Falangismo: la ideología que Franco hizo partido único

1931-1977 — España

Falangismo: la ideología que Franco hizo partido único

De un periódico llamado «El Fascio» al brazo político de casi cuarenta años de dictadura: la historia completa del nacionalsindicalismo español.

En esta investigación
  1. Los orígenes: las JONS y «El Fascio»
  2. José Antonio Primo de Rivera funda la Falange
  3. La ideología: nacionalsindicalismo y tercerposicionismo
  4. El dinero de Mussolini y la estética fascista
  5. Las milicias armadas
  6. La derrota electoral de 1936
  7. La Guerra Civil y la muerte de José Antonio
  8. El «Hedillazo»: cuando Franco se quedó con el partido
  9. El Movimiento Nacional bajo Franco
  10. Después de Franco: marginación y legado

El falangismo, o nacionalsindicalismo, es una de las ideologías más controvertidas del siglo XX español: una teoría política y económica de raíz fascista, nacida en 1931, que tomó prestados segmentos de la ideología de la Italia de Mussolini y los adaptó a las particularidades locales —empezando por el catolicismo—. Su influencia, tanto durante la Guerra Civil como en el franquismo posterior, dejó una marca que la política española todavía discute hoy.

Los orígenes: las JONS y «El Fascio»

El falangismo nació inmerso en la corriente de época que veía crecer al nazismo alemán y al fascismo italiano. Su primera organización no fue la Falange, sino las JONS —las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista—, lideradas por Ramiro Ledesma Ramos y organizadas en torno al periódico La Conquista del Estado, versión española del diario homónimo italiano. En paralelo existieron las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, de Onésimo Redondo.

Periódico El Fascio, precursor de la prensa falangista española
El Fascio, el periódico cuya aparición en 1933 precedió a la fundación formal de la Falange Española.

En 1933, tras la aparición del periódico El Fascio, tuvo lugar la fundación formal de la Falange Española, encabezada por José Antonio Primo de Rivera, aglutinando bajo un discurso ultranacionalista a diversos sectores de derecha. Fue el primer paso de un camino que terminaría, seis años después, en el franquismo.

José Antonio Primo de Rivera funda la Falange

José Antonio Primo de Rivera, hijo del expresidente y dictador Miguel Primo de Rivera, fundó el movimiento junto a Julio Ruiz de Alda y Alfonso García Valdecasas, bajo el nombre inicial de Movimiento Español Sindicalista, subtitulado «Fascismo Español (FE)». Su unión con el derechismo vasco, encabezado por José María de Areilza, condujo en octubre de 1933 a la proclamación formal de la Falange Española, un partido que rápidamente concentró, con apoyo financiero del sector empresarial, buena parte de las tendencias anticomunistas de España.

En 1934 se produjo la fusión clave: Falange Española —el partido líder del sector antimarxista y derechista— se unió con las JONS, que habían perdido apoyo financiero propio y quedaron forzadas a la fusión. De esa unión nació la Falange Española de las JONS, fortalecida en sus ideales y en sus métodos más extremos.

La ideología: nacionalsindicalismo y tercerposicionismo

El falangismo se presentaba como una ideología antiparlamentaria, contraria a los partidos políticos tradicionales, que promovía un Estado totalitario con un modelo corporativista de sindicato único y vertical, organizando a empresarios y trabajadores bajo un mismo mando al servicio de la nación.

Sus rasgos centrales:

Corporativismo: la sociedad organizada en corporaciones controladas por el Estado, agrupando empresarios, trabajadores y gobierno bajo un mismo mando, para superar la lucha de clases.

Tercerposicionismo: se oponía tanto al marxismo como al capitalismo liberal, presentándose como una «tercera vía» nacional.

Nacionalismo exacerbado: exaltación de una España «grande, fuerte y unida», con la Hispanidad como ideal de unidad de todos los pueblos de habla hispana, más allá de las fronteras nacionales.

Ultracatolicismo: defensa de la Iglesia Católica como institución fundamental de la nación.

Jerarquía rígida: estructura de partido único con un líder carismático al mando.

El camino elegido para imponer este modelo era explícitamente revolucionario: la confrontación directa, resumida en la consigna que también daba nombre al periódico fundacional italiano que inspiró a la Falange: «la conquista del Estado».

El dinero de Mussolini y la estética fascista

La estética del partido y de sus militantes —camisas azules, saludo romano, desfiles— respondía directamente a la de los partidos fascistas europeos de la época. No era solo imitación ideológica: las visitas de José Antonio a la Italia de Mussolini le granjearon el favor personal del Duce, y con él una subvención directa de 50.000 liras mensuales del gobierno italiano para sostener al partido español.

Pese a ese respaldo financiero externo, la Falange sufrió una derrota electoral clara en 1936: el discurso nacionalsindicalista nunca logró atraer a la clase obrera, que ya estaba mayoritariamente afiliada a sindicatos de orientación marxista.

Las milicias armadas

Las acciones del falangismo fueron, desde temprano, radicales e inflexibles, y con frecuencia violentas. Sus filas reclutaron jóvenes que recibieron entrenamiento paramilitar, canalizando su descontento social hacia fines políticos concretos. Se fomentó el uso de armas de fuego, y se entregaron cachiporras flexibles forradas de metal a sus milicias, bautizadas inicialmente Falange de la Sangre y después reorganizadas como Primera Línea, bajo el mando del militar retirado Luis Arredondo.

Estas tropas de choque desarrollaron una doctrina de terror sistemático contra los partidos de izquierda —un factor clave en la radicalización política española de los años previos a la guerra, y en la construcción del clima de confrontación que desembocaría en el conflicto armado—.

La Guerra Civil y la muerte de José Antonio

Durante la Guerra Civil (1936-1939), la Falange se convirtió en uno de los principales aliados del bando sublevado liderado por Francisco Franco, jugando un papel central en la movilización de tropas y en la propaganda a favor de la sublevación.

Oct. 1933Fundación formal de la Falange
20 nov. 1936Ejecución de José Antonio
19 abr. 1937Unificación forzada por Franco

José Antonio Primo de Rivera fue detenido por las autoridades republicanas al inicio de la guerra y ejecutado el 20 de noviembre de 1936 en la prisión de Alicante. Su muerte dejó a la Falange sin su líder fundador, en plena guerra, y abrió una disputa de poder que definiría el futuro del partido.

El «Hedillazo»: cuando Franco se quedó con el partido

El sucesor elegido por el Consejo Nacional de Falange fue Manuel Hedilla, un dirigente de origen obrero al que buena parte de la vieja guardia falangista —abogados y señoritos madrileños— despreciaba por «analfabeto y provinciano». Hedilla lideró el partido durante 235 días, en plena guerra, mientras se enfrentaba a facciones internas rivales —los «legitimistas», encabezados por Sancho Dávila, primo de José Antonio, y Agustín Aznar— y a una creciente presión de Franco para subordinar a la Falange bajo su propio mando militar.

En abril de 1937, la disputa interna estalló en violencia: un tiroteo entre facciones falangistas en Salamanca dejó dos muertos. Franco aprovechó el caos para decretar, el 19 de abril de 1937, la unificación forzada de la Falange con los tradicionalistas carlistas, creando un nuevo partido único: la Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET y de las JONS), bajo su propio mando absoluto.

Hedilla fue arrestado junto a otros 600 falangistas, acusado de rebelión y conspiración contra Franco, y condenado a muerte en un consejo de guerra. La pena fue conmutada por prisión perpetua tras la intercesión de Ramón Serrano Suñer y de Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador. Reconstrucción histórica del «Hedillazo», abril-julio de 1937

Con Hedilla neutralizado, Franco designó como secretario general del nuevo partido único a Raimundo Fernández-Cuesta, un falangista de la vieja guardia leal a su mando. La Falange original, la de José Antonio, dejó de existir como organización independiente: quedó absorbida por completo dentro del proyecto político de Franco.

El Movimiento Nacional bajo Franco

Tras la victoria franquista de 1939, la Falange —rebautizada Movimiento Nacional— se convirtió en el partido único del país, controlando el acceso a cualquier cargo público: no pertenecer a ella, o ser sospechoso de comunismo, cerraba cualquier posibilidad de carrera pública. La organización promovió una ideología que exaltaba la superioridad masculina y el rol sumiso de la mujer, con dos instituciones clave para inculcar esos valores desde la juventud: el Frente de Juventudes, para varones, y la Sección Femenina, para mujeres.

La Sección Femenina adoctrinaba a sus integrantes en la idea de la superioridad masculina y en el rol que debían ocupar en el nuevo orden: costureras, guardianas de las tradiciones y los bailes españoles, y sobre todo, según su propia retórica oficial, «paridoras de hijos para la Patria».

Después de Franco: marginación y legado

Tras la muerte de Franco en 1975, la Falange —ya sin representación política real, aunque formalmente disuelta como partido único recién en el marco de la Ley para la Reforma Política de 1976-1977— intentó desestabilizar la naciente democracia española, recurriendo a métodos similares a los de los años treinta: violencia callejera y alianzas con otros grupos neofascistas, en un intento de preservar los resabios del régimen en el poder.

El triunfo de la democracia los dejó, sin embargo, virtualmente fuera del ejercicio político. Su representación electoral posterior fue siempre marginal —apenas un 0,05% de los votos válidos en las elecciones generales de 2008—, y el movimiento se fragmentó en distintas agrupaciones menores que persisten hasta hoy: Falange Española de las JONS (FE-JONS), Falange Auténtica (FA), FE/La Falange, y el Movimiento Falangista de España (MFE).

Aunque su peso electoral fue siempre ínfimo, su ideología dejó una influencia de fondo en distintos movimientos de extrema derecha españoles posteriores, y el debate sobre su legado histórico —qué representó, cuánta responsabilidad tuvo en la Guerra Civil y en la represión franquista— sigue generando controversia en la España contemporánea.


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