De editar el sitio web del Ejército a convertirse en el asesor más cercano de Netanyahu, y de ahí a acumular un prontuario judicial que incluye espionaje a favor de Catar, filtración de documentos clasificados, un hackeo de WhatsApp y una herramienta de IA que terminó expuesta en GitHub. Sigue en su puesto.
Yonatan Urich es, hoy, uno de los nombres más repetidos —y más incómodos— en la política israelí. No ocupa un cargo formal en el Estado: nunca fue, técnicamente, funcionario público. Y sin embargo es, según coinciden oficialistas y opositores, el hombre con más llegada directa a Benjamin Netanyahu. Esa combinación —máxima influencia, mínima responsabilidad formal— es, precisamente, lo que hoy lo tiene al centro de al menos tres causas judiciales distintas.
De una familia religiosa en Kfar Saba al Ejército
Urich nació en Kfar Saba, hijo de un padre llegado de Polonia y una madre religiosa. Se crió en un hogar observante, asistió a una escuela religiosa estatal en su ciudad y, de joven, participó del movimiento Bnei Akiva y del sionismo religioso «realista». Estudió en la yeshivá Har Etzion, una de las instituciones de referencia de ese sector.
Su primer paso profesional fue dentro del propio Estado: cumplió su servicio militar en la Unidad de Vocería de las Fuerzas de Defensa de Israel, donde editó el sitio web oficial del Ejército durante unos cinco años. De ahí saltó al periodismo religioso: editó la sección de judaísmo del portal NRG y trabajó como reportero para Makor Rishon, un diario de centro-derecha con fuerte base religiosa-nacionalista.
El salto al corazón del poder
De cronista a vocero hay, en política, un paso natural. Urich lo dio y terminó convirtiéndose en vocero de Netanyahu, director de nuevos medios de su oficina, y vocero del partido Likud. Con el tiempo, su rol mutó de la comunicación pura a algo más amplio: asesor de estrategia, con acceso directo y continuo al primer ministro — un acceso que, como se verá, los tribunales le restringieron y devolvieron varias veces en los últimos años.
Es, en los hechos, uno de los civiles con más poder real en Israel sin ocupar jamás una banca ni un cargo de gabinete.
El primer antecedente: intimidación de testigos (2019)
El prontuario judicial de Urich no empieza con Catar. En 2019 ya estaba bajo investigación, junto a otros dos asesores de Netanyahu —Yisrael Einhorn y Ofer Golan— por un presunto intento de intimidación de testigos. Esa causa quedó, de hecho, recién suspendida en mayo de 2026, cuando la Fiscalía General desistió porque no logró extraditar a Einhorn.
Cómo arrancó el Qatargate
El germen del escándalo que hoy lo tiene imputado apareció en noviembre de 2024: distintos reportes señalaron que Urich y el mismo Einhorn habían manejado campañas de relaciones públicas para mejorar la imagen de Catar antes del Mundial 2022. En ese momento, la explicación oficial era que se trataba de trabajo privado, ajeno a su rol actual junto a Netanyahu.
La versión se derrumbó en febrero de 2025, cuando Channel 12 reveló algo mucho más grave: Urich, junto con Eli Feldstein —exvocero de asuntos militares de Netanyahu—, estaba en la nómina de una firma financiada por Catar para mejorar la imagen de Doha dentro de Israel, incluyendo su papel como mediador en la negociación por los rehenes secuestrados por Hamas. Es decir: cobraba de Catar mientras, en simultáneo, asesoraba al primer ministro israelí en plena guerra. Ahí, la Fiscalía General ordenó abrir la investigación formal que se conoce como Qatargate.
El arresto y el vaivén de las restricciones
El 31 de marzo de 2025, Urich fue arrestado, sospechado de varios delitos: contacto con agente extranjero, cohecho, fraude, abuso de confianza y lavado de dinero. Quedó liberado bajo arresto domiciliario el 7 de abril, y esa restricción se levantó en mayo. Pero el caso no se cerró ahí.
Urich y Feldstein son sospechados de trabajar para una firma de lobby pro-Catar, buscando mejorar la imagen de Doha como mediadora en la negociación de rehenes mientras, al mismo tiempo, asesoraban a Netanyahu. La investigación se amplió hasta alcanzar a varios exfuncionarios de seguridad, sospechados de haber ayudado a transferir dinero desde Doha hacia Urich y Feldstein.
Semanas después, la policía volvió a arrestarlo para interrogarlo sobre nueva evidencia. Un tribunal ordenó su liberación, la fiscalía apeló y un tribunal superior avaló la apelación; la Corte Suprema, finalmente, confirmó esa decisión. El 12 de mayo de 2025, un juez del Tribunal de Rishon Lezion volvió a ordenar su liberación, esta vez a diez días de arresto domiciliario —la policía había pedido tres semanas—, con prohibición de viajar hasta agosto y de contactar a cualquier otra persona involucrada en el caso.
«No creo que Urich vaya a ser imputado.» Ante la insistencia del abogado de Urich sobre el día en que llegarían los cargos, el juez respondió: «Ese día no va a llegar, no va a pasar.»
Juez Menachem Mizrahi, audiencia de mayo de 2025La frase del juez resultaría, con el tiempo, equivocada.
El segundo frente: los documentos filtrados al diario alemán Bild
En paralelo al Qatargate, Urich quedó envuelto en otro caso: en noviembre de 2024 fue interrogado bajo la sospecha de haberle pedido a Feldstein que enviara material clasificado a Einhorn, quien a su vez lo habría hecho llegar al diario alemán Bild — en un presunto intento de mejorar la imagen pública de Netanyahu tras el asesinato de seis rehenes israelíes en cautiverio de Hamas. Fue interrogado de nuevo en enero de 2026, esta vez sospechado de obstruir esa misma investigación.
En junio de 2026 llegó el punto de quiebre: Urich fue formalmente imputado por «transmitir información clasificada con la intención de dañar la seguridad del Estado». La fiscalía pidió que se le prohibiera el acceso a la Oficina del Primer Ministro y a instalaciones de seguridad. El 25 de junio de 2026, sin embargo, un juez del tribunal de distrito de Tel Aviv dictaminó que podía seguir trabajando junto a Netanyahu, a pesar de la imputación.
En un momento de la causa, el propio juez cuestionó si Urich —que nunca fue funcionario público formal— podía ser acusado de cohecho o abuso de confianza, delitos que en Israel aplican específicamente a empleados estatales. Es, literalmente, una discusión sobre si el cargo que ejerce en los hechos existe para la ley.
2026: la seguidilla que lo volvió a poner en primera plana
En mayo de 2026, trascendió que el propio Shin Bet había revertido la prohibición de que Urich volviera a entrar a la Oficina del Primer Ministro. Y en las últimas semanas se acumularon, además, episodios que no tienen que ver directamente con Catar, pero sí con su manejo descuidado de información sensible:
Haaretz reveló que Urich usó el modelo Claude para armar una herramienta que escaneaba 50 fuentes de noticias cada 90 segundos, en busca de menciones a Netanyahu o a su esposa.
Esa herramienta derivó en una filtración después de que Urich subiera el código sin cifrar al repositorio público de GitHub, exponiendo información sensible, incluidos números de teléfono privados de altos funcionarios.
A principios de octubre de 2026 confirmó que le hackearon la cuenta, lo que derivó en la filtración de conversaciones privadas con varias figuras públicas, incluido el periodista Amit Segal del Canal 12.
El episodio más reciente: investigadores lo confrontaron con registros donde pedía al chatbot un «plan estratégico» para mejorar la imagen de Catar, con mensajes diferenciados para públicos israelíes, judíos de la diáspora y formadores de opinión en EE.UU.
Investigado por presunta intimidación de testigos, junto a otros dos asesores de Netanyahu.
Primeros reportes sobre su trabajo de relaciones públicas para Catar antes del Mundial 2022.
Channel 12 revela que cobraba de una firma financiada por Catar mientras asesoraba a Netanyahu. Se abre la causa Qatargate.
Arresto por contacto con agente extranjero, cohecho, fraude, abuso de confianza y lavado de dinero.
Segundo arresto y liberación a diez días de arresto domiciliario, con prohibición de viajar y de contactar a otros implicados.
Imputado formalmente por transmitir información clasificada al caso «Bild». Un juez le permite seguir trabajando con Netanyahu.
Se revela que usó ChatGPT para pedir ideas de cómo «blanquear» a Catar durante la guerra; se confirma el hackeo de su WhatsApp.
La reacción política: «traición» de un lado, «cacería» del otro
El caso Urich divide a la política israelí casi en espejo. Para la oposición, representa una falla de seguridad nacional sin precedentes: el presidente del partido Yashar, Gadi Eisenkot, lo definió como «un agente catarí operando dentro de la Oficina del Primer Ministro», y Naftali Bennett llegó a vincular el dinero catarí recibido por Urich con el financiamiento de los comandos de Hamas que participaron del ataque del 7 de octubre. Para el entorno de Netanyahu, en cambio, el caso es una persecución política: el propio primer ministro sostiene que las detenciones de sus asesores buscaron, en realidad, impedirle remover al jefe del Shin Bet que lo investigaba a él.
Lo que no está en disputa es el patrón: cada vez que la Justicia o la prensa israelí levantan una piedra distinta —Catar, documentos clasificados, una herramienta de IA, un WhatsApp hackeado—, aparece el mismo nombre. Urich nunca ocupó un cargo formal en el Estado, y esa misma informalidad es hoy el centro de la batalla legal: si la ley puede, siquiera, alcanzarlo.
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