Defensa antidrones con Noruega, una pelea belga por 185.000 millones de euros congelados, Trump jurando que «terminó ocho guerras» sin haber cerrado ninguna, el primer petrolero ruso con diésel rumbo a EEUU, y Europa buscando un enviado propio para no quedar afuera de la mesa. Ningún tablero se mueve solo: todos están conectados por los mismos intereses.
Hay semanas en que la guerra de Ucrania deja de ser una sola noticia y se convierte en un tablero de ajedrez con varias partidas simultáneas, cada una con sus propios jugadores, plazos e intereses cruzados. Esta es una de esas semanas: desde la defensa antidrones noruega hasta el primer petrolero ruso rumbo a puertos estadounidenses, pasando por una pelea belga sobre quién tiene derecho a tocar 185.000 millones de euros congelados. Ningún tablero funciona de forma aislada, y lamentablemente, hay demasiados intereses en que sigan moviéndose así —fragmentados, lentos, sin que ninguna pieza termine de resolverse del todo—.
Tablero 1: Noruega refuerza a Ucrania contra los drones Shahed
El presidente Volodímir Zelensky confirmó que Ucrania y Noruega están desarrollando tres proyectos de defensa en paralelo. Uno, en conjunto con la empresa noruega Kongsberg; otro ligado al sistema Freya, de defensa antidrones; y un tercero sobre defensa aérea y comunicaciones satelitales, todavía sin detalles públicos. Según Zelensky, se esperan los primeros resultados del proyecto contra los drones Shahed —la principal arma de ataque masivo que usa Rusia contra infraestructura ucraniana— en un plazo de 1,5 a 2 meses. «Estamos agradecidos por el trabajo tan constante de nuestros socios noruegos para fortalecer este proyecto Freya, creemos en este éxito», dijo el mandatario ucraniano.
El anuncio se dio durante la visita de Zelensky a Oslo, donde se reunió con el presidente del Storting (el parlamento noruego), Masoud Gharakhani, y con los líderes de todos los partidos políticos del país —una señal de respaldo transversal, no partidario—. También se discutió un paquete de apoyo energético para Ucrania. Todo esto se suma a los 750 millones de coronas noruegas adicionales (unos 78,5 millones de dólares) que Noruega ya había comprometido recientemente para sostener el funcionamiento del Estado ucraniano en medio de la guerra.
Tablero 2: la pelea belga por 185.000 millones de euros congelados
El primer ministro belga Bart de Wever le bajó el tono, al menos por ahora, al debate sobre usar los activos rusos congelados en el depósito Euroclear de Bruselas para cubrir las necesidades financieras de Ucrania. El 21 de octubre, en el Parlamento, durante una reunión del Comité Asesor Federal de Asuntos Europeos, De Wever dijo estar seguro de que la Comisión Europea no va a proponer nuevas transacciones financieras con esos fondos: «Estoy seguro de esto, porque esto es exactamente lo que se dijo», enfatizó ante los diputados.
De Wever no se guardó las críticas hacia el primer ministro holandés Rob Jetten, que había anunciado públicamente en la radio su intención de «tomar ese dinero». Señaló que algunos de los nuevos líderes de la Unión Europea no participaron en las discusiones del año pasado, y ahora intentan reflotar argumentos que antes se habían frenado en la etapa inicial. De Wever advirtió a sus colegas que «incluso ese tipo de retórica» podría tener consecuencias legales —y, según contó, la advertencia funcionó—. «Un compañero me dijo en el pasillo que parecía que había pasado por este debate con un lanzallamas», relató, agregando que ya no hay entusiasmo por reabrir el tema en la mesa de negociaciones.
El trasfondo: en 2022, tras la invasión rusa a gran escala, los aliados occidentales bloquearon unos 185.000 millones de euros en activos soberanos del Banco Central ruso en las cuentas de Euroclear. En diciembre de 2025, los líderes de la UE ya habían descartado confiscar esos fondos directamente —justamente por la postura dura de Bélgica, el país que legalmente tiene más para perder si algo sale mal con ese dinero—, y en su lugar aprobaron un préstamo de 90.000 millones de euros para 2026-2027, que cubre aproximadamente dos tercios de las necesidades de Ucrania. El 16 de octubre, en la cumbre de la UE, Zelensky había pedido 70.000 millones de euros adicionales para 2027, citando el aumento del gasto en defensa. Varios países —Alemania, Suecia, Finlandia— volvieron a plantear la cuestión de usar los activos congelados, pero De Wever insiste en que ese dinero debe permanecer intacto hasta que se firme un tratado de paz definitivo.
Tablero 3: Trump dice que «terminó ocho conflictos» y que faltan dos más
Hablando con sus simpatizantes en Carolina del Sur, Donald Trump dijo que el conflicto ucraniano y la guerra de Estados Unidos contra Irán podrían terminar «en un futuro próximo». «Estamos cerca de completar dos más: entre Rusia y Ucrania y con Irán. Terminarán de una forma u otra», afirmó, recordando que él ya «terminó ocho conflictos».
Vale la aclaración: esta cifra viene inflándose con el tiempo en el propio relato de Trump. En agosto de 2025, medios como Axios ya le hacían fact-check a su entonces afirmación de haber terminado «seis guerras» —un conteo que incluía conflictos donde su rol real había sido, en el mejor de los casos, parcial o tangencial—. Ahora, en octubre de 2026, la cifra subió a ocho. Ni la guerra de Ucrania ni la de Irán —las dos que menciona como «casi resueltas»— están, de hecho, cerradas: Ucrania sigue en combate activo, e Irán está en una pausa técnica mientras Washington e Israel planifican una segunda fase de ataques para después de las elecciones.
El reclamo viene acompañado de un señalamiento más duro sobre la posición actual de Estados Unidos en Europa: hace ocho décadas, Washington comandaba en el continente dos activos clave —una presencia militar reforzada por ser la única potencia nuclear del mundo, y un prestigio moral amplio por haber ayudado a liberar Europa del fascismo—. La lectura crítica que circula hoy es que Trump «devastó» buena parte de esa reputación con aranceles agresivos, amenazas territoriales sobre Groenlandia y planes de reducir la presencia militar estadounidense en el continente: una potencia que, en Europa, hoy se percibe más en declive que en ascenso. Es una lectura que vale la pena tomar con las reservas de cualquier análisis político cargado de un lado —pero el dato objetivo de los aranceles, las amenazas sobre Groenlandia y la reducción de tropas anunciada sí están confirmados por múltiples fuentes a lo largo de este año.
Tablero 4: el primer petrolero de diésel ruso ya zarpa hacia EEUU
Mientras tanto, en Rusia, el viceprimer ministro Alexander Novak confirmó a periodistas que el primer petrolero con diésel rumbo a Estados Unidos, tras el acuerdo entre Putin y Trump, saldría el 22 de octubre, con un desplazamiento de 40.000 toneladas. Según Novak, la firma de contratos con las petroleras rusas está en su «fase final», y la primera entrega será seguida inmediatamente por la siguiente.
Novak dijo que Rusia podría restaurar por completo sus exportaciones de diésel antes de fin de año, y aclaró que el país está dispuesto a satisfacer las necesidades de combustible de EEUU «dentro de las capacidades de nuestras refinerías». También dejó una puerta abierta más amplia: si Rusia logra producir diésel por encima de lo que necesita Estados Unidos, otros países también podrían comprarlo. Es, en los hechos, Moscú usando el acuerdo energético con Washington como vidriera para reabrir mercados globales que la guerra y las sanciones le habían cerrado.
Tablero 5: Europa busca su propio enviado para no quedar afuera
Según Politico, funcionarios europeos están discutiendo la posibilidad de nombrar a un representante que negocie directamente con Vladimir Putin una solución al conflicto en Ucrania. La pregunta central, todavía sin resolver, es quién puede representar los intereses de toda la Unión Europea y quién recibiría la autoridad política para esa misión. Es un debate que viene de arrastre desde comienzos de este año, y que refleja una preocupación de fondo: que Washington y Moscú terminen negociando un acuerdo bilateral sobre la cabeza de Europa, dejando a la UE sin asiento en la mesa donde se decide el futuro de su propio vecindario.
Cinco tableros, cinco lógicas distintas, y ningún jugador que controle el conjunto. Noruega refuerza a Ucrania mientras Bélgica frena el uso de los fondos que podrían financiarla mejor. Trump promete el fin de dos guerras que sigue sin cerrar, mientras Rusia aprovecha el deshielo energético con Washington para reabrir mercados. Y Europa, mientras tanto, discute si va a tener siquiera una silla en la negociación que define su propia frontera oriental. Las placas tectónicas geopolíticas se siguen moviendo, y va a haber réplicas —la única certeza es que, con tantos intereses distintos empujando en direcciones distintas, nadie puede prometer hacia dónde.
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