Se llevaron a Maduro, se quedan el petróleo 100 años

Agosto de 2026 — Caracas / Washington D.C.

Se llevaron a Maduro, se quedan el petróleo 100 años

Trump lo confirmó él mismo en Truth Social: más de 65.000 millones de barriles de reservas venezolanas bajo control mayoritario de EE.UU. Cayó Maduro, pero manda hoy su propia vicepresidenta — y la oposición que celebró todo esto quedó fuera del reparto.

Informes de que Estados Unidos se prepara para reclamar una participación enorme en las reservas energéticas de Venezuela provocaron una ola de críticas, con voces de la propia oposición venezolana calificando la maniobra de «depredadora» y de apropiación de tierras al estilo colonial.

La cifra que lo explica todo

Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo del mundo: unos 303.000 millones de barriles, por encima de los 268.000 millones de Arabia Saudita y los 208.000 millones de Irán. El 27 de agosto, el Wall Street Journal reveló que funcionarios de Trump mantienen «conversaciones avanzadas» con Caracas para tomar una participación directa en más de una docena de yacimientos que contienen 90.000 millones de barriles —casi un tercio de todo el crudo venezolano—.

303.000MBarriles, reserva total venezolana
90.000MBarriles en negociación
100 añosDuración del arrendamiento propuesto

Según Bloomberg, uno de los modelos en discusión es directamente un arrendamiento de cien años sobre varios de los campos. Reuters confirmó que hay una lista de 17 yacimientos en negociación, combinando campos vírgenes de la Faja del Orinoco con áreas ya maduras del Lago de Maracaibo —algunas de ellas, hoy, operadas por una pequeña empresa china con contrato firmado durante la propia gestión de Maduro—.

«Esto es real y se está debatiendo en los niveles más altos de los gobiernos de Estados Unidos y Venezuela.» Fuente consultada por Reuters

Quién gobierna Venezuela hoy, en realidad

Desde que fuerzas especiales estadounidenses irrumpieron en Caracas en enero de 2026 y sacaron a Nicolás Maduro del poder, Venezuela quedó en manos de un «presidente interino»: Delcy Rodríguez, que había sido vicepresidenta y ministra de petróleo del propio Maduro. El ministro del Interior, Diosdado Cabello —con una recompensa estadounidense de 25 millones de dólares por su cabeza por presunto narcotráfico—, sigue colaborando activamente con los funcionarios de Trump.

«Delcy lo ha estado haciendo fantástico.» Donald Trump, a los periodistas

Es decir: cayó Maduro, pero no cayó su gobierno. La cadena de mando siguió prácticamente intacta, solo que ahora reporta a Washington en vez de decidir por cuenta propia.

Confirmado por el propio Trump

Lo que hasta el 27 de agosto era una negociación filtrada a la prensa, el 28 de agosto pasó a ser un anuncio oficial: Trump confirmó personalmente, en Truth Social, la firma del acuerdo petrolero con Venezuela.

Publicación de Donald Trump en Truth Social confirmando el acuerdo petrolero con Venezuela
Donald Trump confirma en Truth Social la firma del acuerdo petrolero con Venezuela, 28 de agosto de 2026.
«Por mi indicación, el Secretario de Estado Marco Rubio y el Secretario de Guerra Pete Hegseth, trabajando estrechamente con el Muy Respetado Presidente Interino de Venezuela, Delcy Rodríguez, y, mediante una asociación con empresas privadas, han asegurado el control mayoritario de EE.UU. de más de 65 MIL MILLONES DE BARRILES de Reservas de Petróleo Probadas en Venezuela, sin coste alguno para el contribuyente estadounidense.» Donald Trump, en Truth Social, 28 de agosto de 2026

Trump sostuvo que la transacción «más que duplica las reservas de petróleo americanas» y que va a «reducir sustancialmente los precios de la gasolina para todos los estadounidenses durante mucho tiempo». El propio texto confirma, con la voz del protagonista, exactamente lo que este artículo viene documentando: la operación se hizo «trabajando estrechamente» con Delcy Rodríguez —no con ningún representante de la oposición—, y a través de una «asociación con empresas privadas», sin que trascendieran los términos exactos del reparto entre el Estado venezolano, esas empresas y el propio gobierno estadounidense.

El número que dio Trump —más de 65.000 millones de barriles— es incluso mayor al que había trascendido por vía de las primeras filtraciones (90.000 millones de barriles en 17 yacimientos), lo que sugiere que la negociación final terminó cerrando con un alcance todavía más amplio que el reportado originalmente por el Wall Street Journal.

Y la oposición que celebró la caída de Maduro, ¿dónde quedó?

No hay fecha fijada para nuevas elecciones presidenciales. Trump ya adelantó, sin ambigüedad, por qué no hay apuro.

«Venezuela no estaba realmente preparada para una votación.» Donald Trump, a los periodistas, el mes pasado

Sí hubo gestos: cientos de presos políticos liberados bajo Rodríguez, y conversaciones en marcha sobre una reforma del Tribunal Supremo controlado por el chavismo. Pero el objetivo declarado que motivó buena parte del apoyo opositor a una intervención extranjera —una transición democrática real— quedó estancado.

Las voces de la propia oposición, indignadas

«Es una apropiación de tierras, una expropiación masiva. Es repugnante porque este no es el Estados Unidos que uno habría esperado. Esto no es el plan Marshall. Este es un Estados Unidos voraz y mafioso», dijo una figura opositora que pidió no ser nombrada por la sensibilidad de criticar a Washington. El exministro exiliado Ricardo Hausmann fue más lejos en X: «Un gobierno interino ilegítimo con una ley ilegítima de hidrocarburos no tiene legitimidad para imponer este acuerdo inconstitucional. Será un fiasco para todos los implicados.» El economista Francisco Rodríguez pidió a la Asamblea Nacional rechazar lo que calificó de «acuerdo depredador», mientras la periodista Luz Mely Reyes lo bautizó, con sarcasmo, «el trato del siglo».

Machado: la pieza que ya cumplió su función

Hay una ausencia notoria en todo este reparto: la de María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025 y la figura que Washington eligió durante años como rostro legitimador de la oposición venezolana. Tras la captura de Maduro en enero, Machado calificó la operación militar de «impecable» y le entregó su propia medalla del Nobel a Trump —el gesto perfecto para vestir de causa democrática lo que, en el fondo, siempre fue también una jugada por el petróleo—.

Cumplida esa función retórica, quedó fuera de las dos mesas que realmente importan. No integra el diálogo político «tutelado por EE.UU.» que arrancó en agosto entre el chavismo y la Asamblea Nacional de 2015. Y no tiene ningún rol en la negociación de los 17 yacimientos. Una cobertura del 28 de agosto lo resumió sin vueltas: «María Corina Machado, durante mucho tiempo la figura preferida de Washington, ha sido puesta al margen».

Lo más revelador es su silencio específico sobre este acuerdo puntual. En marzo, en el foro energético CERAWeek de Houston, la propia Machado había presentado un plan para que el Estado venezolano «se hiciera a un lado» y el sector petrolero se volviera «completamente privado» —una propuesta que el Ministerio de Hidrocarburos de Rodríguez calificó de inconstitucional—. Frente al arrendamiento de cien años que ahora se negocia sin ella, no emitió condena ni respaldo: solo repite, desde Miami, su libreto genérico de siempre —elogios a la relación con Washington, pedido de elecciones libres—, sin tocar el fondo del reparto petrolero.

Ese silencio no es casual. Criticar el acuerdo la expondría a la contradicción con su propio plan de apertura privada en Houston. Respaldarlo la hundiría frente a una opinión pública venezolana que ya la acusa de entreguista. No decir nada específico es, en ese sentido, la única jugada que no la hunde en ningún escenario —aunque el costo sea quedar, una vez más, fuera de la decisión real sobre el recurso más valioso que tiene su país.

El paralelo que un historiador energético traza sin vueltas

Gregory Brew, historiador energético del Grupo Euroasiático, comparó el acuerdo con un antecedente colonial muy concreto: cómo la Anglo-Persian Oil Company (después BP) controló el petróleo de Irán a comienzos del siglo XX.

«Anglo-Persa recibió una concesión del sah de Irán en 1901 a cambio de lo que era esencialmente un soborno al gobierno persa, y que le otorgaba a la compañía derechos amplios. La empresa tenía control total de cualquier petróleo que encontrara.» Gregory Brew, historiador energético
«Desde el punto de vista de Trump, el control sobre el petróleo es algo así como un fin en sí mismo… excluyendo a China, excluyendo a Rusia, pero también excluyendo a otros posibles clientes del petróleo venezolano. Suena colonial, porque lo es.» Gregory Brew

La «Doctrina Donroe»

Lo de Venezuela es, según varios analistas, la jugada más dramática de un impulso más amplio de la administración Trump para reafirmar el control de Washington sobre América Latina —lo que ya se conoce como «Doctrina Donroe», una actualización siglo XXI de la vieja Doctrina Monroe de 1823, que buscaba mantener a las potencias europeas fuera del continente—. La versión actual apunta, sobre todo, a contener la creciente presencia china en la región, combinando presión económica y militar directa.

El motivo de fondo: no es solo geopolítica, es la nafta

Hay una razón doméstica muy concreta detrás de la urgencia: la administración Trump está bajo presión de cara a las midterms por el aumento de los precios de la gasolina, y el petróleo venezolano barato podría ayudar a bajarlos. Estados Unidos, además, viene necesitando reponer su Reserva Estratégica de Petróleo (SPR), hoy en apenas el 41% de su capacidad, después de haberla usado tanto en la guerra de Ucrania como en la más reciente con Irán. Venezuela produce hoy apenas 1,25 millones de barriles diarios —una fracción de su potencial— tras años de abandono y corrupción en su industria estatal.

El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, ya tiene planeado un viaje a Caracas para la semana próxima. Y según Bloomberg, Venezuela estaría evaluando directamente abandonar la OPEP —de la que es miembro fundador desde 1960— mientras estrecha lazos con Washington, en momentos en que Estados Unidos lleva años en tensión con el cartel petrolero por su influencia sobre los precios mundiales.

Lo que queda planteado

El resultado, hasta ahora, es un país que cambió un problema por otro: se fue Maduro, pero no se fue el aparato que lo sostenía, ahora alineado con Washington en vez de con Caracas. La oposición que impulsó o celebró la intervención se encuentra hoy marginada de las decisiones reales, mientras observa cómo se negocia, sin ella, el recurso más valioso que tiene el país para las próximas cien años. Es exactamente el patrón que la propia experiencia histórica —Irán en 1901, y tantos otros casos después— ya había mostrado: quien resuelve el problema de otro casi nunca lo hace gratis, y el costo de esa intervención rara vez lo termina pagando quien la pidió.


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