Marco Rubio y
la vuelta del Imperio
Durante setenta años, ningún Secretario de Estado americano celebró el imperialismo en voz alta. En febrero de 2025, Marco Rubio lo hizo ante funcionarios europeos de excolonias. Le aplaudieron.
El 14 de febrero de 2025, Marco Rubio subió al podio de la Conferencia de Seguridad de Múnich — el foro anual donde se reúne la élite política y diplomática occidental — y dijo lo que ningún Secretario de Estado americano había dicho públicamente en setenta años. Celebró el Imperio. No como metáfora. No con eufemismos. Con la palabra colonización, con elogios a los exploradores que «transformaron las llanuras vacías» de América y con una condena explícita a los movimientos anticoloniales del siglo XX, a los que llamó herramientas del comunismo que aceleraron el declive de Occidente.
La audiencia — compuesta en buena parte por funcionarios de excolonias europeas — lo aplaudió.
Ese aplauso dice tanto como el discurso.
El discurso de Múnich: colonialismo sin disimulo
Rubio comenzó con una tesis histórica: durante cinco siglos, Occidente estuvo en expansión. Sus misioneros, soldados y exploradores salieron a colonizar continentes y construir imperios. Después de 1945, Occidente se «contrajo». Y esa contracción — según Rubio — fue el problema.
Los grandes imperios occidentales habían entrado en un declive terminal, acelerado por revoluciones comunistas impías y por levantamientos anticoloniales que transformarían el mundo y extenderían la hoz y el martillo rojos por vastas franjas del mapa.
— Marco Rubio, Conferencia de Seguridad de Múnich, febrero 2025
En ese párrafo, Rubio hizo algo que ningún diplomático americano había hecho en décadas: equiparar los movimientos de independencia anticolonial con el comunismo, y presentar ambos como causas del declive de Occidente. Gandhi, Mandela, Ho Chi Minh, Lumumba — todos en el mismo saco que Lenin y Stalin.
Luego evocó a los colonizadores con nostalgia explícita: los «agricultores y artesanos alemanes que transformaron las llanuras vacías en una potencia agrícola mundial» en el Medio Oeste americano. Las «llanuras vacías» donde vivían millones de nativos americanos durante milenios antes de ser asesinados y desplazados. Rubio no mencionó eso. Tampoco mencionó la esclavitud. Ni una vez.
En todo el discurso de Múnich no aparecen: los pueblos originarios de América, la esclavitud, los millones de muertos en las guerras coloniales, los recursos extraídos de África y Asia durante siglos, ni los legados vivos del colonialismo en las naciones que hoy integran Occidente. Las «llanuras vacías» son un mito fundacional del colonialismo — y Rubio lo repitió desde el podio más importante de la diplomacia occidental.
Burnham, Buchanan y la contratradición de la derecha americana
Las ideas de Rubio no son originales. Son la reelaboración de una contratradición de la derecha americana que lleva décadas en los márgenes del debate político y que Trump llevó al centro.
James Burnham, columnista de National Review en los años 50 y 60, escribió un libro titulado «The Suicide of the West» — una crítica del liberalismo moderno y un lamento explícito por la pérdida del Imperio. Su tesis: el liberalismo es una ideología del declive, y Occidente está cometiendo suicidio al abandonar su vocación imperial.
La evocación de Rubio de un Occidente que se «contrajo» después de 1945 es casi textualmente Burnham. Lo que cambió es el escenario: ya no es una columna en una revista conservadora. Es el Secretario de Estado de la primera potencia mundial, en la conferencia de seguridad más importante del planeta.
Las ideas en sí no son nuevas. Lo que es nuevo es que ahora se propugnan desde el Departamento de Estado y la Casa Blanca, como no se había hecho en las últimas siete décadas.
— Michael Kimmage, director del Instituto Kennan
Setenta años de silencio roto
Desde Franklin D. Roosevelt, todos los presidentes y secretarios de Estado americanos hablaban de Estados Unidos como enemigo del imperialismo — incluso mientras lo practicaban. La guerra de Vietnam era una «misión de paz». La invasión de Iraq era «liberación». El golpe en Chile era «defensa de la democracia». La hipocresía era parte del sistema — pero la hipocresía implicaba al menos reconocer que el imperialismo era malo.
Rubio rompió con eso. No con eufemismos — con celebración explícita. Y eso tiene consecuencias que van más allá de lo retórico.
EEUU practicaba el imperialismo pero lo llamaba de otra forma: «defensa de la democracia», «misiones de paz», «orden basado en reglas». La hipocresía era parte del sistema — implicaba al menos reconocer que el Imperio era inaceptable.
El Imperio se celebra explícitamente. Las «llanuras vacías», los «exploradores», la «gran civilización occidental». Ya no hay eufemismos. Ya no hay hipocresía. Solo la declaración abierta de que Occidente tiene derecho a expandirse — y que quienes lo resistan están del lado equivocado de la historia.
