Investigación histórica — Guerra Fría
Operación Gladio: los ejércitos secretos de la OTAN
Se crearon para resistir una invasión soviética que nunca llegó. Terminaron infiltrando partidos, entrenando a la extrema derecha y, según jueces y comisiones parlamentarias de varios países, financiando atentados con bombas contra la propia población civil.
A lo largo de la Guerra Fría, Europa occidental albergó un secreto que el público apenas conoció hasta finales del siglo XX: redes paramilitares clandestinas, diseñadas oficialmente para operar tras una hipotética invasión soviética, que en la práctica terminaron interviniendo en la política democrática de sus propios países. Esa operación se conoció como Gladio, y es una de las piezas más incómodas para entender los hilos ocultos de la historia europea de posguerra.
Qué fue Gladio
Gladio fue el nombre en clave de una red de operaciones clandestinas de resistencia armada organizadas por la Unión Occidental (fundada en 1948) y, después, por la OTAN (1949) y la CIA (1947), en colaboración con las agencias de inteligencia de buena parte de Europa occidental. Estrictamente, «Gladio» designa solo a la rama italiana, pero el nombre pasó a usarse de forma informal para el conjunto de toda la red continental. En prácticamente todos los países miembros de la OTAN, y en algunos neutrales, se prepararon estructuras de este tipo, conocidas técnicamente como organizaciones «stay-behind» («quedarse atrás»).
Según numerosos investigadores europeos, la operación no se limitó a planificar una resistencia defensiva: incluyó operaciones de asesinato, guerra psicológica y ataques de bandera falsa dirigidos a deslegitimar a los partidos de izquierda, además de apoyo directo a milicias anticomunistas y terrorismo de extrema derecha. El Departamento de Estado de EE.UU. siempre rechazó esa lectura, sosteniendo que la operación tuvo como único fin resistir una posible invasión soviética.
El origen: Churchill, el SOE y las Unidades Auxiliares
Tras la caída de Francia en 1940, Winston Churchill creó el Ejecutivo de Operaciones Especiales (SOE) para apoyar a la resistencia y ejecutar sabotajes en la Europa ocupada. Medio siglo después se reveló que el SOE tuvo una contraparte doméstica creada en el máximo secreto: una red de permanencia diseñada para actuar dentro de Gran Bretaña en caso de que Alemania la invadiera.
Se formó una red de combatientes reclutada en parte del 5.º Batallón de Esquí de la Guardia Escocesa, con depósitos de armas ocultos en todo el país. Se la conoció como las Unidades Auxiliares, encabezadas por el mayor Colin Gubbins —experto en guerra de guerrillas, que más tarde dirigiría el propio SOE— y entrenadas en parte por «Mad Mike» Calvert, especialista en demoliciones. Para disimular su existencia ante el público, se las disfrazó de unidades de la Guardia Nacional. La red se disolvió oficialmente en 1944, y parte de sus miembros pasaron al Servicio Aéreo Especial (SAS).

Su existencia se mantuvo prácticamente ignorada por el público hasta que periodistas como David Pallister, de The Guardian, revivieron el interés durante la década de 1990 —el mismo período en que, tras las revelaciones italianas, generales retirados británicos como Sir John Hackett y Anthony Farrar-Hockley confirmaron públicamente la existencia de estos planes de contingencia y de una red secreta de armas en Gran Bretaña.
La arquitectura de mando
La coordinación de estas redes no fue improvisada: tuvo una estructura burocrática formal dentro de la OTAN. En 1947, Francia, el Reino Unido y los países del Benelux crearon una política conjunta sobre estas organizaciones en el Comité Clandestino de la Unión Occidental (WUCC). Ese formato pasó a la OTAN hacia 1951-1952, cuando el Comandante Supremo Aliado en Europa (SACEUR) estableció el Comité de Planificación Clandestina (CPC) de SHAPE, encargado de coordinar los distintos planes y programas paramilitares nacionales —incluyendo a socios no alineados como Suiza y Austria— para evitar duplicaciones.
En 1957, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y el Benelux crearon el «Comité de las Seis Potencias», que se transformó en el Comité Clandestino Aliado en 1958 y, después de 1976, en el Comité de Coordinación Aliado (ACC). Para tiempos de crisis, SACEUR creó además los Grupos Coordinadores Clandestinos Aliados (ACCG), que en caso de guerra real le habrían dado el control operativo de los activos clandestinos nacionales. Sin embargo, ya en 1961 tanto SHAPE como el CPC coincidieron en que esa actividad de guerra de guerrillas bajo una ocupación soviética era, en la práctica, una responsabilidad puramente nacional de cada país miembro.
Cuando el escándalo estalló en 1990, el Parlamento Europeo redactó una resolución de condena. Pero solo Italia, Bélgica y Suiza llevaron adelante investigaciones parlamentarias propias; la administración del presidente George H. W. Bush se negó a hacer comentarios oficiales.
La estrategia de la tensión
La rama italiana, la que le dio nombre a toda la red, se creó bajo la supervisión del ministro de Defensa Paolo Taviani entre 1953 y 1958. Su existencia se hizo pública el 24 de octubre de 1990, cuando el entonces primer ministro Giulio Andreotti la reconoció ante la Cámara de Diputados —aunque el terrorista de extrema derecha Vincenzo Vinciguerra ya la había revelado durante su propio juicio en 1984. Andreotti habló de una «estructura de información, respuesta y salvaguardia», entregó una lista de 622 civiles supuestamente vinculados a Gladio, y afirmó que la organización no había participado en ningún atentado entre 1960 y 1980. Esa lista, sin embargo, estaba incompleta: no incluía, por ejemplo, a Antonio Arconte, quien describió una organización mucho más estrechamente ligada al servicio secreto SID y a la estrategia atlantista de lo que Andreotti reconocía.

La investigación judicial italiana fue la que llevó más lejos la reconstrucción del entramado. El juez Guido Salvini, de la Comisión de Masacres, descubrió que varias organizaciones terroristas de extrema derecha operaban como tropas de choque de un ejército secreto vinculado a la CIA.
El juez Gerardo D’Ambrosio, por su parte, documentó que en una conferencia patrocinada por el Jefe de Estado Mayor de la Defensa se impartieron instrucciones para infiltrar grupos de izquierda y provocar tensión social mediante atentados que después se atribuirían a esa misma izquierda. En 2000, un informe de la comisión parlamentaria de la coalición Gruppo Democratici di Sinistra concluyó que Estados Unidos había respaldado esa «estrategia de la tensión» para impedir que el Partido Comunista Italiano —y, en menor medida, el Partido Socialista— llegaran al poder ejecutivo.
El mismo informe sostuvo que agentes de inteligencia estadounidenses conocían de antemano varios atentados con bomba —incluido el de Piazza Fontana en Milán, en diciembre de 1969, y el de Piazza della Loggia en Brescia, cinco años después— y no hicieron nada por alertar a las autoridades italianas ni por evitarlos. También documentó que Pino Rauti, fundador de la organización subversiva Ordine Nuovo, recibía financiación regular de un responsable de prensa de la embajada estadounidense en Roma.
El general Gerardo Serravalle, que comandó Gladio en Italia entre 1971 y 1974, declaró ante la Commissione Stragi que sus miembros se entrenaron en una base militar en Gran Bretaña, y describió reuniones anuales del comité de coordinación con representantes de la CIA presentes, sin derecho a voto, en cada capital donde se celebraban.
El SHAPE en Mons y la preocupación por el terrorismo
Tras la salida de Francia de la estructura militar de la OTAN en 1967, la sede de SHAPE se trasladó a Mons, Bélgica. La última reunión del Comité Clandestino Aliado con presencia de la rama francesa, según reveló el propio Andreotti, ocurrió los días 23 y 24 de octubre de 1990, presidida por el general belga Van Calster. Poco después, el ministro de Defensa Guy Coëme reconoció la existencia de una red belga de «quedarse atrás», lo que disparó preocupación por una posible implicación en actos terroristas similar a la italiana —especialmente a la luz de las masacres de Brabante y las actividades del grupo de extrema derecha Westland New Post en la década de 1980. En 1998 se aprobó nueva legislación para regular a los servicios de inteligencia belgas, tras dos investigaciones gubernamentales y la creación de un comité parlamentario permanente en 1991.
La Rose des Vents y un suicidio con demasiadas preguntas
En Francia, la red de permanencia operó bajo los nombres La Rose des Vents y Arc-en-ciel. François de Grossouvre lideró la rama de Gladio en la región de Lyon hasta su muerte —oficialmente un suicidio— el 7 de abril de 1994. Según se alegó, Grossouvre le había pedido a Constantin Melnik, exjefe de los servicios secretos franceses durante la guerra de independencia de Argelia y entonces exiliado en Estados Unidos con vínculos con la RAND Corporation, que retomara actividad.
Nazis reciclados y un espía elegido de la guía telefónica
La inteligencia estadounidense ayudó a establecer una red de permanencia en Alemania Occidental entre 1949 y 1953. Documentos de la CIA desclasificados en 2006 revelaron que una de esas redes incluía al menos a dos ex miembros de las SS nazis —el sargento Heinrich Hoffman y el teniente coronel Hans Rues— y estaba dirigida por otro exoficial alemán al que la propia CIA describía internamente como un «nazi no reconstruido». Esa red se disolvió en 1953 por temor a que las simpatías neonazis de sus miembros se hicieran públicas.
En 2004, el exagente del servicio de inteligencia alemán (BND) Norbert Juretzko publicó un libro sobre el reclutamiento de partisanos para la red alemana. Contó cómo, tras la caída de la RDA, se descubrió que la Stasi ya conocía a la perfección la red que el propio BND creía secreta —y reveló un detalle casi absurdo: había elegido al azar, de la guía telefónica, el nombre falso de un contacto ruso, y un hombre real con ese nombre terminó arrestado por la KGB por una traición que nunca cometió.
«¿Cómo se puede violar a una puta?»
Cuando Grecia se unió a la OTAN en 1952, sus fuerzas especiales de montaña (LOK) se integraron a la red europea. La CIA y el LOK formalizaron su cooperación en 1955. Según Daniele Ganser, historiador de la ETH Zúrich que investigó Gladio en profundidad, el embajador estadounidense en Atenas desaprobó el golpe militar griego del 21 de abril de 1967 —que instauró el llamado «régimen de los coroneles»— calificándolo de violación de la democracia. La respuesta del jefe de la estación de la CIA en Atenas, Jack Maury, quedó registrada como una de las frases más crudas de toda esta historia:
El primer ministro socialista Andreas Papandreou, detenido y luego exiliado tras el golpe, afirmó haber descubierto la existencia del ejército secreto griego —entonces con el nombre en clave «Piel de Oveja Roja»— al asumir el gobierno en 1984, y haber ordenado su disolución. Décadas después, en 2005, un periodista griego llegó a acusar a esa red del asesinato del jefe de estación de la CIA Richard Welch en 1975 y del agregado militar británico Stephen Saunders en 2000 —acusación que el Departamento de Estado rechazó de plano.
El escondite de armas en el bosque
Las sospechas sobre la implicación holandesa surgieron de dos hallazgos accidentales de depósitos de armas, en 1980 y 1983. En el segundo caso, personas que caminaban por un bosque cerca de Rozendaal se toparon con un alijo que incluía granadas de mano, rifles semiautomáticos y explosivos, obligando al gobierno a confirmar que las armas estaban vinculadas a la planificación de la OTAN. En 1990, el entonces primer ministro Ruud Lubbers admitió ante el Parlamento que su propia oficina había dirigido, desde los años 50, una organización secreta dentro del Ministerio de Defensa —de la que, según reconoció, sucesivos primeros ministros prefirieron no informar al resto del gabinete ni al propio Parlamento.
Absalón y las protestas del espionaje interno
El ejército secreto danés recibió el nombre en código Absalón, en honor a un arzobispo medieval, y funcionó escondido dentro del servicio de inteligencia militar FE. En Noruega, el director del servicio secreto NIS, Vilhelm Evang, protestó ya en 1957 por actividades de inteligencia interna que incluían presuntas listas negras de ciudadanos noruegos —denuncia que SHAPE negó en su momento, aunque el asunto se resolvió recién en 1958.
Aginter Press: el ejército secreto que entrenaba en terrorismo
En 1966, la CIA creó en Portugal la agencia Aginter Press que, bajo la dirección del capitán francés Yves Guérin-Sérac, dirigió un ejército secreto que entrenaba abiertamente en técnicas de terrorismo: atentados con bombas, asesinatos silenciosos, infiltración clandestina y guerra colonial.
El único país donde Gladio nunca se purgó
Turquía es, según varios investigadores, el único país donde la red de Gladio nunca fue desmantelada del todo. Su rama local, conocida como Contraguerrilla, fue revelada en 1973 por el entonces primer ministro Bülent Ecevit. El general Kenan Evren, que se convirtió en presidente tras el golpe de Estado de 1980, había comandado antes la Contraguerrilla. Historiadores e investigadores han señalado que esa estructura, junto con unidades de Inteligencia, Fuerzas Especiales y Gendarmería, pudo estar involucrada tanto en actos de terrorismo patrocinado por el Estado como en la organización de los golpes militares de 1971 y 1980: varios de los generales que lideraron esos golpes habían servido antes bajo el mando de la Contraguerrilla.
La CIA, además, empleó a figuras de extrema derecha como Ruzi Nazar —un exmiembro de las SS de origen uzbeko que había combatido junto a los nazis en el frente oriental— para entrenar a los Lobos Grises, el ala juvenil del partido nacionalista MHP. Nazar terminó siendo, con el tiempo, jefe de la CIA en Turquía.
«El régimen en sí era Gladio»
El primer ejército secreto austríaco salió a la luz en 1947, creado por dos ultraderechistas que durante su propio juicio afirmaron estar actuando «con pleno conocimiento y apoyo» de las potencias ocupantes estadounidense y británica —y que, condenados a muerte, fueron indultados en circunstancias nunca del todo aclaradas. Años después, el ministro del Interior Franz Olah creó otra red secreta con la cooperación del MI6 y la CIA, camuflada bajo el nombre de una asociación de senderismo y deportes. En 1990, el gobierno austríaco negó inicialmente que hubiera existido un ejército secreto en el país; seis años después, The Boston Globe reveló la existencia de escondites de armas de la CIA en Austria, obligando al propio presidente a exigir explicaciones a Washington.
El caso del caché de armas
En 1945, el ministro del Interior finlandés Yrjö Leino expuso y clausuró un ejército secreto organizado sin ayuda extranjera por oficiales del propio Estado Mayor finlandés, pensado para sostener una guerra de guerrillas si la URSS intentaba ocupar el país tras el frente finlandés-soviético. Décadas después, en 1991, medios suecos revelaron la existencia de otra red secreta con base de exiliados en Estocolmo, algo que la entonces ministra de Defensa finlandesa calificó públicamente de «cuento de hadas» —aunque el propio exdirector de la CIA, William Colby, había descrito en sus memorias la creación de este tipo de redes en los países nórdicos, con o sin la colaboración de sus gobiernos.
El puente con la Operación Cóndor
Varios episodios previos al ingreso español a la OTAN en 1982 se vincularon después con Gladio, y en particular con su conexión hacia la «Guerra Sucia» de la Operación Cóndor en Sudamérica. En mayo de 1976, dos militantes carlistas fueron abatidos en el llamado incidente de Montejurra por terroristas de extrema derecha que incluían al agente de Gladio Stefano Delle Chiaie y miembros de la Alianza Apostólica Anticomunista (Triple A). Carlo Cicuttini, implicado también en el atentado de Peteano en Italia en 1972, participó además en la matanza de Atocha en Madrid en 1977, que mató a cinco abogados laboralistas vinculados al Partido Comunista Español.
Cuando estalló el escándalo en 1990, Adolfo Suárez —primer jefe de gobierno elegido democráticamente tras Franco— negó haber oído hablar nunca de Gladio. Leopoldo Calvo-Sotelo, presidente durante la transición, dijo que España no había sido informada de la red al ingresar a la OTAN, y respondió con una frase que resume buena parte de la lógica represiva del franquismo:
Según el general Fausto Fortunato, exjefe del servicio secreto militar italiano SISMI, Francia y Estados Unidos habían impulsado el ingreso español a la red, algo a lo que Italia se habría opuesto. Un exagente reveló además que Gladio se había entrenado en Maspalomas, Gran Canaria, usando presuntamente antiguas instalaciones de la NASA en la isla durante los años 70, y que en agosto de 1991 —ya después del escándalo público— todavía se organizó allí una reunión de la red.
«No puedo hablar de ello sin causar acidez de estómago»
En 1951, el agente de la CIA William Colby, entonces en la estación de Estocolmo, apoyó el entrenamiento de redes de permanencia en Suecia y Finlandia —países neutrales— y en Noruega y Dinamarca, ya miembros de la OTAN. En 1990, el general sueco Bengt Gustafsson confirmó la existencia de la red en su país, pero negó —de forma incorrecta, según se supo después— cualquier involucramiento de la OTAN o la CIA. Fue un oficial estadounidense, Paul Garbler, quien corrigió públicamente esa versión:
P-26 y el coronel que apareció apuñalado con su propia bayoneta
La red secreta suiza, llamada P-26, se descubrió por coincidencia apenas meses antes de las revelaciones de Andreotti en 1990, en medio del «escándalo de los archivos secretos» (Fichenaffäre) que ya venía sacudiendo al Departamento de Defensa suizo. El investigador Daniele Ganser documentó que, aunque P-26 no formaba parte directa de la red de la OTAN, mantenía un contacto estrecho con el servicio de inteligencia británico MI6.
El episodio más oscuro de todo el caso suizo involucra al coronel Herbert Alboth, excomandante de P-26, quien en 1990 escribió una carta confidencial al Departamento de Defensa ofreciéndose a revelar «toda la verdad». Poco después apareció muerto en su casa, apuñalado con su propia bayoneta.
El informe parlamentario suizo, presentado el 17 de noviembre de 1990, reveló que P-26 estaba respaldado por P-27, una agencia de inteligencia privada financiada en parte por el Estado, además de una unidad especial del ejército que había acumulado archivos sobre casi 8.000 «personas sospechosas» —entre ellas activistas de izquierda, testigos de Jehová y manifestantes antinucleares. Un informe posterior del magistrado Pierre Cornu concluyó que P-26 carecía de «legitimidad política o legal», y que oficiales británicos habían firmado acuerdos de entrenamiento con el grupo sin conocimiento del propio gobierno suizo, el último de ellos en 1987.
Un patrón continental
Ninguna red operó jamás para el propósito que oficialmente la justificaba: resistir una invasión soviética que nunca ocurrió. Lo que sí dejaron, según jueces, comisiones parlamentarias y los propios protagonistas que hablaron cuando ya no tenían nada que perder, fue una lista de golpes de Estado (Grecia, Turquía), atentados sin resolver (Piazza Fontana, Brescia, Atocha), asesinatos todavía discutidos (Grossouvre, Alboth) y un patrón repetido en al menos dieciséis países: estructuras clandestinas, financiadas y coordinadas desde la cúpula de la OTAN y la CIA, que en tiempos de paz encontraron un uso bastante distinto al que figuraba en sus estatutos fundacionales.
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