Agosto de 2026 — Jackson Hole, Wyoming
Warsh: el jefe de la Fed que no calma a nadie
Su primer gran discurso ante el mundo financiero fue, a propósito, una ambigüedad total. Y el mercado, que ya venía nervioso con Bessent, no supo si eso era mejor o peor.
Kevin M. Warsh, presidente de la Reserva Federal, intentó aliviar las dudas sobre su compromiso para controlar la inflación tras semanas turbulentas para el mercado de bonos del gobierno estadounidense. Lo hizo en su primer gran discurso ante los principales responsables de política económica del mundo, en la conferencia anual de la Fed en Jackson Hole, Wyoming —y el resultado fue, según varios analistas, más ambigüedad, no menos—.
«Tenemos trabajo que hacer»
Warsh afirmó que el banco central se enfoca principalmente en bajar la inflación, después de medio decenio por encima del objetivo del 2%. No dijo si el momento actual exige subir las tasas, pero dejó clara una cosa: la responsabilidad es enteramente de la Fed.
La tasa de interés overnight de la Fed hoy está entre 3,5% y 3,75%. Warsh la definió como la «herramienta predominante» para lograr precios estables y un mercado laboral saludable, con una frase que quiso sonar contundente: «la estabilidad de precios no es autoejecutable».
El mercado, ni más tranquilo ni más asustado
La reacción inmediata fue de relativa estabilidad —pero con un dato que no pasó inadvertido—. Los rendimientos de los bonos del Tesoro a dos años, sensibles a las expectativas de tasas, subieron a su nivel más alto en cerca de un mes. Las acciones, que normalmente caen ante la perspectiva de tasas más altas, se mantuvieron firmes. Y los inversores empezaron a ver probabilidades casi parejas de que la Fed suba un cuarto de punto en la reunión de septiembre.
El giro que nadie esperaba después de julio
Lo llamativo es que Warsh pareció restarle peso al progreso reciente en la inflación —dos meses con presiones de precios algo más suaves—.
Con el mercado laboral «bastante estable» y la inflación por encima del objetivo, sostuvo, «el foco predominante de la Fed en este momento debería ser los precios» —una frase que los analistas leyeron como una señal bastante clara hacia dónde se inclina—.
La ambigüedad como estrategia deliberada
Lo más particular del enfoque de Warsh no es lo que dice, sino lo que decide no decir —y eso es a propósito—. Refleja una apuesta suya por rediseñar cómo se comunica la Fed: sostiene que la transparencia sin filtros de sus antecesores enturbió señales importantes que los funcionarios deberían tomar de los propios mercados, y los dejó demasiado atados a decisiones de corto plazo que él considera menos relevantes que el rumbo general de la política monetaria.
Pero los propios inversores sostienen que ese enfoque ignora algo básico: las expectativas sobre lo que hará la Fed influyen muchísimo en el comportamiento real de los mercados, con o sin el permiso de Warsh. Buena parte del reciente movimiento en los rendimientos del Tesoro refleja, justamente, que el mercado empezó a sospechar que la Fed —a la que antes se le suponía un recorte de tasas este año— ahora está más cerca de subirlas.
La crítica de los propios expertos en comunicación de bancos centrales
William English, profesor de Yale y exdirector de la división de asuntos monetarios de la Fed, señaló que el discurso reforzó la idea de que a los banqueros centrales les conviene dar detalles sobre su pensamiento económico. «Hay una zona gris entre qué es una guía hacia adelante y lo que no», dijo. «Ha sido un inflexible de la guía hasta hoy.» Es decir: incluso quienes reconocen el argumento de Warsh contra la sobre-comunicación notan que su nueva opacidad tiene un costo propio —generó, en julio, «una rápida reprimenda por parte de los mercados», según la propia nota.
Los cinco frentes de inflación que la Fed no controla
Un grupo creciente de funcionarios de la Fed ya sostiene que el banco central debería haber subido las tasas antes para acelerar la baja de la inflación, argumentando que las tasas de interés hoy hacen poco por sí solas para frenar una economía empujada por presiones que vienen de todos lados.
Las fuentes de inflación que están, en su mayoría, fuera del control de la Fed:
— La guerra con Irán, sin resolución a la vista, manteniendo altos los precios de la energía.
— El costo de chips y semiconductores, disparado por el gasto masivo en inteligencia artificial.
— Las nuevas guerras comerciales de Trump, con Canadá como el blanco más reciente.
El indicador preferido de la Fed —el índice de precios de gastos por consumo personal— mostró poca mejora en julio, según datos del Departamento de Comercio conocidos el miércoles previo al discurso: los precios subyacentes subieron 3,3% interanual, sin cambios respecto a junio.
Cinco grupos de trabajo, para no comprometerse con nada todavía
Warsh convocó, a comienzos de año, cinco grupos de trabajo con asesores externos —exfuncionarios, académicos, líderes empresariales— para revisar cuestiones centrales del banco central: cómo mide la Fed la inflación, cómo se comunica, qué hacer con su cartera de 6,7 billones de dólares en deuda pública y valores respaldados por hipotecas, qué fuentes de datos prioriza, y las tendencias de productividad y empleo. El trabajo debería estar listo a fin de año, pero Warsh fue explícito: no va a influir en ninguna decisión de política inmediata.
Aun así, ya adelantó algunas de sus propias preferencias de fondo: defiende hace tiempo un balance de la Fed más chico, sosteniendo que las intervenciones pasadas no solo avivaron la inflación sino que distorsionaron los mercados y erosionaron la independencia del banco central, empujándolo hacia terreno de política fiscal. Y confía en que la inteligencia artificial va a generar ganancias de productividad capaces de sostener más crecimiento sin más inflación —la misma apuesta optimista que mencionó en Jackson Hole, hablando de «reservas de capital en constante expansión» desplegándose para ampliar las capacidades de la IA—.
Nadie logra calmar del todo al mercado
El discurso de Warsh llega apenas días después de que el propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, generara ruido con sus intervenciones directas en el mercado de bonos para intentar bajar los rendimientos —una maniobra que su propio mentor, Stanley Druckenmiller, calificó públicamente de error—. Entre uno y otro, el mensaje que le llega al mercado es de un desconcierto compartido en la cúpula económica de Washington: ni el Tesoro, forzando el precio de los bonos, ni la Fed, con su nueva estrategia de opacidad deliberada, lograron devolverle al mercado una sensación clara de rumbo. Cada intervención genera, en el mejor de los casos, calma temporal; en el peor, más preguntas de las que responde.
Bastión se sostiene con trabajo, no con publicidad. Si esto te aportó algo, invitame un café.
☕ Invitame un café