El expresidente dijo que la seguridad de Israel no puede depender solo de su superioridad militar, y que el país «perdió la superioridad moral» si su enfoque es «tomar lo que queramos». Netanyahu respondió tres días después, con un video en X, defendiendo la legitimidad histórica de Israel sobre la tierra.
El expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, criticó la gestión del gobierno israelí sobre el conflicto con los palestinos durante una conversación pública en el O2 Arena de Belfast, Irlanda del Norte, el 13 de octubre. El primer ministro Benjamin Netanyahu le respondió tres días después, el 16 de octubre, en un video publicado en X, rechazando de forma frontal el planteo del expresidente.
Lo que dijo Obama
En diálogo con la escritora y periodista Susan McKay, Obama condenó explícitamente la masacre perpetrada por Hamás el 7 de octubre de 2023, pero a la vez cuestionó la respuesta israelí, y pidió un cese real de la violencia como condición previa a cualquier conversación sobre una solución de largo plazo.
El expresidente reconoció la historia de persecución del pueblo judío —»oprimido, discriminado, asesinado» durante milenios, con Europa como responsable de buena parte de eso— y calificó de comprensible la búsqueda de un refugio seguro. Pero introdujo una distinción que fue el centro de la polémica:
«Lo que tampoco se puede negar es que arrebataron tierras a la gente y fueron demasiado lejos. Si el enfoque de Israel es que ahora —cuando somos los más fuertes y tecnológicamente avanzados de la región— nuestra seguridad dependerá simplemente de hacer lo que haga falta, tomar lo que queramos y no hacer concesiones a nadie, eso puede funcionar a corto plazo; pero, si se adopta esa postura, se pierde la superioridad moral.»
Barack Obama, O2 Arena, Belfast, 13 de octubre de 2026Obama fue explícito en señalar que, a su juicio, el actual gobierno israelí adoptó justamente ese enfoque. Según The Irish Times, matizó la conversación recordando que tanto israelíes como palestinos —millones de personas de cada lado— «no van a ir a ninguna parte», y planteó la pregunta en términos de futuro:
«La ciudadanía de Israel tiene que replantearse, reimaginar, cómo van a vivir sus hijos y nietos en esta región. ¿Vas a estar tras muros y acabar con todos los que te rodean, o vas a encontrar una forma justa de defenderte mientras actúas de forma ética y moral?»
Barack ObamaUna crítica en las dos direcciones
El planteo de Obama no fue unidireccional. También les pidió a los palestinos que abandonen cualquier estrategia basada en derrotar militarmente a Israel, y que acepten que el Estado israelí no va a desaparecer:
Los palestinos deben entender que no «superarán en matanza» ni «superarán en armas a los israelíes». «Tenemos que mirar otros ejemplos de cómo se produce el cambio» — señalando estrategias no violentas. «Eso va a llevar tiempo.»
Barack ObamaSegún su planteo, una solución duradera exige que ambas partes reconozcan la permanencia de la otra, y las limitaciones del uso de la fuerza como camino — un argumento simétrico, que reparte exigencias a los dos lados, aunque la parte que generó mayor repercusión fue la dirigida a Israel.
La respuesta de Netanyahu: «esta es nuestra tierra natal»
Netanyahu respondió el viernes 16 de octubre con un video publicado en X, calificando los comentarios de Obama como una «declaración lamentable». Su respuesta se centró en rechazar el marco histórico que usó el expresidente:
«El pueblo judío no es un ocupante extranjero en la tierra de nuestros antepasados. Nuestra historia no es una empresa colonial. Nuestra tierra no es tierra robada. Esta es nuestra tierra natal.»
Benjamin Netanyahu, video en X, 16 de octubre de 2026El primer ministro apeló a la raíz bíblica del territorio y trazó una distinción explícita con los procesos coloniales europeos:
«De ahí vienen los judíos. Y llevamos miles de años apegados a él.» Los judíos en Israel no son «los holandeses en Indonesia… los belgas en el Congo, somos judíos en Judea.»
Benjamin NetanyahuDos lecturas enfrentadas, lado a lado
La legitimidad histórica del refugio judío no excluye que, en el proceso de establecer y expandir las comunidades, se les haya quitado tierra a otros. Sostener la seguridad únicamente en la superioridad militar, sin concesiones, «puede funcionar a corto plazo» pero cuesta la «superioridad moral». La solución exige que ambas partes reconozcan la permanencia de la otra.
El vínculo del pueblo judío con esa tierra —»Judea»— es ancestral y no equiparable a un proceso colonial europeo. El obstáculo para la paz no es Israel, sino actores regionales que, según él, se niegan a reconocer el derecho judío a un Estado propio «en cualquier frontera», y que cantan «Muerte a Israel» y «Muerte a América» por igual.
El «Pequeño Satanás» y el «Gran Satanás»
Netanyahu amplió su respuesta situando el conflicto dentro de un marco regional más amplio, vinculando explícitamente la seguridad de Israel con la de Estados Unidos frente a enemigos comunes como Irán:
«Nosotros somos el ‘Pequeño Satanás’, ustedes son el ‘Gran Satanás'» — refiriéndose a cómo ciertos regímenes de la región llaman a Israel y a Estados Unidos, respectivamente —, ambos países «defendiendo nuestra civilización común.»
Benjamin NetanyahuY cerró con una negativa categórica a cualquier concesión basada en lo que calificó de ilusiones:
«Una paz construida sobre ilusiones chocará contra las rocas de la realidad de Oriente Medio. Israel no jugará con su supervivencia para acomodar a quienes se niegan a aceptar los hechos de la historia, a aceptar nuestro derecho a existir, o a quienes desean apaciguar el terror. Desde luego que no; nunca lo haremos.»
Benjamin NetanyahuUn cruce que no es nuevo, pero llega en un momento sensible
La tensión entre Obama y Netanyahu tiene historia propia: durante la presidencia de Obama, ambos líderes mantuvieron una relación pública notoriamente fría, con desacuerdos recurrentes sobre los asentamientos y el proceso de paz. Lo distinto esta vez es el momento: ninguno de los dos ocupa hoy un cargo ejecutivo —Obama ya no es presidente, y Netanyahu enfrenta una elección en menos de dos semanas, en medio de los escándalos de Qatargate y BibiLeaks, y con la región en alerta por una posible escalada con Irán—. Un cruce de este tipo, en ese contexto, se integra automáticamente al clima de campaña, aunque ninguno de los dos lo haya planteado en esos términos.
Ninguno de los dos discursos es enteramente nuevo: Obama repite, con otras palabras, una crítica que ya hizo en vida de su propia presidencia; Netanyahu responde con el mismo argumento de legitimidad histórica que usa desde hace décadas. Lo que cambia es el escenario: un expresidente sin poder formal hablando desde un escenario en Belfast, y un primer ministro en plena campaña electoral, respondiendo no solo a Obama sino, en los hechos, a todo el que dentro de Israel —y fuera— empieza a cuestionar si la fuerza militar, sin concesiones, sigue siendo garantía suficiente de seguridad a largo plazo.
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