Análisis — Oriente Medio
La batalla por Irán es la batalla por el nuevo mapa mundial
Para el analista Pejman Bijan, lo que está en juego en Teherán ya no es solo el futuro de la República Islámica: es qué bloque de poder —Washington o el eje chino-ruso— termina definiendo el próximo orden global.
En opinión de Pejman Bijan, la batalla por Irán es también una batalla por el mapa de Oriente Medio —y por el equilibrio de poder mucho más allá de él. Las apuestas, según su lectura, se extienden desde el estrecho de Ormuz hasta Europa, Washington, Pekín y Moscú. La cuestión no es solo si la República Islámica podrá resistir la creciente presión, sino si un orden regional basado en lazos comerciales, libertad política y nuevas alianzas puede tomar forma antes de que un bloque rival gane impulso.
Bijan sitúa la región dentro de una contienda más amplia entre Estados Unidos, China y Rusia —»un choque suave y a veces duro entre estas grandes esferas de poder», en sus palabras—, del que la Unión Europea y Oriente Medio también forman parte, este último como «uno de los grandes actores». Lo que ocurra en la región en los próximos meses podría ayudar a determinar, según su análisis, quién prevalece entre el bloque democrático liderado por Estados Unidos y los sistemas autoritarios que asocia con China y Rusia. Irán y los estados árabes del Golfo Pérsico están, para él, entre los actores centrales de esa disputa.
Una Europa «demasiado institucionalizada»
Bijan es crítico del rol europeo en este tablero. A su juicio, el continente está pagando el precio de haberse vuelto demasiado institucionalizado, con un sistema democrático que no ha logrado actuar con eficacia en política exterior.
Eso, dice, dejó a Europa con «un papel débil» pese a su historia democrática. Bijan identifica además una división interna en el enfoque europeo hacia Irán: sectores de centroizquierda que buscaron dialogar con figuras iraníes consideradas reformistas —cita a los expresidentes Hassan Rouhani y Mohammad Khatami, y a los excancilleres europeos Federica Mogherini y Josep Borrell—, frente a centristas y sectores de centroderecha que apostaron por el cambio político y lo que Bijan llama la «generación dorada» iraní. Para él, Europa ya no puede seguir postergando esa definición: «Ya no puedes cerrar los ojos delante del régimen. Es hora de tomar una decisión.»
Dos corredores comerciales en competencia
Bijan analiza también el recién firmado Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca entre Arabia Saudita, Pakistán y Turquía, y lo enmarca dentro de una disputa entre dos futuros posibles para la región.
Si prevalece la alineación saudí-pakistaní-turca, advierte Bijan, la región seguiría atada «al marco ideológico del islam político, del sistema de inseguridad, y no atravesando la prosperidad comercial» — un escenario que, en su lectura, podría incluso ayudar a la República Islámica a sobrevivir. Su alternativa es lo que llama el «Nuevo Oriente Medio», que distingue del «Gran Oriente Medio» de George W. Bush: una alianza entre Irán, Israel y los estados árabes del Golfo «basada en rutas comerciales y bases históricas», donde —dice— «todo el mundo quiere libertad de democracia, la necesita, y especialmente el libre comercio».
Catar y Pakistán funcionan, para Bijan, como indicadores del cambio de equilibrio regional: describe a Catar como más cercano a lo que llama «London-istan» —redes políticas centradas en Londres con influencia histórica en el Golfo—, una influencia que considera en declive, mientras que Pakistán «está más jugando la carta de China», lo que a su juicio confirma que «el control del Reino Unido sobre el juego está disminuyendo».
Ormuz: un nombre, dos historias
Sobre la disputa por el estrecho de Ormuz —que Trump calificó como «territorio estadounidense»— Bijan marca distancia: lo define como «una vía fluvial internacional» que no le pertenece a Washington. Para él, la conexión histórica profunda con el paso de agua es iraní, no de la República Islámica establecida en 1979.
Insiste en que los responsables políticos estadounidenses deberían distinguir entre Irán como nación y el gobierno que lo dirige: «Tienen una nación en Irán, que es su aliada», afirma.
Un régimen bajo presión inédita, y el riesgo de una respuesta violenta
Bijan describe las recientes medidas de Estados Unidos contra Irán como «una especie de cierre medieval» del país, y sostiene que la presión económica sobre Teherán no tiene precedentes.
En ese contexto, vincula los informes sobre un posible ataque iraní a instalaciones estadounidenses en Europa —incluidas Bulgaria, Chipre e Italia— con lo que describe como una táctica histórica del régimen: generar inestabilidad externa para preservarse en el poder. «La posibilidad de que provoquen algo en Europa es realista», advierte, y pide a Washington actuar «con firmeza y atención» para acompañar a los iraníes que buscan democracia.
El «policía bueno y el policía malo» dentro del régimen
Bijan describe a la República Islámica como un «régimen híbrido», distinto de un autoritarismo convencional al estilo de Corea del Norte: un sistema construido en capas institucionales, donde —dice— «si matas al Guía Supremo, no estarás haciendo que el sistema se caiga». Dentro de ese sistema identifica dos facciones: una que llama «el oligarca pragmático» (con vínculos entre la Guardia Revolucionaria y el cuerpo diplomático, favorable a negociar y con aliados en Washington) y otra que apuesta por la confrontación directa con Occidente.
Trump, Rubio y las críticas a Vance
Bijan evalúa con matices la gestión de Washington: respalda el ataque del 28 de febrero que mató al líder supremo iraní, aunque considera que llegó «un poco tarde», y sostiene que el llamado de Trump a que los iraníes salieran a las calles fue poderoso para una población que durante años se sintió abandonada por Occidente. Ubica al propio Trump y al secretario de Estado Marco Rubio como más alineados con lo que —dice— «podría ser el nuevo Irán».
Es más crítico con el vicepresidente JD Vance, cuyo enfoque compara con la disposición de la administración Obama a negociar con figuras iraníes presentadas como moderadas, un abordaje que —según Bijan— los think tanks de Washington siguen promoviendo pese a su historial. Dice esperar que Vance «reconsidere» su posición.
«Ya no son oposición, son la sociedad»
Sobre quienes se enfrentan al gobierno en Teherán y otras ciudades, Bijan rechaza el término «movimiento opositor».
Cita las manifestaciones de diciembre, enero y febrero, junto con el movimiento «Mujer, Vida, Libertad», como evidencia de una sociedad —la describe como probablemente la más secular de Oriente Medio, «definitivamente más que Turquía»— que en su mayoría vería a Estados Unidos como aliado. Pero advierte que esa ventana puede cerrarse: los iraníes, dice, no volverán a las calles a menos que confíen en un respaldo internacional sostenido. «No podemos pedir a esa maravillosa generación dorada que salga sin apoyo. Realmente deberíamos garantizarles el apoyo», sostiene, sin precisar en qué debería consistir esa ayuda más allá de «diferentes tipos de posibilidades».
«El último momento para Oriente Medio»
Bijan cierra su análisis en términos históricos, contrastando el islam político surgido de la Revolución de 1979 con lo que llama una nueva generación secular capaz, en su visión, de redirigir toda la región y convertir a Estados Unidos en aliado frente a China y Rusia. Su recomendación a los responsables políticos occidentales es tajante: desconfiar de quienes en Londres y Washington sugieren que todavía es posible un acuerdo estable con el sistema actual. El fracaso central de Europa, resume, fue «cerrar los ojos durante muchos años ante la represión» mientras buscaba acuerdos con Teherán. La tarea ahora, dice, es simple: «intentar abrir los ojos.»
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