola de destino «fascinante», y Jeff Landry, el gobernador de extrema derecha de Luisiana designado enviado de Trump para Groenlandia, llegó a afirmar que la isla podría estar bombeando petróleo el año próximo.
Groenlandia, como territorio semiautónomo de Dinamarca, tiene la decisión final sobre sus propios recursos naturales en manos de sus líderes electos. Eso los deja frente a un dilema incómodo: conceder el permiso de perforación —aun dentro de una zona protegida— o negarlo y, según temen algunas voces locales, darle a Trump un pretexto adicional para insistir con su agenda de anexión.
Cronología
Groenlandia deja de emitir nuevas licencias petroleras por motivos ambientales.
Se funda Greenland Energy en Texas. La empresa toma posición mayoritaria en el proyecto de la licenciataria británica 80 Mile en Jameson Land.
Se transporta equipo desde Dundas hasta Tasiilaq, con aprobación vigente en ese momento.
Greenland Energy anuncia en X que «la danza logística» comenzó, con el remolcador Bestla en camino desde Dinamarca.
Un representante de la empresa afirma falsamente, en una reunión comunitaria, que ya tiene permiso para desembarcar equipo.
El Bestla desembarca equipo en Nerlerit Inaat sin aprobación vigente.
El gobierno groenlandés emite una «fuerte advertencia» a la empresa.
Trump publica en Truth Social una imagen suya gigante sobre una aldea groenlandesa.
Un buque con 300 contenedores de maquinaria zarpará desde Canadá hacia Groenlandia.
Fecha anunciada para el inicio de la excavación de los pozos.
Lo que queda al descubierto, entre el equipo desembarcado sin permiso y la red de nombres que rodea a Greenland Energy, es que el interés estadounidense en Groenlandia no se juega solo en los discursos de anexión de Trump. Se juega, con la misma insistencia, en barcazas que llegan a puertos remotos antes de que exista autorización para que lleguen.
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