Caza F-35 israelí sobre banderas difuminadas de Israel e Irán.

La segunda fase de la guerra con Irán ya tiene fecha

La segunda fase de la guerra con Irán ya tiene fecha tentativa
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Medio Oriente · Guerra EEUU-Israel-Irán
Conflicto armado
La segunda fase de la guerra con Irán ya tiene fecha

Cazas israelíes volando hasta casi la frontera iraní, el secretario de Defensa de EEUU reunido con Netanyahu esa misma semana, un arsenal completo listo para principios de noviembre, y una bomba que Trump quiere usar por el apodo más que por su eficacia. El New York Times reconstruyó cómo se está armando el regreso a los combates, mientras Irán promete que esta vez la respuesta no tendrá límites.

Los ejércitos de Estados Unidos e Israel ya desarrollaron planes concretos para una nueva ronda de ataques contra Irán, a ejecutarse después de las elecciones de medio término estadounidenses, según funcionarios estadounidenses y personas informadas sobre las deliberaciones, citados por el New York Times. No es la apertura de un conflicto nuevo: es la segunda fase de una guerra que ya tuvo una primera ronda intensa entre febrero y abril de este año, y que lleva casi ocho meses sin resolverse del todo.

El ensayo que terminó pareciendo otra cosa

A principios de esta semana, decenas de cazas israelíes y aviones de reabastecimiento sobrevolaron Siria e Irak en una trayectoria que se asemejaba a un ataque directo contra Irán, y dieron la vuelta recién al acercarse a territorio iraní, según un informe de Axios que cita a funcionarios estadounidenses e israelíes no identificados, tras un reporteo previo de Fox News. Israel avisó a Washington con anticipación que se trataba de un ejercicio militar y una demostración de fuerza para disuadir a Irán de atacar antes de las elecciones.

La sospecha incómoda

Algunas fuentes estadounidenses dijeron sospechar algo más delicado: que funcionarios israelíes podrían haber esperado que Irán disparara contra el avión, lo que le habría dado a Israel una justificación concreta para lanzar un ataque real. A eso se suma que el Financial Times había informado, por separado, que Netanyahu ya había intentado lanzar ataques contra Irán a principios de este mes, y que fue el propio Trump quien se opuso a reanudar los combates antes de los midterms estadounidenses.

Hegseth en Israel, la misma semana

El secretario de Defensa estadounidense Pete Hegseth se reunió esta semana con Netanyahu en Israel para hablar específicamente de nuevos ataques, según funcionarios estadounidenses citados por el NYT. Dentro del gabinete de Trump, Hegseth y la cúpula del Comando Central son, según el mismo reporte, el sector que más presiona por reanudar la campaña militar —mientras la mayoría de los otros asesores prefiere mantener la presión por sanciones económicas—.

Los objetivos y el arsenal: todo listo para principios de noviembre

A medida que avanza la planificación de lo que se describe como una operación «corta pero intensiva», los ejércitos de EEUU e Israel intensificaron los ejercicios, volando aviones sobre Irak para practicar maniobras de ataque. Los objetivos probables incluirían la infraestructura energética iraní, instalaciones nucleares y el arsenal de misiles y drones del país. Algunos funcionarios creen que una ronda más de ataques grandes podría llevar a la economía iraní «al borde del abismo» y forzar concesiones diplomáticas.

3
portaaviones movilizados
Principios nov.
fecha en que el arsenal estará completo
~8 meses
de conflicto desde la primera fase (feb-abr)
22.000 lb
peso de la bomba MOAB que Trump evalúa usar

Estados Unidos está reuniendo un arsenal masivo —tres portaaviones, miles de marines, cazas y fuerzas de operaciones especiales— que recién estará completamente listo a principios de noviembre. El motivo declarado no es solo logístico: el ejército prefiere atacar bajo cobertura nocturna, y las horas de oscuridad sobre Irán aumentan justo a comienzos del mes próximo.

La «Madre de Todas las Bombas» contra una montaña de granito

Trump dijo la semana pasada que está considerando usar una bomba GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast (MOAB) de 22.000 libras contra Pickaxe Mountain, el sitio nuclear que los iraníes llaman Kooh Kolang. Según funcionarios, Trump está «enamorado del arma», en parte por su apodo: Madre de Todas las Bombas. El problema es técnico: especialistas en armamento advierten que el MOAB explota en la superficie, generando una onda expansiva amplia que probablemente no destruiría un sitio subterráneo construido en granito. Y la bomba debe lanzarse desde un avión de transporte MC-130 de vuelo lento, vulnerable al fuego antiaéreo iraní —es decir, el arma más vistosa mediáticamente podría ser, a la vez, la menos indicada militarmente para el objetivo que se busca destruir.

¿Puede funcionar esta vez? El escepticismo de los propios expertos en política de Medio Oriente

La primera fase de combates, entre febrero y abril, disparó los precios de la energía y la inflación a nivel global, erosionó la seguridad en la región y puso a prueba el suministro de interceptores de misiles del Pentágono —sin lograr, según varios funcionarios occidentales, que el régimen iraní volviera a negociar de manera significativa—. Dana Stroul, ex responsable de política del Pentágono para Medio Oriente durante la administración Biden y hoy en el Instituto de Washington para la Política del Cercano Oriente, no dejó dudas: «En este punto de la guerra, lo que está claro es que la campaña militar convencional llevada a cabo hasta la fecha, y las sanciones económicas actuales y el bloqueo naval estadounidense, no han devuelto al régimen a la mesa de negociaciones de manera significativa.» Agregó que ni Trump ni Netanyahu «han presentado un argumento convincente sobre cómo más guerra cambiaría este dilema estratégico en una región cada vez más inestable y plagada de conflictos».

Tampoco es seguro que Trump termine aprobando los nuevos ataques: ya vetó repetidamente, a lo largo de este año, planes para volver a operaciones de combate a gran escala —incluido este mismo mes, cuando ambos ejércitos estaban casi listos para atacar y Trump lo frenó en el último momento—. Un comandante que habló bajo condición de anonimato describió el patrón como un «latigazo diario» entre los planificadores militares, que intentan mantenerse preparados para ejecutar cualquier decisión que Trump tome de un día para el otro.

Lo que promete Irán: cables submarinos y refinerías saudíes

Funcionarios iraníes ya avisaron que esta vez no se van a limitar a los barcos comerciales y la infraestructura energética regional que atacaron en la primera fase. Prometieron ampliar los objetivos hacia centros de datos y cables de internet submarinos. Peiman Salehi, analista político en Teherán, fue explícito sobre la lógica de la represalia: si Israel ataca Pickaxe, parte del plan sería atacar las principales refinerías de petróleo de Arabia Saudita, incluida Aramco. «Eso haría que los precios del petróleo y la energía se dispararan de inmediato. La guerra nos ha hecho entender que la mejor palanca para presionar a Trump es aumentar los precios del petróleo y la energía, porque perjudicará al pueblo estadounidense.»

Nuestros ataques serán más feroces, creativos y diferentes. Estamos decididos y confiados, y se ha puesto en marcha una planificación sólida. Mahdi Mohammadi, asesor principal del negociador iraní general Mohammad Bagher Ghalibaf

Mohammadi calificó directamente de «fantasía» la idea de que Estados Unidos pudiera concluir otra ronda de ataques en 72 horas, y recordó que Trump había dicho en febrero que la guerra duraría dos semanas —algo que, ocho meses después, todavía no ocurrió—. No es un dato menor que el Departamento de Estado ya ordenó a su personal no esencial y a sus familias abandonar Arabia Saudita, mientras la milicia hutí respaldada por Irán sigue atacando objetivos en ese país: la región entera está, de hecho, en un estado de alerta elevado que excede largamente a Irán e Israel.

Netanyahu: entre la debilidad electoral y la tentación del gobierno de unidad

La elección israelí del 27 de octubre puede jugar en dos sentidos opuestos. Si Netanyahu pierde, se convierte en primer ministro interino, posición desde la cual —según los expertos— le resultaría muy difícil iniciar una guerra. Pero hay una lectura más cínica: algunos analistas creen que Netanyahu podría usar la perspectiva de un ataque conjunto inminente para presionar a sus rivales políticos a sumarse a un gobierno de unidad que gestione la guerra, ampliando así su propio control del poder —un libreto parecido al que usó tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, cuando incorporó a miembros de la oposición a un gabinete de guerra—.

«Podría usar esto para pedir un gobierno de emergencia amplio, pero se va a enfrentar a una profunda sospecha de sus rivales políticos», advirtió Mazal Mualem, comentarista política israelí y biógrafa de Netanyahu. «Si Irán ataca, eso es una cosa, pero iniciar un ataque ofensivo sería extremadamente difícil para él.»

Un líder supremo que sigue siendo un enigma

Un dato de fondo complica cualquier apuesta a que la presión económica o militar funcione esta vez: en cada ronda de esta guerra, el liderazgo iraní se volvió menos conciliador, convencido de que el objetivo final de Estados Unidos e Israel es derrocar directamente a su gobierno, no solo frenar su programa nuclear. El nuevo líder supremo, el ayatolá Mojtaba Jamenei —que asumió tras la muerte de su padre al principio de la guerra—, sigue siendo un enigma para la inteligencia estadounidense e israelí: algunos funcionarios creen que no tiene el mismo poder real que tuvo su padre, y que son los sectores más duros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria quienes terminan tomando las decisiones clave. Es un interlocutor más impredecible que el anterior, justo en el momento en que Washington evalúa si otra ronda de bombardeos puede sentarlo a negociar.

Hay demasiadas piezas alineándose en el mismo calendario como para pensar que es pura casualidad: el vuelo de práctica hacia la frontera con sospecha de provocación, el secretario de Defensa reunido con Netanyahu esa misma semana, y un arsenal que termina de estar listo justo después de dos elecciones separadas por apenas una semana. Nadie necesita ninguna teoría conspirativa para notarlo —son los propios funcionarios, hablando bajo anonimato, quienes describen la planificación como un «latigazo diario» que depende más del humor político de un presidente que de ninguna lógica militar—. Lo único seguro, después de ocho meses de guerra sin que ninguna de las dos partes haya cedido un milímetro en lo esencial, es que ni la presión económica ni los bombardeos anteriores lograron lo que se proponían. Y aun así, todo indica que se preparan para repetir la fórmula.


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Fuentes: The New York Times (reporte completo de planificación militar, declaraciones de Dana Stroul, Mahdi Mohammadi, Peiman Salehi y Mazal Mualem). Axios (reporte sobre el vuelo de cazas israelíes hacia la frontera iraní). Fox News (reporteo inicial sobre el vuelo). Financial Times (intento previo de ataque de Netanyahu).

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